24/04 - Sabas el General de Roma (o «el Godo»)


El santo mártir Sabas vivió durante el reinado del emperador Aureliano (270-275). Era descendiente de la nación goda y ostentaba el rango de general en Roma.


Desde su juventud, Sabas fue cristiano y siguió fervientemente los mandamientos de Cristo, esforzándose por alcanzar la virtud. Ayudaba a los necesitados y visitaba a los cristianos encarcelados. Gracias a su vida pura y virtuosa, el santo recibió del Señor el don de obrar milagros, sanando a los enfermos y expulsando demonios en nombre de Cristo.


Cuando el emperador supo que su general Sabas era cristiano, le exigió que apostatara. El mártir arrojó su cinturón militar y declaró que no renunciaría a su fe. Por ello lo colgaron, lo quemaron con antorchas y lo arrojaron a un caldero de brea, pero el mártir permaneció ileso. Al presenciar estos milagrosos acontecimientos, setenta soldados creyeron en Cristo. Fueron decapitados por renunciar a los dioses paganos, y así obtuvieron la corona del certamen.


Sabas fue encarcelado. A medianoche, mientras oraba, Cristo se le apareció y lo iluminó con la luz de su gloria. El Salvador le exhortó a no temer, sino a mantenerse firme. Animado, Sabas se presentó nuevamente a juicio al día siguiente y fue condenado a morir ahogado. Por lo tanto, fue arrojado al río Tíber en el año 272.


A Sabas se le describe así: «San Sabas se encontraba en la plenitud de su vida y en la plenitud de su fuerza cuando venció las artimañas de los paganos y derrotó a la horda invisible de demonios. Su tez clara resplandecía en su rostro, con un ligero rubor en las mejillas. El cabello de su cabeza y su barba eran dorados y brillantes. Las pupilas de sus ojos eran austeras. Su mirada revelaba valentía y, a la vez, serenidad. Su aspecto general era varonil, valiente y magnánimo».



Fuente: mystagogyresourcecenter.com

Traducción del inglés: Google Translator

Adaptación propia

24/04 - Isabel la Taumaturga


La Venerable Isabel procedía de Heraclea de Tracia* y vivió en el siglo V después de Cristo.


Sus padres, Eunomiano y Eufemia, eran reconocidos y famosos por sus riquezas y por su virtud. Habitaban cerca de Heraclea, en un lugar llamado desde la antigüedad "Zrakokríni" y más tarde "Abidiní". Vivían con respeto y devoción a Dios, teniendo como modelo al santo Job. Deseando imitar la hospitalidad de Abrahán, ayudaban a manos abiertas a todos los que tenían necesidades materiales. Pero habían pasado dieciséis años desde que se casaron y aún no tenían hijos. Por ello rezaban sin cesar a Dios que les regalase un hijo, para continuar su generación y heredar su riqueza. El Señor que cumple las solicitudes de Sus creyentes, escuchó con benevolencia sus ruegos y no rechazó sus oraciones.


Había en aquel lugar la antigua costumbre de reunirse los cristianos en el día de la memoria de Santa Gliceria (también traducido como Santa Dulcinea, 13 de Mayo), y celebrar su memoria durante toda una semana. Entonces se encontraron allí los padres de la futura santa Isabel con los otros cristianos. Hacían procesiones, pasaban la noche en vigilia glorificando y visitaban otras Iglesias de la ciudad, donde se guardaban las reliquias de cuarenta mujeres santas, del diácono Amós (1 de Septiembre) y de muchos otros santos. Entonces llevaban también en dicha procesión el respetadísimo cráneo de Santa Gliceria.


