16/08 - Diomedes (Diómedes) el Médico y Mártir de Tarso


San Diomedes nació en Tarso de Cilicia y estudió ciencias médicas. Su conocimiento científico no lo enorgullecía, sino que conservaba la piedad y la devoción con que sus padres lo criaron.


Y como el Señor, el médico de los cuerpos y de las almas de los hombres, "él les recibía, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados." (Luc., 9:11).


Diomedes, imitando a su Señor, desempeñaba desinteresadamente y de modo filantrópico la profesión médica. Al mismo tiempo que Diomedes curaba los cuerpos, predicaba calurosamente a los enfermos la verdad salvífica del Evangelio y ayudaba a muchas almas a ser conducidas al Salvador Cristo. Él iluminó a muchos paganos para creer en Cristo, y los bautizó. La Iglesia lo venera como un sanador no mercenario (anárgiro) y lo menciona durante el Misterio de la Santa Unción. 


El divino entusiasmo llevó a Diomedes hasta Nicea de Bitinia. Dondequiera que estuviese tratando a pacientes, también enseñaba y cultivaba la fe. Pero cuando la persecución de Diocleciano contra los cristianos  comenzó, la actividad de Diomedes fue denunciada al emperador Diocleciano. Entonces éste ordenó arrestar a Diomedes. Pero antes de ser arrestado, Dios lo llamó junto a Él y los soldados enviados lo encontraron muerto. Esto sucedió en el año 298 d.C. Aún así, estando muerto, los soldados lo decapitaron y llevaron su cabeza al emperador, como prueba de que habían cumplido sus órdenes. Ante tal acción, fueron cegados. 


Diocleciano dio órdenes de devolver la cabeza al cuerpo. Cuando los soldados cumplieron la orden, su vista fue restaurada y creyeron en Cristo.


Las islas Diómedes (o Diomedes) derivan su nombre de este santo. El explorador ruso Vitus Bering vio las islas Diómedes el 16 de agosto de 1728, el día en que la Iglesia Ortodoxa Rusa celebra el recuerdo de San Diomedes. 



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

16/08 - Traslación de la Imagen de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo (el Santo Mandilio)


Las primeras imágenes del rostro del Salvador aparecen en lienzos atribuidos a manos no humanas, iconos conocidos por su denominación griega de “ajeiropoíetos”.


Estas primeras imágenes de Cristo, acompañadas desde el incio por signos milagrosos, son con razón, algunas de las reliquias más importantes del cristianismo y sirven como modelos para el resto de los iconos milagrosos de la gran tradición eclesial. Cada una viene acompañada de una tradición o, como es el caso de aquellas que se presentan con diferentes iconos semejantes, de varias historias.


El Mandilio recoge la primera tradición sobre el origen de estos iconos señalando que es el propio Jesús, secándose con una tela, el que imprime en ella su rostro de forma milagrosa, produciendo literalmente un ajeiropoíetos, es decir, una imagen no realizada por manos humanas.


Dice esta primera tradición que estando enfermo Abgar, gobernante de la ciudad de Edesa, escuchó lo que se decía acerca de los signos milagrosos que el judío Jesús hacía y creyó en él y en su poder divino. Movido por el deseo de curarse, envió a un cierto Ananías, un pintor afamado de su corte, a pintar la imagen de Jesús y a entregarle una carta pidiendo la curación.


Cuando Cristo vio que Ananías intentaba hacerle un retrato sin conseguirlo, pues la luz que emanaba el rostro de Jesús se lo impedía, tomó agua, se lavó y secó la cara con un paño, quedando su imagen impresa en el mismo. En ella su barba, mojada tras el lavado, aparecía hirsuta, en forma de cuña de una sola hebra, y el pelo caído sobre los lados con cierta simetría. Jesús entregó este paño a Ananías y, junto con una carta de contestación para Abgar, lo despachó para Edesa.


En esta carta, Cristo indicaba que no podía ir a Edesa porque su misión aún no se había consumado, pero le aseguró que uno de sus discípulos le iría a visitar cuando ésta se hubiera cumplido. Abgar, al recibirla, puso esta imagen no realizada por manos humanas en su rostro e inmediatamente se curó. Desde entonces, esta imagen de Cristo se consideró el primer icono milagroso de la historia.


