07/06 - El Santo Mártir Teodoto de Ancira


De acuerdo con las Actas (Acta SS., May, IV, 147), Teodoto era un hombre casado que tenía una posada en Ancira, la capital de Galacia.


Es descrito como un hombre muy celoso en el cumplimiento de sus deberes cristianos, dotado con muchas virtudes, especialmente la caridad hacia sus vecinos.


Traía a los pecadores al arrepentimiento y fortaleció a muchos en su fe durante la persecución que realizó Teocteno, el gobernador de la provincia, en el año 303, de acuerdo con el edicto de Diocleciano. Se menciona el nombre de un tal Víctor como uno que se debilitó en su profesión del cristianismo y recibió mucho aliento de parte de Teodoto.


El gobernador ordenó que todas las provisiones expuestas para la venta fuesen primero ofrecidas a los ídolos. Teodoto almacenó bienes abundantes y su casa se convirtió en un refugio para los cristianos, un hospital para los enfermos, y un lugar para el culto divino.


En Malos, a unos cinco kilómetros de Ancira, buscó el cuerpo del mártir Valente, y le dio cristiana sepultura. Al volver a Ancira encontró a los cristianos en grandes problemas. 


Las siete vírgenes Tecusa, su tía Alejandra, Claudia, Faina, Eufrasia, Matrona y Julita habían sido llamadas ante los jueces e hicieron una valiente profesión de su fe; fueron enviadas a una casa de libertinaje, pero conservaron su pureza. Luego fueron obligadas a sufrir crueles tormentos y fueron lanzadas al mar con piedras amarradas a sus cuerpos. Teodoto logró rescatar los cuerpos y enterrarlos dignamente, por lo cual fue arrestado, y después de muchos sufrimientos, fue asesinado con espada; su cuerpo fue llevado milagrosamente a Malos y allí fue sepultado por el sacerdote Frontón.


Se construyó una capilla sobre la tumba, y se le tuvo al santo una gran veneración.


La tradición es contada por Nilo, quien afirma haber sido testigo ocular de gran parte de lo que describe.



Fuente: Catholic Encyclopedia

Domingo de Todos los Santos


El domingo posterior a Pentecostés es dedicado a la conmemoración de todos los Santos, tanto los conocidos por nosotros como los solo conocidos por Dios. Siempre hemos tenido santos que proceden de todos los costados de la tierra. Algunos fueron apóstoles, otros Mártires, otros Profetas, otros Jerarcas, otros Monjes y otros Justos, pero todos fueron perfeccionados por el mismo Espíritu Santo.


El descenso del Espíritu Santo hace que, para nosotros, sea posible levantarnos sobre nuestro estado y obtener santidad siguiendo el mandato del Señor de “sed santos como yo soy santo” (Lev 11:44, I Pe 1:16, etc). Es por eso que el primer domingo después de Pentecostés conmemoramos a todos estos hombres y mujeres.


El origen de esta fiesta se remonta a los primeros años de la Iglesia, cuando era celebrada como el domingo de todos los mártires, y que incluía a todos los hombres y mujeres que habían dado testimonio de Cristo con sus vidas de virtud aun sin haber muerto por Él.


San Pedro de Damasco, en su “Cuarto estado de Contemplación” menciona que existen cinco categorías de santos: los Apóstoles, los Mártires, los Profetas, los Jerarcas y los Justos 


Los himnos para este día hablan de seis categorías: “Regocijaos, asamblea de Apóstoles, de Profetas del Señor, leal coro de Mártires, Jerarcas divinos, Padres Monjes y Justos…”. Algunos santos son descritos como “Confesores”, una categoría que no aparece en la lista anterior. Debido a que son similares en espíritu a los mártires, se los considera como parte de esta categoría. No llegaron a morir como los mártires, pero confesaron con sus cuerpos su fe por Jesucristo y llegaron a casi ser ejecutados por su fe. San Máximo el Confesor es uno de ellos.


