17/03 - Alejo el Hombre de Dios


San Alejo, “el hombre de Dios”, también conocido como “Alejo de Roma” o “Alejo de Edessa” es uno de los santos misteriosos de la Iglesia. Puede ser colocado junto con otros santos, llamados “locos por Cristo”, siendo uno de los primeros santos con una vida controvertida, incluso escandalosa, y no sólo por un lector contemporáneo sino por uno coetáneo suyo. La clásica vita de este santo se encuentra en la Leyenda Áurea de Jacobo de la Vorágine, arzobispo de Génova, y de acuerdo con ella, pudo haber vivido en Roma y en Edessa, y más tarde en Roma otra vez, en la casa paterna, durante el reinado del emperador occidental Honorio (395-423), hijo de Teodosio el Grande y durante el pontificado del santo papa Inocencio I (401-417). Primero haré un resumen de su vida, tal cual se lee hoy en día en el Sinaxario Oriental de la Iglesia (prácticamente la misma historia de la Leyenda Áurea), siendo éste el texto más completo, y después de ello analizaré la autenticidad de tan interesante, escandalosa y quizá increíble historia de un santo.


La vida del Santo


El Sinaxarion empieza la historia situándola en tiempos de los justos emperadores Arcadio del Este (395-408) y Honorio del Oeste (395-423), en la casa de un noble rico llamado Eufemiano, que tenía 3000 sirvientes, pero era infeliz porque su esposa Aglaida no podía tener hijos. Incluso siendo justos y compasivos con los pobres, peregrinos, extranjeros y enfermos, permaneció mucho tiempo sin hijos, pero tras un tiempo de oración, Dios les dio un niño milagroso. Demostró aprender muy pronto todos los saberes de su tiempo, pero al ser todavía muy joven, llevaba una vida ascética oculta: llevaba bajo sus ropas un áspero envoltorio.


Ya en edad núbil, fue de alguna manera “casado” por sus padres con una joven noble. El Sinaxarion omite hablar de su deseo de casarse; quizá en ese tiempo era costumbre no casarse por amor, como sí es habitual hoy en día. Después de la boda en la iglesia de San Bonifacio (muy importante, pues en esta iglesia él será enterrado) y tras las ceremonias habituales, Alejo y su esposa quedaron solos en la cámara nupcial. Alejo dio a su esposa su anillo de oro y el cinturón que llevaba, y le dijo: “Guárdalos y que Dios esté con nosotros hasta que este regalo se convierta en algo nuevo”. Entonces abandonó la casa, se embarcó y abandonó Roma para partir a la provincia del Este, estableciéndose en Edessa. Allí se gastó todo el dinero e inició una vida como vagabundo por las calles, acabando como mendigo en las entradas de las iglesias de la ciudad. Entretanto, su padre envió diversos sirvientes para encontrarle y algunos llegaron a Edessa, pero no lo reconocieron. De hecho, le dieron limosna como a cualquier otro pobre. Su madre y su esposa empezaron a llevar ropas de luto y a llorar su inesperada partida.


Alejo permaneció cerca de la iglesia de la Virgen en Edessa durante 17 años, y después de ello el protopresbítero de la iglesia tuvo una visión, en la que Dios descubrió a su santo, llamándolo “hombre de Dios”. Alabado por su santa vida, Alejo abandonó la ciudad con la intención de partir hacia Cilicia, a la ciudad de San Pablo. Pero hubo una tormenta en el mar y el barco llegó a Roma (lo que está lejos de cualquier credibilidad). Ante esta situación, Alejo vio su viaje como un signo de Dios y decidió ir al hogar de su padre. Nadie lo reconoció, ni el padre, ni la madre ni uno solo de los sirvientes, pero él se hizo una choza cerca de su casa y ellos le daban comida todos los días, como a cualquier otro mendigo.


Durante las noches Alejo permanecía en oración y muchos días no tocaba la comida que su padre le enviaba. Por ello, los sirvientes se burlaban de él, a veces le pegaban e incluso le tiraban restos de comida, pero él soportó todo esto sin la menor protesta. Cada domingo él acudía a la iglesia, tomaba la Santa Comunión, y le daba a los pobres la comida que él recibía. Quizá de un modo sádico para nuestros tiempos, vivía cerca de la ventana de su esposa y la miraba llorar todavía por él, pero nunca le dijo nada, porque el amor por Dios es mayor que el amor por la madre, la esposa o el padre.


Después de otros 17 años así, tomó papel y escribió su vida, y con esto en las manos murió, sabiendo de antemano que su fin estaba cerca. En la carta anotó algunos pequeños secretos sólo conocidos por su padre, su madre y su esposa, para que reconocieran que él era el verdadero Alejo, su hijo y esposo. Finalmente, les suplicó que lo perdonaran, pero que pensaba haber hecho lo correcto, porque su elección era una llamada de Dios.


En ese día el papa Inocencio estaba celebrando la Santa Misa en la iglesia de los Apóstoles y tuvo una visión, en la cual Dios le pidió buscar al santo “hombre de Dios”: en la casa de Eufemiano. El papa, junto con el mismo emperador y la corte, acudió a la casa del noble y finalmente hallaron a Alejo muerto en su choza, sujetando la carta en su mano. Tan sólo después de orar lograron coger la carta y leerla ante la multitud. Las perturbadoras noticias de que él era el hijo de Eufemiano fueron terribles para su padre y su madre, pero también para su esposa. Ninguno de ellos supo si debían estar contentos por su santidad o tristes, o quizá nerviosos por tal comportamiento. La historia termina diciendo que el santo fue trasladado en una cama por el mismo emperador y el papa, que no podían pasar debido a la inmensa multitud. Ni siquiera lanzándoles dinero la gente quería abrir paso al cortejo. Al fin, después de diversas historias sobre milagrosas curaciones, el santo fue enterrado en la iglesia de San Bonifacio.


El Sinaxario dice que Alejo murió el 17 de marzo del año 5919 después de la Creación, es decir, en 411 d.C.


Entre la historia y los hechos


Hay algunas observaciones especiales que hacer sobre tan extraño santo. En primer lugar, hay que decir que este tipo de comportamiento es de una naturaleza especialmente sirio-oriental. El primer “clásico” loco por Cristo es San Simeón de Emessa, cuya vida fue escrita por Leoncio, obispo de Neápolis (Chipre) a principios del siglo VII. Pero incluso antes, los escritos ascéticos destacan algunos casos especiales de santos que huyeron de los honores humanos, como la hermana Isidora, que fingió estar loca y de la que se burlaban las demás monjas. Siendo reconocida como santa, huyó en la noche y nadie la volvió a ver, como escribe Paladio en su Historia Lausiaca. Algunos otros santos como Amón de Sketis (Egipto, siglo IV), quien se reía constantemente hasta que sus visitas se marchaban, para que no lo molestaran más (Apophthegmata Patrum, Ammonas 9). En este contexto, una vida como la de Alejo no es algo nuevo.


Las nuevas investigaciones sobre Alejo “el hombre de Dios” establecen que el santo fue primero venerado en el Este y sólo después en Roma. Las versiones latinas de su vida son relativamente tardías y no hay prueba histórica que lo asocie con el papa Inocencio I o con el emperador Honorio.


Una historia muy similar, escrita en el mismo ámbito sirio, habla de un santo llamándolo “hombre de Dios” de Edessa, sin indicar su auténtico nombre. Cuenta que vivió en Edessa durante el obispado del obispo Rabula (412-435) como un pobre mendigo, y pedía limosna en la puerta de la iglesia. Él daba la mayor parte a los demás pobres, después de reservarse lo mínimo para sus estrictas necesidades vitales. Murió en el hospital y fue enterrado en una fosa común para pobres. Antes de su muerte, sin embargo, reveló a uno de los sirvientes de la iglesia que era el único hijo de unos padres distinguidos de Roma. Después de la muerte del santo, el sirviente dijo esto al obispo. Entonces la tumba fue abierta, pero sólo sus harapos de pobre estaban allí. La inexistencia de reliquias es una norma común para los santos locos de Cristo, como es el caso de Simeón de Emesa (siglo VI), Andrés de Constantinopla (siglo X) o incluso la misteriosa Isidora, cuya vida ha permanecido absolutamente desconocida.


