26/04 - Basilio (Basileo) el Santo Mártir, Obispo de Amasea


En la versión jeronimiana de la Crónica de Eusebio, bajo la 275ª Olimpiada (es decir, entre el 321 y el 324), se inscribe que Basilio (o Basileo), obispo de Amasea en el Ponto, sufrió martirio bajo el reinado de Licinio. De hecho, entre las firmas de los que asistieron a los concilios de Ancira y de Neocesarea en 314 se encuentra un Basileo de Amasea, y el propio Eusebio, en su Historia Eclesiástica (X,8), relata que en tiempo de Licinio los cristianos eran tratados con gran crueldad, especialmente en Amasea y otras ciudades del Ponto, y que en particular el gobernador infligió a varios obispos las penas ordinarias de los malhechores. San Atanasio menciona al gran Basilio del Ponto entre los obispos que en los primeros años de la cuarta centuria mantuvieron con firmeza la consustancialidad del Hijo con el Padre; esa referencia es evidente que apunta al obispo mártir de Amasea. El obispo Basilio animaba y consolaba a los cristianos que sufrían la persecución de los paganos.


Licinio ardía de pasión por una sirvienta de su esposa Constancia, cuyo nombre era Glafira. Ella informó de esto a la emperatriz y buscó su ayuda en el asunto. Habiéndola vestido con ropa de hombre y provista de dinero, la emperatriz Constancia la envió lejos de Nicomedia en compañía de un sirviente devoto hacia el Oriente. Le dijeron al emperador que la sirvienta se había vuelto loca y estaba al borde de la muerte. Glafira, en el camino a Armenia, permaneció en la ciudad de Amasea, donde el obispo local, San Basilio, la acogió.


En este momento el Santo estaba construyendo una iglesia en la ciudad. Glafira, para su construcción, entregó todo el dinero que había recibido de Constancia, y en una carta a la emperatriz le rogó que enviara fondos adicionales para completar la iglesia. La emperatriz cumplió con su pedido. Pero la carta de Glafira cayó en manos del emperador. El enfurecido Licinio exigió al gobernador de Amasea que le enviara al obispo Basilio y a la criada. Sin embargo, Glafira murió antes de que el edicto llegara a Amasea, por lo que enviaron a Basilio solo al emperador. Dos diáconos, Partenio y Teotimo, lo siguieron y se alojaron cerca de la prisión donde encerraron al Santo.


El piadoso cristiano Elpidoforo sobornaba al carcelero y todas las noches, junto con Partenio y Teotimo, visitaba al santo. La víspera del día de la prueba del santo, este cantaba salmos y decía: "Si estoy en lo más profundo del mar, allí me guiará tu mano y me sujetará tu diestra" (Sal. 138,9-10), y por tres veces rompió a llorar. Los diáconos temían que el santo estuviera angustiado por los tormentos venideros, pero él los calmó.

 

En el juicio, San Basilio rechazó resueltamente la sugerencia del emperador de convertirse en sumo sacerdote pagano y, por lo tanto, fue condenado a muerte. Elpidoforo sobornó a los soldados con dinero y permitieron que el Santo orara y hablara con sus amigos antes de la ejecución. Después de esto, el Santo le dijo al verdugo: "Amigo, haz lo que se te ordena", y tranquilamente se inclinó bajo el golpe de la espada.


Cuando el mártir fue decapitado, Elpidoforo intentó rescatar sus restos de los soldados. Pero los soldados le tenían miedo al emperador y se llevaron el cuerpo y la cabeza en una barca al mar, arrojando la cabeza al mar desde un lado de la barca mientras el cuerpo era arrojado por el otro lado. Después de esto, tres veces en un sueño, un ángel de Dios se apareció ante Elpidoforo con las palabras: "El obispo Basilio está en Sinope y te espera". Atendiendo a este llamado, Elpidoforo y los diáconos navegaron hacia Sinope, y allí contrataron pescadores para que bajaran sus redes. Cuando bajaron la red a sugerencia de los diáconos Teotimo y Partenio, no encontraron nada. Entonces Elpidoforo declaró que les pediría que bajaran la red en el nombre del Dios que adoraba. Esta vez la red sacó el cuerpo entero de San Basilio, porque he aquí, la cabeza se había vuelto a conectar con el cuerpo de una manera milagrosa, con solo el corte en el cuello que indicaba el golpe de la espada.


La reliquia de San Basilio fue honrada al ser ungida con mirra y hierbas aromáticas y el canto de himnos, y luego entregada a Amasea y enterrada en la iglesia construida por él mismo. El emperador Constantino levantó un ejército contra Licinio, lo derrotó, lo capturó y lo desterró al exilio a la Galia, donde acabó con su vida.


El martirio de San Basilio tuvo lugar el 26 de abril, y su reliquia fue encontrada el 30 de abril, por lo que es conmemorado en ambos días por estos hechos. Hoy su honorable cráneo está en el monasterio de Doquiario en el monte Ato, y una de sus manos está en el monasterio de los Iberos también en el monte Ato.



