05/11 - Hermas, Patrobas, Gayo, Lino y Filólogo los Apóstoles de los 70


San Hermas


Sirvió como obispo en Filipópolis y murió como mártir de Cristo después de que los habitantes paganos de la región de Tracia lo atacaran por desafiar su fe en los ídolos. En la actualidad aún es venerado por el martirio que recibió con gozo.


Mencionado en la Epístola a los Romanos (16,14), San Hermas fue asesinado tras haberse atrevido a desafiar el culto de las antiguas deidades griegas (como Afrodita y Hera) por los residentes de esta histórica ciudad de Tracia. Tal y como todos los otros miembros de Los Setenta, San Hermas había hecho un voto de fe por el cual se comprometía al martirio, si es que le era requerido. 


De acuerdo con los historiadores de la época más de la mitad de Los Setenta darían, eventualmente, su vida por el Evangelio, y ninguno fue mas valiente y dedicado que este fiel obispo de de la antigua ciudad de Filipópolis.


San Patrobas


Fue obispo de Nápoles y Puteoli, en la región mediterránea conocida en la actualidad como Italia. Sus años de fiel servicio ayudaron a establecer a la Santa Iglesia en esta región, y sus esfuerzos se vieron reconocidos por San Pablo en las Sagradas Escrituras, quien lo saluda en la Epístola a los Romanos (16,14).


En aquellos días remotos, Nápoles fue una gran ciudad capital entre las pequeñas instituciones de cambio y de sistemas de transporte regionales, y en algún momento se incorporaría a Sicilia y posteriormente se transformaría en la modera nación de Italia. 


Debilitados por las guerras constantes y los conflictos tribales acontecidos durante el siglo I, estas embriónicas ciudades-estado eran lugares muy peligrosos para aquellos que abrazaban el Evangelio de Jesucristo. Sin embargo, Patrobas no dudó en llevar la Buena Nueva del Cristianismo a estos reinos, llegando a ser fuente de inspiración para muchos de los primeros evangelizadores.


San Gayo


Fue obispo de Éfeso, en donde fue sucesor de San Timoteo. También es mencionado en un conocido pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos (16, 21-23), tal como se lee: 


«Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípatro, mis parientes. Yo, Tercio, que escribo la carta, os saludo en el Señor. Os saluda Gayo, que me hospeda a mí y a toda esta Iglesia».


Éfeso en aquellos tiempos era una ciudad griega situada en la sección de Anatolia en Asia Menor, y en la actualidad forma parte de Turquía. La mayor parte de esa región se convirtió al Cristianismo por la obra de San Pablo y sus compañeros discípulos, quienes viajaron frecuentemente a lo largo de esta parte del mundo antiguo. San Gayo realizó un servicio de vital importancia para la Iglesia primitiva en la consolidación de las obras realizadas en la región de Éfeso.


San Lino


Es un famoso discípulo de San Pablo. Fue uno de los primeros obispos en acceder a la Santa Sede en Roma, en donde sucedió de acuerdo a algunos historiadores de la época al gran Apóstol Pedro.


San Pablo lo menciona junto con otros fieles colaboradores en la segunda carta a Timoteo 4,21: «Te saludan Eúbulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos». Las enseñanzas y las conversiones realizadas por San Lino en Roma desempeñaron un papel muy importante en el establecimiento de la Iglesia dentro del Imperio Romano. 


Algunos siglos después sería este mismo Imperio Romano el que vendría a ser un factor inmensamente importante para la propagación del Santo Evangelio a través del entonces mundo conocido.


San Filólogo


Fue consagrado obispo por el Santo Apóstol Andrés, el Protocleto (el primero en haber sido llamado). 


Sirvió por muchos años como jerarca de Sinope, una gran ciudad portuaria ubicada cerca del Mar Negro (en la actual Turquía). San Filólogo es saludado por San Pablo en su Epístola a los Romanos (16,14-15): 


«Saludad a Asíncrito, Flegón, Hermes, Patrobas, Hermas y a todos los hermanos que están con ellos. Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas y a todos los santos que están con ellos».


Como obispo capaz de atreverse a cualquier cosa por Jesucristo, San Filólogo fue utilísimo en la extremadamente importante tarea de llevar el Evangelio hacia el Asia Menor. 


