03/07 - Anatolio, Patriarca de Constantinopla


San Anatolio era un sacerdote de Alejandría que había sido ordenado diácono (y quizás también presbítero) por San Cirilo, Arzobispo de esa ciudad.


Cuando el Patriarca San Flaviano de Constantinopla murió a causa de los malos tratos que había recibido en la Latrocinio de Efeso, Anatolio, que fue elegido para sucederle en la sede de Constantinopla, fue consagrado por el monofisita Dióscoro de Alejandría.


San Anatolio se había distinguido en el Latrocinio de Efeso como adversario del nestorianismo. Poco después de su consagración episcopal, reunió en Constantinopla un sínodo, en el que ratificó solemnemente la carta dogmática ("el Tomo") que el Papa San León había enviado a San Flaviano, mandó a cada uno de sus metropolitanos una copia de dicha carta así como una condenación de Nestorio y Eutiques para que las firmasen.


Inmediatamente después, lo comunicó así al Papa, protestó de su ortodoxia y le pidió que le confirmase como legítimo sucesor de Flaviano. San León aceptó, pero no sin hacer notar expresamente que lo hacía "más bien por misericordia que por justicia", dado que Anatolio había admitido la consagración episcopal de manos del hereje Dióscoro. Al año siguiente, en el gran Concilio de Calcedonia, que definió la doctrina católica contra el monofisismo y el nestorianismo y reconoció, en términos precisos, la autoridad de la Sede Romana, San Anatolio desempeñó un papel de primera importancia; ocupó el primer sitio después de los legados pontificios y secundó sus esfuerzos en favor de la fe ortodoxa. En la décima quinta sesión, a la que no asistieron los legados pontificios, el santo se unió con los prelados orientales para declarar que la sede de Constantinopla era la segunda en importancia después de la de Roma. San León se negó a aceptar ese canon y escribió a Anatolio que "un católico, y sobre todo un sacerdote del Señor, no debería dejarse llevar por la ambición ni caer en el error".


No poseemos ningún dato sobre la vida privada de Anatolio. Los cristianos de rito bizantino han celebrado siempre su fiesta el 3 de julio. El santo murió en esa fecha, el año 458.


Algunos le atribuyen a este Anatolio los himnos de Vísperas y las Laudes del Octoeco que se llaman ‘Versos anatolianos’, mientras que otros -que quizás tengan más razón- los atribuyen a un varón distinto del mismo nombre, monje del Monasterio de Estudio, discípulo de San Teodoro el Estudita, cuya epístola a este Anatolio ha llegado hasta nuestros días.



Fuente: catholic.net / goarch.org

03/07 - Jacinto el Mártir de Cesarea y Teodoto y Teodota los Mártires


San Jacinto nació en Cesarea en Capadocia y fue criado en una familia Cristiana. El Emperador Trajano convirtió al muchacho en uno de sus mayordomos sin saber que era Cristiano en secreto.


Un día, cuando el Emperador y su corte se encontraban ofreciendo sacrificios a los ídolos, el joven Jacinto se encerró en una pequeña habitación de su casa y permaneció allí orando con fervor al Señor Jesucristo, pero uno de los sirvientes del Emperador escuchó al joven cuando oraba y lo denunció al emperador. El siervo reportó que, aunque Jacinto había sido confiado a un puesto de la corte Imperial, no honraba a los dioses Romanos y en secreto le rezaba a Cristo.


Jacinto fue llevado a juicio frente a Trajano quien trató de persuadir al joven de que negara a Cristo y ofreciera sacrificios a los ídolos sordos y mudos; pero el joven Santo mártir se mantuvo firme y declaró que era Cristiano. El Santo fue azotado y arrojado a la prisión, donde su único alimento eran las sobras de lo ofrecido a los ídolos paganos. San Jacinto no aceptó alimentarse de esa forma, aunque los paganos esperaban que se rindiera por la sed y el hambre y aceptara beber y comer la comida de los ídolos, pero al pasar treinta y ocho días sin alimentos, San Jacinto falleció. Cuando llegaron los verdugos a su celda encontraron el cuerpo del joven fallecido.


El carcelero vio a dos Ángeles en la celda: uno cubría el cuerpo del Santo con su túnica, y el otro había colocado una corona de gloria en su cabeza.


El muchacho de doce años Jacinto, sufrió por Cristo en el año 108 en Roma, y más tarde sus reliquias fueron trasladadas a Cesarea.



Fuente: Iglesia Ortodoxa San Jorge Córdoba

Viernes de la V Semana de Mateo


Rom 16,1-16: Hermanos, os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que además es servidora de la Iglesia que está en Cencreas; recibidla en el Señor de un modo que sea digno de los santos y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros. Pues también ella ha sido protectora de muchos, e incluso de mí mismo. Saludad a Prisca y Áquila, mis colaboradores en la obra de Cristo Jesús, que expusieron sus cabezas por salvar mi vida; no soy yo solo quien les está agradecido, también todas las iglesias de los gentiles. Saludad asimismo a la Iglesia que se reúne en su casa. Saludad a mi querido Epéneto, primicias de Asia para Cristo. Saludad a María, que con tanto afán ha trabajado en vuestro favor. Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de prisión, que son ilustres entre los apóstoles y además llegaron a Cristo antes que yo. Saludad a Ampliato, a quien quiero en el Señor. Saludad a Urbano, colaborador nuestro en la obra de Cristo, y a mi querido Estaquio. Saludad a Apeles, acreditado en Cristo. Saludad a la familia de Aristóbulo. Saludad a Herodión, mi pariente. De la familia de Narciso saludad a los que están en el Señor. Saludad a Trifena y Trifosa, que han trabajado afanosamente en el Señor. Saludad a la querida Pérside, que ha trabajado con mucho afán en el Señor. Saludad a Rufo, elegido en el Señor, y a su madre, que es también madre mía. Saludad a Asíncrito, Flegón, Hermes, Patrobas, Hermas y a todos los hermanos que están con ellos. Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas y a todos los santos que están con ellos. Saludaos unos a otros con el beso santo. Os saludan todas las Iglesias de Cristo. 


