05/03 - Conón el Jardinero


CONÓN ERA de Galilea y se había retirado a Panfilia, en Maguido, en donde cultivaba un pequeño jardín.


Después del martirio de los santos Papías, Diodoro y Claudiano, durante la persecución de Decio, el prefecto Publio fue a la región, se detuvo en las puertas de la ciudad e hizo saber a los habitantes que deberían reunirse a su alrededor. Todo el mundo respondió al llamado; sin embargo un tal Naódoro, con algunos ancianos de la ciudad pidió ayuda para buscar a los que pudiesen haberse escondido. Se organizó un equipo, al que se unió un tal Orígenes y no tardó en llegar al sitio donde Conon cultivaba su jardín. Después de haberle saludado, Orígenes le dijo: "El prefecto os llama".


—"¿Qué quiere de mí el prefecto?, dijo Conón. Soy un extranjero y, sobre todo, un cristiano. Que busque el prefecto a quienes tengan su misma calidad y rango, en vez de un pobre hombre como yo, que trabaja con pena la tierra".


Inmediatamente mandó Naódoro que ataran a Conón a su caballo y se lo llevó a rastras, sin que el santo hombre opusiera resistencia. Por el camino, Naódoro dijo a Orígenes: "Nuestra cacería no fue en vano, puesto que llevamos una buena pieza. Este tendrá que justificarse más que ningún otro cristiano".


Al llegar ante el prefecto, Naódoro le mostró al cautivo y dijo con marcado tono de ironía: "Por la vigilancia de los dioses, según la orden del todopoderoso emperador y, gracias a vuestra buena fortuna, acabamos de descubrir a este hombre, el bienamado de los dioses, el más sumiso a las leyes y a los mandatos del gran rey".


Entonces Conón, se irguió para gritar con todas sus fuerzas: "¡No es cierto! ¡Yo no obedezco sino al gran Rey que es Cristo!".


Entonces intervino Orígenes para dar explicaciones al asombrado prefecto: "Excelencia, le dijo; después de haber recorrido toda la ciudad no encontramos más que a este pobre anciano en un jardín".


El prefecto se dirigió a Conón y le preguntó quién era, de dónde venía y cuál era su familia. A todo esto, Conón respondió sencillamente: “Soy de Nazaret d e Galilea. Mi familia es la de Cristo, a quien desde mi infancia reconozco como a supremo Dios".


"Si conoces a Cristo como un Dios, dijo el prefecto, reconoce también a nuestros dioses y ríndeles homenaje".


Conón dejó escapar un suspiro, levantó al cielo la vista y exclamó: "¡impío! ¿Cómo puedes blasfemar así del Dios Supremo?, te aseguro que no podrás persuadirme a que haga lo que dices".


Entonces el tirano mandó que le encajaran clavos en la planta de los pies y, en esas condiciones, obligó al anciano a que corriera delante de su carro. El santo atleta de Cristo obedeció y comenzó a correr al tiempo que entonaba el salmo XXXIX: "Espero yo en Yahwé confiadamente y se inclinó hacia mí y oyó mi grito", para que no escapara de su boca queja alguna, sino sólo alabanzas, al sufrir por su Señor. No dejó de cantar hasta que le faltaron las fuerzas y cayó al suelo agonizante. Todavía tuvo alientos para exclamar: "¡Señor, recibe mi espíritu!", antes de expirar.


Butler Alban



Fuente: Diócesis de Ciudad Obregón

05/03 - El Santo Hosiomártir Conón de Isauria


Conón nació en Isauria (actual Turquía) y vivió durante la época de los Santos Apóstoles o en el siglo II. Era hijo de los lugartenientes Néstor y Nada, y era de un pueblo llamado Bidán, que estaba a una distancia de dieciocho estadios, o un poco más de dos millas, de Isauria.


Cuando alcanzó la mayoría de edad, Conón quería ser monje para dedicar su vida a Cristo, pero por obedecer a su padre aceptó casarse con una joven llamada Ana. La noche de bodas, Conon le preguntó a su esposa, "¿Qué es mejor: la luz o las tinieblas?". "La luz, por supuesto", respondió ella. Y Conon entonces le habló de su fe en Cristo, de la gloria de la virginidad y de la continencia. Así, convirtió a su mujer a Jesucristo, y vivieron como hermanos,  prefiriendo la virginidad al matrimonio.


El santo fue guiado por el Arcángel y Comandante en Jefe Miguel, quien, se dice, se le apareció con una vestidura brillante, le enseñó la fe de Cristo, lo bautizó en el nombre de la santa y vivificante Trinidad y comulgó con los Inmaculados Misterios. Hasta el final de la vida del santo, el Arcángel no estuvo ausente de su lado de manera invisible, otorgándole el poder de realizar maravillas asombrosas.


Poco tiempo después Conon también convirtió a sus padres y comenzaron a vivir su fe abiertamente. Eran un ejemplo para los cristianos y los paganos por su caridad, su entrega y disponibilidad.


En una epidemia de viruela, Conon perdió a su madre y su mujer, quienes habían enfermado cuidando a los enfermos hasta la extenuación. Entonces él y su padre se dedicaron a la oración, penitencia y catequesis de los nuevos cristianos.

 

Se dice que Néstor, el padre del santo, fue arrestado por los idólatras por su confesión de Cristo como Dios, y fue hecho digno de un final mártir. A esto siguió un debate y rivalidad entre San Conon y los idólatras, sobre qué Dios era mayor, en el que creía el santo o el de los idólatras. Porque este era un momento en que los idólatras entraban en una cueva oscura y profunda, donde celebraban un festival para uno de sus dioses falsos, y se decidió que el Dios más grande sería el de quien llegara a la cueva primero desde su lugar respectivo. Los idólatras montaron en sus caballos y se apresuraron a llegar primero, pero el santo, aunque iba a pie, llegó primero allí, y los rebasó tanto por el camino, que los encontró sudando y jadeando en gran manera en su regreso de la cueva por el mismo camino. Los griegos (idólatras) estaban maravillados por esta cosa extraña, pero se endurecieron una vez más y trataron de descubrir del mismo ídolo demoníaco qué Dios era el más grande. Entonces el santo ordenó al ídolo junto con el demonio del ídolo que bajaran; el demonio bajó y se acercó a los pies del santo, gritando: "¡Solo Cristo es Dios, a quien tú predicas!". Entonces los griegos creyeron en Cristo y gritaron: "¡El Dios de Conon es uno!", Y "¡El Dios de Conon ha vencido!". Hasta el día de hoy, estos gritos son proclamados en voz alta por los isaurios, cuando tiene lugar la conmemoración de San Conon.


Se dice que el divino Conon recibió tanto poder y autoridad de Dios contra los demonios, que enviaba algunos demonios a cultivar la tierra; a otros los enviaba para proteger los frutos, mientras que a otros los encerraba en vasijas de barro y ponía un sello sobre ellos, que luego escondería y enterraría en los cimientos de su casa.


Su martirio tuvo lugar  de la siguiente manera. Cuando el gobernador Magno fue a Isauria por orden imperial, San Conón fue arrestado y llevado ante él. Habiendo confesado a Cristo, y no siendo persuadido a sacrificar a los ídolos, fue duramente golpeado y atado. Cuando la multitud se enteró de esto, fue a rescatarlo dando muerte al gobernador, pues todos habían sido iluminados por el santo, y habían recibido de él el conocimiento de la verdad al creer en Jesucristo. Cuando el gobernador se enteró de esto, huyó. Soltando al santo de sus ataduras, le lavaron la sangre del cuerpo con una esponja y lo devolvieron a su casa. El santo pasó dos años allí y luego reposó en el Señor. Se dice que, después de la muerte del santo, los cristianos quisieron convertir su casa en una iglesia, y mientras cavaban, encontraron esas vasijas de barro que contenían a los espíritus malignos. Cuando se abrió una de esas vasijas (porque los que estaban construyendo la iglesia pensaron que contenía oro debido a su gran peso), inmediatamente los demonios emergieron en forma de fuego. Los que estaban construyendo la iglesia cayeron al suelo, el edificio de la iglesia se cayó, la madera y las cuerdas se quemaron, y nadie pudo acercarse a ese lugar hasta después de la puesta del sol. Después de un tiempo, ese lugar se liberó de la angustia de los demonios a través de las oraciones de San Conón y a través de la oración y el ayuno de los cristianos de allí.

 


Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / religionenlibertad.com

Jueves de la II Semana de Cuaresma


En la Hora Sexta


Is 6,1-12: El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Junto a él estaban los serafines, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos el cuerpo, con dos volaban, y se gritaban uno a otro diciendo: «¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!». Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo». Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame». Él me dijo: «Ve y di a esta gente: “Por más que escuchéis no entenderéis, por más que miréis, no comprenderéis”. Embota el corazón de esta gente, endurece su oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, que sus oídos no oigan, que su corazón no entienda, que no se convierta y sane». Pregunté: «¿Hasta cuándo, Señor?». Me respondió: «Hasta que las ciudades queden devastadas y despobladas, las casas sin gente, los campos yermos. Porque el Señor alejará a los hombres, y crecerá el abandono en el país».


En Vísperas


Gén 5,1-24: Este es el libro de los descendientes de Adán. El día en que Dios creó al hombre, a imagen de Dios lo hizo. Los creó varón y mujer, los bendijo y les puso el nombre de «Adán» el día en que los creó. Adán tenía ciento treinta años cuando engendró un hijo a imagen suya, a su semejanza, y lo llamó Set. Después de haber engendrado a Set, vivió Adán ochocientos años y engendró hijos e hijas. Adán vivió un total de novecientos treinta años. Set tenía ciento cinco años cuando engendró a Enós. Después de haber engendrado a Enós, vivió Set ochocientos siete años y engendró hijos e hijas. Set vivió un total de novecientos doce años. Enós tenía noventa años cuando engendró a Quenán. Después de haber engendrado a Quenán, vivió Enós ochocientos quince años y engendró hijos e hijas. Enós vivió un total de novecientos cinco años. Quenán tenía setenta años cuando engendró a Malalel. Después de haber engendrado a Malalel, vivió Quenán ochocientos cuarenta años y engendró hijos e hijas. Quenán vivió un total de novecientos diez años. Malalel tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Yared. Después de haber engendrado a Yared, vivió Malalel ochocientos treinta años y engendró hijos e hijas. Malalel vivió un total de ochocientos noventa y cinco años. Yared tenía ciento sesenta y dos años cuando engendró a Henoc. Después de haber engendrado a Henoc, vivió Yared ochocientos años y engendró hijos e hijas. Yared vivió un total de novecientos sesenta y dos años. Henoc tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Matusalén. Después de haber engendrado a Matusalén, siguió Henoc los caminos de Dios durante trescientos años y engendró hijos e hijas. Henoc vivió trescientos sesenta y cinco años. Henoc siguió los caminos de Dios y después desapareció, porque Dios se lo llevó.


Prov 6,3-20: Haz esto, hijo mío, para librarte (pues caíste en manos de tu vecino): ve, insiste, importúnalo, no concedas sueño a tus ojos ni des reposo a tus párpados: escapa como gacela de la trampa, como pájaro de la red del cazador. Ve a observar a la hormiga, perezoso, fíjate en sus costumbres y aprende. No tiene capataz, ni jefe ni inspector; pero reúne su alimento en verano, recopila su comida en la cosecha. ¿Hasta cuándo dormirás, perezoso?, ¿cuándo te sacudirás la modorra? Un rato duermes, otro dormitas, cruzas los brazos y a descansar. ¡Y te llega la miseria del vagabundo, te sobreviene la pobreza del mendigo! El hombre malvado y perverso anda con el engaño en la boca; guiña los ojos, menea los pies, va haciendo gestos con los dedos; maquina desatinos, planea maldades, provoca continuas peleas. Por eso, de pronto, llega su ruina, su caída, de repente y sin remedio. Seis cosas detesta el Señor, y una séptima aborrece del todo: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que maquina planes perversos, pies que se apresuran tras la maldad, testigo falso que proclama mentiras y hombre que siembra discordias entre hermanos. Atiende, hijo, la instrucción de tu padre, no rechaces la enseñanza de tu madre.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

04/03 - Gerásimo el Justo del Jordán


Lo que de Gerásimo sabemos, lo hallamos en las “vitae” de San Eutimio y San Ciriaco, escritas por Cirilo el Monje.


San Gerásimo nació en Licia de Asia Menor, donde abrazó la vida eremítica. Se fue a Palestina, donde conoció la herejía eutiquianista, una variante de los monofisitas. En este error permaneció hasta que San Eutimio le sacó de su herejía y lo devolvió a la verdadera fe. Para expiar su pecado comenzó austeras penitencias.


Más tarde parece que estuvo en varias comunidades de la Tebaida, y finalmente retornó a Palestina, donde se hizo íntimo amigo de San Juan el Silencioso, de San Sabas, de San Teoctisto y de San Atanasio de Jerusalén. Tan numerosos fueron sus discípulos, que el santo fundó una "laura" de sesenta celdas cerca del Jordán y un convento para los principiantes. Sus monjes guardaban silencio casi completo, dormían en lechos de juncos y jamás encendían fuego dentro de las celdas, a pesar de que las puertas tenían que estar siempre abiertas. 


Se alimentaban ordinariamente de pan, dátiles y agua y dividían el tiempo entre la oración y el trabajo manual. A cada monje se asignaba un trabajo determinado, que debía estar listo el sábado siguiente. Aunque la regla ya era de suyo severa, San Gerásimo la hacía todavía más rigurosa para sí y nunca cesó de hacer penitencia por su caída en la herejía eutiquiana. Según se cuenta, durante la cuaresma su único alimento era la Sagrada Eucaristía. San Eutimio le profesaba tal estima, que le enviaba, por medio de los discípulos, a aquellos de sus seguidores a quienes consideraba llamados a la más alta perfección. La fama de San Gerásimo sólo cedía ante la de San Sabas. El año 451, durante el Concilio de Calcedonia, su nombre sonó en todo el Oriente. La "laura" que él había fundado florecía todavía un siglo después de su muerte.


En el "Prado Espiritual" Juan Mosco nos ha dejado una anécdota encantadora. Cuenta Cirilo que un día, mientras Gerásimo paseaba a orillas del Jordán, vio un león que cojeaba y rugía de dolor. El santo se acercó y viendo que la bestia permanecía mansa, miró la pata y vio que tenía enterrada una astilla afiladísima de madera. El santo sacó el trozo de madera y vendó la pata al león y continuó su camino. Al llegar al monasterio vio que el león le había seguido, así que le dejó entrar a su celda y quedarse con él. Cuando sanó, Gerásimo le dijo que en el monasterio nadie podía estar ocioso y le encomendó cuidase al burro que usaban para cargar el agua, mientras pastaba. Un día el león se distrajo y un comerciante de camellos se robó el burro, y por la noche, cuando el león regresó solo, Gerásimo pensó que lo había comido y le encomendó como castigo suplir al asno cargando agua desde la fuente. Y en ello estuvo hasta que un soldado que visitó el monasterio, sorprendido por aquello, dio dinero a Gerásimo para que comprara un burro y perdonara al león. Un tiempo después, volvió a pasar por allí el comerciante ladrón, y el león le interceptó. El hombre huyó y entonces el león llevó sus burros y camellos hasta el monasterio, donde Gerásimo, al ver su burro, comprendió que no había sido comido y que había castigado al león injustamente.


Durante cinco años, el león acompañó constantemente a Gerásimo, moviéndose entre los monjes, como una mascota. Cuando murió Gerásimo, hacia el año 475, el abad Sabacio, viendo la tristeza del león, le dijo: "nuestro viejo amigo se ha ido y nos ha dejado huérfanos, volando hacia el Señor. Pero aquí está tu comida, como siempre". Pero el león no comía, sino que iba constantemente a la celda de Gerásimo y rugía de dolor. Los monjes le consolaban diciéndole: "El viejo nos ha dejado, pero se ha ido al Señor". Pero nada, no había consuelo posible. Entonces Sabacio le acarició y le dijo "Ven conmigo, ya que no me crees, y te mostraré donde está nuestro amigo", y lo llevó a la tumba de Gerásimo. "Mira, aquí es donde está enterrado", le dijo y arrodillándose, lloró sobre la tumba. El león "comprendió" y se dejó caer sobre la sepultura, hasta morir a los dos días. Según algunos autores, el león que se ha convertido en el símbolo de San Jerónimo era en realidad el de San Gerásimo. La confusión se originó probablemente de la grafía "Geronimus" de ciertos documentos.



Fuente: catholic.net / Religión en Libertad

Adaptación propia

Miércoles de la II Semana de Cuaresma


En la Hora Sexta


Is 5,16-25: Mostrará el Señor del universo grandeza en sus sentencias, y el Dios santo será santificado. Corderos pastarán como en sus pastizales y engordarán entre las ruinas los cabritos. ¡Ay de los que arrastran su culpa con lazos de engaño, su pecado como con cuerdas de carro, de los que dicen: «Que se dé prisa, que apresure su obra para que la veamos, que se aproxime y se cumpla el plan del Santo de Israel para que lo sepamos!». ¡Ay de los que llaman bien al mal y mal al bien, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de quienes son sabios a sus propios ojos y se creen inteligentes! ¡Ay de los fuertes para beber vino, de los valientes para mezclar licores, de los que por soborno absuelven al culpable y niegan justicia al inocente! Como la lengua de fuego devora la paja, y el heno se consume en la llama así se pudrirá su raíz y sus brotes volarán como polvo, porque rechazaron la ley del Señor del universo y despreciaron la palabra del Santo de Israel. Por eso se encendió la ira del Señor contra su pueblo, extendió su mano contra él y lo golpeó, se conmovieron las montañas, y quedaron los cadáveres como carroña en medio de las calles. Y con todo, su ira no se aplaca y su mano sigue extendida.


En Vísperas


Gén 4,16-26: Caín salió de la presencia del Señor y habitó en Nod, al este de Edén. Caín conoció a su mujer; ella concibió y dio a luz a Henoc. Caín estaba edificando una ciudad y le puso el nombre de su hijo Henoc. A Henoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael; Mejuyael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. Lamec tomó dos mujeres: una se llamaba Ada y la otra Sila. Ada dio a luz a Yabel, que fue el padre de los que habitan en tiendas con ganados. Su hermano se llamaba Yubal, que fue el padre de los que tocan la cítara y la flauta. Sila, a su vez, dio a luz a Tubalcaín, forjador de herramientas de cobre y hierro; la hermana de Tubalcaín era Naama. Lamec dijo a sus mujeres: «Ada y Sila, escuchad mi voz; mujeres de Lamec, prestad oído a mi palabra. A un hombre he matado por herirme, y a un joven por golpearme. Caín será vengado siete veces, y Lamec setenta y siete». Adán conoció otra vez a su mujer, que dio a luz un hijo y lo llamó Set, pues dijo: «Dios me ha dado otro descendiente en lugar de Abel, asesinado por Caín». A Set le nació también un hijo, que se llamó Enós. Por entonces se comenzó a invocar el nombre del Señor.


Prov 5,15-23;6,1-3: Bebe agua de tu propia cisterna, la que mana dentro de tu pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por la calle, se perderán tus arroyos por las plazas? Guárdalos solo para ti, no los compartas con extraños. Sea bendita tu fuente, goza de la esposa de tu juventud: cierva encantadora, graciosa gacela, que siempre te embriaguen sus caricias, que de continuo te deleite su amor. No busques, hijo, deleite en la seductora, no cedas al abrazo de una desconocida; que el Señor vigila la conducta del hombre, observa atento todos sus pasos. Su propia maldad atrapa al malvado, queda preso en los lazos de su pecado; morirá por no dejarse corregir, tanta insensatez lo perderá. Hijo mío, si sales fiador de tu vecino, si das la mano en favor de un extraño; si te has enredado con tus palabras, dejándote atrapar por ellas, haz esto, hijo mío, para librarte.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española