28/05 - Nicetas, Obispo de Calcedonia


San Nicetas, Obispo de Calcedonia, vivió durante la segunda parte del octavo siglo. Por su vida recta ante Dios fue consagrado Obispo de Calcedonia.


San Nicetas se distinguía por su bondad. Siempre ayudaba a los pobres, hospedaba a los ambulantes en su casa, cuidaba a los huérfanos y a las viudas y abogaba por los maltratados.


Durante el reinado del Iconoclasta León el Armenio (813-820), San Nicetas con mucho valor denunció la herejía Iconoclasta y urgía a su rebaño a que venerara los santos iconos de Cristo, la Theotokos y los santos. San Nicetas aguantó muchos sufrimientos de parte del impío emperador y de sus correligionarios. Fue sometido a muchas torturas y también exiliado.


El Santo confesor Nicetas murió en el siglo IX. De sus reliquias procedieron muchos milagros de curación. El canon de su oficio, escrito por el sacerdote José de Constantinopla, también incluye al hermano de San Nicetas, San Ignacio, entre los santos.


 

Fuente: crkvenikalendar.com

Adaptación propia

28/05 - El Santo Hieromártir Eutiquio, Obispo de Melitene


Casi nada se sabe del Santo Hieromártir Eutiquio. Vivió durante los primeros siglos del cristianismo, cuando este era perseguido por los romanos paganos, y sirvió como Obispo de Metilene.


Una fuente nos dice que se presentó voluntariamente ante el gobernante de la ciudad y se negó a sacrificar ante los ídolos, confesando a Jesucristo como el verdadero Dios, por lo cual fue torturado y luego martirizado al ser arrojado al mar y ahogado.


En el Canon de San José el Himnógrafo para su fiesta, se afirma que sus reliquias fueron veneradas en Constantinopla (Oda 9, Tropario 3). También dice que Eutiquio fue instruido por los apóstoles de Cristo y predicó la salvación (Oda 1, Tropario 2; Oda 6, Tropario 2). 


Esto puede indicar que fue discípulo de San Juan el Teólogo, conmemorado el 24 de agosto, cuya memoria en algunas fuentes griegas y eslavas también se celebra el 30 de mayo, y puede haber sido celebrada en Constantinopla el 28 de mayo. En el Sinaxario de San Nicodemo el Athonita sólo aparecen sus Versos yámbicos iniciales. El Menologio de Basilio II no lo menciona en el mes de mayo.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

Jueves de la VII Semana de Pascua


Hch 25,13-19: En aquellos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para cumplimentar a Festo. Como se quedaron allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un hombre a quien Félix ha dejado preso y contra el cual, cuando fui a Jerusalén, presentaron acusación los sumos sacerdotes y los ancianos judíos, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana entregar a un hombre arbitrariamente; primero, el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse de la acusación. Vinieron conmigo, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ninguna acusación de las maldades que yo suponía; se trataba solo de ciertas discusiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo».


Jn 16,23-33: Dijo el Señor a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre». Le dicen sus discípulos: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios». Les contestó Jesús: «¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

27/05 - El Santo Hieromártir Eladio


Poco se sabe sobre San Eladio.


Este santo, habiéndose limpiado a sí mismo de toda impureza con su modo de vida, se convirtió en un recipiente del Espíritu Santo, por lo que fue elegido como obispo de Dios y se le encomendó dirigir la Iglesia de Cristo durante los primeros años de las duras persecuciones contra la Iglesia.


Siendo pastor, expulsó del rebaño de Cristo a los lobos rapaces, tanto herejes como impíos, que estaban devorando a sus ovejas racionales. 


En la medida en que gobernó sabiamente, mantuvo el barco de la Iglesia intacto y sin ser afectado por todas las olas y tormentas opuestas del mar de la vida. Consiguió atraer a muchos idólatras al cuerpo de la Iglesia.


Por esta razón, provocó el odio de muchos, quienes le obligaron a frenar su actividad y negar a Cristo si quería salvar su vida. Ante la fe inalterable de Eladio, fue condenado a muchos tormentos, pero durante su martirio nuestro Señor Jesucristo se le apareció y le curó sus heridas milagrosamente.


El santo fue entonces arrojado a las llamas, pero se mantuvo sin quemaduras por la gracia de Dios, convirtiendo a muchos incrédulos a la fe en Cristo. Finalmente tras continuados golpes, entregó su alma a las manos de Dios, y el bendito recibió la corona del martirio.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / goarch.org
Adaptación propia

Miércoles de la VII Semana de Pascua


Hch 23,1-11: En aquellos días, Pablo, mirando fijamente al Sanedrín, dijo: «Hermanos, yo, hasta este día, he procedido ante Dios con conciencia buena e íntegra». El sumo sacerdote Ananías ordenó a sus ayudantes que lo golpeasen en la boca. Entonces Pablo le dijo: «A ti te va a golpear Dios, muro blanqueado. Tú te sientas para juzgarme según la ley, ¿y actuando contra la ley ordenas que me golpeen?». Los presentes dijeron: «¿Insultas al sumo sacerdote de Dios?». Respondió Pablo: «Hermanos, no sabía que era sumo sacerdote, pues está escrito: No hablarás mal del jefe de tu pueblo». Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos». Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección ni ángeles ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas). Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?». El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel. La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma».


Jn 16,15-23: Dijo el Señor a sus discípulos: «Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará. Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver». Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”, y eso de “me voy al Padre”?». Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice». Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver”? En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española