Mt 13,3-9: Dijo el Señor esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

02/07 - Deposición de la Preciosa Túnica de la Madre de Dios en las Blanquernas


Durante el reinado de León el Grande (457-474), dos patricios y hermanos que se encontraban de peregrinación en Tierra Santa se alojaron con una viuda anciana, cristiana de origen judío. Viendo los muchos milagros que se obraban en un pequeño santuario que esta tenía en su casa, le insistieron hasta que les reveló que custodiaba una túnica de la Santísima Madre de Dios en un cofrecito.

Nuestra Señora había tenido a dos vírgenes que la asistían; antes de su santa dormición, les entregó a cada una de ellas una de sus divinas vestimentas en señal de bendición. La viuda de nuestro relato era de la familia de una de estas vírgenes, por lo que la pieza había llegado a sus manos de generación en generación.

Con permiso de Dios, y con el objeto de que la santa reliquia fuera de bendición para muchos, los dos hombres llevaron furtivamente la túnica a las Blanquernas y construyeron una iglesia en honor de los Apóstoles Pedro y Marcos donde instalaron secretamente la pieza. Pero de nuevo, debido a la multitud de milagros que se obraban, el hecho fue conocido por el Emperador León, y se construyó una magnífica iglesia, algunos dicen que por el mismo León, pero, según otros, por sus predecesores Marciano y Pulqueria y ampliada por León cuando se encontró la santa túnica. El Emperador Justino el Joven completó dicha iglesia, que el Emperador Romano IV Diógenes erigió inmediatamente de nuevo después de que se quemara en 1070. La iglesia ardió de nuevo en 1434, y desde entonces se convirtió en una pequeña casa de oración junto con la renombrada fuente santa.

Después del siglo VII, el nombre de Blanquernas se dio a otras iglesias y monasterios por parte de sus piadosos fundadores por reverencia a esta famosa iglesia de Constantinopla. En ella fue coronado Juan Cantacuceno en 1345, y en ella se convocó asimismo el Concilio contra Acindino, seguidor de Barlaán (ver el II Domingo de la Santa y Gran Cuaresma).

LECTURAS


Heb 9,1-7: Hermanos, también la primera alianza tenía sus ritos para el culto y su santuario de este mundo. Se instaló una primera tienda, llamada el Santo, donde estaban el candelabro y la mesa de los panes presentados. Detrás de la segunda cortina estaba la tienda llamada Santo de los Santos, que contenía el altar de oro para los perfumes y el Arca de la Alianza, revestida toda ella de oro, en la que se hallaban la urna de oro con maná, la vara florecida de Aarón y las tablas de la alianza. Encima del Arca estaban los querubines de la Gloria, que cubrían con su sombra el Propiciatorio. No hace falta explicarlo ahora al detalle. Una vez instalado todo, los sacerdotes entran continuamente en la primera tienda para oficiar allí. En la segunda solo entra el sumo sacerdote, una vez al año, con la sangre que ofrece por sí y por los pecados de inadvertencia del pueblo.


Lc 1,39-49;56: En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo». María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.



Fuente: goarch.org / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Traducción del inglés y adaptación propias

Jueves de la V Semana de Mateo


Rom 15,17-29: Hermanos, tengo de qué gloriarme en Cristo y en relación con las cosas que tocan a Dios. En efecto, no me atreveré a hablar de otra cosa que no sea lo que Cristo hace a través de mí en orden a la obediencia de los gentiles, con mis palabras y acciones, con la fuerza de signos y prodigios, con la fuerza del Espíritu de Dios. Tanto que, en todas direcciones, partiendo de Jerusalén y llegando hasta la Iliria, he completado el anuncio del Evangelio de Cristo. Pero considerando una cuestión de honor no anunciar el Evangelio más que allí donde no se haya pronunciado aún el nombre de Cristo, para no construir sobre cimiento ajeno; sino como está escrito: Los que no tenían noticia lo verán, los que no habían oído comprenderán. Por esta razón me he visto impedido muchas veces de ir hasta vosotros. Mas ahora, no teniendo ya campo de acción en estas regiones y teniendo desde hace muchos años grandes deseos de ir adonde vosotros, cuando me ponga en camino hacia España, espero veros al pasar y, después de haber disfrutado un poco de vuestra compañía, que vosotros me encaminéis hacia allá. Pero ahora voy a Jerusalén, para el servicio de los santos, pues Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta para los pobres que hay entre los santos de Jerusalén. Tuvieron el gusto y además estaban obligados a ello; pues si los gentiles han compartido los bienes espirituales de los santos, ellos por su parte deben prestarles ayuda en lo material. Así pues, cuando haya concluido este asunto, sellándolo con la entrega del fruto de la colecta, pasaré entre vosotros de camino hacia España. Y sé que, cuando vaya a vosotros, lo haré con todas las bendiciones de Cristo.


Mt 12,46-50;13,1-3: En aquel tiempo, todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre». Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española