20/04 - Teodoro «Triquinas»


Es uno de los grandes santos del monaquismo oriental de los primeros siglos del Cristianismo; sin embargo, de san Teodoro Triquino no tenemos datos que lo recuerden, sino sólo que vivió en el siglo V. Siendo joven en Constantinopla, se sintió atraido por la vida austera y densamente espiritual de los monjes de Oriente, que en la senda del egipcio san Antonio el Grande (250-356) dejaban cada vez más los eremitorios del desierto para vivir en comunidad de oración hospedados en monasterios estables.


Los sinaxarios y menologios bizantinos reportan que era de vida austera, y dedicaba gran tiempo a la oración; dejó el mundo y se retiró a un monasterio situado al pie del monte San Asencio, en Calcedonia, sobre el Bósforo, que luego tomo el título de su sobrenombre «Triquinas». Este apelativo, que significa «peludo», le fue dado a Teodoro a causa de la túnica de largos pelos que constituía su única vestimenta. En breve tiempo su santidad le obtuvo el don de expulsar demonios y obrar milagros.


Teodoro vivía con personas con muchas privaciones y grandes necesidades. Por eso alentaba a muchos ricos a que ofreciesen tantos bienes como pudiesen. Muchos de ellos le daban bastante dinero y productos de primera necesidad, las cuales Teodoro distribuía con mucho discernimiento, en primer lugar a aquellos que tenían mayores necesidades como huérfanos, viudas pobres y cabezas de familia enfermos.


Estuvo realizando buenas obras hasta los últimos días de su vida, en que durmió en paz, a finales del siglo IV o principios del V. Su tumba devino lugar de peregrinación, sobre todo porque del sepulcro se destilaba un ungüento milagroso que tenía el poder de curar enfermedades del cuerpo y de su almas.


Existe una capilla dedicada a San Teodoro "Triquinas" en Rétino de Creta, entre las murallas de San Nicolás y de San Pablo, dentro de la ciudadela veneciana de Fortezza. Fue inaugurado en 1899 por el comandante ruso de las fuerzas de ocupación de Rétino, pero el edificio posiblemente fue el resultado de reparaciones en una iglesia veneciana más antigua y preexistente.



Fuente: eltestigofiel.org / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

Lunes de la II Semana de Pascua


Hch 3,19-26: En aquellos días, Pedro le dijo al pueblo: «Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas. Moisés dijo: El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. Y, desde Samuel en adelante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».


Jn 2,1-11: En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

19/04 - San Juan el Paleolaurita


San Juan el Paleolaurita fue un monje y sacerdote que vivió en el siglo VIII. Adoptó el nombre de Paleolaurita porque se retiró a la Laura de San Caritón, conocida como la "Vieja Laura", por ser uno de los monasterios más antiguos de Palestina y estar ubicada cerca de Belén.


Defendió la fe ortodoxa de los herejes y compuso himnos sagrados.


Tras una vida dedicada a la virtud, se durmió en el Señor a principios del siglo IX.



Fuente: crkvenikalendar.com

Traducción del italiano: Google Translator

Adaptación propia

19/04 - El Santo Hieromártir Pafnucio


Según determinados sinaxarios, todo lo que sabemos de San Pafnucio se recoge de los himnos que se cantan hoy, ya que no se nos ha dejado ninguna biografía. A partir de éstos, vemos que él era un obispo o sacerdote de Jerusalén, que por su fe en Cristo disputó con "animales salvajes", luego fue arrojado al fuego (sin ser afectado), y finalmente fue decapitado por la espada.


El patriarca Germano I de Constantinopla (c. 634-c. 733) compuso un Canon en su honor, donde nos informa que las reliquias del santo Pafnucio fueron glorificadas por milagros, expulsando demonios y distribuyendo abundantes milagros de curación. El Patriarca también implora los ruegos del Santo, para que "por sus intercesiones, podamos ser liberados del yugo de la venganza de Ismael" (Oda 7) y "se nos conceda la victoria, Oh Maestro, contra los bárbaros" (Oda 8). En la Oda 9 hay una petición para que el Hieromártir traiga la paz al rebaño de Cristo.


