Madrid (Comunidad de Madrid) - Encuentro


La administración de Cristianismo bizantino invita a todos a todos el sábado 23 de mayo de 2026 a un Encuentro en Madrid (Comunidad de Madrid) cuyo programa es el siguiente:


10:00 Visita a la exposición ‘Por los caminos del mapa de la espiritualidad: el manuscrito armenio’ en la Biblioteca Nacional de España (Paseo de Recoletos, 20-22).


12:00 Asistencia a la Divina Liturgia jerárquica presidida por Su Beatitud Sviatoslav (Shevchuk), Padre y Cabeza de la Iglesia Greco-católica Ucraniana, en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena (c/ Bailén, 10).


14:00 Almuerzo en restaurante del centro de Madrid.


16:00 Fin del Encuentro.


Asistencia libre y gratuita (excepto almuerzo, a cargo de cada uno). Se ruega confirmación:


cristianismo-bizantino@outlook.com

04/05 - Nuestro Justo Padre Nicéforo, Fundador del Monasterio de Medicio

(No hay icono disponible del Santo)


Nuestro Santo Padre San Nicéforo, hegúmeno y fundador del monasterio de Medicio, vivió en la época de la iconoclasia y nació en una familia acomodada de Constantinopla. Habiendo amado a Cristo desde su infancia, y viendo la propagación de la herejía de la iconoclasia, se retiró del mundo y de cualquier apego a las cosas mundanas y se convirtió en monje en el Monasterio de Heraclión en Bitinia. 


Luego se retiró a las montañas de una finca familiar, donde vivió en silencio y quietud, ejercitándose en ayuno, vigilias y oraciones, y allí rezó a Dios para que la paz llegara al Imperio Romano. Cuando llegaron las señales de paz, estableció el Monasterio de Medicio


El Monasterio de San Sergio de Medicio, comúnmente conocido simplemente como el Monasterio de Medicio, y más tarde como el Monasterio de los Santos Padres, estaba en Triglia de Bitinia. Nicéforo lo fundó en el año 780 restaurando una iglesia en ruinas dedicada al Arcángel San Miguel y construyendo el monasterio a su alrededor. Nicéforo sirvió como su primer hegúmeno, hasta su muerte en el año 813.


Nicéforo participó en el VII Sínodo o Concilio Ecuménico de Nicea en el año 787.


San Nicéforo fue quien tonsuró al monacato al joven Nicetas (conmemoraro el 3 de abril). Después de siete años de vida virtuosa en el monasterio, famoso por su estricto gobierno monástico, San Nicetas fue ordenado presbítero. San Nicéforo, conociendo la vida santa del joven monje, le confió la guía del monasterio cuando él mismo enfermó.


Cuando León V el Armenio (813-820) llegó al trono, la iconoclasia comenzó a extenderse nuevamente. Debido a que Nicéforo fue declarado culpable por venerar los iconos, fue exiliado y encarcelado en una celda oscura. Después de soportar este aislamiento por su amor a Cristo, allí decansó en paz. Cuando San Nicéforo se durmió en el Señor en su vejez en el año 813, los hermanos eligieron por unanimidad a San Nicetas como abad.


Tanto los santos Nicéforo como Nicetas fueron enterrados en el nártex de la Iglesia de San Miguel del Monasterio de Medicio con gran reverencia.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

04/05 - Pelagia la Hosiomártir de Tarso


Pelagia (en griego, “mar profundo”) nació y vivió en Tarso, ciudad de Cilicia, en Asia Menor. Era hija de un ilustre pagano, y siendo adolescente, se hizo cristiana. Cierto día la vio el hijo adoptivo de Diocleciano, que estaba destinado a ser emperador, y habiéndole agradado la muchacha, la pidió en matrimonio, pero ella, rechazándole, le respondió: “Yo ya estoy prometida al Esposo Inmortal, Hijo de Dios, y por ello renuncio a cualquier matrimonio terrenal.” El joven se retiró, decepcionado, y pensó dejarla en paz por algún tiempo, creyendo que cambiaría de parecer.


La conversión de Pelagia ocurrió de la siguiente manera: mientras aún era pagana, tuvo un sueño en el que se le apareció un obispo llamado Lino (o Clino) que se dedicaba a bautizar catecúmenos. Este obispo, a causa de la persecución, vivía oculto en la montaña. Pelagia interpretó ese sueño como una invitación a hacerse cristiana. De esta manera, presurosa, se presentó ante su madre, solicitándole permiso para marchar en busca del obispo, aunque a ella le dijo que iba a visitar a su nodriza. La joven se vistió con bellas ropas y, acompañada de esta nodriza suya, acudió ante el obispo con su carro y un séquito de esclavos. Lino, tras rezar, obtuvo que saliese agua de una roca y con esta agua la bautizó, tras lo cual apareció una bandada de ángeles que la cubrieron con un brillante manto. Ella, posteriormente, se despojó de sus lujosas vestiduras y regaló a los pobres todas sus joyas.


Cuando regresó a casa, satisfecha, se presentó ante su madre vestida de neófita, con ropas muy pobres y austeras. Tan contenta estaba, que trató por todos los medios de que su madre se convirtiera, pero ella no quiso. De hecho, comprendiendo lo que había pasado, se negó a recibirla. Cuando por fin su hija la dejó, la mujer envió una nota al heredero imperial en la que decía: “Pelagia es cristiana, y nunca aceptará ser tu esposa”. Cuando el joven leyó la nota, se dejó llevar por la desesperación y prefirió suicidarse arrojándose sobre la punta de su espada, antes que verse en la tesitura de tener que denunciar a Pelagia.


En cuanto la madre de Pelagia supo lo del suicidio del joven heredero, se dejó llevar por el pánico. Estaba segura de que la ira de Diocleciano caería sobre su familia, y no queriendo esperar a lo inevitable, tomó a su hija y se presentó ante el emperador diciéndole: “César, ésta es mi hija Pelagia, por el amor de la cual tu imperial heredero ha preferido quitarse la vida. Te suplico tengas indulgencia de nosotras, que hemos tenido la desgracia de ofenderte.” Diocleciano se compadeció de la angustia de la mujer, y mirando a Pelagia, le dijo: “Estoy dispuesto a perdonarte e incluso a darte una mayor honra, tomándote como esposa. Para ello, sabes que debes deponer tu fe cristiana, y abrazar la religión imperial.” Pelagia dijo: “Eres un necio, emperador, haciéndome esa propuesta. No haré tu voluntad, y desprecio tu vil matrimonio, pues ya tengo un prometido: Cristo, rey del cielo. No deseo tus coronas terrenales, que duran poco tiempo. Mi Señor, en el reino celestial, ha preparado tres coronas imperecederas para mí. La primera es por la fe, porque he creído en el Dios Verdadero con todo mi corazón. La segunda es por la pureza, pues le he dedicado mi virginidad. La tercera es por el martirio, pues quiero aceptar cada dolor y sufrimiento por él y ofrecerle mi alma, por el amor que le tengo.”


Viendo que era inútil convencerla, Diocleciano sentenció a Pelagia a ser quemada viva dentro de un horno de fundir cobre en forma de vaca o toro, que se calentaba hasta volverse incandescente (el célebre Toro de Falaris). Cuando los verdugos fueron a cogerla para desnudarla y arrojarla al interior, ella retrocedió, tendiendo los brazos para apartarlos, y gritó: “¡No me toquéis! Yo misma me dirigiré al encuentro de Dios.” Ella misma, santiguándose, entró en el horno y allí ardió viva. Se dice que su carne, al derretirse por las llamas, propagaba un agradable olor a mirra por la zona.


Su carne y vestiduras quedaron reducidas a cenizas, pero sus huesos se conservaron, y fueron diseminados por el monte para que fueran pasto de los leones. Fue el obispo Lino quien, con paciencia y dedicación, los recuperó todos -pues se encontró con que los leones, en lugar de roer los huesos, los estaban protegiendo de los buitres y otras aves de rapiña- y los sepultó reverentemente en un lugar donde, llegado el tiempo del emperador Constantino Coprónimo (741-775), se levantaría una iglesia en honor a la mártir. Los sinaxarios añaden que el lugar del martirio estaba en las proximidades de la iglesia de San Conón.


Meldelen



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

Lunes de la IV Semana de Pascua


Hch 10,1-16: En aquellos días, había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte llamada Itálica, piadoso y temeroso de Dios, al igual que toda su casa; daba muchas limosnas al pueblo y oraba continuamente a Dios. Este, hacia la hora de nona, vio claramente en visión un ángel de Dios que fue a su encuentro y le dijo: «Cornelio». Él se quedó mirando, lleno de miedo, y dijo: «¿Qué hay, señor?». Le respondió: «Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial a la presencia de Dios. Ahora manda a alguien a Jafa y haz venir a un tal Simón llamado Pedro, que se aloja en casa de un tal Simón curtidor, que tiene su casa a orillas del mar». Tan pronto como se marchó el ángel que le había hablado, llamó a dos siervos y a un soldado piadoso de los que estaban a su servicio, les contó todo y los mandó a Jafa. Al día siguiente, mientras estos caminaban y se acercaban a la ciudad, subió Pedro a la terraza hacia la hora de sexta para orar. Sintió hambre y quería tomar algo. Mientras se lo preparaban, le sobrevino un éxtasis: contemplando el cielo abierto y una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo, que era descolgado a la tierra sostenido por los cuatro extremos. Estaba lleno de toda especie de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come». Pedro replicó: «De ningún modo, Señor, pues nunca comí cosa profana e impura». Y de nuevo por segunda vez le dice una voz: «Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano». Esto sucedió hasta tres veces y luego el receptáculo fue subido al cielo.


Jn 6,56-69: Dijo el Señor a los judíos que habían creído en él: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún. Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?». Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede». Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

03/05 - Nuestro Padre Teodosio, Hegúmeno de la Laura de las Cuevas de Kiev


San Teodosio de las Cuevas de Kiev fue el padre del monaquismo cenobítico en Rusia. Nació en Vasilevo, no lejos de Kiev.


Desde su juventud sintió una atracción irresistible por la vida ascética, y llevó un estilo de vida ascético mientras aún estaba en su hogar paterno, llevando cadenas debajo de su ropa. Desdeñaba los juegos y las atracciones infantiles y asistía constantemente a la iglesia. Pidió a sus padres que le permitieran estudiar los libros sagrados y, gracias a su habilidad y su extraordinario celo, rápidamente aprendió a leer los libros, de modo que todos quedaron asombrados de su intelecto.


Cuando tenía catorce años perdió a su padre y quedó bajo la supervisión de su madre, una mujer estricta y dominante que amaba mucho a su hijo. Muchas veces reprendía a su hijo por su anhelo de ascetismo, pero él permanecía firmemente comprometido con su camino.


A la edad de veinticuatro años, en 1032, abandonó en secreto la casa de sus padres y San Antonio, del Monasterio de las Cuevas de Kiev, lo bendijo para recibir la tonsura monástica con el nombre de Teodosio. Después de cuatro años, su madre lo encontró y le rogó entre lágrimas que regresara a casa, pero el santo la persuadió de permanecer en Kiev y convertirse en monja en el monasterio de San Nicolás en el cementerio de Askold.


San Teodosio se afanó en el monasterio más que otros, y a menudo asumía parte del trabajo de los otros hermanos. Llevaba agua, cortaba leña, molía el grano y llevaba la harina a cada monje. En las noches frías destapaba su cuerpo y dejaba que sirviera de alimento a mosquitos y otros insectos. Su sangre fluía, pero el Santo se ocupaba de las artesanías y cantaba Salmos. Llegaba a la iglesia antes que nadie y, de pie en un lugar, no la dejaba hasta el final de los oficios. También escuchaba las lecturas con especial atención.

 

En 1054 San Teodosio fue ordenado hieromonje y en 1057 fue elegido abad. Según la Crónica Primaria:


"... el monasterio se completó durante el gobierno del Abad de Barlaán ... Cuando Barlaán partió, los hermanos ... visitaron al anciano Antonio [fundador del Monasterio de las Cuevas, que ahora vivía en reclusión profunda] con la solicitud que les designara un nuevo abad. Preguntó a quién deseaban. Ellos respondieron que solo necesitaban al designado por Dios y por su propia elección [de Antonio]. Luego les preguntó: '¿Quién de ustedes es más obediente? ¿Más modesto y más suave que Teodosio? Que sea su abad. Los hermanos se regocijaron ... y así nombraron a Teodosio para ser su abad ".


La fama de sus hazañas atrajo a varios monjes al monasterio, en el que construyó una nueva iglesia y celdas, e introdujo la regla cenobítica del Monasterio de Estudion escrita por San Teodoro el Estudita, una copia del cual encargó en Constantinopla. Esta regla se extendió a todos los monasterios de Rusia. Nuevamente, de acuerdo con la Crónica Primaria:


"Cuando Teodosio asumió el control del monasterio, comenzó a practicar todo tipo de  abstinencia, ayuno y oración entre lágrimas ... También se interesó por investigar las reglas monásticas. En ese momento había en Kiev un monje del monasterio de Estudion llamado Miguel, que había venido de Grecia ... Teodosio le preguntó sobre las prácticas de los monjes estuditas. Obtuvo su regla, la copió y la estableció en su propio monasterio para gobernar el canto de himnos monásticos, las postraciones, la lectura de las Escrituras, el comportamiento en la iglesia, todo el ritual, la conducta en la mesa, la alimentación para días especiales y otros preceptos. Tras obtener toda esta información, Teodosio la transmitió a su monasterio, adoptando posteriormente todos los demás la misma instrucción. El Monasterio de las Cuevas es honrado entre los más antiguos de todos ".


Como abad, San Teodosio continuó con sus arduas tareas en el monasterio. Por lo general, solo comía pan seco y verduras cocidas sin aceite, y pasaba las noches en oración sin dormir. Los hermanos a menudo notaron esto, aunque el Santo trató de ocultar sus esfuerzos a los demás. 


Nadie vió a San Teodosio ni siquiera dormitar ligeramente, y por lo general descansaba sentado. Durante la Gran Cuaresma, el Santo se retiraba a una cueva cerca del monasterio, donde luchaba sin que nadie lo viera. Encerrándose en una cueva, se llevaba un poco de pan con él; la puerta estaba cubierta con tierra desde el exterior, comnicándose los hermanos del monasterio con él solo en casos de extrema necesidad a través de una pequeña ventana, y luego solo el sábado o el domingo. Su atuendo era una camisa de pelo tosca y desgastada sobre su cuerpo, que su discípulo Néstor describió como "con la apariencia en él como de una túnica de color púrpura real". Parecía tanto un mendigo que era imposible reconocer en este anciano al renombrado abad, profundamente respetado por todos los que lo conocían.


Una vez, San Teodosio regresaba de visitar al Gran Príncipe Iziaslao. El cochero, sin reconocerlo, dijo con brusquedad: “Usted, monje, siempre está de vacaciones, pero yo estoy constantemente en el trabajo. Toma mi lugar y déjame viajar en el carruaje ". El santo anciano obedeció mansamente y llevó al sirviente. Al ver cómo los nobles en el camino se inclinaban ante el monje que conducía los caballos, el sirviente se asustó, pero el santo asceta lo calmó y le ofreció  comer en el monasterio. Confiando en la ayuda de Dios, el santo no tenía una gran provisión de alimentos en el monasterio y, por lo tanto, los hermanos necesitaban el pan de cada día. Sin embargo, a través de sus oraciones, aparecieron benefactores desconocidos en el monasterio y suplieron las necesidades de los hermanos.


A los Grandes Príncipes, especialmente a Iziaslao, les encantaba escuchar los discursos espirituales de San Teodosio. El Santo no tenía miedo de denunciar a los poderosos de este mundo. Los condenados injustamente siempre encontraban en él un defensor, y los jueces revisaban los asuntos a petición del abad. Estaba particularmente preocupado por los indigentes. Construyó un patio especial para ellos en el monasterio donde cualquier persona necesitada podía recibir comida y bebida.


Bajo Teodosio, la construcción del ‘katholikón’ se inició en honor a la Dormición de la Theotokos. También es conocido como el fundador y líder de una de las primeras bibliotecas eclesiásticas en Rusia: la Biblioteca de las la Laura de las Cuevas de Kiev.


Sintiendo la proximidad de la muerte, San Teodosio se durmió pacíficamente en el Señor en el año 1074. Fue enterrado en una cueva que cavó, donde se recluyía durante los períodos de ayuno.


Las reliquias del asceta fueron encontradas incorruptas por los hermanos del monasterio el 14 de agosto de 1091, y fue glorificado como santo en 1108. Las reliquias fueron trasladadas al katholikon principal del monasterio, que había sido consagrado en 1089 y establecido por el Santo, y se estableció una segunda fiesta anual en conmemoración de este evento.


De las obras escritas de San Teodosio, seis discursos, dos cartas al Gran Príncipe Iziaslao y una oración por todos los cristianos han sobrevivido hasta nuestros días.


La Vida de San Teodosio fue escrita por San Néstor el Cronista, discípulo del gran Abad, sólo treinta años después de su reposo, y siempre fue una de las lecturas favoritas de la nación rusa.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia