El Ayuno de los Santos Apóstoles


El lunes después del Domingo de Todos los Santos, empezamos el Ayuno de los Apóstoles, también llamado Ayuno de los Santos Pedro y Pablo.


El fundamento, así como el comienzo de este ayuno, se basan en el Evangelio. Cuando los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no ayunan, y Jesús les respondió: Marcos 2:19-20:


«¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar. Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán».


Y así fue: después de la alegría de la Pascua y habiendo recibido el Espíritu Santo, los Apóstoles comenzaron a ayunar, cumpliendo las palabras del Señor.


Según la Sagrada Tradición, su preparación comenzó con ayuno y oraciones pidiendo a Dios que les concediera las fuerzas para predicar y difundir el Evangelio en todos los confines de la tierra. Hechos 13: 2: “Y mientras estos ayunaban y hacían ruegos a Dios”.


El ayuno de los Santos Apóstoles varía en duración, debido a que el comienzo depende de la fecha de Pascua de Resurrección, que por naturaleza es fecha móvil; mientras que termina con una fecha fija, con la Fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo el 29 de junio. Ese día se conmemora a los apóstoles San Pedro y San Pablo, los dos apóstoles principales, mientras que al siguiente día celebramos la Sinaxis de los Doce Apóstoles.


Cumplir este ayuno es seguir los pasos de los Apóstoles. Este ayuno se ve también como: acción de gracias a Dios por el testimonio de sus apóstoles y acción de gracias a los apóstoles por difundir la verdad soportando las severas torturas hasta su martirio.


En la tradición constantinopolitana se permite comer pescado, aceite y vino todos los días (excepto los miércoles y viernes); otras tradiciones nacionales pueden diferir algo de esta costumbre.


Historia


La Tradición Apostólica de San Hipólito de Roma (siglo III) menciona por primera vez este ayuno. En aquella época, este ayuno no tenía ninguna relación con los Apóstoles, se había establecido para quienes no podían ayunar durante la Gran Cuaresma anterior a la Pascua: "que ayunen al final de los días festivos" (desde la Semana de Todos los Santos hasta la Dormición de la Theotokos). Posteriormente, este ayuno bastante largo se dividió en dos. La primera parte comenzó a terminar en la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo y se la llamó Cuaresma de Pedro, o Cuaresma Apostólica. La segunda parte pasó a ser el ayuno de la Dormición.


Las llamadas Regulaciones Apostólicas -un conjunto de normas que se recopilaron en los primeros tiempos del cristianismo- ya hablan del Ayuno de Pedro: "Después de Pentecostés, celebrad una semana, y luego ayunad; lo justo exige regocijarse después de recibir los dones de parte de Dios, y ayunar después del alivio de la carne".


Desde el siglo IV, muchos Santos Padres han hablado de este ayuno: Atanasio el Grande, Ambrosio de Milán, León el Grande y Teodoreto de Ciro.


Es ejemplar en aquellas diócesis y parroquias en las que no se limitan sólo en el ayuno durante la Cuaresma de los Apóstoles, sino que además preparan y ponen en práctica un plan de actividades misioneras y catequéticas para el período de Cuaresma y después de ella.


Este ayuno tiene varios nombres: ayuno de Pentecostés (porque está inseparablemente unido a esta fiesta), ayuno de Pedro (porque termina el día de Pedro y Pablo), ayuno apostólico (porque fue establecido por los Apóstoles). No sólo está relacionado con Pentecostés por el cómputo de los días (porque la duración del ayuno depende de la fecha en que se celebra Pentecostés, N. del T.). La conexión es mucho más profunda. No se ayuna en las Fiestas, porque la Fiesta es un tiempo de regocijo, mientras que el ayuno es un tiempo de trabajo sobre uno mismo.


El significado del ayuno


"Después de la larga fiesta de Pentecostés, el ayuno es especialmente necesario para que, por los esfuerzos ascéticos, purifiquemos nuestros pensamientos y nos hagamos dignos de los dones del Espíritu Santo, - escribe San León Magno. A esta fiesta, que el Espíritu Santo santificó con Su descenso, suele seguir un ayuno de todas las naciones... Pues no nos cabe duda de que, después de que los Apóstoles hayan sido colmados del poder prometido desde lo alto y el Espíritu de la Verdad haya habitado en sus corazones, entre otros misterios de la doctrina celestial, por inspiración del Espíritu Consolador se les enseñó también la doctrina de la abstinencia espiritual, para que los corazones, purificados por el ayuno, se hicieran más capaces de recibir los dones de la Gracia..... Es imposible luchar contra los esfuerzos de los perseguidores y las feroces amenazas de los malvados en un cuerpo consentido y una carne hinchada, ya que lo que agrada a nuestro hombre exterior destruye al interior, y por el contrario, el alma racional se purifica cuanto más se mortifica la carne". 


San León de Roma escribe: "De las reglas apostólicas, que Dios mismo inspiró, los principales de la Iglesia, por inspiración del Espíritu Santo, pusieron en primer lugar que toda hazaña de virtud comenzara por el ayuno".


Resulta entonces, que el ayuno es necesario no sólo para cambiar a mejor, sino también para conservar aquel regocijo, los dones que recibimos durante Fiestas tan grandes como Pentecostés y Trinidad y, por supuesto, la Pascua.


"Lo primero que tenemos que hacer es pisotear la lujuria de la gula y refinar nuestras mentes no sólo con el ayuno, sino también con vigilias, lecturas y una incesante contrición del corazón", escribió San Juan Casiano el Romano.



Fuente: laiglesiaortodoxa.com / iglesiaortodoxaserbiasca.org

Adaptación propia

08/06 - Traslación de las Reliquias de Teodoro el Comandante


San Teodoro Estratelates (del gr. "Στρατηλάτης", [Stratilátis]) procedía de Euqueta ("Ευχάϊτα", [Efjáita]) de Galacia y habitaba en Heraclea del Mar Negro ("Ηράκλεια του Εύξεινου Πόντου", [Iráklia tu Éfxinu Póntu]). Soldado de profesión, se distinguió por su valentía y por su rápido ascenso a los más altos grados de la jerarquía militar.


Superó a la mayoría, tanto en la belleza de su alma como en la de su forma física, así como en el poder de sus palabras, por lo que todos deseaban ser honrados con su amistad. Por esta razón, el emperador Licinio, con estrategia y atención, deseaba conversar con él y con todos aquellos que habían oído hablar sobre el hecho de que Teodoro era cristiano, y que aborrecía y odiaba lo que él y los griegos llamaban dioses. Por lo que envió a Nicomedia engañosamente a ciertos oficiales elegidos, a quienes ordenó devolverle el santo con honores. San Teodoro respondió al Emperador a través de estos mismos hombres que le fueron enviados, que era mejor que acudiera él a Heraclea, con el más grande de sus dioses, por otras razones y por asuntos de interés público. Inmediatamente el Emperador tomó sus dioses de oro y plata, y fue a Heraclea. En una visión nocturna enviada por Dios, San Teodoro fue informado de antemano y animado hacia su martirio. Así, cuando escuchó que Licinio se acercaba a las murallas de la ciudad, se sentó en un caballo y lo recibió con gran honor, como era apropiado. Licinio llegó  a Heraclia, donde Teodoro lo recibió con honores. Licinio le extendió su mano, esperando que a través de Teodoro muchos cristianos fuesen atraídos a la religión idólatra. 