Celebrando la Divina Liturgia el Obispo de la ciudad llamado León, el padre de Isabel, Eunomiano, vió que el venerado cráneo a veces sonreía y a veces se entristecía. Esto lo consideró una señal de su creencia en la mártir y su alma se llenó de alegría y de pena al mismo tiempo.**  Junto con su esposa rogaron a la santa que solucionase su infertilidad y que les regalase un hijo. Entonces, cuando una vez se quedaron ligeramente dormidos, Eunomiano vio en su sueño a Santa Gliceria, quien le dijo: "¿Para esto me llamas, hombre, y me pides lo que sólo Dios puede dar? Sin embargo, si de verdad me das tu palabra de que conseguiréis un corazón y un espíritu humilde y que nunca presumirás a costa de los demás, haré oración para que el todo bondadoso Señor te de mediante mis intercesiones, lo más rápido posible, una hija. La llamarás Elísabet (Isabel), porque será similar a la madre de San Juan el Precursor y Bautista". El padre de la santa dio su palabra de que haría lo que le había pedido Santa Gliceria. Entonces ella le santiguó con la señal de la Cruz y se fue. Su mujer se quedó enseguida embarazada, y tras pasar nueve meses dio a luz una niña. 


Cuando Isabel llegó a los doce años, su madre partió de esta vida temporal. Tres años más tarde se fue también su padre, quedándose huérfana la bendita Isabel. Pero enseguida se dedicó a sí misma a Dios y se distinguió en el servicio a los pobres y a los necesitados. Dio su herencia a los pobres y los acercó a Dios, y a los esclavos les regaló su libertad.


Después partió hacia Constantinopla. Llegó al monasterio del Gran Mártir Jorge, denominado "Pequeña Colina", cuya abadesa era una tía de su padre. En este monasterio renunció al mundo y fue tonsurada monja. Vivió en ayuno y áscesis, con muchas privaciones. Caminaba siempre descalza. Así llegó a la altura de la santidad y el Santo Dios la hizo digna de los carismas de la predicción y de realizar milagros.


Dos años más tarde la abadesa del monasterio partió de la vida presente. El Patriarca Genadio I de Constantinopla la estableció como su sucesora. La santa llenaba de luz a los que con fe se acercaban a ella. Una vez, mientras se desarrollaba la Divina Liturgia en la iglesia del monasterio, vio centellear una luz indescriptible y al Espíritu Santo descender después del Himno Querúbico sobre el santuario y cubrir al sacerdote que estaba frente a la Mesa Santa. La venerable Isabel se llenó de gozo y sorpresa. Pero no se lo dijo a nadie, hasta que no llegó la hora de su partida hacia Dios. 


Según se acercaba su hora, su pasión -como ella decía- de ver su patria, aumentaba. Entonces fue a Heraclea y allí fue a orar a todos los templos y a reverenciar las santas reliquias de los Santos que en ellos se encontraban. Y allí en el templo de la Theotokos, tuvo una visión de la Santa Madre de Dios, recibiéndola. El rostro de la Theotokos lo reconoció en un icono, cuando llegó a la Iglesia del Hieromártir Romanos. La voz de la Inmaculada le dijo que regresase a su monasterio, porque el tiempo de su dormición estaba cerca. De este modo la Venerable Isabel, tras haber regresado, reposó en paz. Sus santos restos fueron enterrados en la Iglesia de San Jorge, permaneciendo completos e intactos.


* Heraclea, antigua ciudad griega, fue el nombre puesto a la ciudad de Périnzos en el año 297 d.C., cuando el emperador de Roma era Diocleciano. Éste cambió el sistema de las eparquías del imperio y estableció Heraclea como centro administrativo. Durante los siglos VII y VIII era lugar frecuente de invasiones de Árabes y de Búlgaros. Périnzos era también una antigua ciudad griega, colonia de Samos, que fue construida en el año 599 a.C. y se encontraba en la Tracia Oriental, en el Mar de Mármara, es decir en el lado europeo, cerca de la actual Mármara Ereglisi (del turco Marmara Ereğlisi).  