La segunda tradición mantiene la esencia del relato con modificaciones importantes. Según ella, Cristo, conociendo la petición de Abgar, se retiró a orar, tras lo cual se lavó y secó la cara. Posteriormente, ordenó al apóstol Tomás que después de su resurrección entregara esa toalla, donde se había impreso su cara milagrosamente, al rey Abgar.



Mientras, Jesús contestó a la carta de Abgar con otra, dándole cuenta de las instrucciones que había dejado para que uno de sus discípulos le visitase después de su muerte y resurrección. Tomás, después de la Ascensión de Cristo, cumplimentó el mandato a través de Thadeus, a quien entregó la toalla con la imagen, con el mandato de llevarla a Edessa y entregarla a Abgar.


Abgar, conmovido por la curación obtenida con la imagen, no sólo se convirtió a la fe cristiana, sino que proclamó el milagro en su ciudad, adornó con lujo la imagen y la colocó en un hueco hecho en la parte superior del arco de piedra de la puerta de Edesa, de manera que todo el que entrara en la ciudad pudiera adorar la imagen sagrada.


La fama del Mandilio se extendió por las regiones vecinas hasta el punto que en Bizancio se convirtió en uno de los argumentos de los iconópatas en sus disputas con opositores durante el período de iconoclasia (730 – 843). En las "Actas del Séptimo Concilio Ecuménico" (787), que fijó la teología de la imagen en el cristianismo y restauró la veneración de los íconos, la Santa Faz se menciona varias veces. Incluso el Papa de Roma Gregorio II, en la carta enviada al Concilio, se hace eco de la amplia veneración de este ícono en la ciudad de Edesa.


No es de extrañar que, años después, la permanencia del Mandilio, que era la reliquia más importante de Cristo, en territorio musulmán se considerase una afrenta en los territorios del imperio bizantino y, por tanto, se convirtiese en un objetivo de gran importancia política el rescatarla de Edesa.


En 944 el emperador romano Lakapin (920-944) pone cerco a Edesa y exige el rescate de la Imagen y la carta de Cristo a Agvar. El emir de Edesa evitó el saqueo de la ciudad conviniendo la entrega de las santas reliquias cristianas bajo las siguientes condiciones: Roma garantizaría la seguridad de las ciudades de Edesa, y sus vecinas Haran, Saroci y Samósata, la liberación de 200 cautivos y el pago de 12.000 monedas de plata.


En 944, la imagen de Edessa se trasportó solemnemente a Constantinopla. La descripción de la llegada triunfal de Mandilio a Constantinopla es de gran importancia histórica, cuyos detalles conocemos principalmente por el "Cuento del emperador Constantino". El Mandilio llegó a la capital el 15 de agosto de 944, día de la Asunción de Nuestra Señora. Las celebraciones principales tuvieron lugar el día siguiente, el 16 de agosto, que ha quedado señalado como el día de la transferencia del Mandylion a Constantinopla, y aún hoy permanece así en el calendario de la Iglesia bizantina.


Cuando el 29 de Mayo de 1453 Constantinopla fue tomada por los turcos, durante el reinado de Constantino XII, cuenta una tradición que los hijos del Emperador huyeron a Roma, llevado consigo la Santa Faz, que entregó al Papa de Roma Nicolás V. Según parece, el Mandilio se mantuvo en París, en la Saint-Chapelle, junto con una corona de espinas, la lanza de Longino y otras reliquias. Pero, a diferencia de éstas, su rastro se perdió durante la Revolución.


LECTURAS


1 Tim 3,13-16;4,1-5: Hijo mío, Timoteo, quienes ejercen bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente a la fe que se funda en Cristo Jesús. Aunque espero estar pronto contigo, te escribo estas cosas por si tardo, para que sepas cómo conviene conducirse en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. En verdad es grande el misterio de la piedad, el cual fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, mostrado a los ángeles, proclamado en las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria. El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos se alejarán de la fe por prestar oídos a espíritus embaucadores y a enseñanzas de demonios, inducidos por la hipocresía de unos mentirosos, que tienen cauterizada su propia conciencia, que prohíben casarse y mandan abstenerse de alimentos que Dios creó para que los creyentes y los que han llegado al conocimiento de la verdad participen de ellos con acción de gracias. Porque toda criatura de Dios es buena, y no se debe rechazar nada, sino que hay que tomarlo todo con acción de gracias, pues es santificado por la palabra de Dios y la oración.


Lc 9,51-57;10,22-24;13,22: En aquel tiempo, cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». «Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron». Y pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.



Fuente: rezarconlosiconos.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

XI Domingo de Mateo


El rey que aparece en la parábola es el Señor, a Quien pertenece «el poder de la remisión de los pecados». Parece que el Reino de Dios requiere justicia, y que el Señor ajustará cuentas con los siervos. Pero los criterios de su juicio difieren de lo humano: la justicia de Dios es su amor, y eso explica la contradicción aparente en las dos frases del Salmo que leemos en el servicio de Completas: «atiéndeme con tu justicia y no entres en juicio con tu siervo» (Sal 142:2). Pues «atiéndeme con tu justicia» –a saber, con tu misericordia– remata con «no entres en juicio con tu siervo», ya que nadie tiene el mérito y la dignidad sino por la Gracia de Dios.


En la parábola, el amo juzgó a su siervo de la misma manera; pues si lo hubiera juzgado según nuestra justicia humana, hubiera sido vendido «él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía». Pero la diferencia entre los juicios del Señor y los nuestros es tan grande como la diferencia entre misericordia y derechos, entre amor e intereses, entre perdón y venganza.


Los números que la parábola menciona son dignos de atención. Pues mientras el siervo debía al Señor diez mil talentos (diez mil era el número más grande de aquel tiempo), el otro siervo le debía solamente cien denarios. ¿Qué es lo que un hombre le puede deber a otro? Algún dinero, servicio o maltrato; pero a Dios le debemos todo. Si contempláramos la grandeza de los divinos dones para con nosotros, comprenderíamos lo inalcanzable que es su amor y que nuestra deuda es imposible de pagar.


La parábola deja claro por qué el Rey condenó al siervo: no por estar endeudado sino por ser «siervo malvado»; no por la gran deuda que debía sino por la pequeña que no perdonaba. Nuestro pecado consiste en que no tratamos al prójimo de la manera con la que Dios nos atiende.


«Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.» Nuestra actitud horizontal (con nuestros deudores) condiciona nuestra petición vertical (perdona nuestras deudas). Cada vez que digamos esta frase en el «Padre nuestro», cuidemos que nuestra petición no sea propia condenación sino un gemido que atraiga la ternura de Dios y ablande la dureza de nuestro corazón.


«No será justificado ante Ti ningún viviente» (Sal 142:2), sino el que se apiada del prójimo y olvida sus ofensas. Amén.


LECTURAS


1 Cor 9,2-12: Hermanos, si para otros no soy apóstol, para vosotros sí lo soy; pues el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. Mi defensa contra los que me acusan es esta: ¿Acaso no tenemos derecho a comer y a beber? ¿Acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer hermana en la fe, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas? ¿Acaso somos Bernabé y yo los únicos que estamos privados del derecho a dejar el trabajo? ¿Quién hace el servicio militar a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come su fruto? ¿O quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño? ¿Acaso digo esto desde una perspectiva humana? ¿O no lo dice también la ley? Pues en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Acaso se preocupa Dios de los bueyes? ¿No lo dice precisamente por nosotros? Por nosotros precisamente se escribió que el que ara debe arar con esperanza y el que trilla con la esperanza de tener parte en la cosecha. Si nosotros hemos sembrado entre vosotros lo espiritual, ¿será extraño que cosechemos lo material? Si otros gozan de ese derecho entre vosotros, ¿no lo tendremos más nosotros? Pero no hemos utilizado este derecho, sino que todo lo soportamos, para no poner impedimento al Evangelio de Cristo.


Mt 18,23-35: Dijo el Señor esta parábola: «Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».



Fuente: iglesiaortodoxa.org.mx / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

15/08 - Sinaxis del Icono de la Santísima Madre de Dios de las Cuevas de Kiev


El Icono de la Dormición de la Santísima Theotokos, ubicado en las Cuevas de Kiev, es uno de los iconos más antiguos de la Iglesia de la Rus. La Madre de Dios lo confió a cuatro arquitectos bizantinos, quienes en 1073 lo llevaron a los santos Antonio y Teodosio de las Cuevas de Kiev. Los arquitectos llegaron a la cueva de los monjes y preguntaron: "¿Dónde queréis construir la iglesia?". Los santos respondieron: "Id, el Señor os indicará el lugar".


"¿Cómo es que vosotros, que estáis a punto de morir, aún no habéis designado el lugar?", preguntaron los arquitectos. "Además, vosotros en persona nos entregasteis mucho oro".


Entonces los monjes convocaron a todos los hermanos y comenzaron a interrogar a los griegos, diciendo: "Decidnos la verdad. ¿Quién os envió y cómo habéis llegado hasta aquí?".


Los arquitectos respondieron: «Un día, mientras cada uno dormía en su casa, unos hermosos jóvenes se acercaron a nosotros al amanecer y nos dijeron: «La Reina os llama a las Blanquernas». Llegamos todos al mismo tiempo y, tras preguntarnos unos a otros, supimos que todos habíamos escuchado esta orden de la Reina y que los jóvenes se nos habían aparecido a cada uno de nosotros. Finalmente, contemplamos a la Reina del Cielo con una multitud de guerreros. Nos inclinamos ante Ella y dijo: «Quiero construirme una iglesia en la Rus, en Kiev, y os pido que la hagáis. Llevad suficiente oro para tres años».


«Nos inclinamos y preguntamos: «¡Señora Reina! Nos envías a una tierra extranjera. ¿A quién se nos envía?». Ella respondió: «Os envío a los monjes Antonio y Teodosio».


«Nosotros preguntamos: «¿Por qué entonces, Señora, nos das oro para tres años? Dinos lo que nos concierne, qué comeremos y qué beberemos, y dinos también qué sabes al respecto”. La Reina respondió: ‘Antonio os dará la bendición y luego partirá de este mundo al reposo eterno. El otro, Teodosio, lo seguirá después de dos años. Por lo tanto, tomad suficiente oro. Además, nadie puede hacer lo que yo haré para honraros. Os daré lo que ojo no vio, oído no oyó y lo que no ha entrado en corazón de hombre (1 Cor. 2:9). Yo misma iré a contemplar la iglesia y moraré en ella’”.


“También nos dio reliquias de los santos mártires Menigno, Polieucto, Leoncio, Acacio, Aretas, Santiago y Teodoro, diciendo: ‘Colocad estas reliquias dentro de los cimientos’. Tomamos oro de sobra, y Ella dijo: ‘Salid y ved la iglesia resplandeciente’. Salimos y vimos una iglesia en el aire. Al entrar de nuevo, nos inclinamos y dijimos: ‘Señora Reina, ¿cómo se llamará la iglesia?’”.


“Ella Respondió: «Quiero llamarla según mi propio nombre». No nos atrevimos a preguntarle cuál era su nombre, pero Ella repitió: «Será la iglesia de la Madre de Dios». Tras entregarnos este icono, dijo: «Este icono se colocará dentro». Nos inclinamos ante Ella y nos fuimos a nuestras casas, llevando con nosotros el icono que recibimos de manos de la Reina.


Al oír esto, todos glorificaron a Dios, y San Antonio dijo: «Hijos míos, nosotros nunca hemos abandonado este lugar. Aquellos apuestos jóvenes que os convocaron eran santos ángeles, y la Reina de las Blanquernas era la Santísima Theotokos. En cuanto a quienes se nos parecían y al oro que os dieron, solo el Señor sabe cómo se dignó hacer esto con sus siervos. ¡Bendita sea vuestra llegada! Estáis en buena compañía: el venerable icono de la Señora». Durante tres días, San Antonio oró para que el Señor le mostrara el lugar para la iglesia.


Después de la primera noche, cayó rocío por toda la tierra, pero quedó seco en el lugar sagrado escogido. A la segunda mañana, toda la tierra estaba seca, pero el lugar sagrado estaba empapado de rocío. A la tercera mañana, oraron y bendijeron el lugar, y midieron el ancho y el largo de la iglesia con una faja de oro. (Esta faja había sido traída hacía mucho tiempo por el varego Simón, quien tuvo una visión sobre la construcción de una iglesia). Un rayo que cayó del cielo por la oración de San Antonio indicó que ese lugar le agradaba a Dios. Así se colocaron los cimientos de la iglesia.