Fuente: eltestigofiel.org / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

Domingo de las Miróforas


En este día conmemoramos a las Santas Mujeres Miróforas: Santas María Magdalena (22 de julio), María esposa de Cleofás, Juana (27 de junio), Salomé, madre de los hijos de Zebedeo (3 de agosto), Marta y María, hermanas de Lázaro (4 de junio). También recordamos a San José de Arimatea (31 de julio), y Nicodemo.


La Santa Reina Tamara de Georgia es conmemorada dos veces al año: el 1 de mayo, el día de su descanso, y también el domingo de las Mujeres Miróforas.


Los Evangelistas mencionan que entre los presentes a la cruz estaban la madre del apóstol Jacobo y Salomé y las otras mujeres que seguían a Cristo desde Galilea y todos mencionan a María Magdalena primero. San Juan adicionalmente incluye a María la Madre de Dios, nombrándola a ella y a María Cleofás.


Según las costumbres judías, estas mujeres pasaron el siguiente día después de la sepultura de Cristo en descanso por ser el sábado, día de descanso, cual también coincidía con la fiesta de Pascua Judía. Las mujeres entonces recogieron las especies aromáticas para llevarlas a la tumba del Señor al amanecer del domingo y ungir su cuerpo como era la costumbre de los Judíos.


Es necesario mencionar que las mujeres se marcharon cada una a sus viviendas el Viernes en la noche y salieron de sus casas solas en la madrugada del siguiente día para ir a la sepultura de Cristo, ellas no tenían posibilidades de haberse reunido el Sábado, ellas llegaron a un acuerdo de asistir a la tumba temprano en la madrugada del primer día de la semana.


El Evangelista Mateo escribe que las mujeres llegaron en la madrugada, o como el Evangelista Marcos recuenta que llegaron al sitio donde estaba el cuerpo de Cristo antes de la salida del sol. El Evangelista Juan aclara que María Magdalena vino al sepulto cuando estaba todavía oscuro, espero impacientemente que la noche se terminara, pero no había salido el sol todavía. Ella corrió al lugar donde el Señor estaba sepultado.


Después de haber visto al Señor resucitado, María se recupero y corrió hacia donde estaban los apóstoles para complacer la voluntad del Señor mandándola a predicar. Cuando llego a la casa de los apóstoles, ellos se encontraban tristes y María les proclamo sus buenas noticias "¡He visto al Señor!". Esta fue la primera vez que se predico en el mundo La Resurrección.


Los apóstoles llevaron las buenas noticias al mundo, pero María fue la que lo proclamó por primera vez a los apóstoles.


HOMILÍA DEL P. ATANASIO MITILINEOS


Hoy, queridos míos, nuestra Iglesia, en este Domingo de las Miróforas, honra de manera muy especial a aquellas personas que contribuyeron al cuidado del cuerpo muerto de Jesús, como José, Nicodemo y las demás mujeres miróforas.


Para comprender qué servicios ofrecieron y en qué condiciones ofrecieron estos servicios, debemos trasladarnos al clima de aquellos días, es decir, a cómo era considerado Jesús por las autoridades después de Su Crucifixión. Así, escribe Marcos el Evangelista que el miembro del consejo, José, “se atrevió a presentarse ante Pilato y pedir el cuerpo de Jesús”. Se atrevió… Tuvo el valor de ir a la sede del gobernador, a pedir el cuerpo de Jesús. ¿Por qué usa la palabra “se atrevió”? Porque se consideraba algo extremadamente temerario el ser conocido o partícipe con Jesús Cristo, quien había sido condenado como criminal y colgado en la cruz.


Sin embargo, la actitud de aquellas mujeres, a quienes, como ya les dije, nuestra Iglesia ha llamado Mirróforas, porque compraron mirra y querían ungir el cuerpo de Jesús, naturalmente sobre las vendas funerarias- será hoy el tema que nos ocupará de manera especial.


Es bien conocida, queridos míos, la posición de la mujer en el mundo antiguo, incluso en el civilizado mundo de los helenos-griegos. Sin embargo, la posición de la mujer en el ámbito del Antiguo Testamento superaba con mucho la condición de la mujer extrabíblica, es decir, de aquella que estaba fuera del pueblo de Dios, fuera del contexto bíblico del Antiguo Testamento. Pero incluso esta posición de la mujer en el Antiguo Testamento es ampliamente superada por la posición que ocupa la mujer en el Nuevo Testamento.


Sin exagerar, la posición de la mujer dentro del cristianismo es la posición que tenía Eva en el Paraíso antes de la caída. Y aún más: la mujer cristiana dignificada tiene como modelo a la Θεοτόκος (Ζeotokos: Madre de Dios, la que da a luz a Dios). Esta es la mujer que presenta el Nuevo Testamento: la Zeotokos, quien, por supuesto, es infinitamente superior a la antigua Eva, incluso antes de su caída. Basta con considerar que la primera persona que entra en la Βασιλεία (Vasilía: Realeza de Dios) es la Zeotokos, es decir, una mujer.