Al igual que algunos otros miembros de los Setenta, pasó la mayor parte de su vida trabajando sin miedo alguno entre las tribus violentas de esa región pagana, y de esa manera ayudó a sentar las bases de la Iglesia primitiva en esa parte del mundo conocido de aquel entonces.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

05/11 - Galación y su esposa Epistema (Episteme), los Mártires de Emesa


Galación y Episteme vivieron en el s. III d.C., en tiempos del emperador Decio. Su historia de amor mutuo y de amor por el Evangelio de Jesucristo ha movido a generaciones de creyentes a celebrar su victoriosa fidelidad.


Su bella aventura se inició a principios del Siglo III en la antigua Fenicia (actual Líbano). Fue ahí, en la ciudad de Emesa, donde una pareja muy adinerada – Clitofonte y su esposa Leucipe-  vivía con una pena secreta: el hecho, profundamente problemático, de que, independientemente de cuánto oro les hubieran entregado a los sacerdotes paganos que gobernaban el pueblo, no habían podido concebir un hijo. Ninguno de los dos se imaginaba, en el momento en que se lamentaban por la esterilidad de su matrimonio, que pronto serían padres de un gran mártir de la Santa Iglesia.


En aquellos días la ciudad de Emesa estaba gobernada por un brutal dictador sirio, Segundo, que, por encima de todas la cosas, aborrecía a los cristianos. Su oposición al Evangelio de Jesucristo era tan feroz que ordenó a sus soldados mostrar sus temibles instrumentos de tortura en cada esquina de las calles… al tiempo que hacían saber a viva voz que estos serían usados sin ningún tipo de misericordia contra aquellos que fueran suficientemente tontos como para unirse a “la secta del Nazareno”. Dichos instrumentos, de solo verlos, producían un gran terror, y aun a pesar de ello, muchos seguían convirtiéndose en secreto a la nueva fe.


Uno de esos conversos fue un viejo y harapiento mendigo llamado Onofre, cuyas desgarradas vestiduras ocultaban una simple túnica y la dignidad de monje de Cristo. Este piadoso mendigo llegaba cada día a las casas opulentas de la ciudad,y donde podía predicaba suave, pero persuasivamente, la verdad del Hijo de Dios y la salvación que nos ofrece a todos gratuitamente.


Un día, mientras Onofre pedía limosna de puerta en puerta, llegó hasta la estéril y afligida Leucipe. El monje disfrazado escuchó en silencio su historia y sus esperanzas defraudadas, y entonces le contó acerca de los muchos milagros que habían ocurrido dos siglos atrás de manos del Salvador. Leucipe creyó: aceptó a Cristo en su corazón y fue bautizada en el nombre del Santo Redentor. De pronto sintió surgir la esperanza. Soñó que pronto le habría de nacer un hijo… y que también habría de ser un cristiano devoto. Junto a ella se encontraba, lleno de gozo, su asombrado esposo, al que la que pronto sería madre persuadió para que aceptara bautizarse en la Verdadera Fe. Y así ambos abandonaron la idolatría y abrazaron el Cristianismo.


Ahora ellos era una familia cristiana, y cuando llegó el niño, lo bautizaron como Galación o Galacteón” y lo educaron en la fe. Le proveyeron de una buena educación y lo instaron a casarse, al tiempo que disfrutaba de una brillante carrera profesional. Cuando alcanzó la edad de 24 años, su padre arregló su casamiento con una bella y joven, socialmente reconocida, llamada Episteme.


Su futuro parecía perfecto, pero el joven Galación se sentía desasosegado e intranquilo. En el fondo no deseaba casarse, pues anhelaba la severa y austera vida ascética de un monje Cristiano. Cuando compartió con su prometida estas aspiraciones, ella no sólo lo alentó, sino que también le confesó que también ella tenía la determinación de vivir una vida de devota religiosidad. Al final, aunque estuvieron formalmente casados, estuvieron de acuerdo en permanecer castos, cosa que hicieron hasta el final de sus días.


Estos dos jóvenes llegaron a vivir su devoción a Cristo con tal ardor que bautizaron a uno de los siervos de la familia, el fiel Eutolmio, en la misma fe gozosa que ahora era el centro de sus vidas. Alejándose completamente de la gran ciudad, se escondieron en dos Monasterios en el Monte Publión (uno para hombres y otro para mujeres), cerca del Monte Sinaí, donde los devotos monjes hacían lo mejor posible para escapar de la temible represión que estaba teniendo lugar contra el Cristianismo.


Resplandecieron brillantemente en sus monasterios. Fueron los primeros en el trabajo, los primeros en la oración, los primeros en humildad y obediencia, y los primeros en amor. 


