13/08 - Máximo el Confesor


NOTA: El Oficio se traslada al 12/08 por coincidir el 13/08 con la despedida de la fiesta de la Transfiguración.


San Máximo el Confesor fue uno de los Santos Padres Orientales más importantes de la Iglesia, conocido por sus escritos místicos y ascéticos y por su defensa de la ortodoxia ante la herejía conocida como el monotelismo. Su título de Confesor (en griego también martyros), significa que él sufrió por la fe cristiana, aunque directamente no fue martirizado.


Sus primeros años de vida:


San Máximo (580-662), nació en Constantinopla, en el seno de una familia noble por lo que recibió una buena educación. Sus adversarios monotelitas y hasta hoy los maronitas, afirman que era de Palestina. En el año 610, Máximo se convirtió en el secretario personal del emperador Heraclio (610-641), pero por razones desconocidas, después de tres años dejó esta posición y entró en el monasterio de Chrysopolis situado en la otra orilla del estrecho del Bósforo, llegando a realizar los votos monásticos. Poco tiempo después se convirtió en el abad del monasterio y desde esa posición, solía decir que “la teología sin la práctica es una teología de los demonios”, por lo que su enfoque teórico de la teología se desdobló en la práctica de la misma.


Durante la invasión persa del año 632 se vio forzado a huir junto con toda su comunidad, llegando a la Provincia de África, que en ese momento estaba bajo dominio bizantino y con él, su amigo Sofronio que, posteriormente, llegó a ser patriarca de Jerusalén. Permanecieron en un monasterio cercano a Cartago donde estudió los escritos cristológicos de San Gregorio de Nacianzo y de San Dionisio el Areopagita.


La disputa monotelita:


En África, Máximo y Sofronio iniciaron su lucha contra la posición oficial del emperador, quién encontró en los fundamentos monotelitas la solución para reunificar a los cismáticos miafisitas (o monofisitas) de Egipto y Siria con los creyentes ortodoxos de Constantinopla. Los miafisitas (antecesores de los actuales coptos de Egipto), creían que en Cristo había una sola naturaleza – la divina – ya que la naturaleza humana desapareció en la divina al igual que una gota de agua desaparece cuando cae en el océano. Con el fin de restablecer no solo la unión religiosa sino también la política que estaba en peligro por las invasiones persas y árabes, el emperador Heraclio, de acuerdo con el patriarca Sergio de Constantinopla (610-638), impuso mediante un decreto oficial la doctrina monotelita como la posición oficial de la Iglesia. La nueva doctrina afirmaba que en Cristo hay dos naturalezas (la divina y la humana), pero un solo ser (mono-thelos) y una sola voluntad (mono-erga), lo que en realidad suponía un monofisismo encubierto. La declaración oficial se convirtió, en el año 633, en un pacto formal entre los ortodoxos y los monofisitas.


El primero que vio el peligro que entrañaba este “compromiso” y el primero en luchar contra él, fue en realidad el monje Sofronio y eso ocurrió incluso antes de que el compromiso o pacto se firmara. Poco después se convirtió en patriarca de Jerusalén y desde esa posición, publicó en el año 643 una carta sinodal en la que hacía una clara distinción entre las dos naturalezas de Cristo. En los cuatro años siguientes no ocurrió nada en especial, pero en el año 638 comenzaron los problemas cuando el emperador Heraclio publicó la Ekthesis como la “Confesión de fe” oficial del Imperio. Entonces, San Máximo se convirtió en el líder de la lucha contra esa herejía y entre los años 642 y 645 llevó a cabo una amplia labor para fortalecer a los obispos africanos contra la herejía imperial.


En julio del 645, Máximo tuvo en Cartago y en presencia de varios obispos, una gran disputa pública con Pirro, que había sido patriarca de Constantinopla entre los años 638 al 641 y con posterioridad lo fue nuevamente en el 654 y que era un monotelita convencido pero al mismo tiempo un viejo amigo de Máximo. Con posterioridad a este debate, Pirro reconoció como falsa y herética la posición monotelita y así, varios concilios celebrados en África condenaron poco después el monotelismo como una herejía.