** Existe un término en griego, "χαρμολύπη", [jarmolípi], que define exactamente este estado: la existencia simultánea del sentimiento de alegría y pena.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Viernes de la II Semana de Pascua


Hch 5,1-11: En aquellos días, un hombre llamado Ananías, de acuerdo con Safira, su mujer, vendió una propiedad y se quedó con una parte del precio, sabiéndolo su mujer; después llevó el resto y lo puso a los pies de los apóstoles. Pero Pedro le dijo: «Ananías, ¿cómo es que Satanás se ha adueñado de tu corazón para que mientas al Espíritu Santo y retengas parte del precio de la propiedad? ¿Es que no la podías retener cuando la tenías? Y, una vez vendida, ¿no eras dueño legítimo del precio? ¿Por qué has puesto en tu corazón esta decisión? No has engañado a hombres, sino a Dios». Al oír Ananías estas palabras, se desplomó y expiró. Y se extendió un gran temor entre todos los que lo oían contar. Aparecieron unos jóvenes que lo envolvieron en lienzos y lo llevaron a enterrar. Aconteció unas tres horas más tarde que entró su mujer sin saber lo que había sucedido, y Pedro le preguntó: «Dime si habéis vendido la propiedad por tanto». Ella respondió: «Sí, por tanto». Entonces Pedro le dijo: «¿Por qué os habéis puesto de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que acaban de enterrar a tu marido están a la puerta y también te van a llevar a ti». Enseguida se desplomó a sus pies y expiró. Los jóvenes entraron, la encontraron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido. Y se extendió un gran temor en toda la Iglesia y entre todos los que lo oían contar.


Jn 5,30-47;6,1-2: Dijo el Señor a los judíos que acudieron a él: «Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?». Después de esto, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

23/04 (o Lunes Brillante) San Jorge el Megalomártir y Victorioso


NOTA: Si el día de San Jorge cae en la Santa Pascua o justo antes, su fiesta se traslada al Lunes Luminoso.


Antes de hablar de este importante y venerado Santo, vale la pena que mencionemos las fuentes en las que se basan estas letras. Éstas son:


– La Passio Sancti Georgii, que está clasificada entre las obras apócrifas del Decretum Gelasianum, del 496. La redacción más antigua de este documento se conserva en la Biblioteca Nacional de Viena, está datada en el siglo V y fue publicada en el año 1858.


– Lo escrito por Teodosio Perigeta en Lydda (Palestina) donde se veneraba su sepulcro, hecho confirmado también por Antonino de Piacenza y por Adanmano. En efecto, hoy en día son visibles los restos arqueológicos de una basílica cementerio del Santo, donde se ha encontrado un epígrafe en griego, datado en el 368 y que menciona “la casa de los santos y triunfantes Jorge y compañeros mártires”.


– Unos documentos posteriores al siglo V que dan referencias sobre su culto y en los que empiezan a hablarse de la tradición del dragón.


– Un Códice vaticano del 916, traducido al latín por Lippomano y del cual depende el Menologio de Metafraste del 964 y otras traducciones de la passio al copto, armenio, árabe, etc.


En estos textos se dice que Jorge estaba predestinado a grandes cosas, que nació alrededor del año 280 y que su nacimiento produjo gran alegría a su padre Geroncio, que era persa, y a su madre Policronia, natural de Capadocia, que lo educaron religiosamente hasta que entró en el servicio militar, o sea, que San Jorge era soldado. Algunos autores dice que sufrió martirio en tiempos de Daciano, mientras que otros dicen que fue bajo Diocleciano, el cual “convocó a setenta y dos reyes para decidir qué medidas tomar contra los cristianos”. Jorge, que era oficial de las milicias del emperador en Capadocia, se confesaba abiertamente cristiano y repartía sus bienes entre los pobres, o sea, lo de siempre. Que fue invitado por el emperador para que ofreciera sacrificios a los dioses, que se negó y que entonces empezaron los suplicios: apaleado, colgado, desgarran su cuerpo y encerrado en la cárcel donde tuvo la siempre mencionada visión. En esta passio se dice que en la visión, Cristo le predice siete años de tormentos, que moriría tres veces y que tres veces resucitaría. Que el Santo convierte al mago Atanasio, por lo que fue cortado por la mitad con una rueda de clavos y espadas. Jorge resucita y convierte al magister militum Anatalius y a sus soldados, por lo que todos ellos fueron degollados. Que a petición del rey Tranquilino resucita a diecisiete personas muertas cuatrocientos sesenta años antes, los bautiza y los hace desaparecer. Entra en un templo pagano y soplando hace caer a los ídolos. La emperatriz Alejandra, que ve todos estos prodigios, se convierte y también es martirizada junto con sus criados Apolo, Isacio y Crótales. El emperador lo condena de nuevo a muerte y es decapitado, y esto sucedió en Nicomedia en el año 303.


Posteriormente, en tiempos de las Cruzadas, surge la tradición de la doncella liberada del dragón por San Jorge, y un manuscrito del siglo XIII y la Leyenda Aurea del Beato Santiago de Vorágine, se hacen eco y le atribuyen esta hazaña prodigiosa y caballeresca. Según esta tradición, cuando Jorge iba a incorporarse a su legión llegó a Selene, en Libia. En un pantano cercano había un dragón que nadie se atrevía a matar. Cada día le llevaban dos ovejas para que se las comiera, pero cuando se acabaron los animales, el rey del lugar ordenó que le llevaran una oveja y una doncella escogida por suerte. La suerte quiso que un día le tocara a la propia hija del rey, que con todo dolor, tuvo que cumplir lo acordado. Cuando la doncella iba hacia la cueva del dragón, apareció un caballero armado con espada y lanza, hizo la señal de la cruz y arremetió contra el dragón atravesándolo con su lanza. Con un lazo que llevaba la joven a la cintura, ató al dragón y lo llevó a la ciudad. Allí explicó que había vencido al dragón en el nombre del Dios verdadero. Todos se convirtieron, bautizaron y Jorge dio al dragón el golpe de gracia.


Pero dejemos esto y hablemos nuevamente del año del martirio. Según el Chronicon alexandrinum seu paschalefue en el año 284. Otros dicen que entre el 249 y el 251 y otros, interpretando como Diocleciano el nombre de Daciano, lo ponen en el 303 como dije antes. Los hagiógrafos más serios dicen que lo más probable es que fuera martirizado en tiempos de Diocleciano. Pero en la redacción más antigua de la passio, Diocleciano es convertido en Daciano, lo que parece explicarse por la triste memoria de un cruel gobernador en Hispania llamado Daciano en tiempos de Diocleciano. Curiosamente a este cruel perseguidor de los cristianos en la Hispania romana se le llamaba el «dragón de los abismos».


El nombre de San Jorge se difundió profusamente en todo el Oriente durante los siglos IV y V; tanto es así, que, por ejemplo, fueron varios los soberanos de Georgia llamados con este nombre. Su profesión de militar pudiera derivarse de una identificación con el tribuno que arrancó el edicto de Galerio contra los cristianos en Nicomedia, según lo cuenta San Eusebio en su Historia eclesiástica, pero la localización de su culto en Lydda, donde fue sepultado, hace improbable esta identificación. En cuanto a su culto tengo que decir que muy probablemente ningún otro santo haya recibido tanta veneración popular como San Jorge. Son innumerables las iglesias dedicadas a él tanto en Oriente como en Occidente.


En Jerusalén ya existía una en el siglo VI así como un monasterio a él dedicado, en Jericó también se le dedicó un monasterio en el siglo VI. En Zorava (Tracónides) una inscripción datada en el 515 narra la aparición de San Jorge a Juan, hijo de Diómedes; en Beirut recibe gran veneración especialmente después de la victoria de los Cruzados (Analecta Bollandista, 77, editado en 1959), en Iraq, los cristianos caldeos le dedicaron numerosas iglesias, los coptos le veneran muchísimo en Etiopía y en Egipto, los georgianos dicen que era oriundo de Georgia y según Venancio Fortunato en Maguncia (Alemania) tenía ya dedicada una basílica en el siglo VI. En los países bizantinos se le venera junto con San Demetrio mártir de Tesalónica, etc. y esto sólo por poner algunos ejemplos.


En Italia pasó lo mismo: ya en el año 527 Belisario puso la puerta de San Sebastián bajo la protección de San Jorge y a los dos Santos les dedicó una iglesia en el Velabro, donde fue depositado por el Papa San Zacarias (y aun se conserva) el cráneo del Santo. En Ravenna, a finales del siglo VI existía una iglesia a él dedicada en el campo Coriandro, junto al sepulcro de Teodorico y esto está atestiguado en la biografía del obispo Aguello fallecido en el año 570. En Ferrara lo declararon patrono de la ciudad en el año 1110. En Cornate (Milano), el rey Cuniberto en el año 688 le dedicó una iglesia y en Nápoles, a principios del siglo V, el obispo Severo fundó la basílica de San Jorge el Mayor. A principios del siglo VI, Clodoveo rey de los francos le dedicó un monasterio en el cual difundió su culto San Germán de París, que murió en el 576. En Inglaterra, en la época anglosajona, la fama del Santo estaba muy extendida pero su culto aún se desarrolló mucho más después de la conquista normanda en el siglo XI. Es el Santo patrono de Inglaterra.


Las invasiones musulmanas interrumpieron las peregrinaciones hacia Oriente, por lo cual el culto de San Jorge decayó, pero los cruzados hicieron renacer el culto aun con más intensidad. Conquistada Jaifa y la cercana Lydda, los cruzados reconstruyeron la basílica en la que estaba su sepulcro, la cual había sido incendiada por el califa Hakin ochenta años atrás. Fue precisamente en esta época cuando se difundió por Occidente la tradición del dragón. Ricardo I de Inglaterra durante la tercera cruzada dice que vio al Santo con armadura resplandeciente guiando a las tropas cristianas, y por eso Enrique III hizo obligatoria la fiesta de San Jorge en todo su reino. Es del tiempo de Eduardo III el famoso grito de batalla “Saint George for England”, fundando además la Orden de San Jorge en el año 1348 y en tiempos de Enrique V, el arzobispo de Canterbury ordenó celebrar la fiesta de San Jorge el mismísimo día de Navidad.


O sea, solo he querido poner algunos ejemplos de cómo el culto al santo fue intensísimo tanto en Oriente como en Occidente. Incluso muchas ciudades lo tienen como patrono: Génova, Venecia, Barcelona… así como muchas Ordenes religiosas y caballerescas, como los benedictinos, la Orden Teutónica, la Orden Militar de Calatrava, la Sagrada Orden Militar Constantiniana y de San Jorge, etc. San Jorge, junto a los Santos Sebastián y Mauricio es el patrono de los soldados, arqueros, alabarderos, etc. y se le invoca contra las mordeduras de las serpientes venenosas (dragón), contra la peste, la lepra… ¡y la sífilis!


En cuanto a sus celebraciones litúrgicas tengo que decir varias cosas. Los calendarios orientales lo conmemoran el día 23 de abril y lo mismo hace la Iglesia Romana, pues se cree que esa fue la fecha de su martirio. Solo en la Italia septentrional se le conmemora un día más tarde. En el Martirologio Jeronimiano se le conmemora además los días 15 y 25 de abril y el 7 de mayo.  El Sacramentario Leoniano del siglo V contiene los textos de una misa propia y la oración actual de la Misa de su festividad ya estaba en uso en los sacramentarios y misales latinos del siglo IX. El sínodo provincial de Colonia, en el año 1308, hacía de precepto el día de su fiesta y en la obra De officiis palatii de Jorge Codino se indica que en el día de San Jorge, el emperador participaba solemnemente en las celebraciones religiosas en Constantinopla.


Como he dicho antes fue sepultado en Lydda (Palestina), pero desde el siglo VI sus reliquias fueron repartidas. Hoy, en un monasterio en Israel se veneran parte de ellas. San Gregorio de Tours, en el siglo VI, habla ya de traslados a Limoges y a Le Mans. En Roma, el cráneo del Santo está en la basílica de San Jorge al Velabro desde finales del siglo VIII En el 852, Pietro Della Marca relata traslados de reliquias a España, en el 1110 el conde Roberto de Fiandre llevó un brazo a Ferrara, otro brazo fue llevado a Venecia en el año 1462 por parte del abad Teófilo Beacqui y lo puso en la Abadía de San Jorge, donde personalmente lo he visto, etc.


