07/07 - Tomás el Justo de Maleón


Las informaciónes que tenemos del Justo Tomás de Maleón son escasas y no están confirmadas. De dónde procedía y en qué época vivió no lo sabemos. En cuanto a su tiempo de acción y ascetismo, son dos son los escenarios más probables:


a) Que vivió en los siglos XIII-XIV, porque, como soldado glorioso y vencedor, no podría haber actuado después de la caída de Constantinopla, 


y


b) en el siglo Χ, de acuerdo con los documentos oficiales de la Iglesia de Grecia.


Santo Tomás del Monte Maleón fue un exitoso comandante militar antes de convertirse en monje. Fuerte y valiente, había participado en muchas batallas y traído la victoria a sus compatriotas, por lo que ganó gloria y estima. 


Parece, sin embargo, a partir del Oficio a él dedicado, que encontró ciertas amarguras en su vida, por lo que abandonó el mundo y siguió el difícil camino del ascetismo esforzándose con todo su corazón por conocer a Dios, y tomó votos monásticos. Con gran humildad visitó a los Ancianos monásticos, pidiendo orientación en la vida espiritual. Después de varios años, Tomás recibió la bendición de la vida solitaria en el desierto.


Según los biógrafos de San Tomás, fue hecho digno de ser llevado por el Profeta Elías sobre una columna de fuego hasta el monte Maleón, mientras que en el antiguo sinaxario de Constantinopla está escrito que el mismo Santo fue visto como una columna de fuego ante la visita que recibió del gran profeta Elías, cuyó estilo de vida imitó con gran entusiasmo: “Tomas, debido a su diligencia, superó a muchos en virtud, hasta tal punto de que cuando cuando rezaba aparecía ante los ojos de los más alejados, más aún ante los de los avanzados en virtud, como una columna de fuego”. También, de acuerdo a la tradición de los habitantes de Velanidia de Laconia, los residentes de Citera, la isla situada frente a cabo Malea, veían la columna de fuego del santo asceta Tomás desde el cielo.


Se estableció entonces en el Monte Maleón (Akra Malias o Cabo Maleas en el sur de Lakonia del Peloponeso, también conocido como "el Pequeño Monte Atos"). A partir de ese lugar, con las pronunciadas pendientes y las escarpadas rocas elegidas por el Santo para su ascesis, se puede concluir el tipo de vida que llevó a cabo. Viviendo en completa reclusión, Tomás luchó con enemigos invisibles con todo el coraje que había mostrado contra los enemigos visibles de su país. Llevó una vida de austeridad con oración y vigilias, y esto lo convirtió en una luz que venció la oscuridad del pecado.


Habiendo sido rico y famoso, ahora imitaba la humillación y la pobreza de Cristo. Dejó los palacios y eligió una cueva entre el cielo y la tierra, en el Monte Maleón,  para abrirse camino desde allí hasta el cielo. En esta difícil lucha, este glorioso soldado de la fe tenía como principales armas el ayuno, la vigilia y la oración, logrando así victorias y trofeos contra los espíritus malignos. La vida y los hechos de Tomás no podían ocultarse del área circundante. La gente comenzó a acudir a él en busca de guía espiritual, e incluso acudían aquellos que padecían enfermedades, ya que recibió de Dios la bendición de sanar enfermedades.


Muchos creyentes recibieron ayuda a través de las oraciones del santo monje. Incluso después de su muerte, no deja de curar de toda pasión y enfermedad a quienes buscan su ayuda. Por la gracia divina realizaba milagros, expulsaba demonios, curaba a los ciegos, hizo brotar manantiales de agua.


La tradición dice que los monjes que se ejercitaban Monte Maleón tenían problemas porque no había una fuente cercana. Entonces Santo Tomás o lo golpeó con su bastón, o bien colocó la palma de la mano en el suelo, y el agua salió de cinco puntos. Esta fuente se conoce como Hagiasma (del gr. "Αγίασμα").


Tomás fue llamado a la vida eterna en medio de continuas buenas obras. Desde el momento de su aislamiento, oró por todos, y se entrenó para ser un digno instrumento de Dios en beneficio del prójimo.


Santo Tomás pertenece al coro de los Santos de nuestra Iglesia bizantina, especialmente honrado en Laconia, en el lugar donde se ejercitó y obró milagros.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

07/07 - Ciríaca (Dominga / Dominica) la Megalomártir


Santa Dominica nació en 287 en Tropea, Calabria. Se le impuso ese nombre porque nació en domingo (en griego, ‘kyriakí’). Era hija de Doroteo y de Arsenia o Eusebia. Pasó su infancia en un ambiente profundamente cristiano, donde la vida cotidiana estaba impregnada de la fe profesada.


Probablemente la familia tenía una posición relevante en la sociedad, porque el mismo emperador se interesó en el juicio contra los padres y la hija. Esto parece confirmarse por el hecho de que los progenitores de Dominica salvaron la vida a cambio del exilio en la región del Eufrates. En cambio Dominica, tuvo que soportar numerosas presiones para inducirla a renegar de su fe cristiana. Las tentativas no solamente resultaron vanas, sino que los prodigios obrados por la santa indujeron a la conversión a muchos de los presentes.


Conducida a Nicomedia (otros dicen que a Campania), fue procesada y condenada al suplicio de los leones, pero las bestias permanecieron impasibles y dóciles ante la santa; la pena fue entonces cambiada a ser decapitada, la que según la historia, tuvo lugar el 6 de julio de 303, durante el reinado de Diocleciano.


El culto de esta santa se difundió en el sur de Italia y en Oriente.