La muerte martirial de San Máximo:


A finales del año 646 San Máximo fue a Roma donde permaneció hasta el año 649. Allí, el Papa Martín (649-653) convocó el Concilio de Letrán en el año 649 y con la presencia de ciento cinco obispos también se condenó el monotelismo. Sin embargo, en aquellos momentos ocurrió algo terrible: el centro de Italia cayó bajo el control bizantino y en el año 648, el emperador Constantino II (641-668), sucesor de Heraclio, promulgó un nuevo decreto por el cual se prohibía bajo pena grave toda discusión sobre si en Cristo había una o dos obras y voluntades.


En el año 653, San Máximo y el Papa San Martín de Roma fueron arrestados y llevados a Constantinopla. San Martín, condenado sin juicio, murió en el camino, pero San Máximo fue llevado ante un tribunal en el año 655 que lo condenó al exilio en Bizya, una localidad de Tracia. En el mismo año, un nuevo juicio lo llevó a Perberis, a orillas del Mar Negro y más tarde, en el año 662, San Máximo fue llevado nuevamente a Constantinopla para asistir a otro juicio o audiencia con la finalidad de forzarle para que aceptara la enseñanza monotelita. Allí, ante el pueblo, los soldados le cortaron la mano derecha y la lengua con la intención de incapacitarle para que no pudiese exponer sus posiciones y comunicarse tanto oralmente como por escrito.


Después de esta bárbara mutilación que ocurrió cuando San Máximo tenía unos ochenta años de edad, fue exiliado en Lazika, situado en la costa oriental del Mar Negro, siendo encerrado en la fortaleza de Schemarum, probablemente cerca de la moderna ciudad georgiana de Tsageri, donde permaneció hasta el final de su vida, cosa que ocurrió el día 13 de agosto del año 662, cuando tenía la venerable edad de ochenta y dos años. Estos eventos ocurridos a San Máximo fueron recordados por Anastasio el Bibliotecario (Migne, Patrologia Latina, vol. 128, “Historiae de vitis Romanorum pontificum”, 130, col. 737-763).


Junto con el Papa San Martín, San Máximo fue rehabilitado por el Sexto Conciclio Ecuménico (680-681), que declaró que Cristo poseía tanto un ser humano como una voluntad divina. Con esta declaración, el monotelismo se convirtió en herejía y Máximo, después de su muerte, fue declarado inocente de todos los cargos que se le habían imputado. Su festividad se celebra en la Iglesia Bizantina el día 13 de agosto (traslado de sus reliquias) y el día 21 de enero.


Reliquias:


El Sinaxario ortodoxo así como el Menologio dan fe de que después de la muerte de San Máximo, en su tumba se produjeron numerosos milagros, sanaron muchas personas y que aparecieron tres luces brillantes a modo de candelabros que podrían simbolizar a la Santísima Trinidad.


En el llamado Prólogo Griego, el día 13 de agosto se conmemora el traslado de las reliquias de San Máximo desde Lazika en la orilla sudeste del Mar Negro hasta Constantinopla, al monasterio de la Madre de Dios en Chrysopolis, donde él había estado como abad, cosa que probablemente ocurrió con posterioridad a la celebración del VI Concilio Ecuménico. Muchos eruditos consideran que el día 13 de agosto fue el día de la muerte del santo, aunque probablemente su conmemoración principal se trasladó al 21 de enero, al ser el 13 de agosto el último día de la Octava de la Transfiguración del Señor.


Actualmente, una parte de sus reliquias se encuentran en el monasterio de San Pablo en el Monte Athos (un relicario con la mano derecha del santo que le fue cortada en el año 662). Esa reliquia fue llevada allí desde Constantinopla en el siglo XI por parte del Abad Pablo de Xiropotamou. Esta es la única reliquia insigne conocida del santo.


De todos modos, algunas revistas internacionales han afirmado que el resto de las reliquias de San Máximo, así como su tumba, fueron descubiertas en Georgia, cerca de Tsangeri, en octubre del año pasado. Los argumentos de estos descubridores pueden ser creíbles porque en realidad no hay información histórica sobre el movimiento real de las reliquias, sino que solo se sabe lo que dicen las fuentes litúrgicas. Su tumba se encontró bajo el altar de una iglesia dedicada en su honor en Tsangeri, junto con los restos de otros tres discípulos suyos.


Sus escritos:


Se conservan numerosos escritos de San Máximo, algunos de los cuales fueron incluidos en la Philokalia griega, que es una importante colección de escritos místicos de la cristiandad oriental. Algunos de sus escritos son dogmáticos, pero curiosamente, San Máximo es conocido no por sus escritos dogmáticos acerca de la persona y naturalezas de Cristo, sino por aquellas en las que describió como debía ser la vida contemplativa proporcionando una amplia guía para uso de los ascetas. Algunas otras obras tratan de temas litúrgicos y hermenéuticos. Como seguidor de San Dionisio Areopagita, San Máximo presenta e interpreta la filosofía neo-platónica desde una manera cristiana. Sus trabajos sobre San Dionisio fueron continuados en Occidente por Juan Scotus Erigena.


La influencia platónica en el pensamiento de San Máximo se puede ver con mayor claridad en su antropología. Máximo adoptó la idea de que la humanidad fue hecha a imagen de Dios y el propósito de la salvación es devolvernos a la unidad con Dios. En soteriología, San Máximo insistió en que la humanidad está destinada a estar plenamente unida con Dios, ya que Dios fue el primero que se unió completamente a la humanidad mediante la Encarnación. Esto ya también lo había mantenido antes San Atanasio de Alejandría. Si Cristo no hubiera llegado a ser completamente humano, la salvación no hubiera sido posible, ya que la humanidad no habría podido llegar a ser completamente divina. Es por esto por lo que condenó firmemente el monotelismo, que era la herejía que negaba la voluntad humana de Cristo. El acento en la idea de la divinización o deificación humana hizo de Máximo uno de los teólogos más importantes de Oriente. Desdeñado durante siglos por los escolásticos occidentales, los escritos de San Máximo han tenido siempre un lugar especial en la teología oriental. Él es considerado el “padre espiritual” de algunos místicos como San Simeón el Nuevo Teólogo o San Gregorio Palamas.


Sus obras más importantes son:


“Las respuestas a Talasio”, que es una serie de sesenta y cinco preguntas y respuestas acerca de algunos pasajes de las Escrituras difíciles de interpretar.


“Ambigua”, que es una exploración de los pasajes difíciles de encontrar en los escritos de San Dionisio el Areopagita y de San Gregorio Nacianceno y que está centrado en temas cristológicos.


“Scholiae”, que son comentarios y meditaciones sobre los primeros escritos de San Dionisio el Areopagita.


“La Mistagogía”, que es un comentario y meditación de la Divina Liturgia y la conexión entre el macrocosmos y el microcosmos.


“Los capítulos sobre el amor”, que son algunos ensayos sobre la vida espiritual, agrupados en colecciones de cientos de tales meditaciones.


“Las Palabras ascéticas”, que es un diálogo sobre la vida monástica.


“La Vida de la Santísima Virgen”, que es la primera biografía completa sobre la Virgen María con interesantes conexiones con los evangelios apócrifos.


Himno (Tropario) de San Máximo:


“Tú eres una guía de la ortodoxia, un maestro de la piedad y de la modestia, una luz en el mundo y el orgullo de Dios inspirado a los monjes. ¡Oh sabio Máximo, que has iluminado al mundo con tus enseñanzas; eres el arpa del Espíritu. Intercede a Cristo nuestro Dios para que salve a nuestras almas”.


Mitrut Popoiu


LECTURAS


Ef 6,10-17: Hermanos, buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire. Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.



Fuente: preguntasantoral / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Jueves de la XI Semana de Mateo


2 Cor 4,1-12: Hermanos, encargados de este ministerio por la misericordia obtenida, no nos acobardamos; al contrario, hemos renunciado a la clandestinidad vergonzante, no actuando con intrigas ni falseando la palabra de Dios; sino que, manifestando la verdad, nos recomendamos a la conciencia de todo el mundo delante de Dios. Y si nuestro Evangelio está velado, lo está entre los que se pierden, los incrédulos, cuyas mentes ha obcecado el dios de este mundo para que no vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús. Pues el Dios que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo. Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.


Mt 24,13-28: Dijo el Señor a sus discípulos: «El que persevere hasta el final se salvará. Y se anunciará el evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin. Cuando veáis la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo (el que lee que entienda), entonces los que vivan en Judea huyan a los montes, el que esté en la azotea no baje a recoger nada en casa y el que esté en el campo no vuelva a recoger el manto. ¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Orad para que la huida no suceda en invierno o en sábado. Porque habrá una gran tribulación como jamás ha sucedido desde el principio del mundo hasta hoy, ni la volverá a haber. Y si no se acortan aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días. Y si alguno entonces os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis, porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos. Os he prevenido. Si os dicen: “Está en el desierto”, no salgáis; “En los aposentos”, no les creáis. Pues como el relámpago aparece en el oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre. Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

12/08 - Focio y Aniceto los Mártires de Nicomedia


Estos santos florecieron durante el reinado del emperador Diocleciano (284-305 d.C.) y Focio (del gr. “Φώτιος “, [Fótios], iluminado) era el sobrino de Aniceto (del gr. “Ανίκητος”, invencible, inconquistable). El emperador Diocleciano, mientras estaba en Nicomedia, habló ante el Senado y públicamente contra el cristianismo en el año 303, y presentó varios instrumentos de tortura para aterrorizar a la gente, ya que era su deseo exterminar de cualquier forma posible y de cada rincón del imperio a quienes invocaban el nombre de Jesucristo.


Por lo tanto, cuando este tirano blasfemó contra la divinidad y la gloria del Hijo Unigénito de Dios, entre los presentes estaba el mártir de Cristo Aniceto, quien no temía las amenazas del tirano, sino que con valentía confesó que era cristiano. Reprendió y desdeñó públicamente el error de la idolatría, e incluso adelantó el hecho de que aquellos que veneran a los ídolos son necios y sin sentido. 


Habiendo dicho esto, los que adoraban a los ídolos golpearon salvajemente al Santo con varas, hasta el punto de que uno podía ver sus huesos en las heridas de su cuerpo.


Luego soltaron un león ante él, y el Santo lo vio y se aterró. Debido a que cerca del león la multitud vitoreaba con rabia y locura, rugió contra ellos con un rugido espantoso. Pero cuando el león se acercó al Santo, se volvió tan tranquilo como un cordero, y compadeciéndose del Mártir, le lamió el sudor de la pierna derecha, que goteaba de su rostro por el miedo.


Después de que el Santo agradeció y glorificó a Dios, un terremoto sacudió la ciudad que derribó el ídolo de Hércules y lo convirtió en polvo, y una sección de la ciudad de Nicomedia fue destruida y muchos griegos fueron aplastados. 


Despues de esto, el emperador ordenó que el mártir fuera decapitado. Cuando un soldado se acercó al Santo para llevar a cabo la orden, su mano quedó inmóvil y no pudo bajar la espada. Por esta razón, el emperador cambió de opinión y ató al Santo a una rueda, y encendió un fuego debajo. Cuando los miembros del cuerpo del atleta eran quemados por la llama, él oró a Dios, y ¡oh, milagro!, sus ataduras se cayeron, la rueda se detuvo y el fuego se extinguió.


Cuando esto sucedió, Focio, el sobrino de Aniceto, corrió hacia él y lo abrazó. Debido a esto Focio fue atado con cadenas de hierro con su tío, y ambos fueron encarcelados. 


Luego fueron desgarrados, quemados con fuego y apedreados por la gente en el teatro. Ante todos estos tormentos, los atletas de Cristo permanecieron ilesos. Luego sus pies fueron atados a una madera, y fueron arrastrados por caballos salvajes. Después de esto, fueron golpeados con dureza, se les roció sal y vinagre en las heridas, y así fueron arrojados a la prisión, donde permanecieron desatendidos durante un período de tres años.


Después de haberse enflaquecido y debilitado por los muchos años de miserias en prisión, el tirano calentó los llamados Baños de Antonino en Nicomedia, y mantuvo a los santos encerrados allí. 


Mientras los Santos rezaban dentro, el suelo del baño se abrió, brotando de el un manantial de agua, haciendo que pareciera que los Santos no estaban en un baño caliente, sino en un refrescante jardín. 


El impío Diocleciano ordenó construir un horno en forma de embudo, establecido sobre columnas de hierro. Los santos fueron puestos en él y oraron, y allí entregaron sus almas en manos de Dios y recibieron la corona del martirio.


Se dice que los santos permanecieron vivos durante tres días en el horno. Luego, sus cuerpos fueron retirados del horno con instrumentos de hierro, y estaban enteros y en buenas condiciones, sin que ni siquiera uno de sus pelos hubiese resultado dañado por el fuego. Esto tuvo lugar en el año 305. Su Sinaxis se celebró en su Santo Templo en Constantinopla, en la zona de "Strategion".


Partes del cráneo de San Focio se encuentran en los monasterios de Iviron y de Dionisio en el Monte Athos. Algunas partes de las reliquias de San Aniceto se encuentran en el monasterio Athonita de la Gran Laura y en el monasterio de Kykkos en Chipre.


Aunque San Focio y Aniceto no fueron médicos en la vida, se los considera Santos Anárgiros. Esto se hace evidente por el hecho de que son invocados (por el sacerdote) junto con otros Santos Anárgiros en las oraciones de los Servicios de la Unción con Aceite y en la Santificación de las Aguas.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Miércoles de la XI Semana de Mateo


2 Cor 3,4-11: Hermanos, esta confianza la tenemos ante Dios por Cristo; no es que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos nada como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, el cual nos capacitó para ser ministros de una alianza nueva: no de la letra, sino del Espíritu; pues la letra mata, mientras que el Espíritu da vida. Pues si el ministerio de la muerte, grabado en letras sobre piedra, se realizó con tanta gloria que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su cara, pese a ser un resplandor pasajero, ¡cuánto más glorioso no será el ministerio del Espíritu! Pues si el ministerio de la condena era glorioso, ¿no será mucho más glorioso el ministerio de la justicia? Más todavía, en este aspecto, lo que era glorioso ya no lo es, comparado con esta gloria sobreeminente. Y si lo que era pasajero tuvo su gloria, ¡cuánto más glorioso no será lo que permanece!


Mt 23,29-39: Dijo el Señor a los judíos que habían acudido a él: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”! Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio de la gehenna? Mirad, yo os envío profetas y sabios y escribas. A unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad. Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. En verdad os digo, todas estas cosas caerán sobre esta generación». «¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a quienes te han sido enviados, cuántas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los polluelos bajo sus alas, y no habéis querido. Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta. Os digo que a partir de ahora no me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

11/08 - Euplo (Euplio) el Santo Mártir y Archidiácono (Arcediano) de Catania


Euplo vivió a finales del siglo III d.C., cuando el emperador era Diocleciano (284-305 d.C.). Nació en Catania, Sicilia, donde fue diácono de la Iglesia de allí. El emperador ordenó al gobernador Calvisiano de Sicilia que exterminara a cualquier cristiano que encontrara en el lugar.


Calvisiano no encontró un solo cristiano, porque los pocos que estaban allí se escondieron. Pero alguién vio a Euplo llevar un libro a los cristianos y leérselo. Este libro era el Santo Evangelio.


Cálido predicador del Evangelio,  Euplo intentaba afianzar la fe de los cristianos perseguidos y los animaba a preferir los martirios más terribles en lugar de negar a Cristo. Porque "Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará." (2 Tim. 2,12). Si, entonces, mostramos paciencia, entonces reinaremos con Él, con Cristo Dios. Pero si lo negamos, Él también nos negará.


Los idólatras, al ver esta actividad de Euplo, lo denunciaron al eparca Calvisiano.


Pronto le llevaron a la corte; le colgaron el Evangelio alrededor de su cuello y lo llevaron a prisión. Una vez allí, el gobernador intentó con una conversación convencer a Euplo de que era una estupidez creer en el Dios Trinitario y debía negarlo lo antes posible. El Santo, invencible conversador, rebatió uno por uno todos los argumentos del gobernador. 


Le pidió al Santo que leyera el libro, encarcelándole seguidamente por ser cristiano. El Señor hizo que un manantial de agua fluyera en la prisión para que el mártir saciara su sed, después de siete días de sed y hambre, los cuales Euplo pasó en oración. Finalmente, llevaron al Mártir de Cristo al patíbulo con el Evangelio colgando del cuello. Entonces San Euplo abrió el Santo Evangelio y leyó de él a la gente durante mucho tiempo. Muchos se convirtieron a la fe de Cristo. Luego fue llamado para ser torturado. 


Primero le ataron las manos, los pies y las rodillas y lo colgaron de un poste de madera, donde le desgarraron la piel con garras de hierro. En este momento, una voz divina vino a él y le fortaleció. 


Luego, con un martillo de hierro, le golpearon las piernas y le encerraron nuevamente en prisión. Mientras le golpeaban, Euplo le dijo al juez torturador: "Oh, ignorante, ¿no ves que gracias a la ayuda de Dios, estas torturas son para mí como una telaraña? Si puedes, encuentra otras torturas más duras , porque todos estos son como juguetes ". El juez por lo tanto ordenó que le arrancasen las orejas al Santo, que le rasgasen la carne con garras de hierro y luego le rompiesen las tibias con martillos.


San Euplo fue decapitado en el año 304, siendo recibido en el Reino de los Cielos.


Sus sagradas reliquias están en el pueblo de Vico della Batonia, cerca de Nápoles. Una parte de su cráneo está en la Metrópoli de Polyani y Kilkis. Una parte de su mano derecha está en la Iglesia de la Dormición de la Theotokos en Nea Mesimvria. Otras porciones de sus reliquias están en los monasterios de Docheiariou y Pantocratoros en el Monte Athos.


Con Santa Águeda, Es patrón de Catania en Sicilia, junto con Santa Águeda. También es el santo patrón de Francavilla de Sicilia y Trevico. Las ruinas de la antigua iglesia de San Euplio se encuentran en Catania cerca de la Plaza de Stesicoro, que es lugar donde el Santo recibió su martirio.


Su nombre en griego significa "buena navegación", lo cual se canta en el texto del servicio de Vísperas en su honor. 


En el puerto de Alexandroupolis en Grecia, una pequeña iglesia fue construida a San Euplos en 1997 por los emigrantes tracios, para conmemorar una iglesia en Ainos, Tracia, dedicada a San Euplo, de donde fue patrón, que fue construida antes del año 1000 d.C. Esto fue porque Ainos tenía una presencia naval significativa, e incluso en la Revolución griega de 1821 tenía 300 barcos estacionados en su puerto. La presencia en el puerto de estas iglesias dedicadas a San Euplo es, por lo tanto, ayuda y mediación del Santo para la "buena navegación" de los barcos que parten de allí.


LECTURAS


Rom 8,28-39: Hermanos, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó. Después de esto, ¿qué diremos? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios y que además intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española