Algunos consideran que este Santo es el mismo Santo Pafnucio celebrado el 25 de septiembre, que fue martirizado por crucifixión, pero esto no es probable. Otros lo asocian con el Pafnucio que fue discípulo de San Antonio el Grande y obispo de la Alta Tebaida, quien también fue Confesor durante la persecución del Emperador Maximiano, pero esto también parece improbable. El Santo de hoy parece ser un Santo único, que fue especialmente venerado por sus reliquias milagrosas, que parecen haber sido descubiertas de manera milagrosa y fueron una fuente de milagros.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Domingo de Tomás (Antipascua)


Todos los días durante la semana posterior a la Pascua, que la Iglesia llama la “Semana de las Luces” o “De la Renovación”, se celebran los oficios pascuales en todo su esplendor. Diariamente se repite la Liturgia pascual y las Puertas Reales del santuario permanecen abiertas. Abunda el regocijo de la Resurrección y el don del Reino de la Vida Eterna. Luego, al final de la semana, en la tarde del sábado, se comienza la celebración del Segundo Domingo de la Pascua de Resurrección en memoria de la aparición de Cristo al Apóstol Tomás “después de ocho días” (Jn 20:26).


Es importante recordar que el número ocho tiene un significado simbólico tanto en la tradición espiritual judía como en la cristiana. Significa más que cumplimiento y plenitud: significa el Reino de Dios y la vida del mundo venidero, ya que siete es el número del tiempo terrenal. El sábado, el séptimo día, es el bendito día de descanso en este mundo, el último día de la semana. El “primer día de la semana”, el día “después del sábado”, que en todos los Evangelios es recalcado como el día de la Resurrección de Cristo (Mc 16:1; Mt 28:1; Lc 24:1; Jn 20:1, 19), es por lo tanto también el “octavo día”, el día más allá de los confines de la tierra, el día que simboliza la vida del mundo venidero, el día del eterno descanso del Reino de Dios.


El Domingo después de la Pascua de Resurrección, llamado el Segundo Domingo, es entonces el octavo día de la celebración pascual, el último día de la Semana de las Luces. Por lo tanto recibe el nombre de “Domingo Nuevo”. Era solamente en este día en la Iglesia primitiva que los cristianos recién bautizados se quitaban sus túnicas bautismales y volvían a entrar nuevamente a la vida de este mundo.


En los oficios de la Iglesia, se da énfasis a la visión del Apóstol Tomás de Cristo, y en el significado del día llega a nosotros mediante las palabras del Evangelio: “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo, Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”(Jn 20:27-29).


No hemos visto a Cristo con nuestros ojos físicos ni tampoco hemos tocado su cuerpo resucitado con nuestras manos, mas en el Espíritu Santo hemos visto, tocado y gustado de la Palabra de la Vida (I Jn 1:1-4), y así es que creemos.


En cada uno de los oficios de oración diarios hasta la Fiesta de la Ascensión, cantamos el Tropario de la Resurrección. En cada uno de los oficios dominicales a partir del domingo de Santo Tomás, cantamos el Canon de la Resurrección  y sus himnos, y repetimos la celebración del “primer día de la semana” en que Cristo resucitó de entre los muertos. En cada Divina Liturgia, la lectura de la epístola es tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, contándonos acerca de los primeros cristianos que vivían en comunión con el Señor Resucitado. Todas las lecturas del Evangelio son tomadas del Evangelio según San Juan, considerado por muchos como un evangelio escrito especialmente para los nuevos bautizados en la vida nueva del Reino de Dios, mediante la muerte y la nueva vida en Cristo, en nombre de la Santísima Trinidad. Se piensa esto porque todos los “signos”, como se refieren a los milagros en el Evangelio de San Juan, tratan de temas sacramentales que involucran agua, vino y pan. Así, cada uno de los domingos después del Domingo de Santo Tomás, con la excepción del Tercero, es dedicado a la memoria de uno de estos “signos”.


LECTURAS


Hch 5,12-20: En aquel tiempo, por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los enfermos a las plazas, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados. Entonces el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles: «Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida».


Jn 20,19-31: Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.



Fuente: Arquidiócesis de Buenos Aires y toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y todo el Oriente) / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española