Dije «entra», porque nuestra Iglesia cree firmemente que la Zeotokos fue asunta con su cuerpo. En la Realeza increada de Dios no hay nadie aún con su cuerpo: ni Juan el Bautista, ni los Apóstoles, ni Pablo. Solo la Zeotokos. Todos nosotros esperamos la resurrección de los muertos. Y entonces entraremos -subrayo- con nuestros cuerpos en la Realeza increada de Dios. ¿Lo oyeron bien? Con nuestros cuerpos.


Así, queridos míos, la única que ha entrado en la Realeza increada de Dios con su cuerpo es la Santísima Zeotokos. ¿Qué significa esto? Que la mujer es la primera en entrar en la Realeza increada de Dios con su cuerpo. Y eso dice mucho.


Pero vale la pena observar históricamente la posición de la mujer con respecto al hombre, porque la mujer hoy tambalea en su intento por comprender cuál es realmente su lugar. Realmente, tambalea…


Una imagen del ser humano verdadero -ya sea hombre o mujer- es el ser humano dentro del Paraíso. Es la creación auténtica, sin las heridas de la aventura de la libertad. Porque la libertad, para ser conquistada, no deja pocas heridas, traumas. A veces, son heridas de sangre. Pero, sobre todo, traumas, heridas de la psique-alma, traumas emocionales. La libertad no se conquista fácilmente.


De todos modos, allí -en el Paraíso- tanto el hombre como la mujer son persona humana. Hombre es el varón, persona humana también es la mujer. Porque más tarde, después de la caída, la mujer sería considerada por el hombre como res, es decir, como una cosa. Como un rostro … uso aquí la palabra «rostro» de forma abusiva, como una existencia cuya única función sería complacer y agradar al hombre. Y eso no es otra cosa que un objeto. Res. Una cosa.


Leemos en la Sagrada Escritura: «Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y según nuestra semejanza. Y creó Dios al hombre; a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó» (Génesis 1:26-27).


Así, tanto el hombre como la mujer, el varón y la hembra, son seres humanos. Lo subrayo, porque esto constituye el criterio fundamental de lo que veremos a continuación. El hombre es persona humana, y la mujer también es persona humana. Por tanto, la mujer es ser humano, y en nada es inferior al hombre, porque si lo fuera, entonces no sería verdaderamente humana. Si fuera inferior al hombre, dejaría de ser persona. Otra cosa es que existen ciertos rasgos que distinguen al hombre de la mujer, precisamente para que puedan cumplir el misterio del matrimonio, para que puedan dar a luz al tercer ser humano en este mundo: su hijo, ese tercer ser humano.


La mujer procede de Adán. Es carne de su cuerpo-carne y “hueso de sus huesos”. Lo que es Adán, eso mismo es también la mujer. Lo repito: ser humano. Esta palabra lo dice todo. No tiene, por tanto, una creación separada o distinta. Exceptuando -como ya dije- algunos rasgos específicos, aquellos que definen al hombre como varón, como sexo masculino, y aquellos que definen a la mujer como mujer, como sexo femenino. Lo repito una vez más: para el propósito que ya les expliqué.


La mujer fue creada como ayuda para el hombre. Principalmente, en la obra de la salvación. Decimos: la mujer es ayuda del hombre. ¿En qué? En la salvación. No para ayudarlo, permítanme expresarlo de manera muy simple, en lavarle los platos o cocinarle. Otra cosa, por supuesto, es que también el hombre debe colaborar en las tareas del hogar. Así como juntos construirán su casa, juntos también la ordenarán, la decorarán y juntos, siempre juntos, la servirán, para que esa casa les sirva a ellos. Pero ¿no creen ustedes que es muy simplista decir que la mujer es una ayuda… —es decir, que el sentido de la palabra “ayuda” se reduce solo a asistir al hombre en tareas domésticas? ¡De ninguna manera! ¡Imposible!


La ayuda debía ser mutua. Porque ambos debían cumplir con el propósito de la existencia humana, que es la comunión del ser humano con Dios. En eso debía ayudar la mujer. Pero también ella debía ayudar al hombre a encontrar su propósito: la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación), y a la vez, el hombre debía ayudar a la mujer a encontrar su propio propósito, es decir, también la θέωσις zéosis.


Porque el ser humano —como dice san Juan Damasceno— es un “ser vivo en proceso de divinización” (ζῷον θεούμενον). Cuando decimos ζῷον (ser viviente), no piensen en los animales. Nos referimos al ser que vive, a la existencia viviente. Eso es el ζῷον. Y, por lo tanto, es algo vivo con destino a la zéosis divinización. Tanto el hombre como la mujer. Lo vemos, por ejemplo, en el Martirologio de nuestra Iglesia: hay santos y hay santas. Decimos: san Alfonso, san Benito, santa Ana, santa Bárbara.