La leyenda de Alejo aparece también en un himno (canon) del himnógrafo griego Josefo (883 d.C). Es posiblemente en autor griego de la última biografía que habla de la vida de San Juan Calybata, un joven patricio romano, de quien se cuenta una historia similar. En cualquier caso, la cristiandad occidental no da ninguna información temprana sobre el nombre Alejo en ningún martirologio antes del fin del siglo X. Aparece por primera vez asociado a San Bonifacio como santo protector de una iglesia de la colina del Aventino en Roma. En el lugar que hoy ocupa la iglesia de San Alejo hubo anteriormente una “diakonia”, un establecimiento monástico para el cuidado de los pobres de la Iglesia de Roma. Es casi seguro que en este contexto, el culto de San Alejo fue llevado a Roma por un metropolita griego exiliado, Sergio de Damasco, que llegó en 972, invitado por el papa Benedicto VII, y transformó la iglesia de San Bonifacio en un establecimiento para los pobres.


A principios del siglo XI Alejo se convirtió en un santo muy popular en Roma, por lo que hay muchos frescos representándolo en las iglesias de todo Occidente. Hoy se cree que la iglesia de Alejo se levantó en el lugar donde estaba la casa de Eufemiano, incluso los presuntos restos de la escalera donde Alejo acostumbraba a sentarse, son visibles hoy. La versión romana más popular de su vida parece ser, como ya he indicado, la de la Leyenda Áurea(escrita en torno a 1260).


Hay que mencionar también que el relato de San Alejo tiene semejanzas notables con la parábola del Hijo Pródigo, del evangelio de Lucas, pero curiosamente, es idéntico a un relato atribuido al mismo Buda, presente en el capítulo 4 del Sutra del Loto.


La veneración del Santo


Según una versión rusa de la vida del santo muy extendida, las reliquias estuvieron expuestas hasta el año 1216, siendo guardadas en la iglesia de San Bonifacio. Posteriomente, una parte de sus reliquias, inclusive el cráneo de San Alejo, se dice que fueron entregadas por el emperador bizantino Manuel Paleologos en 1398 al gran monasterio Lavra del Monte Athos. En 2005 hubo un gran peregrinaje en su honor, cuando el relicario dejó Grecia por primera vez y viajó a Moscú, siendo colocado en el monasterio Novospasskiy para su pública veneración.


En la Iglesia Ortodoxa San Alejo es venerado el 17 de marzo y su culto es muy popular aún hoy, especialmente en los países eslavos. Entre los diversos personajes que llevan su nombre hay 5 emperadores bizantinos, 4 emperadores de Trebisonda y uno ruso; así como diversos monjes, laicos, obispos o patriarcas. Hay también muchas iglesias intituladas a su nombre y ritos especiales como el rito del Akathistos (similar al rosario católico) que fue compuesto para honrar su nombre.


Mitrut Popoiu



Fuente: preguntasantoral

Adaptación propia

Martes de la IV Semana de Cuaresma


En la Hora Sexta


Is 25,1-9: Señor, tú eres mi Dios; te ensalzaré y alabaré tu nombre, porque realizaste magníficos designios, constantes y seguros desde antiguo. Redujiste a escombros la ciudad, la plaza fuerte a ruinas, el alcázar de los soberbios no es ya una ciudad, jamás será reconstruida. Por eso te glorifica un pueblo fuerte, te temen las ciudades de pueblos poderosos, porque fuiste fortaleza para el débil, fortaleza para el pobre en su aflicción, refugio en la tempestad, sombra contra el calor. Porque el ánimo de los tiranos es temporal de invierno; como el calor sobre una tierra desértica, el tumulto del extranjero; sometes el calor con la sombra de una nube, y humillas el canto de los tiranos. Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo —lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación».


En Vísperas


Gén 9,8-17: Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra». Y Dios añadió: «Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes. Aparecerá el arco en las nubes, y al verlo recordaré la alianza perpetua entre Dios y todos los seres vivientes, todas las criaturas que existen sobre la tierra». Aún dijo Dios a Noé: «Esta es la señal de la alianza que establezco con toda criatura que existe en la tierra».


Prov 12,8-24: El hombre prudente se gana la estima, el corazón perverso es despreciado. Más vale modestia y valerse a sí mismo que ser presuntuoso y no tener pan. El honrado se preocupa de su ganado, el malvado tiene entrañas crueles. Quien cultiva la tierra se harta de pan, quien persigue ilusiones es un insensato. La codicia es trampa del malvado, la raíz del honrado se mantiene. El malvado se enreda en sus palabras, el honrado escapa del aprieto. El hombre se harta del fruto de su boca, cada cual recibe según sus acciones. El necio piensa que es recto su camino, el hombre sabio escucha los consejos. El necio demuestra al instante su ira, el hombre prudente disimula la ofensa. Quien dice la verdad proclama la justicia, el testigo falso se aferra a la mentira. El chismoso hiere como espada, la lengua del sabio sana. Palabra veraz permanece por siempre; discurso mentiroso, solo un instante. Quien trama el mal provoca amargura, quien fomenta la paz produce alegría. El honrado escapa a todo lo malo, el malvado vive lleno de desgracias. El Señor detesta los labios mentirosos; le agrada, en cambio, el hombre sincero.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

16/03 - Sabino el Mártir de Egipto


Sabino era un cristiano originario de Hermópolis de Egipto, hijo de una rica familia perteneciente a la aristocracia, que, por rechazo al paganismo que lo rodeaba, se retiró fuera de la ciudad y vivía en el desierto, en una choza, junto con otros ermitaños, en lo que sería una primitiva forma de monaquismo. Era conocido por su celo y piedad.


Un tal Menandro, pagano al que acogió en su celda y a quien daba dinero y comida, lo denunció por dos monedas de oro a Arriano, presidente del tribunal de la Tebaida, quien mandó comparecer a Sabino a la ciudad de Hermópolis, a orillas del Nilo o Antinoópolis. Primero fue colgado en el aire y desollado. Después sus torturadores quemaron su cuerpo enjuto con antorchas encendidas. Manteniéndose firme en su fe, se ordenó que se le atara una piedra al cuello y fuese arrojado a las aguas del Nilo


Los detalles que nos han llegado son bien pocos. Incluso es difícil situar la fecha, aunque parece corresponder a la persecución de Diocleciano, de inicios del siglo IV.


Se conserva sobre el mártir un dístico griego que dice: «Arrojado vivo al río con una piedra / su vida navegó lentamente por el agua.»



Fuente: eltestigofiel.org / goarch.org / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Traducción del inglés y adaptación propias

Lunes de la IV Semana de Cuaresma


En la Hora Sexta


Is 14,24-32: Lo ha jurado el Señor del universo: como lo había proyectado ha ocurrido, y lo que había decidido se cumplirá: quebrantar a Asiria en mi propia tierra, pisotearla en mis montañas. Se apartará de ellos su yugo y su carga de sus hombros. Este es el proyecto decidido sobre todo el país, esta es la mano extendida sobre todas las naciones. El Señor del universo lo ha decidido. ¿Quién podría frustrarlo? Su mano está extendida. ¿Quién podría apartarla? El año de la muerte del rey Ajaz se proclamó este oráculo: No te alegres, nación filistea, porque se ha quebrado la vara que te golpeaba. Porque de la raíz de la serpiente saldrá una víbora, y su fruto será un áspid volador. Los más pobres serán alimentados, y los indigentes reposarán seguros. Pero haré morir de hambre la raíz y lo que de ti quede será eliminado. Gima el pórtico, grite la ciudad, tiemble toda Filistea, porque se eleva desde el norte una columna de humo. De su compacta formación nadie se aparta. ¿Qué responder a los mensajeros de esa nación? Que el Señor ha fundado Sión y en ella se refugian los desvalidos de su pueblo.


En Vísperas


Gén 8,21-9,7: El Señor olió el aroma que aplaca y se dijo: «No volveré a maldecir el suelo a causa del hombre, porque la tendencia del corazón humano es mala desde la juventud. No volveré a destruir a los vivientes como acabo de hacerlo. Mientras dure la tierra no han de faltar siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche». Dios bendijo a Noé y a sus hijos diciéndoles: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Todos los animales de la tierra y todas las aves del cielo os temerán y os respetarán; todos los reptiles del suelo y todos los peces del mar están a vuestra disposición. Todo lo que vive y se mueve os servirá de alimento: os lo entrego todo, lo mismo que los vegetales. Pero no comáis carne con sangre, que es su vida. Pediré cuentas de vuestra sangre, que es vuestra vida; se las pediré a cualquier animal. Y al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano. Quien derrame la sangre de un hombre, por otro hombre será su sangre derramada; porque a imagen de Dios hizo él al hombre. Vosotros sed fecundos y multiplicaos, moveos por la tierra y dominadla».


Prov 11,19-12,6: Quien obra rectamente va derecho a la vida, quien va tras la maldad camina hacia la muerte. El Señor detesta el corazón perverso, se muestra complacido en la conducta limpia. El malvado no escapará al castigo, el linaje del honrado se salvará. Como anillo de oro en jeta de puerco es mujer hermosa falta de seso. El deseo del honrado se cumple, la esperanza del malvado se malogra. Hay quien es generoso y se enriquece, quien ahorra injustamente y empobrece. El hombre generoso prosperará, quien alivia la sed será saciado. El pueblo maldice al que acapara trigo; a quien lo vende, lo cubre de bendiciones. Quien se afana en el bien será favorecido; al que busca el mal, el mal lo encontrará. Quien confía en sus riquezas se marchita, como follaje reverdecen los honrados. Quien descuida su casa hereda viento, el necio acaba esclavo del sabio. El fruto de la honradez es árbol de vida, quien es sensato cautiva a la gente. Si el honrado recibe su paga en la tierra, ¡cuánto más el hombre malvado y pecador! Quien ama la reprensión ama el saber, quien odia la corrección se embrutece. El honrado alcanza el favor del Señor, el hombre intrigante será condenado. Quien se apoya en la maldad se tambalea, la raíz del honrado se afianza segura. Mujer de valía es corona del marido; mujer indigna, carcoma de sus huesos. Los planes del honrado son rectos; las ideas del malvado, traidoras. Las palabras del malvado son trampa mortal, lo que dice el honrado salva a la gente.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

15/03 - Agapio el Mártir y sus Compañeros


Cuando unos jóvenes paganos de Cesarea vieron cómo los romanos trataban a los jóvenes cristianos en su ciudad, se indignaron. ¿Cómo podrían ellos permanecer indiferentes ante esto y permitir que los ocupantes de turno de su Provincia Palestina quemaran vivos a esos valientes compañeros? ¿Cómo podrían ellos observar a esos niños cristianos –sus conciudadanos después de todo– ser arrojados en jaulas con animales salvajes para luego ser destrozados… sin resistir a ese sádico tratamiento por parte de los soldados armados del Imperio Romano?


Estos jóvenes paganos no eran seguidores de aquel que se llamaba el Santo Redentor, pero eran hombres jóvenes honestos, y, como la mayoría de los adolescentes, estaban llenos de un fervoroso idealismo. También estaban cansados y molestos de ver a la minoría cristiana de la zona costera de su pueblo ser maltratada y humillada día tras día por un grupo de tiranos fariseos que no eran otra cosa que un grupo de ladrones armados.


Según nos cuenta el historiador Eusebio, Obispo de Cesarea (265-339 d.C), «en el Segundo año de la persecución en nuestros días en la ciudad de Cesarea, era el festival en el cual todas las personas se reunían en sus ciudades. El mismo festival también se celebró en Cesarea. Y en el circo había una exhibición de carreras de caballos, y se ofreció una representación en el teatro; era también costumbre que en el estadio tuvieran lugar espectáculos impíos y bárbaros.»


Corría el año 303 d.C., bajo el violento reinado del Emperador Diocleciano (284-305 d.C.), y los ataques sobre los cristianos de la localidad estaban acrecentándose paulatinamente. De hecho, solo unos días antes el gobernador provincial de Cesaréa –el entrometido y malvado Urbano– había complacido a la multitud condenando a muerte a un joven piadoso llamado Timolao, que había sido quemado vivo en una estaca; y también a Agapio y Tecla de Cesarea, que habían sido sentenciados a ser despedazados por leones y leopardos hambrientos. 


A menos que el destino interviniese, esos tres jóvenes morirían en los siguientes días, en la cúspide de un festival religioso pagano que habría de transformar ese puerto costero en una orgía llamativa de violencia y borracheras. ¿Y cuál era el terrible crimen que este grupo de jóvenes condenados había cometido y que los llevaba hacia su cruel exterminación? Habían jurado defender el Santo Evangelio de Jesucristo, de quien ellos creían que era el Hijo de Dios. 


¡Qué escándalo! Mientras más pensaban estos jóvenes adolescentes de Cesarea en de las ejecuciones planeadas, más disgustados se mostraban. También empezaron pensar en su propio futuro. Si el Gobernador-dictador Urbano podía ordenar la pena de muerte en cualquier momento que lo deseara, simplemente agitando la mano, ¿cuánto tiempo pasaría antes de que comenzara a atacar a los no cristianos? 


Esto era tiranía simple y llana, y había que hacer algo al respecto. Con una furia cada vez mayor por esta inadecuada manera de ajusticiar, estos desilusionados jóvenes se pusieron a tramar algo en los días previos a que las ejecuciones tuvieran lugar. Entre ellos había dos jóvenes sumamente enojados llamados Alejandro (uno de Egipto y el otro de Gaza en Palestina); un escandalizado joven de Dióspolis llamado Rómulo; un joven rebelde (Dionisio) de Fenicia y finalmente un cesareo llamado Publiuo. Mientras más discutían estos jóvenes idealistas acerca de la inminente exterminación de los tres jóvenes cristianos, más se encendían en furia ante el hecho de tener que ser testigos de tamaña injusticia... Entonces, en un rapto de genialidad inspirada por Dios, a uno de ellos se le ocurrió un plan con el cual estaban seguros de que podían forzar al draconiano odiador de cristianos a cancelar ese derramamiento de sangre. 


Su estrategia era simple y al mismo tiempo brillante. En la tarde previa al sangriento festival pagano los jóvenes se las arreglaron para tener una audiencia con el Gobernador, que se mostró sorprendido cuando fueron llevados a su presencia. Su sorpresa era completamente comprensible, ya que los visitantes estaban amarrados los unos a otros por las muñecas y pies con gruesas sogas. Mientras el sorprendido Gobernador miraba a los jóvenes, que lógicamente se habían amarrado ellos mismos para protestar por el aprisionamiento de los cristianos, uno de ellos dio un paso hacia adelante hablando en voz alta con palabras como las siguientes: “Nosotros también somos cristianos. Si vas a destruir a los tres que tienes encerrados, también deberás destruirnos a nosotros.” Asombrado por su valentía, sin embargo, el Gobernador se dio cuenta de que no les podía permitir este  tipo de enfrentamientos a su autoridad sin quedar indemnes, sin castigo. Una y otra vez les pidió a los jóvenes paganos que entrasen en razón. ¿Por qué habrían de morir sin ninguna necesidad? Después de todo, ni siquiera eran cristianos. ¿Por qué no dejar de lado esta tontería y gozar con el gran festival que estaba a punto de iniciarse? Pero los jóvenes se negaron absolutamente a darse por vencidos. 


Finalmente, en un último intento para evitar matarlos, el irritado Gobernador les hizo una oferta final. Para escapar de ser ejecutados con los otros tres cristianos que estaban a punto de morir, ellos debían, brevemente, adorar a los ídolos junto con el resto de los ciudadanos que estarían asistiendo al festival. Una vez más ellos se negaron. Y el Gobernador no tuvo otra alternativa. Temiendo que pudiera producirse una rebelión en toda la región que la llevara al caos, ordenó que estos valientes idealistas fuesen decapitados en la plataforma de ejecución pública en el momento más importante de las festividades.


Murieron en un grupo junto con los cristianos Timolao, Agapio y Tecla, mientras proclamaban ante los atónitos espectadores que se sentían orgullosos de morir por el Santo Evangelio de Jesucristo. Los ocho jóvenes murieron el 24 de marzo del Año 303 de Nuestro Señor. Sus vidas fueron cortas pero gloriosas; y hasta el presente son reverenciados por la Santa Iglesia por su lealtad y su valiente coraje enfrentándose al inconmensurable poder ostentado por un dictador salvaje. 


Sus muertes no fueron en vano. De ellos aprendemos la crucial diferencia entre la mera ilusión del “poder”, que depende solo de la posesión temporal de fuerza por las armas, y la “autoridad” real, que depende de la gracia y que brota constantemente de Dios Todopoderoso.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia