27/10 - Las Santas Mártires Capitolina y Erótida


Las santas Capitolina y Erótida vivieron en la época del emperador Diocleciano, cuando el gobernador de Capadocia era Cilicintio (alrededor del año 289).


Capitolina era una mujer cristiana de origen noble y rico que poseía un alto rango en Capadocia. Alrededor del año 304 fue llevada a juicio como cristiana y se le preguntó su nombre, país y parentesco. Ella respondió: "Soy cristiana, mi país es la Jerusalén celestial, mis padres son los maestros del cristianismo y, principalmente, el gran Firmiliano, obispo de Cesarea en Capadocia". Cuando hubo resistido todas las persuasiones y amenazas utilizadas por Cilicintio para inducirla a renunciar a su fe y adorar a los dioses, especialmente a Serapis, fue enviada a prisión.


Una persona que había estado presente en el juicio corrió a su casa y se lo dijo a su criada Erótida, que estaba horneando y que justo iba a colocar panes en el horno. Esta dejó su trabajo, corrió a la prisión y besó los grilletes que ataban a su ama; la felicitó por la expectativa del martirio y le rogó que orara para que ella también pudiera ser considerada digna de compartir su destino. Capitolina le dijo que no temiera, que estuviera presente al día siguiente y presenciara su ejecución. Erótida se fue a casa, terminó de cocinar y llevó el pan a la prisión. Capitolina le pidió que se lo diera a los pobres y luego vendiera todas las cosas de su ama y distribuyera el dinero a los pobres. Erótida obedeció la orden.


Al día siguiente, cuando Capitolina fue llevada ante el juez, su celosa sirviente agredió a este con piedras. Se le preguntó cómo una persona de rango inferior podía atreverse a comportarse de esta manera, y finalmente vio a su ama ser decapitada con una espada. Ella injurió al juez y sus dioses; y fue sometida a horribles torturas, bajo las cuales no dejó de agradecer a Dios. Sus heridas se curaron milagrosamente y salió ilesa de un horno al que fue arrojada. Finalmente fue decapitada, al día siguiente de que Santa Capitolina hubiera sufrido el mismo martirio.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

27/10 - Néstor el Mártir de Tesalónica


En tiempos del martirio de San Demetrio, el emanador de miro, vivía en Constantinopla un joven, Néstor, que había aprendido la fe cristiana del mismo San Demetrio.


En aquel tiempo, el emperador Maximiano, enemigo de Cristo, ordenó que se efectuaran varios juegos y espectáculos para el pueblo. El favorito del emperador era un vándalo llamado Lieo, que era un hombre de tamaño y fuerzas como las de Goliat. Como gladiador imperial, Lieo retaba a duelo a diferentes hombres todos los días y los mataba, y estas masacres suyas deleitaban la sed de sangre del idólatra emperador. Este construyo un estadio especial, parecida a una plataforma sobre columnas, para los duelos de Lieo. Debajo de esta plataforma, había lanzas con agudos filos apuntando hacia arriba. Cuando Lieo vencía a alguien en un duelo, lo arrojaba desde la plataforma hacia el bosque de lanzas. Los paganos se paraban alrededor de estas junto a su emperador, y se deleitaban cuando algún pobre desdichado se retorcía atormentado sobre las lanzas hasta morir.


Entre las víctimas inocentes de Lieo se encontraba un gran número de cristianos, pues en los días en que nadie se presentaba voluntariamente para batirse a duelo con Lieo, los cristianos eran obligados a luchar con él por orden del emperador. Viendo este aterrorizante disfrute del mundo pagano, el corazón de Néstor se llenó de dolor y resolvió ir él mismo al estadio del inmenso Lieo. Néstor fue primero a la prisión donde San Demetrio estaba encerrado y le pidió su bendición para hacer esto. San Demetrio lo bendijo, haciendo la señal de la cruz sobre su frente y su pecho, y le dijo: «Lo vencerás, pero sufrirás por Cristo». El joven Néstor fue entonces al estadio de Lieo. El emperador estaba allí con una gran multitud, y todos se lamentaban de la inminente muerte del joven Néstor. Trataban de convencerlo de que no luchara con Lieo, pero Néstor hizo la señal de la cruz y dijo: «¡Oh Dios de Demetrio, ayúdame!».


Con la ayuda de Dios, Néstor venció a Lieo, lo derrumbó, y lo arrojó hacia las agudas lanzas, donde el pesado gigante pronto halló la muerte. Entonces todo el pueblo exclamó: «¡Grande es el Dios de Demetrio!». Pero el impío emperador había sido avergonzado ante el pueblo, y lamentando la muerte de su favorito, se llenó de ira contra Demetrio y Néstor, y ordenó que Néstor fuese degollado con espada y que Demetrio fuese atravesado con lanzas.


Así este glorioso héroe cristiano, Néstor, dejó atrás su joven vida terrenal en el 290 (o 306) d. C., y entró al Reino de su Señor.



Fuente: pajarorojo.com.ar

Martes de la VI Semana de Lucas


Lc 11,1-10: En aquel tiempo, estaba Jesús orando en cierto lugar; cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”». Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. 



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Martes de la XXII Semana


Col 2,20-23;3,1-3: Hermanos, si habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo, ¿por qué os sometéis a los dictados de los que viven según el mundo? A saber: «No tomes, no pruebes, no toques». Son cosas destinadas a gastarse con el uso, según prescripciones y enseñanzas humanas. Tienen apariencia de sabiduría por su afectada piedad, su humildad y la mortificación corporal; pero no tienen valor alguno: solo sirven para cebar la carne. Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

26/10 - Conmemoración del Gran Terremoto de Constantinopla


En el vigésimo cuarto año del reinado de León el Isaurio, en el año 740 d.C., en la novena indicción, el veintiséis de octubre, hubo un terremoto tan grande y terrible en Constantinopla que la parte superior y lo más espléndido de los edificios se derrumbó, y muchas personas fueron aplastadas bajo las ruinas y murieron.


La tradición era que, en el día del Gran Mártir Demetrio, se conmemoraba esta terrible amenaza del terremoto yendo en procesión a la Iglesia de la Madre de Dios de las Blanquernas, donde se celebra la Divina y Sagrada Liturgia.


Mediante este terremoto, los habitantes de Constantinopla comprendieron que «el Dios que ama bien castiga bien».



Fuente: goarch.org

Traducción del inglés propia