Los Apóstoles son mencionados en esta lista debido a que fueron los primeros en predicar el Evangelio al mundo. Los Mártires son conmemorados debido a su ejemplo de coraje al profesar su fe ante los enemigos y perseguidores de la Iglesia. Ellos propiciaron que otros siguieran su ejemplo y permanecieran firmes en la fe de Cristo hasta la muerte.


También celebramos a los Profetas que en el Antiguo Testamento vieron solo las sombras de las cosas que iban a venir, y dieron testimonio de la fe en el único Dios verdadero.


Los santos Jerarcas también son conmemorados hoy: los líderes de sus rebaños enseñaron con palabras y ejemplos a seguir a Cristo. Los santos Justos son aquellos que alcanzaron la santidad de vida viviendo “en este mundo”. Los ejemplos alcanzan a Abrahán y a Sara, a Job, a San Joaquín y a Santa Ana, a San José el Desposado y a muchos otros. Este rango también incluye a los santos Monjes que, dejando el mundo, decidieron vivir en monasterios o en cuevas. No odiaron el mundo, sino que se dedicaron a la oración incesante y a luchar contra el poder del demonio. Pese a que hay gente que cree erróneamente que los monjes son improductivos, San Juan Clímaco dice ciertamente de ellos: “Los ángeles son una luz para los monjes y la vida monástica es una luz para todos los hombres”.


La fiesta de todos los santos alcanzó gran importancia en el siglo IX, durante el reinado del Emperador Bizantino León VI el Sabio (886-911). Su esposa, la santa Emperatriz Teofanía, vivió en el mundo, pero no estuvo apegada a las cosas de este mundo. Fue una gran benefactora de los pobres y muy generosa con los Monasterios. Fue una verdadera madre que se ocupó de las viudas y los huérfanos y consoló a los oprimidos.


Aun antes de la muerte de Santa Teofanía (893), su esposo comenzó a construir una Iglesia, intentando dedicarla a ella, pero ella no lo quiso así. Este Emperador fue quien decretó que este domingo, el primero después de Pentecostés, fuera dedicado a todos los santos, pensando que su esposa era una de estas justas y que Dios seguramente la honraría cuando la fiesta de todos los Santos fuera celebrada.


LECTURAS


En Vísperas


Is 43,9-14: Así dice el Señor: «Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después. Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador. Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo? Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel».


Sab 3,1-9: La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz. Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto. En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo. Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.


Sab 5,15-6,3: Los justos viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco. Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad. Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos. Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo.


En Maitines


Mt 28,16-20: En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».


En la Liturgia


Heb 11,33-40;12,1-2: Hermanos, todos los santos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados —el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra. Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección. En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.


Mt 10,32-33; 37-38; 19,27-30: Dijo el Señor a sus discípulos: «A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».



Fuente: ierey-siluan.livejournal.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

06/06 - Hilarión el Nuevo del Monasterio de Dalmato


San Hilarión nació en el año 775 d.C. en Capadocia y vivió durante los reinados de los emperadores Nicéforo el Patricio (802-811), Estauracio (26 de julio 811-2 de octubre 811), Miguel I Rangabé (811-813), el iconoclasta León V el Armenio (813-820), el iconoclasta Miguel II Psello "el tartamudo" (820-829), y el iconoclasta Teófilo (829-842). Sus padres se llamaban Pedro, que era abastecedor de pan de los palacios, y Teodosia. Eran personas piadosas y virtuosas que desde pequeño alimentaron a su hijo de la fe ortodoxa. Cuando llegó a la edad adulta, deseando el camino de la virtud y de la ascesis, fue al monasterio de Xeronesia (del gr. "Ξηρονησία"), en Constantinopla, donde se dedicó en alma y cuerpo a la ascesis, al ayuno estricto, al silencio y al estudio de las Sagradas Escrituras. Más tarde fue al Monasterio de Dalmaton (del gr. "των Δαλμἀτων", [ton Dalmaton]), donde se hizo "Megalosquema" (del gr. "μεγαλόσχημος", [megalósjimos]).


Allí permaneció durante una década como jardinero y rápidamente se convirtió en un modelo de ascetismo, humildad y magnificencia para todos los hermanos. Habiendo limpiado su alma de todas las pasiones e iluminándola con virtudes como el sol, fue hecho digno por la gracia divina de realizar milagros; entre otros, expulsó de un joven a un demonio inmundo que lo estaba molestando.


Cuando el abad murió un año después, el santo se retiró del monasterio y se dirigió al lugar llamado Opsicion, y allí fue al monasterio de Catarón. Cuando los monjes de su monasterio se enteraron de esto, se lo contaron al entonces patriarca San Nicéforo, y el patriarca informó al emperador Nicéforo el Patricio, instándole a que trajeran de vuelta al santo. El Santo fue obediente a las instrucciones del emperador y del patriarca, regresó y fue elegido por unanimidad como higúmeno del monasterio. Tambien fue nombrado, a pesar de su negativa, Archimandrita (sacerdote principal), como era la costumbre allí, según lo determinado por un Sínodo. Pasaron ocho años en los que el santo pastoreaba el rebaño de Cristo como imitador Suyo.


Cuando el emperador León V el Armenio llegó al trono en 813 y rechazó la veneración de los iconos sagrados, San Hilario fue llevado ante el emperador, y quien con ciertos argumentos y promesas trató de persuadirle para cesar de venerar los santos iconos. Pero el santo lo reprendió, llamándolo ateo y un nuevo Juliano el Apóstata.


Por esta razón, el emperador se enfureció y le amenazó con someterle a castigos insoportables, y luego le puso en la cárcel. Un tiempo después, el Santo una vez más compareció delante de él, y le dijo las mismas palabras que antes. Luego fue entregado al Patriarca de ideas afines, Teodoto Melissenos (815-821), también llamado Kassiteras, para intentar persuadirlo. Debido a que el Santo no le prestó atención, estuvo encerrado en una prisión oscura durante muchos días, privado de pan, de agua y de cualquier otro tipo de alimento. Cuando sus monjes y discípulos oyeron esto, se dirigieron al emperador y le dijeron: "Danos a nuestro pastor, Emperador, y después nos encargaremos de hacer tu voluntad". El emperador fue burlado por esta promesa, y poco después liberó al Santo. 


Cuando el emperador vio que los monjes no pagaban su promesa, sino que se burlaban de él, por esta razón castigó a los monjes y encarceló de nuevo al Santo. Luego lo envió al Monasterio de Phoneos, que se encuentra en una esquina de la ciudad, y allí estuvo encarcelado durante seis meses, para que pudiera sufrir más, ya que el abad de este monasterio era un hombre duro, salvaje y sin compasión.


Luego el emperador hizo que trajeran al santo al palacio imperial, y lo tentó con halagos para poder engatusarlo. San Hilarión no prestó atención, se ordenó que fuera encarcelado en el Monasterio de Ciclobio. Después de dos años y seis meses, sacaron al Santo de allí y lo encarcelaron en la prisión llamada Noumera. Allí fue duramente azotado, y fue exiliado a la fortaleza llamada Protilion. Debido a que León el Armenio fue asesinado con un cuchillo, en la misma iglesia en la que se burló y arrojó a la tierra el sagrado icono de Cristo, Miguel I Rangabé se convirtió en emperador en 820, y el Santo fue liberado. Desde la prisión. Una mujer cristiana le dio la hospitalidad y le sirvió durante siete años.


Cuando el hijo de Miguel I Rangabé, el iconoclasta Teófilo se convirtió en emperador en 829, reunió a todos los antiguos confesores y defensores de los iconos sagrados, y los encarceló. Luego se interrogó una vez más a San Hilario para persuadirlo de que aceptara la orden imperial. 


Debido a que el Santo reprendió a Teófilo llamándolo ateo y charlatán, fue obligado a cargar en su espalda ciento diecisiete piezas de madera. Luego fue exiliado a la isla de Afusia, que está cerca de Alona, y está bajo el arzobispo de Proeconeso. Allí el Santo cavó sobre una roca y formó una celda pequeña y estrecha. Allí también con sus oraciones obtuvo agua, y allí pasó ocho años. Cuando Teófilo murió y su esposa Teodora reunió a todos los confesores y venerables padres en Constantinopla desde sus lugares de exilio, y habiendo establecido y apoyado la ortodoxia a través de la restauración y veneración de los iconos sagrados, también fue liberado San Hilarión del exilio, recibido de nuevo en su Monasterio, habiendo soportado todas las dificultades "como un buen soldado de Jesús Cristo", agradeciendo y alabando al Señor donador de bienes, que le hizo digno de permanecer inflexible desde su bastión de guerra y de continuar haciendo milagros. Vivió tres años más después de esto, y de una manera agradable a Dios, aconsejó a sus discípulos, y luego se fue al Señor, a la edad de setenta años en el año 845.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

Sábado de la I Semana de Mateo


Rom 1,7-12: Hermanos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo; lo hago por todos vosotros, porque vuestra fe se proclama en todo el mundo. Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu anunciando el Evangelio de su Hijo, me es testigo de que me acuerdo incesantemente de vosotros, rogándole siempre en mis oraciones que, si es su voluntad, encuentre algún día la ocasión propicia para ir a vosotros. Pues tengo ganas de veros, para comunicaros algún don espiritual que os fortalezca; para compartir con vosotros el mutuo consuelo de la fe común: la vuestra y la mía.


Mt 5,42-48: Dijo el Señor: «A quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

05/06 - Sinaxis del Icono de la Santísima Madre de Dios de Ígor


El mártir Ígor fue brevemente Gran Príncipe de Kiev durante el siglo XII, una época de conflictos dentro del principado. Rompiendo sus juramentos, los nobles de Kiev se levantaron contra el príncipe Ígor, lo encarcelaron en una casa de troncos sin ventanas e instalaron en el trono a su candidato preferido. Más tarde se le permitió exiliarse al monasterio de Teodorov.


Lejos de las intrigas políticas, San Ígor abrazó la vida monástica y pasó su tiempo en oración. Sin embargo, los nuevos gobernantes de Kiev, decididos a acabar con el linaje familiar de Ígor, no podían permitir que el príncipe-monje siguiera con vida e incitaron a una turba a la violencia. Mientras rezaba durante la liturgia, San Íhor fue sacado a rastras del monasterio por la turba, brutalmente asesinado y colgado en la plaza del mercado.


Antes de que Ígor fuera sacado a rastras del monasterio, estaba orando ante un icono de la Madre de Dios. Por lo tanto, así como fue reconocido con el tiempo como santo portador de pasión e intercesor ante Dios, también fue venerado el icono ante el cual oraba. Llamado Igorévskaya (Игоревская) en honor al príncipe-monje, el icono fue (y sigue siendo) honrado el 5 de junio por la Iglesia, la misma fecha del traslado de las reliquias de San Ígor a la Catedral de la Santa Transfiguración en Chernígov. El icono original fue trasladado a la Catedral de San Juan en la Laura de las Cuevas de Kiev, donde permaneció hasta principios del siglo XX. Se desconoce su paradero actual, aunque se han hecho muchas copias de la sagrada imagen que sobreviven. Por lo tanto, aunque el icono original, que probablemente era de origen griego, se ha perdido para el mundo, la imagen en sí todavía se celebra en este día, junto con todas sus copias fieles.



Fuente: iconreader.wordpress.com

Traducción del inglés: Google Translator

Adaptación propia