LECTURAS


Gál 3,23-29;4,1-5: Hermanos, antes de que llegara la fe, éramos prisioneros y estábamos custodiados bajo la ley hasta que se revelase la fe. La ley fue así nuestro ayo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por fe; pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al ayo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos según la promesa. Digo además que mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo siendo como es dueño de todo, sino que está bajo tutores y administradores hasta la fecha fijada por su padre. Lo mismo nosotros, cuando éramos menores de edad, estábamos esclavizados bajo los elementos del mundo. Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial.


Mc 5,24-34: En aquel tiempo, seguía a Jesús mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré». Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?». Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».



Fuente: catholic.net / goarch.org / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

Martes de la VI Semana de Mateo


1 Cor 1,1-9: Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.


Mt 13,24-30: Dijo el Señor esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

06/07 - Sisoes el Grande


San Sisoes era un egipcio que decidió entrar en la vida monástica en el famoso convento del desierto de Escete, pero a la muerte de san Antonio el Grande, en el 357, prefirió alejarse del exceso de tumulto que había, y fue a vivir a la Montaña de San Antonio con un discípulo llamado Abrahán. Allí se afincó por unos 70 años, pero al final de su vida, sea por su edad avanzada o por otras causas, se fue a vivir a Clisma, una ciudad egipcia de la ribera del Mar Rojo, donde murió, hacia el 430.


De su vida conocemos bien poco, aunque sí es posible tener contacto con la tradición de su espiritualidad, ya que aparece citado en una cincuentena de entradas en los «Apotegmas de los Padres del Desierto». El apelativo de «el Grande» le viene de la tradición de que devolvió la vida a un niño. Las anécdotas que lo tienen como protagonista son también toda una escuela de oración, de las que extraeré dos ejemplos:


Una nos hace recordar a la viuda insistente de la parábola de Jesús: En cierta ocasión, Abrahán, el discípulo del abad Sisoes, fue tentado por el demonio. El anciano, al verlo caído, se levantó y elevando las manos al cielo dijo: «Dios mío, quieras o no, no te dejaré hasta que lo hayas curado». Y se curó el hermano.


La otra nos da ejemplo de humildad: Un hermano que había sido insultado por otro hermano acudió al abad Sisoes de Tebas y le dijo: «Ese hermano me ha insultado y quiero vengarme». El anciano le rogaba: «No, hijo. Deja en manos de Dios la venganza». Pero el otro decía: «No descansaré hasta que me haya vengado yo mismo». El anciano insistió: «Hermano, hagamos oración». Y el anciano puesto en pie añadió: «Dios mío, ya no necesitamos que te ocupes de nosotros, pues nos vengamos nosotros mismos». «Al oir esto el hermano se echó a los pies del anciano y le dijo: «Ya no tengo nada contra aquel hermano. ¡Por favor, Padre, perdóname!».


Sumamente estricto con él mismo, San Sisoes era muy misericordioso y compasivo con otros, y los recibió a todos con amor. A aquéllos que lo visitaron, el santo les enseñó en primer lugar siempre la humildad. Cuando uno de los monjes preguntó que cómo podría lograr un recuerdo constante de Dios, San Sisoes comentó: “Eso no es gran cosa, hijo mío, pero sí lo es considerarse inferior a todos los demás. Esto lleva a la adquisición de humildad." Preguntado por los monjes si un año era suficiente para el arrepentimiento si un hermano peca, Abad Sisoes dijo: "Yo confío en la misericordia de Dios, de modo que, si tal hombre se arrepiente con todo su corazón, Dios aceptará su arrepentimiento en tres días."


Así describen los Apotegmas la muerte de Sisoes: El abad Sisoes, cuando estaba en su celda, cerraba siempre la puerta. Se contaba de él que el día de su muerte, estando rodeado de Padres, su rostro brillaba como el sol, y les dijo: «Viene el abad Antonio». Y poco después: «Llega el coro de los profetas». Y de nuevo su rostro se puso más resplandeciente, y dijo: «Viene el coro de los Apóstoles». Y su rostro brilló aún dos veces más y parecía estar hablando con alguno. Los ancianos le suplicaron: «¿Con quién hablas, Padre?», y les respondió: «Los ángeles han venido a buscarme y les pido que me dejen un poco más para hacer penitencia». Los ancianos le dijeron: «Padre, no necesitas hacer más penitencia». Pero él les contestó: «En verdad, no tengo conciencia de haber empezado a hacer penitencia». Todos comprendieron entonces que era perfecto. De nuevo su rostro se puso brillante como el sol y todos tuvieron miedo. Pero él les dijo: «Mirad, viene el Señor, y dice: "Traedme ese vaso de elección del desierto"». Y al punto entregó su espíritu. Y se puso brillante como un relámpago, y aquel lugar se llenó de suavísimo olor.



Fuente: catholic.net / eltestigofiel.org

Lunes de la VI Semana de Mateo


Rom 16,17-24: Hermanos, os ruego que tengáis cuidado con los que crean disensiones y escándalos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; alejaos de ellos. Pues estos tales no sirven a Cristo nuestro Señor sino a su vientre, y a través de palabras suaves y de lisonjas seducen los corazones de los ingenuos. La fama de vuestra obediencia se ha divulgado por todas partes; de aquí que yo me alegre por vosotros; pero deseo que seáis sensatos para el bien e inmunes al mal. Y el Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo vuestros pies. Que la gracia de nuestro Señor Jesús esté con vosotros. Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípatro, mis parientes. Yo, Tercio, que escribo la carta, os saludo en el Señor. Os saluda Gayo, que me hospeda a mí y a toda esta Iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y Cuarto, el hermano. Que la gracia de nuestro Señor Jesús esté con vosotros. Amén.


Mt 13,10-23;43: En aquel tiempo, los discípulos de Jesús se le acercaron y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno. El que tenga oídos, que oiga».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española