Decir además que numerosas fiestas están relacionadas con la conmemoración de San Jorge y se ha cantado en multitud de ocasiones su coraje al profesar la fe en Cristo, la tutela de la doncella indefensa frente al dragón así como la muerte del mismo. En la tradición islámica, a San Jorge se le da el título de profeta y el relato de su passiolo cuenta el árabe Wahb ibn Munabbih en el año 728. Este autor árabe reproduce literalmente la versión siríaca de la relación más antigua de la tradición, pero sin embargo ignora el aspecto guerrero de la figura del Santo. El pueblo llano árabe islámico conserva gran veneración por San Jorge; por ejemplo, en una mezquita de Aleppo (Siria) se dice que está su tumba y lo mismo se dice en otra en Izar (Siria).


Sobre él escribieron  San Gregorio de Tours (siglo VI), Venancio Fortunato (VII), Andrés de Creta (VIII), el obispo Zacarias (XI), San Pedro Damiano (XI), el Beato Santiago de Varazze (XIII) y muchísimos otros.


Curiosidades: En Inglaterra numerosas posadas llevan su nombre, como lo recuerda Shakespeare en Re Giovanni, acto II; en Alemania le dedican el poder curativo de las fuentes medicinales, en los países eslavos celebran ciertas costumbres en su honor al inicio de la primavera, etc.


Iconográficamente, todos los artistas lo han esculpido o pintado, bien en la escena del martirio o en la tradición del dragón. No los mencionaré, pero si haré mención de unos famosos frescos del Monte Athos, en Grecia, en particular el Protaton del monasterio Catholicon y en el monasterio Xenophon. Muchísimo más se podría decir de sus tradiciones, de su culto, de sus reliquias, de su folklore, de su fiesta, pero poquísimo de su vida, porque en realidad es muy poco lo que se sabe de él desde el punto de vista histórico. Es un Santo histórico, real, pero rodeado de muchísimas tradiciones.


Para hacer este artículo, he consultado: Sanctorum priscorum patrum Vitae, de Lippomano, Venecia, 1559;  Il megalomartire Giorgio, de S. Borelli,  Nápoles, 1902; Les légendes greques des saints militaires, de H. Delehaye, Paris, 1909; Epigrammi di Teodoro Prodromo in onore dei santi megalomartiri Teodoro, Giorgio e Demetrio, de C. Giannelli, Florencia, 1960 y Leggende agiografiche cristiane dell’Islam, de G. Levi Della Vida, Roma, 1964 y en los trabajos de Mons. Dante Balboni, asistente de la Biblioteca Apostólica Vaticana.


Antonio Barrero


LECTURAS


En Vísperas


Is 43,9-14: Así dice el Señor: «Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después. Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador. Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo? Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel».


Sab 3,1-9: La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz. Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto. En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo. Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.


Sab 5,15-6,3: Los justos viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco. Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad. Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos. Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo.


En Maitines


Lc 21,12-19: Dijo el Señor a sus discípulos: «Sabed que os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».


En la Liturgia


Hch 12,1-11: Por aquel tiempo, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener también a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Así lo hizo, y el ángel le dijo: «Envuélvete en el manto y sígueme». Salió y lo seguía, sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo ante ellos. Salieron y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel. Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».

Jn 15,17-27;16,1-2: Dijo el Señor a sus discípulos: «Esto os mando: que os améis unos a otros. Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me odia a mí, odia también a mi Padre. Si yo no hubiera hecho en medio de ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado, pero ahora las han visto y me han odiado a mí y a mi Padre, para que se cumpla la palabra escrita en su ley: “Me han odiado sin motivo”. Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios».



Fuente: preguntasantoral / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

Jueves de la II Semana de Pascua


Hch 4,23-31: En aquellos días, puestos en libertad, los apóstoles volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Al oírlo, todos invocaron a una a Dios en voz alta, diciendo: «Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías. Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús». Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.


Jn 5,24-30: Dijo el Señor a los judíos que acudieron a él: «En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española