16/04 - Las Santas Mártires Ágape, Quionia e Irene


En el año 303 el emperador Diocleciano publicó un decreto que condenaba a la pena de muerte a quienes poseyesen o guardasen una parte cualquiera de la Sagrada Escritura. En aquella época vivían en Tesalónica de Macedonia tres hermanas cristianas, Ágape, Quionia e Irene, hijas de padres paganos, que poseían varios volúmenes de la Sagrada Escritura. Tan bien escondidos los tenían, que los guardias no los descubrieron sino hasta el año siguiente, después de que las tres hermanas habían sido arrestadas por otra razón.


Dulcicio presidió el tribunal, sentado en su trono de gobernador. Su secretario, Artemiso, leyó la hoja de acusaciones, redactada por el procurador. El contenido era el siguiente: "El pensionario Casandro saluda a Dulcicio, gobernador de Macedonia, y envía a su Alteza seis cristianas y un cristiano que se rehusaron a comer la carne ofrecida a los dioses. Sus nombres son: Ágape, Quionia, Irene, Casia, Felipa y Eutiquia. El cristiano se llama Agatón."


El juez dijo a las mujeres: "¿Estáis locas? ¿Cómo se os ha metido en la cabeza desobedecer al mandato del emperador?" Después, volviéndose hacia Agatón, le preguntó: "¿Por qué te niegas a comer la carne ofrecida a los dioses, como lo hacen los otros subditos del emperador?" "Porque soy cristiano, replicó Agatón. "¿Estás decidido a seguir siéndolo?" "Sí." Entonces, Dulcicio interrogó a Ágape sobre sus convicciones religiosas. Su respuesta fue: "Creo en Dios y no estoy dispuesta a renunciar al mérito de mi vida pasada, cometiendo una mala acción." "Y tú, Quionia, ¿qué respondes?" "Que creo en Dios y por consiguiente no puedo obedecer al emperador." A la pregunta de por qué no obedecía al edicto imperial, Irene respondió: "Porque no quiero ofender a Dios." " ¿ Y tú , Casia?", preguntó el juez. "Porque deseo salvar m i alma. " ¿ De modo que no estás dispuesta a comer la carne ofrecida a los dioses?" "¡No!" Felipa declaró que estaba dispuesta a morir antes que obedecer. Lo mismo dijo Eutiquia, una viuda que pronto iba a ser madre. Por esta razón, el juez mandó que la condujesen de nuevo a la prisión y siguió interrogando a sus compañeros: "Ágape, preguntó, ¿has cambiado de decisión? ¿Estás dispuesta a hacer lo que lineemos quienes obedecemos al emperador?" "No tengo derecho a obedecer al demonio", replicó la mártir; todo lo que digas no me hará cambiar." "¿Cuál es tú última decisión, Quionia?", prosiguió el juez. " La misma de antes." "¿No poseéis ningún libro o escrito referente a vuestra impía religión?" " No . El emperador nos los ha arrebatado todos." A la pregunta del juez de quién las las había convertido al cristianismo, Quionia respondió simplemente: "Nuesto Señor Jesucristo."


Entonces Dulcicio dictó la sentencia: "Condeno a Ágape y a Quionia a ser quemadas vivas por haber procedido deliberada y obstinadamente contra los edictos de nuestros divinos emperadores y cesares y porque se niegan a renunciar a la falsa religión cristiana, aborrecida por todas las personas piadosas. En cuanto a los otros cuatro, los condeno a permanecer prisioneros hasta que yo lo juzgue conveniente."


Después del martirio de sus hermanas mayores, Irene compareció de nuevo ante el gobernador, quien le dijo: "Ahora se ha descubierto vuestra superchería; cuando te mostramos los libros, pergaminos y escritos referentes a la impía religión cristiana, tuviste que reconocer que eran tuyos, aunque antes habías negado los hechos. Sin embargo, a pesar de tus crímenes, estoy dispuesto a perdonarte, con tal de que adores a los dioses . . . ¿Estás dispuesta a hacerlo?" "No", replicó Irene, "pues con ello correría peligro de caer en el infierno." "¿Quién te aconsejó que ocultaras esos libros y escritos tanto tiempo?" "Nadie me lo aconsejó fuera de Dios, pues ni siquiera lo dijimos a nuestros criados para que no nos denunciaran." "¿Dónde os escondisteis el año pasado, cuando se publicó el edicto imperial?" "Donde Dios quiso: en la montaña." "¿Con quién vivíais?" "Al aire libre; a veces en un sitio, a veces en otro." "¿Quién os alimentaba?" "Dios, que alimenta a todos los seres vivientes." "¿Vuestro padre estaba al corriente?" No, ni siquiera lo sospechaba." "¿Quién de vuestros vecinos estaba al tanto?" "Manda preguntar a los vecinos." "Cuando volvisteis de las montañas, ¿leísteis esos libros a alguien?" "Los libros estaban escondidos y no nos atrevíamos a sacarlos; eso nos angustiaba, pues no podíamos leerlos día y noche, como estábamos acostumbradas a hacerlo."


La sentencia que dictó el gobernador contra Irene fue más cruel que la pena impuesta a sus hermanas. Dulcicio declaró que Irene había incurrido también en la pena de muerte por haber guardado los libros sagrados, pero que sus sufrimientos serían más prolongados. En seguida ordenó que la llevasen desnuda a una casa de vicio y que los guardias vigilasen las puertas. Como el cielo protegió la virtud de la joven, el gobernador la mandó matar. Las actas afirman que pereció en la hoguera, obligada a arrojarse ella misma a las llamas. Algunas versiones posteriores dicen que murió con la garganta atravesada por una flecha.


Ante el ejemplo de estas mujeres que prefirieron morir antes que entregar la Sagrada Escritura y, ante el ejemplo de los monjes que pasaron su vida más tarde en copiar e iluminar los Evangelios, se impone un examen del aprecio en que tenemos la Palabra de Dios. Irene y sus hermanas se angustiaban de no poder leer la Sagrada Escritura día y noche. Muchos de nosotros no la leemos cada día, a pesar de que tenemos la oportunidad de hacerlo. La historia de Ágape, Quionia e Irene es una lección saludable.



Fuente: Butler Alban - Vida de los Santos

Jueves Brillante (Luminoso/Radiante) o de la Renovación


Hch 2,38-43: En aquellos días, Pedro le dijo al pueblo: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro». Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas. Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos.


Jn 3,1-15: En aquel tiempo, había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

15/04 - Crescente (Crescencio) el Mártir


La gesta de este mártir proviene del menologio del emperador Basilio I, una importante fuente que testimonia el culto de algunos mártires antiguos, y que nos serían desconocidos de otra manera. Al tratarse de un documento ligado al culto, sólo secundariamente posee datos biográficos, por lo que apenas sabemos de Crescente que era un anciano de Mira, ciudad de Licia (conocida entre otras razones por ser la ciudad del gran san Nicolás), que procedía de una ilustre familia y que exhortaba a abandonar el culto de los falsos dioses y abrazar la fe de Cristo. En efecto, discípulo del Apóstol Pablo, Crescente demostró a lo largo de toda su vida  una devoción asombrosa. Incluso ni con su avanzada edad paró de luchar por la vuelta de los idólatras a la fe cristiana.


Cuando vio florecer la impiedad y que la adoración de los ídolos iba en aumento, siendo muchos esclavizados por el engaño ofreciendo sacrificios a las imágenes sin alma, el bendito se conmovió y con diligencia fue en medio de los idólatras; amonestándolos para que abstuviesen de esta ilusión, intentó convertirlos al Verdadero Dios en el que creen los cristianos, que es el Creador de todo lo que respira, y el Dador de toda vida.


Cuando el gobernante de la ciudad fue informado de su acción, llamó al santo y le advirtió que si no paraba inmediatamente de predicar a Cristo, tendría que martirizarle, y eso sería muy injusto dada su edad avanzada. Pero Crescencio, con honradez y con una valentía no acostumbrada para su edad, le respodió que las torturas para él serían algo muy benéfico y un triunfo sobre la muerte. El gobernador le dijo al Santo que estaba poseído por demonios y que era un pobre desgraciado por querer voluntariamente soportar los tormentos. El Santo le respondió diciendo: «El sufrimiento por causa de Cristo trae éxito y felicidad». Cuando el gobernador le preguntó cuál era su nombre y el de su padre, el Santo solo dio la siguiente respuesta a sus preguntas: «Soy cristiano». Luego el gobernador le aconsejó que mostrara al menos respeto hacia los ídolos dando culto a los dioses de manera externa y que con su mente y corazón se dirigiera al Dios en el que creía, pero el mártir negó rotundamente ese proceder, no mostrando ninguna reverencia a los ídolos y diciendo: «El cuerpo no es capaz de hacer nada por sí mismo si no es por la voluntad del alma, ya que es por ésta por la que el cuerpo se mueve y gobernado».


Habiendo dicho esto, primero el Santo fue suspendido y lacerado. Luego se encendió un fuego en el que fue arrojado. Sin embargo, este fuego ni siquiera destruyó un pelo de su cabeza. Entonces agradeció a Dios y entregó su alma en Sus manos, recibiendo de Él la corona inmarchitable del martirio y triunfando de la fuerza, la osadía y los halagos de los enemigos.



Fuente: eltestigofiel.org / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Miércoles Brillante (Luminoso/Radiante) o de la Renovación


Hch 2,22-38: En aquellos días, Pedro le dijo al pueblo: «Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro. Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que no lo abandonará en el lugar de los muertos y que su carne no experimentará corrupción. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo. Pues David no subió al cielo, y, sin embargo, él mismo dice: Oráculo del Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”. Por lo tanto, con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías».


Jn 1,35-51: En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y veréis». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)». Al día siguiente, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme». Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Guadalupe (Cáceres) - Peregrinación


La administración de Cristianismo bizantino está organizando para el sábado 23 de mayo de 2026 una peregrinación a Guadalupe (Cáceres) con el siguiente programa:


11:00 Llegada y visita a la Basílica del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe para venerar la imagen de la Patrona de Extremadura, considerada asimismo Reina de la Hispanidad.


12:00 Santa Misa (en rito latino) en la Basílica (opcional; alternativamente, tiempo libre).


12:50 Visita guiada a los Museos, incluidas las obras de inspiración bizantina de «El Greco».


14:00 Almuerzo.


16:30 Recitación conjunta del Oficio de Típica.


17:00 Fin de la peregrinación.


La visita a la Basílica y la asistencia a la Misa y al Oficio son gratuitas, pero la entrada a los Museos tiene un coste de 7€ (6€ los mayores de 65 años y 3€ los niños de 4 a 13 años) que ha de ser sufragado por cada uno, así como el importe del almuerzo.


Se ruega confirmación de asistencia: cristianismo-bizantino@outlook.com