01/07 - Cosme y Damián los Santos Anárgiros


Los Santos Mártires Taumaturgos y Anárgiros Cosme y Damián, diferentes a los celebrados el 1 de noviembre, eran hermanos, nacidos en Roma y médicos de profesión. Aceptaron la muerte como mártires en Roma bajo el emperador Carino (283-284). Fueron criados por sus padres en las reglas de la piedad, llevaron una vida estricta y casta, y Dios les concedió el don de la gracia de sanar a los enfermos. Por su actitud buena y desinteresada hacia la gente, combinada con su bondad excepcional, los hermanos convirtieron a muchos a Cristo. Los santos solían decir a los enfermos: "No es por nuestro poder que tratamos a los enfermos, sino por el poder de Cristo, el Dios Verdadero. Creed en Él y seréis sanados". Por su desinteresado cuidado de los enfermos, los santos hermanos fueron llamados "médicos no mercenarios" (anárgiros).


Su activo servicio al prójimo y su influencia espiritual en el entorno, que atrajo a muchos a la Iglesia, llamó la atención de las autoridades romanas. Fueron enviados soldados en busca de los hermanos. Al enterarse de esto, los cristianos imploraron a los santos Cosme y Damián que se escondieran por un tiempo hasta que pudieran prestarles ayuda. Pero los soldados, al no encontrar a los hermanos, arrestaron en cambio a otros cristianos del lugar donde vivían los santos. Los santos Cosme y Damián salieron de su escondite y se entregaron a los soldados, pidiéndoles que liberaran a los arrestados por su causa.


En Roma, los santos fueron al principio encerrados en prisión y luego fueron llevados a juicio. Los santos confesaron abiertamente ante el emperador romano y el juez su fe en Cristo Dios, que había venido al mundo para salvar a la humanidad y redimir al mundo del pecado, y se negaron resueltamente a ofrecer sacrificios a los dioses paganos. Dijeron: "No hemos causado mal a nadie, no nos hemos mezclado en magia o hechicería, tal y como nos acusas. Nosotros curamos a los enfermos con el poder de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y no recibimos ninguna clase de recompensa por prestar ayuda a los enfermos, porque nuestro Señor ordenó a sus discípulos: "Gratis recibisteis, dadlo gratis" (Mt 10, 8).


Sin embargo, el emperador continuó con sus exigencias. A través de la oración de los santos hermanos, por poder de la gracia, Dios repentinamente dejó ciego a Carino para que él también, por experiencia propia, pudiera conocer la omnipotencia del Señor que no perdona la blasfemia contra el Espíritu Santo. La gente, al contemplar el milagro, gritó: "¡Grande es el Dios cristiano, y ningún otro es Dios, excepto Él!" Muchos de los que creyeron rogaron a los santos hermanos que curaran al emperador, y él mismo imploró a los santos, prometiendo convertirse al verdadero Dios Cristo el Salvador. Los santos lo sanaron. Después de esto, los santos Cosme y Damián fueron puestos en libertad con honra y nuevamente se dedicaron a curar a los enfermos.


Pero lo que el odio de los paganos y la ferocidad de las autoridades romanas no consiguiero  hacer lo hizo la envidia, una de las pasiones más fuertes de la naturaleza pecaminosa del hombre. Un médico mayor, instructor con el que los santos hermanos habían estudiado el oficio médico, se volvió celoso de su fama. Llevado a la locura por esta malicia, y vencido por la pasión, convocó a los santos hermanos, antes sus más queridos estudiantes, para que se reunieran para recoger diversas hierbas medicinales, y partiendo hacia las montañas, los asesinó, arrojando sus cuerpos a un río.


Así, como mártires, terminaron su peregrinar terrenal estos santos hermanos, los sanadores no mercenarios Cosme y Damián. Habían dedicado toda su vida al servicio cristiano al prójimo, habiendo escapado de la espada y la prisión romanas, pero siendo asesinados a traición por su antiguo maestro.


El Señor glorificó a aquellos que le agradaron, y ahora a través de las oraciones de los santos Anárgiros Cosme y Damián se recibe curación de Dios para todos los que con fe recurren a su santa intercesión.


LECTURAS


En Vísperas


Is 43,9-14: Así dice el Señor: «Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después. Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador. Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo? Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel».


Sab 3,1-9: La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz. Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto. En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo. Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.


Sab 5,15-6,3: Los justos viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco. Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad. Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos. Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo.


En la Liturgia


1 Cor 12,27-31;13,1-8: Hermanos, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Pues en la Iglesia Dios puso en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente. Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde. Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada. Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría. El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca.


Mt 10,1;5-8: En aquel tiempo llamó Jesús a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».



