15/08 - Sinaxis del Icono de la Santísima Madre de Dios de las Cuevas de Kiev


El Icono de la Dormición de la Santísima Theotokos, ubicado en las Cuevas de Kiev, es uno de los iconos más antiguos de la Iglesia de la Rus. La Madre de Dios lo confió a cuatro arquitectos bizantinos, quienes en 1073 lo llevaron a los santos Antonio y Teodosio de las Cuevas de Kiev. Los arquitectos llegaron a la cueva de los monjes y preguntaron: "¿Dónde queréis construir la iglesia?". Los santos respondieron: "Id, el Señor os indicará el lugar".


"¿Cómo es que vosotros, que estáis a punto de morir, aún no habéis designado el lugar?", preguntaron los arquitectos. "Además, vosotros en persona nos entregasteis mucho oro".


Entonces los monjes convocaron a todos los hermanos y comenzaron a interrogar a los griegos, diciendo: "Decidnos la verdad. ¿Quién os envió y cómo habéis llegado hasta aquí?".


Los arquitectos respondieron: «Un día, mientras cada uno dormía en su casa, unos hermosos jóvenes se acercaron a nosotros al amanecer y nos dijeron: «La Reina os llama a las Blanquernas». Llegamos todos al mismo tiempo y, tras preguntarnos unos a otros, supimos que todos habíamos escuchado esta orden de la Reina y que los jóvenes se nos habían aparecido a cada uno de nosotros. Finalmente, contemplamos a la Reina del Cielo con una multitud de guerreros. Nos inclinamos ante Ella y dijo: «Quiero construirme una iglesia en la Rus, en Kiev, y os pido que la hagáis. Llevad suficiente oro para tres años».


«Nos inclinamos y preguntamos: «¡Señora Reina! Nos envías a una tierra extranjera. ¿A quién se nos envía?». Ella respondió: «Os envío a los monjes Antonio y Teodosio».


«Nosotros preguntamos: «¿Por qué entonces, Señora, nos das oro para tres años? Dinos lo que nos concierne, qué comeremos y qué beberemos, y dinos también qué sabes al respecto”. La Reina respondió: ‘Antonio os dará la bendición y luego partirá de este mundo al reposo eterno. El otro, Teodosio, lo seguirá después de dos años. Por lo tanto, tomad suficiente oro. Además, nadie puede hacer lo que yo haré para honraros. Os daré lo que ojo no vio, oído no oyó y lo que no ha entrado en corazón de hombre (1 Cor. 2:9). Yo misma iré a contemplar la iglesia y moraré en ella’”.


“También nos dio reliquias de los santos mártires Menigno, Polieucto, Leoncio, Acacio, Aretas, Santiago y Teodoro, diciendo: ‘Colocad estas reliquias dentro de los cimientos’. Tomamos oro de sobra, y Ella dijo: ‘Salid y ved la iglesia resplandeciente’. Salimos y vimos una iglesia en el aire. Al entrar de nuevo, nos inclinamos y dijimos: ‘Señora Reina, ¿cómo se llamará la iglesia?’”.


“Ella Respondió: «Quiero llamarla según mi propio nombre». No nos atrevimos a preguntarle cuál era su nombre, pero Ella repitió: «Será la iglesia de la Madre de Dios». Tras entregarnos este icono, dijo: «Este icono se colocará dentro». Nos inclinamos ante Ella y nos fuimos a nuestras casas, llevando con nosotros el icono que recibimos de manos de la Reina.


Al oír esto, todos glorificaron a Dios, y San Antonio dijo: «Hijos míos, nosotros nunca hemos abandonado este lugar. Aquellos apuestos jóvenes que os convocaron eran santos ángeles, y la Reina de las Blanquernas era la Santísima Theotokos. En cuanto a quienes se nos parecían y al oro que os dieron, solo el Señor sabe cómo se dignó hacer esto con sus siervos. ¡Bendita sea vuestra llegada! Estáis en buena compañía: el venerable icono de la Señora». Durante tres días, San Antonio oró para que el Señor le mostrara el lugar para la iglesia.


Después de la primera noche, cayó rocío por toda la tierra, pero quedó seco en el lugar sagrado escogido. A la segunda mañana, toda la tierra estaba seca, pero el lugar sagrado estaba empapado de rocío. A la tercera mañana, oraron y bendijeron el lugar, y midieron el ancho y el largo de la iglesia con una faja de oro. (Esta faja había sido traída hacía mucho tiempo por el varego Simón, quien tuvo una visión sobre la construcción de una iglesia). Un rayo que cayó del cielo por la oración de San Antonio indicó que ese lugar le agradaba a Dios. Así se colocaron los cimientos de la iglesia.


El icono de la Madre de Dios fue glorificado por numerosos milagros. Dos amigos, Juan y Sergio, sellaron su amistad ante él. Después de muchos años, Juan enfermó de muerte. Donó parte de su riqueza al monasterio de las Cuevas y le dio a Sergio la parte para su hijo de cinco años para su custodia. También le confió la tutela de su hijo Zacarías. Cuando Zacarías cumplió quince años, pidió su herencia, pero Sergio insistió en que Juan lo había distribuido todo a los pobres. Incluso entró en la iglesia de la Dormición y juró ante el icono milagroso que no se había llevado nada.


Cuando intentó besar el icono, no pudo acercarse. Fue a las puertas y de repente gritó: "¡Santos Antonio y Teodosio! Que no me castiguen por mi deshonestidad. Rogad a la Santísima Theotokos que aleje la multitud de demonios que me atormentan. Que se lleven el oro y la plata. Están sellados en mi granero". Zacarías donó toda su herencia al monasterio de las Cuevas, donde también fue tonsurado monje. Desde ese momento, nadie haría juramentos ante el icono milagroso (24 de marzo).


En más de una ocasión, el icono defendió la tierra de la invasión enemiga. En 1677, cuando los turcos sitiaron Chigirin y el peligro amenazaba Kiev, llevaron el icono en procesión por la ciudad durante casi todo el día 27 de agosto. La Madre de Dios bendijo a los ejércitos que iban a la batalla de Poltava (1709). En 1812 el icono fue procesionado de nuevo por Kiev. El icono se conmemora dos veces al año: el 3 de mayo y el 15 de agosto.



Fuente: oca.org

Traducción del ingles: Google Translate

Adaptación propia

15/08 - Dormición de la Santísima Madre de Dios y Siempre Virgen María


Después de la ascensión del Señor, la Madre de Dios permaneció bajo el cuidado del apóstol y evangelista Juan, y durante los viajes de este ella solía quedarse en la casa de sus allegados cerca del Monte de los Olivos. Su función en la primitiva iglesia fue ser fuente de consolación y de edificación tanto para los apóstoles como para los creyentes. 


Durante la persecución que inició el rey Herodes en contra de la joven Iglesia de Cristo (Hechos 12:1-3), la Madre de Dios y el Apóstol Juan se dirigieron a la ciudad de Éfeso en el año 43. También viajó a Chipre para estar con San Lázaro, el resucitado por el Señor, donde este era obispo, como también estuvo en el Monte Athos. San Esteban de la Santa Montaña dice que la Madre de Dios proféticamente dijo: “Dejad que este lugar sea entregado a mi hijo y Dios. Yo protegeré este lugar e intercederé ante Dios por él”.


De acuerdo a la Santa Tradición, basada en las palabras de los mártires Dionisios el Areopagita (3 de octubre) e Ignacio el revestido de Dios (20 de diciembre) San Ambrosio de Milán (7 de diciembre) tuvo la oportunidad de escribir en su obra “Sobre las vírgenes” que la Madre de Dios “era virgen no solo de cuerpo, sino también de alma, humilde de corazón, de pocas palabras, sabia en su mente, trabajadora y prudente. Su regla de vida era la de no ofender a nadie sino hacer el bien a todos”.


Las circunstancias en que sucedió la dormición de la Madre de Dios se conocieron en la Iglesia desde tiempos apostólicos. Ya en el primer siglo de la cristiandad, San Dionisio el Areopagita escribió sobre su “dormición”. En el siglo II, la historia de que su cuerpo subió a los cielos la encontramos en las obras de Melitón, Obispo de Sardis. En el siglo IV, San Epifanio de Chipre hace referencia a la tradición sobre la “dormición” de la Madre de Dios. En el siglo V, San Juvenal, Patriarca de Jerusalén, le dice a la Emperatriz Bizantina Pulqueria: “pese a que no existen datos sobre su muerte en las sagradas Escrituras, sabemos sobre todo esto de  la más antigua y creíble tradición”.  Dicha tradición fue expuesta en la historia de la Iglesia de Nicéforos Callistos durante el siglo XIV.