Un día, frente al pueblo, Licinio invitó a Teodoro a ofrecer sacrificio a los ídolos. Teodoro se negó y pidió que se le ofrecieran las estatuillas de oro y plata de los dioses para ofrecerles un sacrificio privado en su casa y luego ofrecer los sacrificios públicamente. Y así fue, Teodoro recibió las pequeñas estatuas, pero en medio de la noche las hizo piezas y repartió el oro y la plata resultante entre los pobres. El centurión Majencio vio la cabeza de la diosa Afrodita en las manos de un pobre y se lo comunicó a Licinio, quien consideró que Teodoro se había burlado y menospreciado a los ídolos. Por este motivo fue arrestado y enseguida comenzaron a someterle a todo tipo de castigos. Primero le desnudaron y le ataron por las cuatro extremidades de su cuerpo. Luego, le dieron setecientos latigazos en la espalda con tendones de bueyes, y cincuenta veces en su estómago. El cuello del santo también fue golpeado con bolas de plomo, luego su cuerpo  fue raspado y quemado con antorchas. Continuaron aplicándole torturas similares, hasta que decidieron encarcelarle y allí le aseguraron los pies y el cuello con cepos de madera, y le dejaron allí sin ser alimentado durante siete días. Después de esto, fue sacado de la cárcel y atado en una cruz de manos y pies. Luego atravesaron varias partes de su cuerpo con puntas de hierro. Alrededor de él había ciertos niños, que le lanzaban flechas a la cabeza. Su rostro fue golpeado de tal modo que sus ojos se le salieron, dejándolo finalmente allí en la cruz.


El vil Licinio pensó que el santo, ya fallecido, permaneció en la cruz durante toda la noche, pero el santo había completamente curado por un ángel divino. Para cuando llegó la mañana, Licinio envió a unos hombres para que recogieran el cuerpo del santo y lo arrojaran al mar. Cuando estos hombres vieron al santo vivo y sano, creyeron en Cristo, un total de ochenta y cinco, y luego otros trescientos también creyeron, el primero de los cuales fue el procónsul Kestes. Porque cuando fueron enviados a matar a los ochenta y cinco que llegaron a creer, también creyeron ellos. Cuando Licinio vio que toda la ciudad estaba alborotada, ordenó que el santo fuera decapitado. Muchos cristianos presentes, estaban impidiendo a los soldados cumplir tal orden. Pero el santo calmó a los cristianos y fue decapitado, y así el bendito recibió la corona del martirio.  


Sus sagrados restos fueron trasladados el 8 de junio de Heraclea a la casa de sus padres en Euqueta según el deseo del santo, expresado antes de su decapitación a su notario Varo.


El Santo Megalomártir Teodoro es conmemorado también el 8 de febrero.


LECTURAS


Ef 2,4-10: Hermanos, Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.


Mt 10,16-22: Dijo el Señor a sus discípulos: «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará».



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

Lunes de la II Semana de Mateo


Rom 2,28-29;3,1-18: Hermanos, no es judío el que lo es externamente ni es circuncisión la que lo es externamente, es decir, en la carne, sino que es judío quien lo es en lo oculto, y la circuncisión del corazón lo es en el espíritu y no en la letra; este tal recibe la alabanza, no de los hombres sino de Dios. ¿Cuál es, pues, la ventaja del judío o cuál la utilidad de la circuncisión? Muchas y en cualquier aspecto. Ante todo, que les han sido confiados los oráculos de Dios. Entonces, ¿qué? Si algunos fueron infieles, ¿acaso anulará su infidelidad la fidelidad de Dios? De ningún modo. Más bien, él aparecerá como verdadero y todos los hombres como falsos; según está escrito: Para que seas juzgado en tus palabras y triunfes cuando te juzguen. Y si nuestra injusticia sirve para mostrar la justicia de Dios, ¿qué vamos a decir? ¿Que Dios es injusto cuando descarga su ira? (estoy expresándome en términos humanos). De ningún modo; y si no, ¿cómo va a juzgar Dios al mundo? Ahora bien, si la verdad de Dios queda resaltada con mi mentira y ello contribuye a su gloria, ¿por qué se me sigue juzgando como pecador? Y ¿por qué no hacer el mal para que venga el bien? Esto es lo que algunos afirman calumniosamente que nosotros decimos. Estos tales tienen bien merecida su condena. Entonces, ¿qué? ¿Tenemos alguna ventaja? No del todo. Ya que hemos dejado bien sentado que tanto judíos como griegos, todos están bajo el pecado, según está escrito que: No hay nadie justo, ni uno solo; no hay nadie sensato; no hay nadie que busque a Dios. Todos se extraviaron, a una se han pervertido; no hay nadie que haga el bien; no hay ni siquiera uno. Una tumba abierta es su garganta, con sus lenguas urden engaños; veneno de áspides bajo sus labios; su lengua rebosa malicia y amargura, sus pies son veloces para derramar sangre; ruina y destrucción en sus caminos. Y no conocen el camino de la paz. No hay temor de Dios ante sus ojos.


Mt 6,31-34;7,9-11: Dijo el Señor: «No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

07/06 - El Santo Mártir Teodoto de Ancira


De acuerdo con las Actas (Acta SS., May, IV, 147), Teodoto era un hombre casado que tenía una posada en Ancira, la capital de Galacia.


Es descrito como un hombre muy celoso en el cumplimiento de sus deberes cristianos, dotado con muchas virtudes, especialmente la caridad hacia sus vecinos.


Traía a los pecadores al arrepentimiento y fortaleció a muchos en su fe durante la persecución que realizó Teocteno, el gobernador de la provincia, en el año 303, de acuerdo con el edicto de Diocleciano. Se menciona el nombre de un tal Víctor como uno que se debilitó en su profesión del cristianismo y recibió mucho aliento de parte de Teodoto.


El gobernador ordenó que todas las provisiones expuestas para la venta fuesen primero ofrecidas a los ídolos. Teodoto almacenó bienes abundantes y su casa se convirtió en un refugio para los cristianos, un hospital para los enfermos, y un lugar para el culto divino.


En Malos, a unos cinco kilómetros de Ancira, buscó el cuerpo del mártir Valente, y le dio cristiana sepultura. Al volver a Ancira encontró a los cristianos en grandes problemas. 


Las siete vírgenes Tecusa, su tía Alejandra, Claudia, Faina, Eufrasia, Matrona y Julita habían sido llamadas ante los jueces e hicieron una valiente profesión de su fe; fueron enviadas a una casa de libertinaje, pero conservaron su pureza. Luego fueron obligadas a sufrir crueles tormentos y fueron lanzadas al mar con piedras amarradas a sus cuerpos. Teodoto logró rescatar los cuerpos y enterrarlos dignamente, por lo cual fue arrestado, y después de muchos sufrimientos, fue asesinado con espada; su cuerpo fue llevado milagrosamente a Malos y allí fue sepultado por el sacerdote Frontón.


Se construyó una capilla sobre la tumba, y se le tuvo al santo una gran veneración.


La tradición es contada por Nilo, quien afirma haber sido testigo ocular de gran parte de lo que describe.



Fuente: Catholic Encyclopedia

Domingo de Todos los Santos


El domingo posterior a Pentecostés es dedicado a la conmemoración de todos los Santos, tanto los conocidos por nosotros como los solo conocidos por Dios. Siempre hemos tenido santos que proceden de todos los costados de la tierra. Algunos fueron apóstoles, otros Mártires, otros Profetas, otros Jerarcas, otros Monjes y otros Justos, pero todos fueron perfeccionados por el mismo Espíritu Santo.


El descenso del Espíritu Santo hace que, para nosotros, sea posible levantarnos sobre nuestro estado y obtener santidad siguiendo el mandato del Señor de “sed santos como yo soy santo” (Lev 11:44, I Pe 1:16, etc). Es por eso que el primer domingo después de Pentecostés conmemoramos a todos estos hombres y mujeres.


El origen de esta fiesta se remonta a los primeros años de la Iglesia, cuando era celebrada como el domingo de todos los mártires, y que incluía a todos los hombres y mujeres que habían dado testimonio de Cristo con sus vidas de virtud aun sin haber muerto por Él.


San Pedro de Damasco, en su “Cuarto estado de Contemplación” menciona que existen cinco categorías de santos: los Apóstoles, los Mártires, los Profetas, los Jerarcas y los Justos 


Los himnos para este día hablan de seis categorías: “Regocijaos, asamblea de Apóstoles, de Profetas del Señor, leal coro de Mártires, Jerarcas divinos, Padres Monjes y Justos…”. Algunos santos son descritos como “Confesores”, una categoría que no aparece en la lista anterior. Debido a que son similares en espíritu a los mártires, se los considera como parte de esta categoría. No llegaron a morir como los mártires, pero confesaron con sus cuerpos su fe por Jesucristo y llegaron a casi ser ejecutados por su fe. San Máximo el Confesor es uno de ellos.


Los Apóstoles son mencionados en esta lista debido a que fueron los primeros en predicar el Evangelio al mundo. Los Mártires son conmemorados debido a su ejemplo de coraje al profesar su fe ante los enemigos y perseguidores de la Iglesia. Ellos propiciaron que otros siguieran su ejemplo y permanecieran firmes en la fe de Cristo hasta la muerte.


También celebramos a los Profetas que en el Antiguo Testamento vieron solo las sombras de las cosas que iban a venir, y dieron testimonio de la fe en el único Dios verdadero.


Los santos Jerarcas también son conmemorados hoy: los líderes de sus rebaños enseñaron con palabras y ejemplos a seguir a Cristo. Los santos Justos son aquellos que alcanzaron la santidad de vida viviendo “en este mundo”. Los ejemplos alcanzan a Abrahán y a Sara, a Job, a San Joaquín y a Santa Ana, a San José el Desposado y a muchos otros. Este rango también incluye a los santos Monjes que, dejando el mundo, decidieron vivir en monasterios o en cuevas. No odiaron el mundo, sino que se dedicaron a la oración incesante y a luchar contra el poder del demonio. Pese a que hay gente que cree erróneamente que los monjes son improductivos, San Juan Clímaco dice ciertamente de ellos: “Los ángeles son una luz para los monjes y la vida monástica es una luz para todos los hombres”.


La fiesta de todos los santos alcanzó gran importancia en el siglo IX, durante el reinado del Emperador Bizantino León VI el Sabio (886-911). Su esposa, la santa Emperatriz Teofanía, vivió en el mundo, pero no estuvo apegada a las cosas de este mundo. Fue una gran benefactora de los pobres y muy generosa con los Monasterios. Fue una verdadera madre que se ocupó de las viudas y los huérfanos y consoló a los oprimidos.


Aun antes de la muerte de Santa Teofanía (893), su esposo comenzó a construir una Iglesia, intentando dedicarla a ella, pero ella no lo quiso así. Este Emperador fue quien decretó que este domingo, el primero después de Pentecostés, fuera dedicado a todos los santos, pensando que su esposa era una de estas justas y que Dios seguramente la honraría cuando la fiesta de todos los Santos fuera celebrada.


LECTURAS


En Vísperas


Is 43,9-14: Así dice el Señor: «Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después. Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador. Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo? Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel».


Sab 3,1-9: La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz. Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto. En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo. Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.


Sab 5,15-6,3: Los justos viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco. Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad. Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos. Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo.


En Maitines


Mt 28,16-20: En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».


En la Liturgia


Heb 11,33-40;12,1-2: Hermanos, todos los santos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados —el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección. En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.


Mt 10,32-33; 37-38; 19,27-30: Dijo el Señor a sus discípulos: «A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».



Fuente: ierey-siluan.livejournal.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española