Fuente: Orthodox Calendar
Traducido al inglés por P. S. Janos, y al castellano por Google Translate

Adaptación propia

Miércoles de la V Semana de Mateo


Rom 15,7-16: Hermanos, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Es decir, Cristo se hizo servidor de la circuncisión en atención a la fidelidad de Dios, para llevar a cumplimiento las promesas hechas a los patriarcas y, en cuanto a los gentiles, para que glorifiquen a Dios por su misericordia; como está escrito: Por esto te alabaré entre los gentiles y cantaré para tu nombre. Y en otro lugar: Regocijaos, gentiles, junto con su pueblo. Y además: Alabad al Señor todos los gentiles, proclamadlo todos los pueblos. E Isaías vuelve a decir: Aparecerá el retoño de Jesé y el que se levanta para dominar a los gentiles; en él esperarán los gentiles. Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo. Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convencido de que rebosáis buena voluntad y de que tenéis suficiente saber para aconsejaros unos a otros. Pese a todo, os he escrito, propasándome a veces un poco, para reavivar vuestros recuerdos. Lo he hecho en virtud de la gracia que Dios me ha otorgado: ser ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, ejerciendo el oficio sagrado del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, sea agradable. Amén.


Mt 12,38-45: En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos le dijeron: «Maestro, queremos ver un milagro tuyo». Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre anda vagando por lugares áridos en busca de reposo y no lo encuentra. Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. Y al volver la encuentra deshabitada, barrida y arreglada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él y se mete a habitar allí; y el final de aquel hombre resulta peor que el comienzo. Así le sucederá a esta generación malvada».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

30/06 - Sinaxis de los Doce Santos Apóstoles


La Iglesia honra a cada uno de los Doce Apóstoles en fechas separadas durante el año, y ha establecido una conmemoración general para todos ellos el día después de la conmemoración de los Gloriosos y Primeros entre los Apóstoles, Pedro y Pablo.

 

En este día de cada año, la Santa Iglesia conmemora la vida de los Apóstoles, cuyo fiel servicio y valiente sufrimiento por la causa del Evangelio ha inspirado a los Cristianos durante más de 2.000 años.


Como primeros seguidores y promotores del Evangelio, sus vidas estuvieron dedicadas a la propagación del mensaje de Cristo de salvación eterna a través de la fe, y sus extraordinarios viajes a lo largo del mundo del Medio Oriente muy pronto comenzarían a construir los fundamentos para el establecimiento de la Iglesia alrededor del mundo.


Andrés sería el primero. Como uno de los jóvenes discípulos del “Precursor” -el profeta que sería conocido en la historia como San Juan el Bautista–, Andrés ya sabía acerca del extraordinario Salvador que vendría para salvar a la humanidad del pecado y la muerte. 


En una ocasión inolvidable, de hecho, el Predecesor había señalado al Salvador mientras le decía lleno de alegría al joven pescador:


“He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Juan 1, 29)


Andrés, quien posteriormente vendría a ser el gran edificador de iglesias, ya se sentía en ese entonces intrigado por las enseñanzas de este humilde hijo del carpintero de Nazaret. Posiblemente esa es la razón por la cual sería el primero en aceptar a Jesús como su Salvador en esa tarde marcada por el destino a orillas del Mar de Galilea. Como resultado de ello, sería conocido para siempre como “Andrés, el Primero en Ser Llamado.”


Pero su bondadoso y atento hermano Simón no se quedaría atrás. 


¿Quién podría olvidar la historia del primer encuentro entre este pescador honesto y el Hijo de Dios o el gran dramatismo del momento en el que Jesús anunció que Simón, quien posteriormente fundaría la Iglesia en Roma, recibiría un nuevo nombre, que significaba “piedra” en Griego?


«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra". (Juan 1, 42) 


Para Pedro y para la mayoría de los otros Apóstoles, el precio a pagar por llegar a ser uno de los discípulos originales del Santo Redentor sería bastante alto. Pedro pagaría ese precio en el Año 68 de Nuestro Señor en la gran metrópolis de Roma, en donde moriría de la misma manera, en una cruz erigida rápidamente, que tres décadas antes se había llevado la vida del Señor. 


Y así comenzó, en esa tarde brillante junto al Mar de Galilea, en el momento en que Andrés y Simón escucharon la llamada. Durante algunos de los meses siguientes las filas de los Santos Apóstoles crecerían lentamente al tiempo en que cada uno de los discípulos respondía a la llamada del único y verdadero Dios Viviente. Aunque cada uno de los Apóstoles tiene su día especial en que es conmemorado en el Calendario de la Iglesia, hoy es el día en que recordamos a todos como grupo con el fin de reconocer su igual dignidad. Los 12 Apóstoles, de acuerdo con los Evangelios Sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas, son:


Simón (29 de Junio y 16 de Enero): también llamado Pedro, pescador del pueblo de Betsaida en Galilea;


Andrés (30 de Noviembre): conocido como el “Primero en ser llamado de los Apóstoles”, el hermano de Simón y uno de los discípulos de Juan el Bautista, también pescador de Galilea;


Santiago (conocido como “El Mayor”) y Juan, hijos de Zebedeo (30 de Abril): Llamados por Jesús “Boanerges,” que en Arameo significa “Hijos del Trueno”;


Felipe (14 de Noviembre),también de Betsaida en Galilea;


Bartolomé (11 de Junio y 25 de Agosto)


Tomás (6 de Octubre), también conocido como “Dídimo” o “El Mellizo”);


Santiago (9 de Octubre)conocido como “El Menor”, hijo de Alfeo, algunas veces identificado con Santiago el Justo;


Mateo (16 de Noviembre), recaudador de impuestos, algunas veces identificado como Leví, hijo de Alfeo;


Simón el Cananeo (10 de Mayo): algunas veces llamado “Simón el Zelote” y otras veces “Simeón de Jerusalén”;


Judas Iscariote, el traidor de Cristo;


San Judas (19 de Junio), referido en algunos textos como Tadeo y en otros como Lebeo;


Matías (9 de Agosto), quien fue elegido después de la muerte de Jesucristo para sustituir a Judas Iscariote, y así es como llegó a ser el Apóstol número Doce. 


San Pablo (29 de Junio)


Veinte siglos después de que los Doce Apóstoles dieran un paso adelante aceptando del desafío de “predicar el Cristianismo a todas las naciones”, es imposible medir su contribución a la Santa Iglesia o la importancia que Jesucristo le dio a su misión como evangelizadores y predicadores que ayudarían a propagar la fe a lo largo del mundo conocido en ese entonces.


 La profundidad y el poder de esa relación amorosa entre Cristo y los Apóstoles puede ser vista en ese inolvidable diálogo entre el Salvador y San Pedro en el cual el Hijo de Dios explica que los Apóstoles asumirán el papel de construir la comunidad de fe después de la muerte y Resurrección del Redentor:


“A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.” (Mateo 16, 19)


Mencionemos también, analíticamente, cómo cada uno de estos hombres más santos y más beneficiosos en la historia del mundo terminó su vida terrenal:


San Pedro fue crucificado al revés.


San Andrés fue crucificado en una cruz en forma de X.


Santiago, el hijo de Zebedeo, fue decapitado.


San Juan el teólogo "murió" de una manera milagrosa.


San Felipe fue crucificado.


San Bartolomé fue crucificado, raspado y decapitado.


San Tomás fue perforado con cinco lanzas.


San Mateo el Evangelista fue quemado vivo.


Santiago, el hijo de Alfeo, fue crucificado.


San Tadeo o Judas, el hermano de Santiago, fue crucificado.


San Simón el Zelote fue crucificado.


San Matías fue apedreado y luego decapitado después de la muerte.


San Pablo fue decapitado.


Más de tres siglos después de sus muertes, el Emperador Constantino el Grande (272-337 d.C.) construiría una gran iglesia en Constantinopla en honor de los Doce Apóstoles. Esa magnífica construcción honra el hecho de que sus vidas fueron de completa y crucial importancia en el establecimiento y eventual crecimiento del Cristianismo sobre la tierra. 


Ciertamente la diseminación del Mensaje Salvador de Dios a la humanidad hubiera sido imposible sin su dedicación, paciencia y valientes esfuerzos a lo largo de los años que vivieron.


Para generaciones de Cristianos las vidas de los Santos Apóstoles han servido como fuente de inmensa inspiración, como gran consuelo para los fieles, que se guían por el ejemplo que han dejado de servicio triunfal y la valentía de trabajar día a día por el Santo Evangelio de Jesucristo.


LECTURAS


1 Cor 4,9-16: Hermanos, a nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte, dados en espectáculo público para ángeles y hombres. Nosotros unos locos por Cristo, vosotros, sensatos en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros célebres, nosotros despreciados; hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio, nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; nos insultan y les deseamos bendiciones; nos persiguen y aguantamos; nos calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy. No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros. Porque os quiero como a hijos; ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús. Así pues, os ruego que seáis imitadores míos.


Mt 9,36-38;10,1-8: En aquel tiempo, al ver a las muchedumbres, Jesús se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

Martes de la V Semana de Mateo


Rom 14,9-18: Hermanos, para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano? De hecho, todos compareceremos ante el tribunal de Dios, pues está escrito: ¡Por mi vida!, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua alabará a Dios. Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios. Dejemos, pues, de juzgarnos unos a otros; cuidad más bien de no poner tropiezo o escándalo al hermano. Sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, que nada es impuro por sí mismo; lo es para aquel que considera que es impuro. Pero si un hermano sufre por causa de un alimento, tú no actúas ya conforme al amor: no destruyas con tu alimento a alguien por quien murió Cristo. Por tanto, que no sea objeto de reproche lo que para vosotros es un bien. Porque el reino de Dios no es comida y bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo; el que sirve en esto a Cristo es grato a Dios, y acepto a los hombres.


Mt 12,14-17;22-30: En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo, y lo curó, de suerte que el mudo hablaba y veía. Y toda la multitud asombrada decía: «¿No será este el hijo de David?». Pero los fariseos al oírlo dijeron: «Este expulsa los demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios». Pero él, dándose cuenta de sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido internamente va a la ruina y toda ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie. Si Satanás expulsa a Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino? Y si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, ¿vuestros hijos con el poder de quién los expulsan? Por eso ellos os juzgarán. Pero si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Cómo podrá uno entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse su ajuar, si no ata primero al fuerte? El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española