En el momento de su dormición, la Madre de Dios estaba de regreso en Jerusalén. Día y noche perseveraba en la oración e iba con frecuencia al Santo Sepulcro. En una de esas visitas, el Arcángel Gabriel apareció ante ella y le anunció que pronto dejaría esta vida. Así es que ella decidió visitar por última vez Belén llevando consigo las tres jóvenes que la atendían (Séfora, Abigail y Jael). Antes de esto le anunció a José de Arimatea y a otros discípulos que pronto partiría de este mundo.


En su oración, la Madre de Dios pidió que el Apóstol Juan  viniera a verla por última vez. El Espíritu Santo lo trajo desde Éfeso. Después de la oración, María ofreció incienso y Juan escuchó una voz del cielo que concluía la oración de la Virgen y que decía “amén”. La Madre de Dios interpretó que la voz significaba que pronto los apóstoles y los discípulos llegarían hasta el lugar en el que ella se encontraba.


Los creyentes, reunidos en gran número a su alrededor, dice San Juan Damasceno, escucharon las últimas palabras de la Madre de Dios.  Ninguno sabía la razón de encontrarse presentes en este lugar hasta que San Juan se acercó a ellos, con lágrimas, y explicándoles que el Señor había decidido juntarlos a todos nuevamente para la dormición de la Madre de Dios.


También apareció entre los presentes el apóstol Pablo con sus discípulos Dionisio el Areopagita, Hieroteos y San Timoteo y algunos de los setenta.


A la tercera hora del día (9 de la mañana) la dormición de la Madre de Dios se llevó a cabo. Los apóstoles se acercaron a su lecho y ofrecieron alabanzas a Dios. De repente, la luz de la divina Gloria resplandeció enfrente de ellos. El mismo Cristo apareció rodeado de ángeles y profetas.


Viendo a su Hijo, la Virgen María exclamó “mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador por que ha visto la humildad de su esclava” (Lc 1:46). Así entregó su alma a su Hijo y Dios; milagrosa fue la vida de la Purísima Virgen y maravillosa su dormición.


A partir de ese momento comenzaron a preparar el entierro de su cuerpo purísimo. Los apóstoles fueron los encargados de llevar su féretro sobre sus hombros. Esta procesión se realizó por toda Jerusalén hasta llegar al jardín del Getsemaní.


Un sacerdote judío de aquella ciudad llamado Efonio, lleno de odio, quiso tirar el féretro que transportaba el cuerpo de la Purísima Madre de Dios. El Arcángel Miguel cortó sus manos. Viendo esto se arrepintió y confesó la majestad de la Madre de Dios y así comenzó a ser un ferviente seguidor de Cristo.


Cuando la procesión llegó al jardín del Getsemaní, los apóstoles y los discípulos comenzaron a dar el último adiós a la Virgen María. Recién a medianoche lograron depositar el cuerpo dentro del sepulcro y sellar la entrada con una gran piedra.


Por tres días no se fueron de ese lugar, orando y cantando salmos. Por la providencia de Dios, el apóstol Tomás no estuvo presente en el funeral. Llegando el tercer día a Getsemaní se acercó a la tumba y allí lloró preguntándose por qué no se le había  permitido a él presenciar la partida de la Madre de Dios. Los apóstoles decidieron abrir la tumba para que Tomás pudiera dar su último adiós. Cuando abrieron el sepulcro, solo encontraron sus lienzos y entendieron que su cuerpo también había sido recibido en los cielos por Nuestro Señor.


La tarde del mismo día, estando los apóstoles reunidos en una casa para poder comer, la Madre de Dios se les apareció y les dijo: “Regocíjense, estaré con ustedes todos los días de sus vidas”. Ellos exclamaron “Santísima Madre de Dios, sálvanos” iniciando esta exclamación que acompañará a la Iglesia eternamente.


Esta fiesta que celebramos todos los 15 de agosto es celebrada con mucha reverencia y especial solemnidad en el Getsemaní, el lugar de su entierro.