El icono de la Madre de Dios fue glorificado por numerosos milagros. Dos amigos, Juan y Sergio, sellaron su amistad ante él. Después de muchos años, Juan enfermó de muerte. Donó parte de su riqueza al monasterio de las Cuevas y le dio a Sergio la parte para su hijo de cinco años para su custodia. También le confió la tutela de su hijo Zacarías. Cuando Zacarías cumplió quince años, pidió su herencia, pero Sergio insistió en que Juan lo había distribuido todo a los pobres. Incluso entró en la iglesia de la Dormición y juró ante el icono milagroso que no se había llevado nada.


Cuando intentó besar el icono, no pudo acercarse. Fue a las puertas y de repente gritó: "¡Santos Antonio y Teodosio! Que no me castiguen por mi deshonestidad. Rogad a la Santísima Theotokos que aleje la multitud de demonios que me atormentan. Que se lleven el oro y la plata. Están sellados en mi granero". Zacarías donó toda su herencia al monasterio de las Cuevas, donde también fue tonsurado monje. Desde ese momento, nadie haría juramentos ante el icono milagroso (24 de marzo).


En más de una ocasión, el icono defendió la tierra de la invasión enemiga. En 1677, cuando los turcos sitiaron Chigirin y el peligro amenazaba Kiev, llevaron el icono en procesión por la ciudad durante casi todo el día 27 de agosto. La Madre de Dios bendijo a los ejércitos que iban a la batalla de Poltava (1709). En 1812 el icono fue procesionado de nuevo por Kiev. El icono se conmemora dos veces al año: el 3 de mayo y el 15 de agosto.



Fuente: oca.org

Traducción del ingles: Google Translate

Adaptación propia

15/08 - Dormición de la Santísima Madre de Dios y Siempre Virgen María


Después de la ascensión del Señor, la Madre de Dios permaneció bajo el cuidado del apóstol y evangelista Juan, y durante los viajes de este ella solía quedarse en la casa de sus allegados cerca del Monte de los Olivos. Su función en la primitiva iglesia fue ser fuente de consolación y de edificación tanto para los apóstoles como para los creyentes. 


Durante la persecución que inició el rey Herodes en contra de la joven Iglesia de Cristo (Hechos 12:1-3), la Madre de Dios y el Apóstol Juan se dirigieron a la ciudad de Éfeso en el año 43. También viajó a Chipre para estar con San Lázaro, el resucitado por el Señor, donde este era obispo, como también estuvo en el Monte Athos. San Esteban de la Santa Montaña dice que la Madre de Dios proféticamente dijo: “Dejad que este lugar sea entregado a mi hijo y Dios. Yo protegeré este lugar e intercederé ante Dios por él”.


De acuerdo a la Santa Tradición, basada en las palabras de los mártires Dionisios el Areopagita (3 de octubre) e Ignacio el revestido de Dios (20 de diciembre) San Ambrosio de Milán (7 de diciembre) tuvo la oportunidad de escribir en su obra “Sobre las vírgenes” que la Madre de Dios “era virgen no solo de cuerpo, sino también de alma, humilde de corazón, de pocas palabras, sabia en su mente, trabajadora y prudente. Su regla de vida era la de no ofender a nadie sino hacer el bien a todos”.


Las circunstancias en que sucedió la dormición de la Madre de Dios se conocieron en la Iglesia desde tiempos apostólicos. Ya en el primer siglo de la cristiandad, San Dionisio el Areopagita escribió sobre su “dormición”. En el siglo II, la historia de que su cuerpo subió a los cielos la encontramos en las obras de Melitón, Obispo de Sardis. En el siglo IV, San Epifanio de Chipre hace referencia a la tradición sobre la “dormición” de la Madre de Dios. En el siglo V, San Juvenal, Patriarca de Jerusalén, le dice a la Emperatriz Bizantina Pulqueria: “pese a que no existen datos sobre su muerte en las sagradas Escrituras, sabemos sobre todo esto de  la más antigua y creíble tradición”.  Dicha tradición fue expuesta en la historia de la Iglesia de Nicéforos Callistos durante el siglo XIV.


En el momento de su dormición, la Madre de Dios estaba de regreso en Jerusalén. Día y noche perseveraba en la oración e iba con frecuencia al Santo Sepulcro. En una de esas visitas, el Arcángel Gabriel apareció ante ella y le anunció que pronto dejaría esta vida. Así es que ella decidió visitar por última vez Belén llevando consigo las tres jóvenes que la atendían (Séfora, Abigail y Jael). Antes de esto le anunció a José de Arimatea y a otros discípulos que pronto partiría de este mundo.


En su oración, la Madre de Dios pidió que el Apóstol Juan  viniera a verla por última vez. El Espíritu Santo lo trajo desde Éfeso. Después de la oración, María ofreció incienso y Juan escuchó una voz del cielo que concluía la oración de la Virgen y que decía “amén”. La Madre de Dios interpretó que la voz significaba que pronto los apóstoles y los discípulos llegarían hasta el lugar en el que ella se encontraba.


Los creyentes, reunidos en gran número a su alrededor, dice San Juan Damasceno, escucharon las últimas palabras de la Madre de Dios.  Ninguno sabía la razón de encontrarse presentes en este lugar hasta que San Juan se acercó a ellos, con lágrimas, y explicándoles que el Señor había decidido juntarlos a todos nuevamente para la dormición de la Madre de Dios.


También apareció entre los presentes el apóstol Pablo con sus discípulos Dionisio el Areopagita, Hieroteos y San Timoteo y algunos de los setenta.


A la tercera hora del día (9 de la mañana) la dormición de la Madre de Dios se llevó a cabo. Los apóstoles se acercaron a su lecho y ofrecieron alabanzas a Dios. De repente, la luz de la divina Gloria resplandeció enfrente de ellos. El mismo Cristo apareció rodeado de ángeles y profetas.


Viendo a su Hijo, la Virgen María exclamó “mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador por que ha visto la humildad de su esclava” (Lc 1:46). Así entregó su alma a su Hijo y Dios; milagrosa fue la vida de la Purísima Virgen y maravillosa su dormición.


A partir de ese momento comenzaron a preparar el entierro de su cuerpo purísimo. Los apóstoles fueron los encargados de llevar su féretro sobre sus hombros. Esta procesión se realizó por toda Jerusalén hasta llegar al jardín del Getsemaní.


Un sacerdote judío de aquella ciudad llamado Efonio, lleno de odio, quiso tirar el féretro que transportaba el cuerpo de la Purísima Madre de Dios. El Arcángel Miguel cortó sus manos. Viendo esto se arrepintió y confesó la majestad de la Madre de Dios y así comenzó a ser un ferviente seguidor de Cristo.


Cuando la procesión llegó al jardín del Getsemaní, los apóstoles y los discípulos comenzaron a dar el último adiós a la Virgen María. Recién a medianoche lograron depositar el cuerpo dentro del sepulcro y sellar la entrada con una gran piedra.


Por tres días no se fueron de ese lugar, orando y cantando salmos. Por la providencia de Dios, el apóstol Tomás no estuvo presente en el funeral. Llegando el tercer día a Getsemaní se acercó a la tumba y allí lloró preguntándose por qué no se le había  permitido a él presenciar la partida de la Madre de Dios. Los apóstoles decidieron abrir la tumba para que Tomás pudiera dar su último adiós. Cuando abrieron el sepulcro, solo encontraron sus lienzos y entendieron que su cuerpo también había sido recibido en los cielos por Nuestro Señor.


La tarde del mismo día, estando los apóstoles reunidos en una casa para poder comer, la Madre de Dios se les apareció y les dijo: “Regocíjense, estaré con ustedes todos los días de sus vidas”. Ellos exclamaron “Santísima Madre de Dios, sálvanos” iniciando esta exclamación que acompañará a la Iglesia eternamente.


Esta fiesta que celebramos todos los 15 de agosto es celebrada con mucha reverencia y especial solemnidad en el Getsemaní, el lugar de su entierro.


Una tumba que se convierte en escala para el cielo


Todas las liturgias de las Iglesias cristianas tienen un sentido pedagógico- o, mejor, mistagógico - muy claro. Este aspecto está subrayado claramente en las liturgias del Oriente cristiano: para los creyentes la liturgia es un maestro que instruye sobre la verdad de la fe.


De modo particular esta mistagogía/catequesis de la liturgia la encontramos en las celebraciones de la Madre de Dios, aquella que acogió en su vientre al Verbo eterno de Dios. La presencia de María articula los diversos momentos del año litúrgico de las Iglesias de tradición bizantina: la primera gran fiesta del ciclo litúrgico es la del 8 de septiembre, es decir, la Natividad de la Madre de Dios, y se cierra con la fiesta del 15 de Agosto, su Dormición. Todo el misterio de Cristo que se celebra a lo largo del año litúrgico comienza con la Natividad de María y se cierra con su tránsito y su plena glorificación.


El amor y la veneración por la Madre de Dios es el alma de la piedad de los Iglesias cristianas de Oriente y el corazón que vivifica la comunidad cristiana. El Oriente cristiano, desde sus comienzos, siempre ha contemplado a la Virgen inseparablemente insertada en el misterio del Verbo encarnado. Las Iglesias de Oriente, dirigiéndose a la Madre de Dios, saben que se dirigen a Aquella que intercede ante su Hijo.


La fiesta del 15 de agosto, que en los libros litúrgicos bizantinos lleva el título de "Dormición" de la Madre de Dios, celebra su tránsito y su plena glorificación encuadrándolos en el misterio pascual de Cristo, y es también una de las fiestas más populares entre los fieles. De hecho, es precedida por la llamada "pequeña cuaresma de la Madre de Dios", periodo de oración y de ayuno que comienza el uno de agosto; en estas dos semanas, mientras se llega al día de la fiesta, por la tarde se celebra el oficio de la Paráklisis ("súplica", "invocación", "consolación"), una oración a la Madre de Dios, muy popular y amada por los fieles. En ésta María es invocada como Madre de Dios, Virgen, Madre del Verbo encarnado, Virgen y Madre divina; títulos en relación a su divina maternidad, u otros relacionados a su función en el misterio de la redención: “poderosa en la intercesión, baluarte inexpugnable, fuente de misericordia, causa de alegría, fuente de incorruptibilidad, torre de seguridad”.


En la liturgia del 15 de Agosto, los textos del Oficio y de la Divina liturgia (troparios, kontákia) subrayan el gozo y la alegría. No el luto, el llanto por la muerte, sino la celebración, en su sentido más fuerte y más litúrgico del término, del tránsito de la Madre de Dios. Los textos de la fiesta se centran en todo el misterio de María en la economía de la redención: “protectora, fuente de Vida, trono del Altísimo, Madre de la eterna Luz, Madre de Dios”; Ésta está, como las demás criaturas, sometida a la muerte, pero la Vida que por Ella nació la hace nacer a la verdadera vida.


La liturgia de este día, con expresiones poéticas con frecuencia contrastantes, manifiesta y confiesa a Aquella que es la fe de la Iglesia: "La fuente de la vida es colocada en un sepulcro; la tumba se convierte en escala para el cielo". La profesión de fe de los primeros concilios de la Iglesia se refleja en la liturgia de hoy: "Esposa toda inmaculada y Madre del beneplácito del Padre, aquella que es elegida por Dios como lugar de su unión sin confusión, entrega hoy el alma inmaculada a Dios creador".


La liturgia eucarística ofrece a los fieles dos textos neotestamentarios: El primero (Filipenses, 2, 5-11) es el canto de la humildad de Dios; para glorificar a su creatura, es decir, al hombre, el Verbo de Dios se abaja y se hace hombre; para glorificar, para llevar al hombre a la primitiva gloria, belleza, el Verbo se hace hombre. Es como si la Liturgia Bizantina, concluyendo el año litúrgico – estamos en la última gran fiesta del calendario – entregase a la Iglesia y a cada cristiano estas palabras del Evangelio: Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica.


Finalmente, el icono de la Dormición de la Madre de Dios nos propone casi una “celebración” de la muerte de la Madre de Dios. Cristo en el centro de un semicírculo, con los ángeles entorno, tiene en sus brazos el alma de su Madre. María - muerta, o mejor dicho, adormecida - está colocada en el centro del icono sobre un lecho. Alrededor de Ella están los Apóstoles y unas mujeres llorando. Entre ellos, Pedro y Pablo, es decir, toda la Iglesia. En este icono el lecho de María es también el altar sobre el cual se celebra la liturgia: los Apóstoles que están celebrando alrededor de él, Cristo al fondo, en el ábside, que preside, Pedro que inciensa en el instante de la Gran Entrada.


En la celebración de la Dormición, María se convierte así en prototipo, es decir, en modelo, de la salvación para la Iglesia y para cada uno de los cristianos. María, la Madre de Dios, junto al Verbo encarnado, junto al misterio de la Iglesia, junto al misterio del hombre. El hombre atormentado y perdido conducido por María al puerto que es Cristo mismo; el hombre, objeto de la misericordia divina por medio de la Madre de Dios; el hombre alegrado por Aquella que engendra a Aquél que es la alegría del mundo, Cristo. El hombre es salvado por Dios gracias a la Encarnación del Verbo en el seno de María.


El fenómeno de las «Serpientes de la Madre de Dios» en Cefalonia (Grecia)



Cada año, alrededor de la fiesta de la Transfiguración del Señor el 6 de agosto, misteriosas serpientes aparecen en los pueblos de Marcópulo y Agrinia en la isla griega occidental de Cefalonia, donde hay capillas dedicadas a la Dormición de la Santísima Madre de Dios, permaneciendo allí hasta la fiesta del 15 de agosto.


Normalmente, cientos y miles de fieles peregrinos acuden a los pueblos para contemplar las “Serpientes de la Panagia (la Toda Santa, título de la Madre de Dios)” que parecen salir de la nada y vuelven a desaparecer tras la fiesta de la Dormición. Las serpientes blancas y negras tienen la señal de la cruz en sus cabezas, y sus lenguas tienen forma de cruz.



Las serpientes se arrastran por las iglesias y especialmente alrededor de los iconos de la Theotokos.


Muchos han testificado que cuando tocaron las serpientes, fueron sanados de enfermedades incurables.


La Iglesia de la Dormición en Marcópulo está construida sobre las ruinas de un antiguo monasterio. A principios del siglo XVIII, las monjas del antiguo convento fueron atacadas por piratas. Rezaron fervientemente a la Theotokos por protección, y cuando los piratas entraron en el convento, se aterrorizaron al ver serpientes que se lanzaban hacia ellos y huyeron.


Las serpientes han aparecido todos los años desde entonces, excepto dos años: 1940, el año en que Grecia entró en la Segunda Guerra Mundial, y 1953, el año del devastador terremoto en Cefalonia. Por lo tanto, si las serpientes no aparecen, se cree que es señal de malos tiempos. 


LECTURAS


En Vísperas


Gn 28,10-17: Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán. Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol. Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar. Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido». Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». Y, sobrecogido, añadió: «Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo».


Ez 43,27-44,4: Así dice el Señor: «Concluidos estos días, a partir del día octavo, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar los holocaustos y sacrificios de pacificación, y yo os los aceptaré —oráculo del Señor Dios—». Luego me hizo volver al pórtico exterior del santuario que mira hacia oriente. Estaba cerrado. El Señor me dijo: «Este pórtico permanecerá cerrado. No se abrirá nunca y nadie entrará por él, porque el Señor, Dios de Israel, ha entrado por él. Por eso quedará cerrado. El príncipe, porque es príncipe, podrá sentarse allí para comer el pan en presencia del Señor. Entrará por el vestíbulo del pórtico y saldrá por el mismo camino». Después me llevó por el pórtico septentrional hasta la fachada del templo. Vi que la Gloria del Señor llenaba el templo del Señor.


Prov 9,1-11: La sabiduría se ha hecho una casa, ha labrado siete columnas; ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Ha enviado a sus criados a anunciar en los puntos que dominan la ciudad: «Vengan aquí los inexpertos»; y a los faltos de juicio les dice: «Venid a comer de mi pan, a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia». Quien corrige al insolente recibe insultos; quien reprende al malvado, desprecios. No corrijas al insolente, que te odiará; reprende al sensato y te querrá; instruye al sabio, y será más sabio; enseña al honrado, y aprenderá. El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, conocer al Santo implica inteligencia. Por mí prolongarás tus días, se añadirán años a tu vida.


En Maitines


Lc 1,39-49;56: En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo». María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.


En la Liturgia


Flp 2,5-11: Hermanos, tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. 


Lc 10,38-42;11,27-28: En aquel tiempo, yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada». Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».



Fuente: lexorandies.blogspot.com / Arquidiócesis de Buenos Aires y Toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente) / orthochristian.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española
Adaptación propia