España - Día de la Iglesia Diocesana 2026


«Dios cuenta contigo» es el lema de la campaña del  Día de la Iglesia Diocesana 2026, que se celebra este año en España el domingo 8 de noviembre. Una llamada al compromiso desde la gratitud, ya que la vida de las diócesis y parroquias solo se entiende desde la respuesta corresponsable de todos los bautizados, cada uno desde su propia vocación y estado de vida.


Desde la Asociación Cultural Cristianismo Bizantino, y sin menoscabo de nuestra independencia como entidad de derecho civil, animamos a nuestros socios y amigos a que sean generosos con la Diócesis en cuyo territorio residen y les recordamos que, además de entregar su donativo en persona en las diferentes parroquias o comunidades, pueden realizarlo de manera rápida y segura a través de la página web https://www.donoamiiglesia.es/

04/11 - Los Santos Hieromártires Nicandro, Obispo de Mira, y Hermeo el Presbítero


Los santos Hieromártires Nicandro y Hermeo fueron ordenados por el Apóstol Tito: Nicandro como Obispo de Mira, y Hermeo como Presbítero.


Ambos se distinguieron por su gran celo y su gran trabajo en ganar paganos para la fe de Cristo. Debido a esto, fueron acusados ante cierto prefecto, Libanio, quien los sometió a amargas torturas.


Primero hizo atar a los santos a los caballos que mantenía para carreras, y fueron arrastrados hasta tal punto que su carne quedó completamente rasgada y el suelo rojo por su sangre.


Después de esto, ordenó que los santos fueran suspendidos en la altura y golpeados con espadas de madera. Luego fueron arrojados a un horno en llamas, pero, como permanecieron intactos por el poder de Dios, el inhumano tirano ordenó que clavaran clavos en el corazón, la cabeza y las partes internas de los santos.


Después de todo esto, los Santos Mártires todavía seguía  vivos, por lo que se les encerró en una tumba. De este modo, encerrados, los benditos entregaron sus almas en manos de Dios, habiendo soportado una violencia tan dura y cruel.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

04/11 - Joanicio (Juanicio) el Grande


San Juanicio, que había tenido una juventud muy disoluta, alcanzó después, por la penitencia, tal grado de santidad, que los bizantinos le llaman «el grande» y le veneran como a uno de sus monjes más ilustres.


San Juanicio nació en Bitinia hacia el año 740. Su padre se llamaba Miritrices, y su madre Anastasia. Ejerció de niño el oficio de pastor. A los diecinueve años pasó a formar parte de la guardia militar de Constantino el Coprónimo. Se dejó llevar por la tendencia de la época, y el futuro santo apoyó a los perseguidores de las sagradas imágenes, pero un monje de gran santidad le apartó de los errores de su vida disoluta, y Juanicio llevó una existencia ejemplar durante seis años.


A los cuarenta de edad, Juanicio abandonó el ejército y se retiró al Monte Olimpo, en Bitinia. Allí se instruyó en los rudimentos de la vida monástica, aprendió a leer, a rezar de memoria el salterio y se ejercitó en los deberes de su nuevo estado. El santo llamaba a ese proceso «la maduración del corazón».


Más tarde, se retiró a la vida eremítica y llegó a ser famoso por sus dones de profecía y milagros, así como por su prudencia en la dirección de las almas. Por uno de sus milagros, devolvió la libertad a cierto número de hombres que habían caído prisioneros de los búlgaros y, con otro prodigio, expulsó a un mal espíritu que atormentaba a san Daniel de Tasión.


San Juanicio ingresó después en el monasterio de Eraste, cerca de Brusa, donde defendió celosamente la ortodoxia contra el emperador León V y otros iconoclastas. Allí estuvo en estrecha relación con los famosos santos Teodoro el Estudita y Metodio de Constantinopla. Este último, por consejos de san Juanicio, calmó a aquellos de sus discípulos que se habían dejado llevar por un celo indiscreto y exigían que se invalidasen las órdenes conferidas por los obispos iconoclastas. Juanicio le dijo a Metodio: «Son hermanos nuestros que han caído en el error. Trátalos como tales en tanto que persisten en sus faltas, pero devuélveles sus antiguas dignidades cuando se arrepientan, a no ser que se trate claramante de herejes o perseguidores».


San Juanicio se encaró con gran valentía, con el emperador Teófilo, el cual, además de prohibir las sagradas imágenes, había decretado que no se honrase a los santos con ese nombre. San Juanicio profetizó que Teófilo acabaría por restaurar las imágenes en las iglesias, pero tal vaticinio no se cumplió sino hasta el reinado de Teodora, la viuda del emperador, la cual nunca había traicionado la ortodoxia.


Uno de los discípulos que tuvo san Juanicio en su ancianidad, fue san Eutimio de Tesalónica.


Después de muchos años de conservar la reputación de ser el más distinguido de los ascetas y profetas de su tiempo, san Juanicio se retiró a una ermita, donde murió el 3 de noviembre de 834 (u 846). Tenía entonces noventa y dos años y había visto triunfar por dos veces a la ortodoxia sobre la herejía iconoclasta que él había practicado en su juventud y a la cual se había opuesto después tan vigorosamente.


A este Santo se le atribuye la oración: «Mi esperanza es el Padre...».


LECTURAS


2 Cor 9,6-11: Hermanos, el que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría. Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas. Como está escrito: Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente. El que proporciona semilla al que siembra y pan para comer proporcionará y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia. Siempre seréis ricos para toda largueza, la cual, por medio de nosotros, suscitará acción de gracias a Dios.



Fuente: goarch.org / eltestigofiel.org / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Miércoles de la VII Semana de Lucas


Lc 11,42-46: Dijo el Señor a los judíos que habían acudido a él: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!». Le replicó un maestro de la ley: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros». Y él dijo: «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Miércoles de la XXIII Semana


1 Tes 2,1-8: Hermanos, vosotros sabéis muy bien que nuestra visita no fue inútil; a pesar de los sufrimientos e injurias padecidos en Filipos, que ya conocéis, apoyados en nuestro Dios, tuvimos valor para predicaros el Evangelio de Dios en medio de fuerte oposición. Nuestra exhortación no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños, sino que, en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones. Bien sabéis vosotros que nunca hemos actuado ni con palabras de adulación ni por codicia disimulada, Dios es testigo, ni pretendiendo honor de los hombres, ni de vosotros, ni de los demás, aunque, como apóstoles de Cristo, podíamos haberos hablado con autoridad; por el contrario, nos portamos con delicadeza entre vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos. Os queríamos tanto que deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española