Una tumba que se convierte en escala para el cielo


Todas las liturgias de las Iglesias cristianas tienen un sentido pedagógico- o, mejor, mistagógico - muy claro. Este aspecto está subrayado claramente en las liturgias del Oriente cristiano: para los creyentes la liturgia es un maestro que instruye sobre la verdad de la fe.


De modo particular esta mistagogía/catequesis de la liturgia la encontramos en las celebraciones de la Madre de Dios, aquella que acogió en su vientre al Verbo eterno de Dios. La presencia de María articula los diversos momentos del año litúrgico de las Iglesias de tradición bizantina: la primera gran fiesta del ciclo litúrgico es la del 8 de septiembre, es decir, la Natividad de la Madre de Dios, y se cierra con la fiesta del 15 de Agosto, su Dormición. Todo el misterio de Cristo que se celebra a lo largo del año litúrgico comienza con la Natividad de María y se cierra con su tránsito y su plena glorificación.


El amor y la veneración por la Madre de Dios es el alma de la piedad de los Iglesias cristianas de Oriente y el corazón que vivifica la comunidad cristiana. El Oriente cristiano, desde sus comienzos, siempre ha contemplado a la Virgen inseparablemente insertada en el misterio del Verbo encarnado. Las Iglesias de Oriente, dirigiéndose a la Madre de Dios, saben que se dirigen a Aquella que intercede ante su Hijo.


La fiesta del 15 de agosto, que en los libros litúrgicos bizantinos lleva el título de "Dormición" de la Madre de Dios, celebra su tránsito y su plena glorificación encuadrándolos en el misterio pascual de Cristo, y es también una de las fiestas más populares entre los fieles. De hecho, es precedida por la llamada "pequeña cuaresma de la Madre de Dios", periodo de oración y de ayuno que comienza el uno de agosto; en estas dos semanas, mientras se llega al día de la fiesta, por la tarde se celebra el oficio de la Paráklisis ("súplica", "invocación", "consolación"), una oración a la Madre de Dios, muy popular y amada por los fieles. En ésta María es invocada como Madre de Dios, Virgen, Madre del Verbo encarnado, Virgen y Madre divina; títulos en relación a su divina maternidad, u otros relacionados a su función en el misterio de la redención: “poderosa en la intercesión, baluarte inexpugnable, fuente de misericordia, causa de alegría, fuente de incorruptibilidad, torre de seguridad”.


En la liturgia del 15 de Agosto, los textos del Oficio y de la Divina liturgia (troparios, kontákia) subrayan el gozo y la alegría. No el luto, el llanto por la muerte, sino la celebración, en su sentido más fuerte y más litúrgico del término, del tránsito de la Madre de Dios. Los textos de la fiesta se centran en todo el misterio de María en la economía de la redención: “protectora, fuente de Vida, trono del Altísimo, Madre de la eterna Luz, Madre de Dios”; Ésta está, como las demás criaturas, sometida a la muerte, pero la Vida que por Ella nació la hace nacer a la verdadera vida.


La liturgia de este día, con expresiones poéticas con frecuencia contrastantes, manifiesta y confiesa a Aquella que es la fe de la Iglesia: "La fuente de la vida es colocada en un sepulcro; la tumba se convierte en escala para el cielo". La profesión de fe de los primeros concilios de la Iglesia se refleja en la liturgia de hoy: "Esposa toda inmaculada y Madre del beneplácito del Padre, aquella que es elegida por Dios como lugar de su unión sin confusión, entrega hoy el alma inmaculada a Dios creador".


La liturgia eucarística ofrece a los fieles dos textos neotestamentarios: El primero (Filipenses, 2, 5-11) es el canto de la humildad de Dios; para glorificar a su creatura, es decir, al hombre, el Verbo de Dios se abaja y se hace hombre; para glorificar, para llevar al hombre a la primitiva gloria, belleza, el Verbo se hace hombre. Es como si la Liturgia Bizantina, concluyendo el año litúrgico – estamos en la última gran fiesta del calendario – entregase a la Iglesia y a cada cristiano estas palabras del Evangelio: Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica.


Finalmente, el icono de la Dormición de la Madre de Dios nos propone casi una “celebración” de la muerte de la Madre de Dios. Cristo en el centro de un semicírculo, con los ángeles entorno, tiene en sus brazos el alma de su Madre. María - muerta, o mejor dicho, adormecida - está colocada en el centro del icono sobre un lecho. Alrededor de Ella están los Apóstoles y unas mujeres llorando. Entre ellos, Pedro y Pablo, es decir, toda la Iglesia. En este icono el lecho de María es también el altar sobre el cual se celebra la liturgia: los Apóstoles que están celebrando alrededor de él, Cristo al fondo, en el ábside, que preside, Pedro que inciensa en el instante de la Gran Entrada.


En la celebración de la Dormición, María se convierte así en prototipo, es decir, en modelo, de la salvación para la Iglesia y para cada uno de los cristianos. María, la Madre de Dios, junto al Verbo encarnado, junto al misterio de la Iglesia, junto al misterio del hombre. El hombre atormentado y perdido conducido por María al puerto que es Cristo mismo; el hombre, objeto de la misericordia divina por medio de la Madre de Dios; el hombre alegrado por Aquella que engendra a Aquél que es la alegría del mundo, Cristo. El hombre es salvado por Dios gracias a la Encarnación del Verbo en el seno de María.


El fenómeno de las «Serpientes de la Madre de Dios» en Cefalonia (Grecia)



Cada año, alrededor de la fiesta de la Transfiguración del Señor el 6 de agosto, misteriosas serpientes aparecen en los pueblos de Marcópulo y Agrinia en la isla griega occidental de Cefalonia, donde hay capillas dedicadas a la Dormición de la Santísima Madre de Dios, permaneciendo allí hasta la fiesta del 15 de agosto.


Normalmente, cientos y miles de fieles peregrinos acuden a los pueblos para contemplar las “Serpientes de la Panagia (la Toda Santa, título de la Madre de Dios)” que parecen salir de la nada y vuelven a desaparecer tras la fiesta de la Dormición. Las serpientes blancas y negras tienen la señal de la cruz en sus cabezas, y sus lenguas tienen forma de cruz.



Las serpientes se arrastran por las iglesias y especialmente alrededor de los iconos de la Theotokos.


Muchos han testificado que cuando tocaron las serpientes, fueron sanados de enfermedades incurables.


La Iglesia de la Dormición en Marcópulo está construida sobre las ruinas de un antiguo monasterio. A principios del siglo XVIII, las monjas del antiguo convento fueron atacadas por piratas. Rezaron fervientemente a la Theotokos por protección, y cuando los piratas entraron en el convento, se aterrorizaron al ver serpientes que se lanzaban hacia ellos y huyeron.


Las serpientes han aparecido todos los años desde entonces, excepto dos años: 1940, el año en que Grecia entró en la Segunda Guerra Mundial, y 1953, el año del devastador terremoto en Cefalonia. Por lo tanto, si las serpientes no aparecen, se cree que es señal de malos tiempos. 


LECTURAS


En Vísperas


Gn 28,10-17: Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán. Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol. Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar. Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido». Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». Y, sobrecogido, añadió: «Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo».


Ez 43,27-44,4: Así dice el Señor: «Concluidos estos días, a partir del día octavo, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar los holocaustos y sacrificios de pacificación, y yo os los aceptaré —oráculo del Señor Dios—». Luego me hizo volver al pórtico exterior del santuario que mira hacia oriente. Estaba cerrado. El Señor me dijo: «Este pórtico permanecerá cerrado. No se abrirá nunca y nadie entrará por él, porque el Señor, Dios de Israel, ha entrado por él. Por eso quedará cerrado. El príncipe, porque es príncipe, podrá sentarse allí para comer el pan en presencia del Señor. Entrará por el vestíbulo del pórtico y saldrá por el mismo camino». Después me llevó por el pórtico septentrional hasta la fachada del templo. Vi que la Gloria del Señor llenaba el templo del Señor.


Prov 9,1-11: La sabiduría se ha hecho una casa, ha labrado siete columnas; ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Ha enviado a sus criados a anunciar en los puntos que dominan la ciudad: «Vengan aquí los inexpertos»; y a los faltos de juicio les dice: «Venid a comer de mi pan, a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia». Quien corrige al insolente recibe insultos; quien reprende al malvado, desprecios. No corrijas al insolente, que te odiará; reprende al sensato y te querrá; instruye al sabio, y será más sabio; enseña al honrado, y aprenderá. El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, conocer al Santo implica inteligencia. Por mí prolongarás tus días, se añadirán años a tu vida.


En Maitines


Lc 1,39-49;56: En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo». María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.


En la Liturgia


Flp 2,5-11: Hermanos, tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. 


Lc 10,38-42;11,27-28: En aquel tiempo, yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada». Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».



Fuente: lexorandies.blogspot.com / Arquidiócesis de Buenos Aires y Toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente) / orthochristian.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española
Adaptación propia

Sábado de la XI Semana de Mateo


1 Cor 1,3-9: Hermanos, a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.


Mt 19,3-12: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?». Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?». Él les contestó: «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio». Los discípulos le replicaron: «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse». Pero él les dijo: «No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

14/08 - Traslación de las Preciosas Reliquias de nuestro Justo Padre Teodosio, Hegúmeno del Monasterio de las Cuevas de Kiev


San Teodosio de las Cuevas de Kiev fue el padre del monaquismo cenobítico en la Rus. Nació en Vasilevo, no lejos de Kiev.


Desde su juventud sintió una atracción irresistible por la vida ascética, y llevó un estilo de vida ascético mientras aún estaba en su hogar paterno, llevando cadenas debajo de su ropa. Desdeñaba los juegos y las atracciones infantiles y asistía constantemente a la iglesia. Pidió a sus padres que le permitieran estudiar los libros sagrados y, gracias a su habilidad y su extraordinario celo, rápidamente aprendió a leer los libros, de modo que todos quedaron asombrados de su intelecto.


Cuando tenía catorce años perdió a su padre y quedó bajo la supervisión de su madre, una mujer estricta y dominante que amaba mucho a su hijo. Muchas veces reprendía a su hijo por su anhelo de ascetismo, pero él permanecía firmemente comprometido con su camino.


A la edad de veinticuatro años, en 1032, abandonó en secreto la casa de sus padres y San Antonio, del Monasterio de las Cuevas de Kiev, lo bendijo para recibir la tonsura monástica con el nombre de Teodosio. Después de cuatro años, su madre lo encontró y le rogó entre lágrimas que regresara a casa, pero el santo la persuadió de permanecer en Kiev y convertirse en monja en el monasterio de San Nicolás en el cementerio de Askold.


San Teodosio se afanó en el monasterio más que otros, y a menudo asumía parte del trabajo de los otros hermanos. Llevaba agua, cortaba leña, molía el grano y llevaba la harina a cada monje. En las noches frías destapaba su cuerpo y dejaba que sirviera de alimento a mosquitos y otros insectos. Su sangre fluía, pero el Santo se ocupaba de las artesanías y cantaba Salmos. Llegaba a la iglesia antes que nadie y, de pie en un lugar, no la dejaba hasta el final de los oficios. También escuchaba las lecturas con especial atención.

 

En 1054 San Teodosio fue ordenado hieromonje y en 1057 fue elegido abad. Según la Crónica Primaria:


"... el monasterio se completó durante el gobierno del Abad de Barlaán ... Cuando Barlaán partió, los hermanos ... visitaron al anciano Antonio [fundador del Monasterio de las Cuevas, que ahora vivía en reclusión profunda] con la solicitud que les designara un nuevo abad. Preguntó a quién deseaban. Ellos respondieron que solo necesitaban al designado por Dios y por su propia elección [de Antonio]. Luego les preguntó: '¿Quién de ustedes es más obediente? ¿Más modesto y más suave que Teodosio? Que sea su abad. Los hermanos se regocijaron ... y así nombraron a Teodosio para ser su abad ".


La fama de sus hazañas atrajo a varios monjes al monasterio, en el que construyó una nueva iglesia y celdas, e introdujo la regla cenobítica del Monasterio de Estudion escrita por San Teodoro el Estudita, una copia del cual encargó en Constantinopla. Esta regla se extendió a todos los monasterios de la Rus. Nuevamente, de acuerdo con la Crónica Primaria:


"Cuando Teodosio asumió el control del monasterio, comenzó a practicar todo tipo de  abstinencia, ayuno y oración entre lágrimas ... También se interesó por investigar las reglas monásticas. En ese momento había en Kiev un monje del monasterio de Estudion llamado Miguel, que había venido de Grecia ... Teodosio le preguntó sobre las prácticas de los monjes estuditas. Obtuvo su regla, la copió y la estableció en su propio monasterio para gobernar el canto de himnos monásticos, las postraciones, la lectura de las Escrituras, el comportamiento en la iglesia, todo el ritual, la conducta en la mesa, la alimentación para días especiales y otros preceptos. Tras obtener toda esta información, Teodosio la transmitió a su monasterio, adoptando posteriormente todos los demás la misma instrucción. El Monasterio de las Cuevas es honrado entre los más antiguos de todos ".


Como abad, San Teodosio continuó con sus arduas tareas en el monasterio. Por lo general, solo comía pan seco y verduras cocidas sin aceite, y pasaba las noches en oración sin dormir. Los hermanos a menudo notaron esto, aunque el Santo trató de ocultar sus esfuerzos a los demás. 


Nadie vió a San Teodosio ni siquiera dormitar ligeramente, y por lo general descansaba sentado. Durante la Gran Cuaresma, el Santo se retiraba a una cueva cerca del monasterio, donde luchaba sin que nadie lo viera. Encerrándose en una cueva, se llevaba un poco de pan con él; la puerta estaba cubierta con tierra desde el exterior, comnicándose los hermanos del monasterio con él solo en casos de extrema necesidad a través de una pequeña ventana, y luego solo el sábado o el domingo. Su atuendo era una camisa de pelo tosca y desgastada sobre su cuerpo, que su discípulo Néstor describió como "con la apariencia en él como de una túnica de color púrpura real". Parecía tanto un mendigo que era imposible reconocer en este anciano al renombrado abad, profundamente respetado por todos los que lo conocían.


Una vez, San Teodosio regresaba de visitar al Gran Príncipe Iziaslao. El cochero, sin reconocerlo, dijo con brusquedad: “Usted, monje, siempre está de vacaciones, pero yo estoy constantemente en el trabajo. Toma mi lugar y déjame viajar en el carruaje ". El santo anciano obedeció mansamente y llevó al sirviente. Al ver cómo los nobles en el camino se inclinaban ante el monje que conducía los caballos, el sirviente se asustó, pero el santo asceta lo calmó y le ofreció  comer en el monasterio. Confiando en la ayuda de Dios, el santo no tenía una gran provisión de alimentos en el monasterio y, por lo tanto, los hermanos necesitaban el pan de cada día. Sin embargo, a través de sus oraciones, aparecieron benefactores desconocidos en el monasterio y suplieron las necesidades de los hermanos.


A los Grandes Príncipes, especialmente a Iziaslao, les encantaba escuchar los discursos espirituales de San Teodosio. El Santo no tenía miedo de denunciar a los poderosos de este mundo. Los condenados injustamente siempre encontraban en él un defensor, y los jueces revisaban los asuntos a petición del abad. Estaba particularmente preocupado por los indigentes. Construyó un patio especial para ellos en el monasterio donde cualquier persona necesitada podía recibir comida y bebida.


Bajo Teodosio, la construcción del ‘katholikón’ se inició en honor a la Dormición de la Theotokos. También es conocido como el fundador y líder de una de las primeras bibliotecas eclesiásticas en la Rus: la Biblioteca de las la Laura de las Cuevas de Kiev.


Sintiendo la proximidad de la muerte, San Teodosio se durmió pacíficamente en el Señor en el año 1074. Fue enterrado en una cueva que cavó, donde se recluyía durante los períodos de ayuno.


Las reliquias del asceta fueron encontradas incorruptas por los hermanos del monasterio el 14 de agosto de 1091, y fue glorificado como santo en 1108. Las reliquias fueron trasladadas al katholikon principal del monasterio, que había sido consagrado en 1089 y establecido por el Santo, y se estableció una segunda fiesta anual en conmemoración de este evento.


De las obras escritas de San Teodosio, seis discursos, dos cartas al Gran Príncipe Iziaslao y una oración por todos los cristianos han sobrevivido hasta nuestros días.


La Vida de San Teodosio fue escrita por San Néstor el Cronista, discípulo del gran Abad, sólo treinta años después de su reposo, y siempre fue una de las lecturas favoritas de la nación de la Rus.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia