07/02 - Los 1.003 Mártires de Nicomedia


"Numerosas heridas fueron hechas a los mil tres; a través de la muerte por la espada se apoderaron de la gracia de Cristo".


Estos santos mártires eran sirvientes de los cuatro tribunos que habían capturado al Santo Hieromártir Pedro de Alejandría, quien fue decapitado bajo las órdenes imperiales. Después de su martirio, estos cuatro tribunos creyeron en Cristo junto con todas sus familias, y fueron martirizados. 


Luego, estos siervos se llenaron de celo por la fe y se presentaron por su propia cuenta junto con sus esposas e hijos -algunos de ellos aún bebés- ante el emperador Diocleciano, que estaba en Nicomedia. Todos juntos sumaban mil tres personas.


Después de confesar que eran cristianos, y al no poder ser convencidos de que renegaran de Cristo, fueron hechos pedazos con las espadas de los soldados imperiales, recibiendo de esta manera la corona del martirio.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

07/02 - Lucas del Monte Soterión


San Lucas el Joven, también llamado «el taumaturgo» (u obrador de milagros), era griego. Su familia era de una isla del Egeo, pero se vieron obligados a abandonarla por los ataques de los sarracenos. Con el tiempo se establecieron en Tesalia, donde fueron pequeños hacendados o campesinos con tierra propia. Su padre, Esteban, y su madre Eufrosina, tuvieron siete hijos, de los cuales él fue el tercero. Fue un muchacho piadoso y obediente. En edad temprana lo pusieron a cuidar las ovejas y cultivar los campos. Desde niño, a menudo se quedaba sin comer para alimentar al hambriento, y algunas veces se quitaba sus vestidos para dárselos a los mendigos. Cuando salía a sembrar, acostumbraba esparcir la mitad de la semilla en las tierras de los pobres. Era notorio que el Señor bendecía las cosechas de su padre con abundancia. Después de la muerte de Esteban, el muchacho dejó el trabajo en los campos y se dio por un tiempo a la contemplación. Se sentía llamado a la vida religiosa, y en una ocasión salió de Tesalia, con la intención de buscar un monasterio, pero fue capturado por soldados que le creyeron un esclavo fugitivo. Lo interrogaron, pero cuando les dijo que era siervo de Cristo y había emprendido el viaje por devoción, se negaron a creerle y lo encerraron en prisión, tratándolo muy cruelmente. Después de algún tiempo descubrieron su identidad y lo pusieron en libertad, pero al regresar a su casa fue recibido con escarnios y burlas por su fracasada fuga.

 

Aunque todavía deseaba consagrarse a Dios, los parientes de Lucas no querían dejarle ir, pero dos monjes, que iban camino de Roma a Tierra Santa y eran atendidos hospitalariamente por Eufrosina lograron convencerla para que dejara a su hijo viajar con ellos hasta Atenas. Allí entró a un monasterio, pero no se le permitió permanecer mucho tiempo. Un día el superior lo llamó y le dio a entender que su madre se le había aparecido en una visión, y que lo necesitaba, que lo mejor sería que fuera a su casa para ayudarla. Así pues, Lucas regresó una vez más y fue recibido con alegría y sorpresa; pero después de cuatro meses, la misma Eufrosina se convenció de que su hijo tenía una verdadera vocación a la vida religiosa y ya no se opuso más. Lucas construyó una ermita en el Monte Joanitsa cerca de Corinto, adonde se fue a vivir; tenía entonces dieciocho años de edad. Llevaba una vida de austeridad casi increíble; pasaba las noches en oración, privándose casi por completo del sueño. Sin embargo, estaba lleno de alegría y caridad, aunque a veces tenía que luchar violentamente contra las tentaciones. Recibió tantas gracias de Dios que por su medio se obraban milagros, tanto durante su vida como después de su muerte. Es uno de los primeros santos de quienes se cuenta que se le vio elevado del piso en oración. La celda de san Lucas fue convertida en oratorio después de su muerte y la llamaron Soteno o Soterión (lugar de curación).



Fuente: eltestigofiel.org

07/02 - Partenio, Obispo de Lampsaco


El Santo Partenio, Obispo de Lampsaco, nació en la ciudad de Melitópolis, en el Noroeste de Asia Menor (hoy Turquía), donde su padre, llamado Cristóbal, era el diacono.


El joven Partenio no fue formalmente educado, pero aprendió las Sagradas escrituras asistiendo a los oficios de la Iglesia. Tenía un corazón noble y distribuía sus ganancias como pescador entre los pobres del pueblo.


Repleto de la Gracia de Dios, San Partenio desde la edad de dieciocho años era capaz de sanar a muchos enfermos en el nombre de Cristo, echaba demonios y obraba milagros. Al enterarse el Obispo Fileto de Melitópolis de la vida virtuosa de este joven, lo educó y lo ordenó presbítero.


En el año 325, durante el reinado de Constantino el Grande, el Arzobispo Aquiles de Cízico lo hizo Obispo de la ciudad de Lampsaco (Asia Menor), donde muchos de sus habitantes eran paganos. El Santo comenzó a difundir la fe en Jesucristo fervientemente, confirmándola con muchos milagros y sanando a los enfermos.


Al presenciar las obras milagrosas de San Partenio, los paganos de Lampsaco comenzaron a creer en Dios y dejar las costumbres paganas. Entonces el Santo acudió al emperador Constantino el Grande pidiéndole permiso para derribar el templo pagano y construir una Iglesia Cristiana en su lugar. El emperador recibió al Santo con honores y le entregó un decreto de autorización para derrumbar el templo pagano y también proveyendo ayuda para construir la Iglesia.


Al regresar a Lampsaco, el Santo Partenio ordenó el derrumbe del templo y en ese lugar de la ciudad se construyó una bella Iglesia dedicada a Dios. En los escombros del templo derribado, San Partenio descubrió una bella plancha de mármol, la cual decidió usar para construir el altar. Inmediatamente se ordenó comenzar el trabajo de la piedra, que fuera trasladada a la Iglesia. En trámites de llevar la piedra a la Iglesia, la maldad del enemigo se manifestó cuando, enfurecido por que se usara el mármol del templo pagano para construir el altar Cristiano, el demonio cometió un acto repugnante contra el traslado de la piedra, volcando el coche donde la llevaban, causando la muerte del conductor Eutiquio. San Partenio restauró la vida del conductor por medio de sus oraciones, avergonzando al enemigo, quien quería frustrar la labor de Dios.



Fuente: crkvenikalendar.com

Sábado de la XVII Semana de Lucas


Lc 20,46-47;21,1-4: Dijo el Señor a sus discípulos: «Guardaos de los escribas, que gustan de pasear con amplias y ricas túnicas y son amigos de ser saludados en las plazas y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; devoran las casas de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Estos recibirán una condenación más rigurosa». Alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo: «En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Sábado de la XXXIV Semana


1 Tim 6,11-16: Hijo, Timoteo, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos. Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor y poder eterno. Amén.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española