Durante un tiempo pudieron rezar y meditar en paz, pero sus horas de tranquilidad estaban destinadas a convertirse en angustia y sufrimiento. Muy pronto una sombra siniestra cayó sobre la montaña cuando llegaron los pelotones de soldados.  No abandonaron sus monasterios ni se vieron hasta poco antes de su muerte. Mientras la cruel persecución contra los cristianos se hacía, día a día, cada vez peor, Episteme tuvo una visión celestial en la cual ella y su esposo caminaban a través de un hermoso palacio gobernado por un Poderoso Rey, una persona bondadosa que sonreía gozosamente mientras colocaba coronas de oro sobre sus cabezas. 


Comenzó una feroz persecución y ambos fueron llevados ante el tribunal en Alejandría bajo el mando del gobernador Urso. Cuando los paganos azotaron sin piedad a Galación, Episteme vio a su amado esposo ser arrastrado hacia la tortura y la muerte. Episteme lloró. Entonces les rogó a sus captores con palabras como estas: “¡Tómenme también a mí! ¡Mátenme al mismo tiempo que lo asesinan a él!”. Los torturadores se sintieron muy felices de poder complacerla.


Nuestros mártires sufrieron terriblemente. Fueron azotados y les insertaron cañas debajo de las uñas. Luego les cortaron las manos y los pies. Cuando finalmente fueron decapitados mientras rezaban fervientemente y confesaban su fidelidad al Señor, su fiel siervo Eutolmioo juntaría sus restos para darles una sepultura digna y Cristiana. Eutolmios había sido esclavo de los padres de Episteme, y luego un monje con Galación. También escribió la vida de estos maravillosos mártires de Cristo, que sufrieron y recibieron sus coronas en el cielo en el año 253, bajo el reinado del Emperador Romano Decio. Galación tenía 30 años en su martirio, mientras que Episteme tenía 16 (o alrededor de 20 según otras fuentes).


Llena de sufrimiento, pero al mismo tiempo llena de gozo, la vida de estos dos mártires cristianos brilla como las estrellas en la bóveda del cielo. De ellos aprendemos que el amor mutuo entre un hombre y su esposa brota maravillosamente del mismo amor que Dios Todopoderoso y Misericordioso envía a los hombres en todo momento y lugar.


LECTURAS


Heb 10,32-38: Hermanos, recordad aquellos días primeros, en los que, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos: unos, expuestos públicamente a oprobios y malos tratos; otros, solidarios de los que eran tratados así. Compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores y permanentes. No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa. Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa. Un poquito de tiempo todavía y el que viene llegará sin retraso; mi justo vivirá por la fe, pero si se arredra le retiraré mi favor.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

Jueves de la VII Semana de Lucas


Lc 11,47-54;12,1: Dijo el Señor a los judíos que habían acudido a él: «¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, a quienes mataron vuestros padres! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros les edificáis mausoleos. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirán”; y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os digo: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!». Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo implacablemente y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, tendiéndole trampas para cazarlo con alguna palabra de su boca. Mientras tanto, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Jueves de la XXIII Semana


1 Tes 2,9-14: Hermanos, recordad nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no ser gravosos a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de que nuestro proceder con vosotros, los creyentes, fue leal, recto e irreprochable; sabéis perfectamente que, lo mismo que un padre con sus hijos, nosotros os exhortábamos a cada uno de vosotros, os animábamos y os urgíamos a llevar una vida digna de Dios, que os ha llamado a su reino y a su gloria. Por tanto, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, porque, al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes. Efectivamente, vosotros, hermanos, seguisteis el ejemplo de las iglesias de Dios que están en Judea, en Cristo Jesús.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

España - Día de la Iglesia Diocesana 2026


«Dios cuenta contigo» es el lema de la campaña del  Día de la Iglesia Diocesana 2026, que se celebra este año en España el domingo 8 de noviembre. Una llamada al compromiso desde la gratitud, ya que la vida de las diócesis y parroquias solo se entiende desde la respuesta corresponsable de todos los bautizados, cada uno desde su propia vocación y estado de vida.


Desde la Asociación Cultural Cristianismo Bizantino, y sin menoscabo de nuestra independencia como entidad de derecho civil, animamos a nuestros socios y amigos a que sean generosos con la Diócesis en cuyo territorio residen y les recordamos que, además de entregar su donativo en persona en las diferentes parroquias o comunidades, pueden realizarlo de manera rápida y segura a través de la página web https://www.donoamiiglesia.es/