Sin embargo, las cosas no permanecieron tal como Dios las había dispuesto, sino que se alteraron. La mujer -y aquí quisiera llamar especialmente su atención-, la mujer sobrepasó sus límites. ¿Lo repito? La mujer sobrepasó sus límites, cosa que no debía hacer. Pero también el hombre sobrepasó sus propios límites, lo cual tampoco debía haber hecho.


Porque “la relación entre el hombre y la mujer es la relación entre la cabeza y el cuerpo”, como dice el apóstol Pablo. Así, podríamos decir que existían límites, y debían existir, tanto para la mujer como para el hombre. Y esos límites son los límites humanos. No debemos sobrepasarlos, ni el hombre ni la mujer.


Dice san Gregorio el Teólogo: «Φιλοσοφούμεν (filosofumen) filosofamos dentro de nuestros propios límites» (εἴσω τῶν ἡμετέρων ὅρων). Aunque lo que dice san Gregorio, por supuesto, es algo mucho más amplio. Lo dice en su primer discurso teológico, y se refiere al “dentro”, es decir, dentro de los límites, no fuera de ellos -fuera de los límites de la διάνοια humana (diania: mente, intelecto, cerebro). “Dentro”, dentro de los límites de los mandamientos de Dios. No debes sobrepasar nada. ¿Ni siquiera los mandamientos? Sí, ni siquiera los mandamientos. Porque entonces caemos en desviación. No es el momento ahora de desarrollar esto en profundidad: que hay desviaciones tanto hacia la izquierda, que es la transgresión, como hacia la derecha, que es el exceso. Dentro de los mandamientos. Dentro de su naturaleza debe mantenerse el ser humano.


Pero esto es algo muy general. ¿Ven qué bien lo expresa san Gregorio? “Φιλοσοφούμεν filosofamos dentro de nuestros límites.” Que filosofemos, sí, pero dentro de nuestros límites. Así como el ser humano no debe sobrepasar aquellos límites que incluso su propia naturaleza le impone. Saben, este asunto es muy serio. Hoy hablamos de clonación, de cosas semejantes, y en algún momento vamos a terminar produciendo monstruos. Porque el ser humano sobrepasa sus propios límites. Y noten que esto no siempre es progreso. Porque si fuera progreso, los ecologistas contemporáneos no estarían preocupados por el futuro de la humanidad. Pero sí están preocupados. ¿Por qué? Porque el ser humano, en su insensata curiosidad y en sus acciones igualmente insensatas, sale fuera de sus límites. En fin…


La mujer mostró insolencia (o desvergüenza), y no voluntad (deliberación) junto al hombre. Eva con Adán. Dice san Juan Crisóstomo: «No soportó permanecer dentro de sus propios límites». Y al sobrepasar sus propios límites, llegó al punto de transgredir su papel de ayuda en la salvación, tanto del hombre como de ella misma. Desde entonces recibe la sanción de Dios. Desde la época de Eva —esto está escrito en el capítulo 3, versículo 16 del Génesis: “y a tu marido, que te dominará”. ¡Vaya! ¿Saben lo que significa esto? “Buscarás” aquí significa inclinación o giro. Es decir, “estarás bajo la obediencia de tu marido y él será tu señor”. Aunque no lo desee la mujer -especialmente la mujer moderna… No tanto la antigua, ya que Sara, por ejemplo, decía esto: “mi señor”, refiriéndose a Abraham. Hoy en día se dice: “Este es mi señor”. Y está bien dicho, porque el hombre es señor de la mujer. En cambio, no es correcto cuando el hombre dice: “Esta es mi señora”. No. Se debe decir: “mi esposa”. No “mi señora”, sino “mi esposa”. Porque el hombre tiene dominio sobre la mujer. No la mujer sobre el hombre.


Sin embargo, es bien sabido que el tema del dominio lo dio Dios tanto al hombre, Adán, como a la mujer. Y dijo: “Dominen” -en plural- “toda la tierra, los animales, las aves… y los peces del mar”. Pero ahora Dios añade que el hombre también dominará a la mujer. Esa es su sanción, su pena. Y la mujer debe sentir su seguridad junto al hombre.


Mis queridos, mirad. Puede que alguna señora de entre vosotras diga: “No soporto estas cosas”. Las dice Dios. No las digo yo. Dentro del cristianismo, la mujer regresa a su condición anterior a la caída. Pero dentro del cristianismo. Y en concreto, a la medida de la Θεοτόκος Zeotokos (La que dio a luz a Dios, Madre de Dios). Siempre y cuando, otra vez, guarde lo mismo que entonces en el Paraíso. Es decir, mantenga sus términos, sus límites.


Pero esto no le gustó a la mujer cristiana de los tiempos posteriores. Y ya sea por su propio egoísmo no le gustó esto, o por el egoísmo de su marido, porque él también traspasó sus propios límites, términos, siendo egoísta y sin cuidar de su esposa, olvidando que ella salió de su costado, y que ambos son humanos, y entonces, queridos míos, las cosas empiezan a no ir bien.


Y si la mujer se corrompe, entonces, por supuesto, también se corromperá el hombre. Si la mujer se degrada, también se degradará sin duda el hombre.


Leemos un pasaje curioso del apóstol Pablo; a primera vista, curioso. No haré un análisis completo, solo esto. El apóstol Pablo ordena que las mujeres, cuando rezan, lleven velo. Que lleven un velo. Un pañuelo. ¿Sabéis por qué? Así como al hombre se le prohíbe oficiar o rezar –lo dice el apóstol Pablo– con la cabeza cubierta. Porque él es para doxa-gloria del Hijo de Dios. La mujer es para doxa-gloria de su marido. Y muestra sujeción. Es un símbolo. Pero si abolimos los símbolos, es decir, las formas, entonces también aboliremos la esencia. Y así sucede exactamente. Por tanto, es un símbolo. Cuando la mujer se cubre la cabeza, cuando va a la Iglesia, muestra su sujeción al hombre.


Dice el apóstol Pedro en su primera carta: «Porque así también las santas mujeres que esperaban en Dios, se adornaban a sí mismas, sujetándose a sus propios maridos, como Sara obedeció a Abraham, llamándole señor. De la cual vosotras habéis llegado a ser hijas, si hacéis el bien, y no teméis ninguna amenaza.» (1 Pedro 3:5-6).


Así, en el contexto del Nuevo Testamento, pero también en la Historia Eclesiástica, queridos, vemos quién es la mujer dignificada. Primero, las mujeres mirróforas que tienen un ánimo y una actitud valiente, sin transformarse en hombres. Sin transfigurarse en hombres. Un ánimo y actitud valiente. «¿Quién halló una mujer valiente?» –dice el último capítulo de Proverbios en el Antiguo Testamento– «Halló un tesoro». La mujer valiente. No la “hombrecita”. La mujer valiente. Valiente en su ánimo y actitud. Esta es la mujer valiente; que con ánimo y actitud valiente criará también a sus hijos, etc.


Marta y María, que saben cómo amar y cómo hospedar, ocupándose tanto de su hogar como de escuchar al logos divino. La madre de Rufo, como señala el apóstol Pablo, a quien también llama su propia madre, Pablo, que fue atendido por la madre de Rufo: «Saludad a Rufo, el elegido en el Señor, y a su madre, y a la mía», escribe en la carta a los Romanos. Y a su madre, que es la suya, ella lo parió, «pero también a mí me ha ayudado, me ha cuidado, y a mi propia madre». ¿Lo veis?


Lidia, con su carácter dinámico, que convierte su casa en una Iglesia. Y allí hospeda a Pablo. Y Jloé, como diácona (servidora) que sirve en la Iglesia de Corinto. Y si lo desean, a ella le confió el Apóstol Pablo su carta a los Romanos. ¿Sabéis lo que significaba confianza para una carta? No es el momento de explicarlo más. Prisca, esta maravillosa apóstol y teóloga, que corrige a un gran Apolós. Y es el brazo derecho de Pablo. Olimpia, en tiempos posteriores, aquella famosa diácona de Constantinopla y brazo derecho de San Juan Crisóstomo en las obras de caridad.


Y llegamos a los tiempos más recientes. Filotea la Ateniense. La señora y dama de Atenas, que, en los oscuros tiempos de la dominación turca, protege a las jóvenes atenienses de la corrupta avaricia del conquistador. Y todas aquellas mujeres que se mencionan en las cartas de Pablo y de Pedro.


Pero el modelo de todas es la Señora Θεοτόκος Zeotokos. Toda su vida, que fue verdaderamente una vida de entrega. Desde la concepción de su Hijo en sus entrañas, el Hijo de Dios, hasta la Cruz y hasta su presencia entre los doce Apóstoles y los 120 cristianos el día de Pentecostés.


Queridos, con estos criterios examinaremos y evaluaremos la ideología contemporánea hacia la mujer, que es un producto del hombre desviado y decadente. Una ideología que se mueve con criterios puramente materialistas, que niega a Dios y finalmente llega a la negación incluso del propio ser humano. Una ideología que niega la ética cristiana y busca proclamar la emancipación de Dios y la ética, para vivir en este libertinaje, es algo muy malo. Este libertinaje, por cierto, no es libertad, es libertinaje, como cuando decimos de una mujer deshonesta «de moral y costumbres libres». Este libertinaje, de hecho, engendrará al Anticristo. Porque dicen los Padres que el Anticristo nacerá de una mujer prostituta. Así, los opuestos, diríamos, de esta ideología, que son la castidad y la virginidad de la Θεοτόκος Zeotokos, traen al Cristo al mundo.


Por eso es necesario que la mujer cristiana recupere su verdadero camino y no acepte las posiciones y las influencias del la moderna ideología. En esto, también el hombre tiene responsabilidad. El hombre debe cesar de oprimir a la mujer. Él es la cabeza. Y la cabeza no oprime al cuerpo. Lo guía, lo protege, lo ama, comparte y se compadece con él.


Queridos, el eterno ejemplo está frente a nosotros: Cristo y la Iglesia; la cual, como esposa, Cristo la ama y entregó Su Ser por ella. Así hoy, el tercer Domingo después de la Pascua, nuestra Iglesia dedica este día a aquellas maravillosas y valientes mujeres, las Miróforas. Para mostrarles a las mujeres cristianas de todos los tiempos y épocas, el camino correcto de la mujer cristiana.


LECTURAS


Hch 6,1-7: En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra». La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.


Mc 15,43-47;16,1-8: En aquel tiempo, vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían. Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas. Él les dijo: «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”». Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían.



Fuente: catecismoortodoxo.blogspot.com / logosortodoxo.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

25/04 (o Martes Brillante) - Marcos el Apóstol y Evangelista


NOTA: Si el 25 de abril cae en el día de la Santa Pascua -o antes-, la fiesta de San Marcos se traslada al Martes Luminoso.

Según los Hechos de los Apóstoles (12, 11-17) cuando Pedro fue liberado milagrosamente de la cárcel en Jerusalén, fue a casa de María, la madre de Juan apellidado Marcos, donde numerosos fieles estaban en oración. La madre de Marcos, que quizás fuese viuda pues no se habla de su esposo, había puesto su casa a disposición de la iglesia primitiva. Algunos estudiosos, basándose en testimonios antiguos, dicen que quizás esta casa era el Cenáculo, donde Jesús celebró la Última Cena y donde el día de Pentecostés, el Espíritu Santo había descendido sobre Maria y los apóstoles.


Quizás también a la familia de Marcos pertenecía Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos, donde Jesús se acercaba a orar siempre que iba a Jerusalén. Muchos autores dicen que Marcos era el joven que cubierto con una sábana seguía a Jesús cuando lo prendieron. “Le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo”. (Marcos.14, 51 y siguientes). Probablemente después de Pentecostés, la casa de la madre de Marcos se convirtió en la residencia habitual de Pedro. De hecho, Marcos es uno de los primeros en ser bautizado por Pedro. San Pedro, en su primera carta (5, 13) lo llama “su hijo”.


Cuando en el año 44 Pablo y Bernabé vinieron a Jerusalén desde Antioquia trayendo limosnas, se hospedaron naturalmente en casa de Marcos. Según escribe San Pablo a los Colosenses, Marcos era primo de Bernabé. Los dos apóstoles, cuando se fueron, se llevaron a Marcos como ayudante en la evangelización. Cuando marcharon a Chipre, lo llevaban y siguiendo su viaje apostólico, al llegar a Perge de Panfilia, Marcos los dejó y volvió a Jerusalén. Todo esto es relatado por San Lucas en los Hechos de los Apóstoles.


Al inicio del segundo viaje apostólico de San Pablo, Bernabé se va con Marcos a Chipre y Pablo, junto con Silas, marcha a Siria y a Cilicia. Los Hechos, unas veces lo llaman Juan y otras, Juan apellidado Marcos, y aunque los hagiógrafos Baronio, Tillemont y Cotelier distinguen a dos personas: Marcos evangelista discípulo de Pedro y Juan discípulo de Pablo, la mayor parte de los autores y exégetas, desde la antigüedad, ven en estos textos a una sola persona. Era costumbre entre los judíos el juntar, unir al nombre hebreo otro griego o latino: Saulo-Pablo,  Natanael-Bartolomé, etc. El nombre bíblico de Juan impuesto en el momento de la circuncisión era el usado cuando estaba entre los judíos, mientras que fuera de Palestina, cuando estaba en contacto con los gentiles, prevalecía el sobrenombre romano de Marcos.


En el año 61 Marcos está de nuevo con San Pablo y probablemente estuvo presente en el martirio de Pablo. Cuando San Pedro escribe su primera carta posiblemente en Roma alrededor del año 60 y saluda a los cristianos del Ponto, Cilicia, Capadocia y Bitinia, con él está Marcos. De este saludo podemos deducir que San Marcos era conocido por los cristianos de diversos territorios. Sin embargo, no se pueden establecer con precisión los viajes de Marcos desde el año 50, cuando termina su segunda misión con Bernabé en Chipre, hasta el año 60. No existen datos precisos sobre los sucesivos eventos. La tradición eclesiástica confirma que el apostolado de Marcos estuvo estrechamente relacionado con el apostolado de Pedro.


