07/10 - Sergio y Baco los Megalomártires de Siria


San Sergio y san Baco fueron durante principios del siglo IV importantes militares en la frontera de Siria del emperador Maximiano, quien les tenía en gran estima por la valentía militar desempeñada en sus cargos: Sergio como primicerius (jefe-comandante de la escuela de los reclutas) y Baco como secundarius. (subalterno).


Probablemente debido al alto cargo desempeñado y a la confianza personal con el emperador, se desató una fuerte envidia entre sus subalternos, quienes descubrieron su cristianismo ante él. Maximiano un día cayó en la cuenta de que, cuando iba al templo de Júpiter a ofrecer sacrificios, ambos oficiales se quedaban en la puerta. Maximiano se negó a creerlo y los llamó para preguntárselo personalmente, puesto que el cristianismo era condenado con tortura y la muerte. Inmediatamente los intimó a que tomasen parte en la ceremonia con la promesa de que, si hacían una ofrenda a los ídolos, no sólo serían perdonados sino además serían restituidos en sus cargos con aún más privilegios, pero ellos se negaron.


Cuando llegaron al palacio, Maximiano los llamó y dijo «Sois los más malvados de los hombres, pues a cambio de la amistad que os he dispensado, convencido que observabais el debido respeto a los dioses, desvergonzadamente me habéis ofrecido lo que se opone a la ley de obediencia y sujeción. Pero ¿por qué habríais de blasfemar también a los dioses, a través de los cuales la especie goza de tan abundante paz? ¿No os percatáis de que el Cristo que adoráis era el hijo de un carpintero, nacido de madre adúltera, a quienes los denominados judíos ejecutaron mediante crucifixión, porque, conduciéndolos a error mediante la magia y proclamándose dios, se había convertido en causa de disenciones y múltiples problemas entre ellos? La gran raza de nuestros dioses nació toda ella de matrimonio legal, el del altísimo Zeus, el más santo, que a través de su matrimonio y unión con la bendita Hera les dio nacimiento. Imagino que también habréis oído hablar de los heroicos y doce principales trabajos del divino dios Hércules, nacido de Zeus».


Maximiano ordenó que se despojase a despojase a Sergio y Baco de sus armas y sus insignias militares, que se los vistiese como mujeres y se los llevase así por toda la ciudad. Después, los desterró a Rosafa, en la Mesopotamia, donde el gobernador los mandó azotar tan cruelmente, que Baco murió en el tormento. Su cuerpo fue arrojado a la calle, donde los cuervos lo defendieron de la voracidad de los perros. San Sergio tuvo que caminar un largo trecho con cuchillas en los pies, hasta el sitio en que fue decapitado. Los martirologios y los escritores antiguos dan testimonio del martirio de estos dos santos.


El año 431, Alejandro, metropolitano de Hierápolis, mandó restaurar y embellecer la iglesia que se levantaba sobre el sepulcro de san Sergio. En el siglo VI, los muros de dicha iglesia estaban cubiertos de plata. Alejandro gastó mucho dinero en la reconstrucción de la iglesia, de suerte que se molestó cuando, tres años después, Rosafa fue transformada en diócesis e independizada de su jurisdicción. En recuerdo del mártir, la ciudad tomó el nombre de Sergiópolis; Justiniano la fortificó y honró particularmente la memoria de los dos mártires. La iglesia de Rosafa era una de las más famosas del Oriente, Sergio y Baco, junto con los dos Teodoros, Demetrio, Procopio y Jorge, eran los protectores del ejército de Bizancio.


LECTURAS


Heb 11,33-40;12,1-2: Hermanos, todos los santos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados —el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección. En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.



Fuente: eltestigofiel.org / catholic.net / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Miércoles de la III Semana de Lucas


Lc 6,46-49;7,1: Dijo el Señor: «¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa». Cuando terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Miércoles de la XIX Semana


Flp 1,12-20: Hermanos, quiero que sepáis que mi situación personal ha favorecido más bien el avance del Evangelio, pues la gente del pretorio y todos los demás ven claro que estoy preso por Cristo. De este modo la mayoría de los hermanos, alentados por mis cadenas a confiar en el Señor, se atreven mucho más a anunciar sin miedo la Palabra. Algunos anuncian a Cristo por envidia y rivalidad; otros, en cambio, lo hacen con buena intención; estos porque me quieren y saben que me han encargado de defender el Evangelio; aquellos proclaman a Cristo por rivalidad, con intenciones torcidas, pensando hacer más penosas mis cadenas. ¿Qué más da? Al fin y al cabo, de la manera que sea, con hipocresía o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro, y seguiré alegrándome. Porque sé que esto será para mi bien gracias a vuestras oraciones y a la ayuda del Espíritu de Jesucristo. Lo espero con impaciencia.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

06/10 - El Santo y Glorioso Apóstol Tomás


Tomás era uno de los Doce, galileo de nacimiento. Sofronio (no el famoso Patriarca de Jerusalén del siglo VII, celebrado el 11 de marzo, sino un amigo de Jerónimo mencionado por este último) dice que Santo Tomás predicó a los partos, persas, medos, hircanianos, bactrianos y otras naciones vecinas.


Gracias al cuarto Evangelio, la personalidad de Santo Tomás está más clara para nosotros que la de algunos otros de los Doce. Su nombre aparece en todas las listas de los Sinópticos (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6, cf. Hechos 1:13), pero en San Juan desempeña un papel característico.


Primero, cuando Jesús anuncia su intención de regresar a Judea para visitar a Lázaro, Tomas, que es llamado “Dídimo” (el mellizo), dice a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con Él” (Jn 11:16). De nuevo es Tomás quien, durante el discurso antes de la Última Cena, pone una objeción: “Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn 14:5). Pero Tomás es especialmente recordado por su incredulidad, cuando los otros Apóstoles le anuncian la Resurrección de Cristo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré” (Jn 20:25); pero, ocho días después, hizo su acto de fe, acatando el reproche de Jesús: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído. “ (Jn 20:29).


Esto agota todo nuestro conocimiento cierto con respecto al Apóstol; pero su nombre es el punto de partida de una considerable literatura apócrifa, y hay también ciertos datos históricos. El documento principal acerca de él es el "Acta Thomae", conservada para nosotros, con algunas variaciones, en griego y en siríaco, y con signos inconfundibles de su origen gnóstico. Puede ser de hecho obra del propio Bardesanes. El dato más antiguo fue fechado por Harnack (Chronologie, 2, 172) al principio del tercer siglo, en el 220 d,C. Si el lugar de su origen es realmente Edesa, como Harnack y otros sostienen con legítimas razones (ibid., pág. 176), esto daría una considerable probabilidad a la afirmación, explícitamente hecha en el "Acta" (Bonet cap. 170, p.286), de que las reliquias del Apóstol Tomás, que sabemos que eran veneradas en Edesa, realmente habían venido de Oriente. En más de un lugar (cap. 31, pág., 148) representa a Tomás (o Judas Tomás, como es nombrado aquí y en otras lugares de tradición siríaca) como el hermano gemelo de Jesús. Tomás en siríaco es el equivalente al ‘didymos’ en griego, y significa mellizo.


La historia transcurre como sigue: Tras la separación de los Apóstoles, India fue la porción de Tomás, pero manifestó su incapacidad para ir; tras lo cual, su Maestro Jesús se apareció de un modo sobrenatural a Abban, enviado de Gundafor, un rey hindú, y le vendió a Tomás como esclavo, para servir a Gundafor como carpintero. Entonces Abban y Tomás navegaron hasta llegar a Andrápolis dónde desembarcaron y asistieron a la fiesta de las bodas de la hija del gobernador. Siguieron extraños sucesos y Cristo, bajo la apariencia de Tomás, exhortó a la novia a permanecer virgen. Llegado a India Tomás emprendió la construcción de un palacio para Gundafor, pero gastó el dinero a él confiado con los pobres. Gundafor lo encarceló; pero el apóstol escapó milagrosamente y Gundafor se convirtió. Recorriendo el país para predicar, Tomás se encontró con extrañas aventuras de dragones y asnos salvajes. Entonces llegó a la ciudad de rey Misdai (en siríaco Mazdai), dónde convirtió a Tertia, la esposa de Misdai, y a Vazan, su hijo. Después de ello fue condenado a muerte, llevado fuera de la ciudad a una colina, y atravesado por las lanzas de cuatro soldados. Fue enterrado en la tumba de los antiguos reyes pero sus restos fueron después llevados a occidente.


Es ciertamente un hecho notable que, alrededor del año 46 d.C., gobernaba un rey sobre la zona de Asia al sur del Himalaya, representada actualmente por Afganistán, Beluchistan, el Pundjab, y Sind, que llevaba el nombre de Gondophernes o Guduphara. A pesar de las pequeñas variaciones, la identificación del nombre con el Gundafor del "Acta Thomae" es inequívoca y apenas se discute. Más aún, tenemos la evidencia de la inscripción Takht-i-Bahi, que está fechada y qué los mejores especialistas aceptan para establecer que el rey Gunduphara probablemente empezó a reinar sobre el 20 d.C. y todavía estaba reinando en el 46. Hay excelentes razones de nuevo para creer que Misdai o Mazdai bien pueden ser la transformación de un nombre hindú hecha en tierra Iraní. En este caso probablemente representaría a un cierto rey Vasudeva de Mathura, sucesor de Kanishka. No hay duda de que no se puede deducir que el narrador que escribió el "Acta Thomae" pudiera haber adoptado algunos nombres históricos hindúes para dar verosimilitud a su obra; pero, como el Sr. Fleet deduce en sus severamente críticos escritos, " los nombres puestos aquí en relación con Sto. Tomás son característicos, no tal y como han existido en la historia y tradición hindú" (Joul. of R.Asiátic. Soc., 1905, p.235).


Por otro lado, la tradición de que Sto. Tomás predicó en "India" se extendió ampliamente por Oriente y Occidente y aparece en escritores como Efrén el Sirio, Ambrosio, Paulino, Jerónimo, y más tarde en Gregorio de Tours y otros. También existe la creencia, largamente aceptada, de que Sto. Tomás realizó sus viajes misioneros por el lejano sur de Mylapore, no lejos de Madrás, y allí sufrió el martirio. En esta región todavía se encuentra una cruz en un bajorrelieve de granito con una inscripción en pahlavi (persa antiguo) datada en el siglo séptimo, y la tradición de que fue allí donde Sto. Tomás entregó su vida es localmente muy fuerte. Es cierto también que en el Malabar o costa oeste del sur de la India, todavía existe un grupo de cristianos que aún usan un tipo de siríaco como lengua litúrgica. Parece difícil determinar si esta Iglesia data del tiempo de Sto. Tomás Apóstol (hubo un obispo Siro-Caldeo, Juan, "de India y Persia" que asistió al Concilio de Nicea en el 325) o si el Evangelio fue por primera vez predicado allí en el 345 bajo la persecución persa de Shapur (o Sapor), o si lo fue por los misioneros sirios que acompañaron un cierto Tomás Cana y penetraron en la costa Malabar alrededor del año 745. Sólo sabemos que en el siglo sexto Cosmas Indicopleustes habla de la existencia de cristianos en Male (¿Malabar?) bajo un obispo que había sido consagrado en Persia. El rey Alfredo el Grande aparece en la "Crónica" anglosajona” enviando una expedición para establecer relaciones con estos cristianos del lejano Oriente.


San Juan Crisóstomo afirmaba que la tumba de Tomás estaba en Edesa de Siria, adonde sus reliquias pudieron ser trasladadas desde la India en el siglo IV, y allí permanecieron hasta que fueron trasladadas a Quío en 1258 y a Ortona.


Además del "Acta Thomae" de la que existe una redacción, diferente y notablemente más corta, en etíope y latín, tenemos un breve formulario de un, así llamado, “Evangelio de Tomás", originalmente gnóstico, y, tal y como ahora lo conocemos, meramente una historia fantástica de la niñez de Jesús, sin ningún notablemente tinte herético.


Hay también una "Revelatio Thomae", condenada como apócrifo por el Decreto del Papa de Roma Gelasio, que se ha recuperado recientemente de diversas fuentes de modo fragmentario.


LECTURAS


1 Cor 4,9-16: Hermanos, a nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte, dados en espectáculo público para ángeles y hombres. Nosotros unos locos por Cristo, vosotros, sensatos en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros célebres, nosotros despreciados; hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio, nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; nos insultan y les deseamos bendiciones; nos persiguen y aguantamos; nos calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy. No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros. Porque os quiero como a hijos; ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús. Así pues, os ruego que seáis imitadores míos.


Jn 20,19-31: Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.



Fuente: goarch.org / Enciclopedia Católica / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Martes de la III Semana de Lucas


Lc 6,37-45: Dijo el Señor: «No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros». Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española