Aunque una tradición dice que Marcos era uno de los setenta y dos discípulos, lo que quiere decir que conoció a Cristo, esto es negado por San Jerónimo, Papías y Eusebio de Alejandría. Sin embargo, el monje Alejandro dice que Marcos pudiera ser el hombre con el cántaro que llevó a Pedro y a Juan al Cenáculo, la casa de Maria su madre (Marcos 14, 13). Si este joven o el joven de la sábana de Getsemaní era Marcos, estos serían los dos contactos ocasionales de Marcos con Jesús. Otra tradición antigua dice que era de origen levítico. El autor de los “Philosophumena” le llama “el del dedo cortado”. Según esta tradición, Marcos al pasarse al cristianismo se habría cortado el dedo para renunciar a los actos realizados como sacerdote levítico. También una tradición antiquísima dice que San Marcos es el fundador de la Iglesia de Alejandría. Esto es confirmado por numerosos testimonios de origen relativamente recientes. Desde el año 200 hasta el siglo IV esta tradición es confirmada, pero es difícil fijar la fecha en la que San Marcos funda esta iglesia. Eusebio lo pone en los primeros años del emperador Claudio (42-43), pero en aquel tiempo Marcos estaba con Pablo y Bernabé. El mismo Eusebio afirma que en el octavo año de Nerón (año 62), Aniano sucede a Marcos en la sede alejandrina, por lo que San Jerónimo deduce que San Marcos murió ese año, el año 62.


Sin embargo, muchos autores piensan que Marcos habría abandonado Alejandría para irse a Roma. El tema no está definitivamente zanjado porque sobre esto nada escriben ni Orígenes ni Clemente Alejandrino. Se dice que sufrió martirio en Alejandría por parte de los paganos y que fue sepultado en una aldea cercana a la ciudad. Esto por ejemplo lo afirma San Simeón Metafraste y el monje Alejandro. En el “Chronicon paschale” se dice que fue martirizado en tiempos de Trajano y aunque ni San Eusebio ni San Jerónimo dicen nada, esto es tradición en la iglesia griega y en la iglesia copta.  El concilio de Roma en tiempos del Papa Gelasio asegura este martirio y Paladio, en su “Historia Lausiaca” dice que mucha gente venía desde lejos a rogar sobre la tumba del mártir.


En los Hechos de San Marcos (libro apócrifo) publicado por los bolandistas, el 25 de abril se narra las particularidades del martirio de Marcos, muerto en la aldea de Bucoli, lugar lleno de rocas y precipicios cerca de Alejandría. En el año 828 unos mercaderes venecianos se llevaron las reliquias de San Marcos desde Alejandría hasta Venecia y desde entonces es el patrón de esta ciudad italiana.


Pero hay que decir algunas cosas sobre San Marcos como evangelista. San Eusebio, San Ireneo, San Clemente de Alejandría, San Jerónimo y otros muchos autores antiguos atribuyen a San Marcos el segundo Evangelio, como eco fiel de la catequesis de San Pedro a los cristianos de Roma. Fue colaborador de Pedro en la predicación del evangelio y fue el intérprete y el portavoz autorizado del mismo San Pedro. Los dieciséis capítulos de su evangelio ofrecen un esquema simple: la predicación del Bautista y el ministerio de Jesús en Galilea ocupan los capítulos del 1 al 9; la marcha hacia Jerusalén e ingreso solemne en la ciudad, del 10 al 13 y la pasión, muerte y resurrección de Jesús, del 14 al 16. Lo escribió antes del año 62. Ya en ese año estaba escrito el Evangelio de San Lucas, mientras que San Mateo lo había escrito mucho antes, alrededor del año 40. Los autores reconocen en Marcos un narrador popular por excelencia. ¿Qué propósito tenía Marcos al escribirlo? Ninguno desde el punto de vista personal. Marcos escribe el Evangelio según se lo oyó a San Pedro, por lo que el propósito original no era de Marcos, era de Pedro. Este impartía sus enseñanzas conforme eran útiles a quienes las oían y no como una historia propiamente dicha de los dichos y hechos de Cristo. Marcos se limitó a escribir las narraciones de Pedro, no elaboró el material adaptándolo a su esquema personal.


Así se comprende lo que dice Papías: Marcos no escribió con orden, no compuso su escrito con un orden lógico como hace Mateo y no se preocupó del orden cronológico como hace Lucas. Dice Wellhausen que Marcos es simple e inmediato, escribe con la rudeza del arte popular, con un toque pictórico, o como dice Huby, con su singular frescura y su viva originalidad. Marcos escribe para que lo entienda la gente del pueblo. Conserva de la profesión de pescador de Pedro, su particular aptitud para observar los detalles plásticos de una escena, como por ejemplo: “toda la ciudad se agolpó a la puerta” (Marcos 1, 33) ó “Jesús estaba durmiendo sobre el cabezal en la popa” (Marcos  4, 38).


Contando la historia de Cristo, los cristianos la vivían de nuevo: oían hablar del Señor, lo veían moverse y haciendo cosas. Bajo la influencia de esta realidad vivida y vista, Pedro reproducía sin esfuerzo alguno el desarrollo histórico del ministerio de Jesús. Marcos, simplemente lo escribía. Por eso se comprende fácilmente la fascinación producida por el Evangelio de San Marcos en críticos y exégetas modernos.


El cuerpo del evangelista, sustraído por los cristianos cuando iba a ser quemado, fue sepultado en Bucoli, cerca de Alejandría y en su sepulcro fue erigida una iglesia. En las Actas del martirio de San Pedro Alejandrino, en el año 311, tenemos la noticia más antigua sobre el sepulcro de San Marcos. También Paladio en el año 419 en su “Historia Lausiaca” recuerda las peregrinaciones a su tumba, como ya dije antes.


En el siglo V, el santo es ya pintado en una capilla subterránea al SW de Alejandría junto con Cristo y San Pedro. En los siglos IV y V ya se veneraba a San Marcos en el santuario palestino de El-Dinwezi el día 15 de agosto y en Constantinopla, en la majestuosa basílica erigida por Teodosio el Grande. A mediados del siglo V es abandonada la basílica de Bucoli porque el pueblo se trasladó a otra zona al NW de Alejandría y allí fueron llevados los restos del evangelista y puestos en una iglesia nueva.


En el año 565 el santuario de Bucoli fue devuelto al culto, pero la iglesia fue incendiada por los árabes en el año 644 y reconstruida por los patriarcas de Alejandría Agatón y Juan de Samanud. A ella, en el año 828 arribaron los mercaderes venecianos Bueno de Malamoco y Rústico de Torcello, que se llevaron a Venecia los restos del evangelista “para evitar la profanación por parte de los árabes”. Solo el cráneo permaneció allí y más tarde fue llevado a El Cairo. Sin embargo, en el año 1419 el senado de Venecia mantenía que el cráneo estaba allí en su ciudad.


El único escrito histórico que permite considerar que el cuerpo estaba en Venecia es el aportado por el testamento de Justiniano Particiaco, en el año 829 que habla de la erección de una basílica en su honor. Sin embargo, Pablo el diácono dice que en Aquileia se le daba culto en el año 783. De éste pasó la noticia a los himnos escritos por San Paulino de Aquileia, a los diplomas imperiales de 792 y del 803, a los legajos del patriarca Fortunato del 821 y al Concilio de Mantova del 827.


Para explicar el culto dado a San Marcos en Aquileia, existen varias hipótesis: Paschini dice que San Marcos estuvo en vida en dicha ciudad, mientras que  Menis dice que entre Aquileia y Alejandría existían relaciones comerciales que serían las causantes del traslado del culto de una ciudad a la otra.


En el escrito del año 829 (testamento de Justiniano Particiaco del que hablé antes), se narra la traslación del cuerpo de Alejandría a Venecia, pero no se dice en qué año se hizo. Sin embargo se admite que la translación se hizo el año anterior. Si como dice el Martirologio de Beda, Marcos había sido martirizado y muerto en Alejandría, pero que sin embargo su cuerpo estaba en Venecia, era necesario admitir que desde una ciudad había sido llevado a la otra.


Sorprende sin embargo el silencio que sobre este hecho y este culto existe en los documentos venecianos durante casi dos siglos. El nombre de San Marcos se silencia absolutamente. Es necesario llegar al incendio del año 976 para encontrar alguna referencia a su basílica, a las peregrinaciones y a los restos del santo. Destruida en parte la basílica como consecuencia de este incendio, se reconstruyó entre los años 1063 y 1094 y ya desde entonces se establece como festivo el día 25 de abril.


San Lorenzo Justiniano, patriarca de Venecia (1433-1456) deseó realizar un reconocimiento del cuerpo de San Marcos, pero no lo pudo hacer. En Venecia, sin embargo, nadie tenía dudas de la presencia de las reliquias. En tiempos más recientes si se han hecho tres reconocimientos, el último de los cuales lo hizo el Papa San Juan XXIII en 1957 cuando era Patriarca de Venecia.


Reliquias de San Marcos existen también en Reichenen (Francia), Corbie (Francia), Soissons (Francia), Cropani (Italia), etc. El Papa Beato Pablo VI restituyó parte de las reliquias de San Marcos al Patriarca Copto Ortodoxo San Cirilo VI, que las puso en la Catedral Patriarcal en El Cairo (Egipto).


Es el santo patrono de la Iglesia alejandrina. Es santo patrono de los notarios, los escribientes, los vidrieros, los ópticos, los cordeleros y cesteros y en Francia lo invocan contra la sarna.


Antonio Barrero


LECTURAS


1 Pe 5,6-14: Hermanos, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce en su momento. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros. Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos. Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su gloria eterna en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por los siglos. Amén. Os he escrito brevemente por medio de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y para daros testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos firmes en ella. Os saluda la comunidad que en Babilonia comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo. Saludaos unos a otros con el beso del amor. Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo.

Lc 10,16-21: Dijo el Señor a sus discípulos: «Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado». Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo». En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien».



Fuente: preguntasantoral / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia