28/08 - Sinaxis de los Venerables Padres del Monasterio de las Cuevas de Kiev que reposan en las Cuevas Lejanas


En este día, la Iglesia de tradición  kievana celebra la Sinaxis de los Santos Padres de las Cuevas de Kiev cuyas reliquias reposan en las Cuevas Lejanas de San Teodosio. Cada uno tiene su propio día de conmemoración, pero hoy honramos a toda la asamblea de estos santos monásticos que fueron una luz en la tierra, guiándonos por el camino de la salvación:


Hegúmeno Teodosio el Fundador.

Monje Agatón el Taumaturgo.

Archimandrita Acindino.

Monje Amón.

Obispo Anfiloquio de Vladimiro, Volinia.

Monje Anatolio el Recluso.

Monje Áquila el Diácono.

Monje Arsenio, amante del trabajo.

Monje Atanasio el Recluso.

Monje Benjamín el Recluso.

Monje Casiano el Recluso.

Anciano Daniel.

Hieromonje Dionisio el Recluso.

Archimandrita Dositeo.

Anciano Eulogio.

Hierosquemamonje Eutimio.

Monje Geroncio el Canonarca.

Monje Gregorio el Recluso.

Hilarión el Esquemamonje.

Monje Hipacio el Sanador.

Archimandrita Ignacio.

Monje Isidoro el Recluso.

Monje José el Enfermo.

Monje Lorenzo el Recluso.

Monje Leoncio el Canonarca.

Monje Longino el Portero.

Hieromártir Luciano el Sacerdote.

Monje Macario el Diácono.

Monje Mardario el Recluso.

Monje Martirio el Recluso.

Monje Martirio el Diácono.

Monje Mercurio el Ayunador.

Monje Moisés el Taumaturgo.

Monje Néstor el Ignorante.

Monje Paísio.

Hieromonje Pambo el Recluso.

Hieromonje Pancracio el Recluso.

Monje Pafnucio el Recluso.

Monje Pablo el Obediente.

Igumen Pemeno el Ayunador.

Monje Pior el Recluso.

Monje Rufo el Obediente.

Esquemamonje Silvano.

Esquemamonje Sisoes.

Monje Sofronio el Recluso.

Monje Teodoro el Taciturno.

Monje Teodosio (Príncipe Teodoro).

Arzobispo Teófilo de Nóvgorod.

Hegúmeno Timoteo.

Monje Tito el Soldado.

Monje Zacarías el Ayunador.

Monje Zenón el Ayunador.



Fuente: oca.org

Traducción del inglés: Google Translator

Adaptación propia

28/08 - Moisés el Negro (o el Etíope) de Escete


San Moisés el Etíope es conocido también como San Moisés el Moro o San Moisés el Negro.


De Moisés el Etíope tenemos algo de información gracias a la “Historia Lausiaca” (de Paladio de Galacia), en la que se dice que era natural de Etiopía, negro y muy alto. Había sido esclavo de un patrono que lo había despedido porque lo había cogido realizando pequeños robos y, al quedar en libertad, gracias a su fortaleza física y perspicacia, se convirtió en el cabecilla de una banda de ladrones que operaba a las orillas del Nilo, estando acusado de cometer algunos asesinatos durante sus pillajes.


Basándonos en esta “Historia Lausiaca”, a título de ejemplo, es interesante recordar la vida “poco edificante” que Moisés llevaba antes de su conversión y por eso mencionemos el episodio que cuenta del pastor del cual Moisés quería vengarse porque le había impedido cometer una fechoría. Esto es lo que cuenta: “Moisés intentaba por todos los medios matar al pastor y habiéndose enterado de que este estaba en la otra orilla del Nilo, se puso la ropa sobre la cabeza y cogió la espada con los dientes para atravesar el río a nado y llegar hasta él. El pastor lo vio venir y se escondió en una cueva y Moisés, no pudiendo hacer lo que pretendía, mató a cuatro de sus mejores carneros, los ató con una cuerda e intentó de nuevo atravesar el Nilo llevándoselos detrás de sí. Una vez alcanzada la orilla, llegó a una aldea, los despellejó y después de haberse comido toda la carne que pudo y haber vendido las pieles para comprar vino, se fue a donde estaba su pandilla, a unas cincuenta millas de distancia”.


Pero en un momento de su vida, quizás huyendo del castigo por sus crímenes, decidió visitar el monasterio de Escete donde estaba de abad San Macario el Grande. Allí, al comprobar la paz monástica y la benevolencia de los monjes, fue tocado por la gracia, se arrepintió de sus crímenes y decidió quedarse con ellos dedicándose a llevar una vida de penitencia y de ascetismo con un ardor superior a la fortaleza que había tenido durante su vida de bandido. Fue tonsurado como monje y fue ordenado de sacerdote por el obispo de Alejandría y después, deseando vivir en una mayor soledad, se retiró al desierto de Petra. Pero como las tentaciones le asaltaban violentamente, se volvió a Escete a visitar a San Isidoro, que lo alentó y le permitió reanudar sus esfuerzos de búsqueda de la perfección pero ejercitando más la virtud de la humildad.


Paladio de Galacia, refiriéndose a la muerte de Moisés, dice que murió con setenta y cinco años de edad teniendo junto a él a setenta y ocho discípulos, pero no hace alusión a la destrucción de este monasterio de Escete por parte de los bárbaros que, según el “Apophthegmata Patrum”, mataron a Moisés porque se había negado a huir cuando estos llegaron. Según J.- Cl. Guy, esta invasión tuvo lugar alrededor del año 407 y no en el año 395, fecha que durante un tiempo ha sido la aceptada por los historiadores. Los hechos ocurrieron así: sabiendo que unos bandidos iban a atacar el monasterio, dijo a los monjes que no rechazaran a los asaltantes, que evitaran cualquier violencia y que se escondieran en un lugar seguro. Mientras, él se quedó con siete discípulos suyos, encontrando la muerte a manos de quienes actuaban cómo él lo había hecho antes de su conversión. Los otros monjes que lo acompañaban también murieron martirizados. La tradición dice que él mismo manifestó que tenían que cumplirse las Escrituras que dicen que: “Quién a hierro mata, a hierro muere” (Mateo, 26, 52).


Los sinaxarios bizantinos lo conmemoran el 28 de agosto con una anotación directamente dependiente de Paladio de Galacia, por lo que no hace alusión al martirio, al contrario de lo que hace el “Sinaxario Alejandrino”, que recoge la información del “Apophthegmata Patrum”. Sus reliquias se encuentran, junto con las de San Isidoro, en el monasterio al-Baramous.


San Moisés el Negro es muy venerado en Egipto, ya que tiene fama de taumaturgo. Se cuentan muchos milagros realizados por su intercesión hasta nuestros días.


Antonio Barrero Avilés



Fuente: https://www.facebook.com/profile.php?id=100090028757223

Adaptación propia

Viernes de la XIII Semana de Mateo


2 Cor 11,5-21: Hermanos, yo no me creo en nada inferior a esos superapóstoles. En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado. ¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios? Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio. Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesitado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mi necesidad. Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada. Por la verdad de Cristo que hay en mí: nadie en toda Grecia me quitará esta satisfacción. ¿Por qué? ¿Porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así. Esto lo hago y lo seguiré haciendo para cortar de raíz todo pretexto a quienes lo buscan para gloriarse de ser tanto como nosotros. Esos tales son falsos apóstoles, obreros tramposos, disfrazados de apóstoles de Cristo; y no hay por qué extrañarse, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Siendo esto así, no es mucho que también sus ministros se disfracen de ministros de la justicia. Pero su final corresponderá a sus obras. Vuelvo a decirlo: que nadie me tenga por insensato; y si no, aceptadme aunque sea como insensato, para que pueda gloriarme un poquito yo también. Dado que voy a gloriarme, lo que diga no lo digo en el Señor, sino como quien disparata. Puesto que muchos se glorían de títulos humanos, también yo voy a gloriarme. Pues vosotros, que sois sensatos, soportáis con gusto a los insensatos: si uno os esclaviza, si os explota, si os roba, si es arrogante, si os insulta, lo soportáis. Lo digo para vergüenza vuestra: ¡Cómo hemos sido nosotros tan débiles!


Mc 4,1-9: En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar. Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos: «Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno». Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

27/08 - Pemeno (Pastor) el Grande


El Venerable Pemeno (del gr. "Ποιμήν", Pastor), que es celebrado hoy por nuestra Iglesia, pertenece al gran coro de los Justos y Ascetas que vivieron como seguidores de los Mártires martirizados durante el período de la persecución en los primeros siglos del cristianismo. Cuando las persecuciones terminaron, el "espíritu" mártir del cristianismo continuó con estos Justos y Ascetas, que intentaron toda su vida observar los mandamientos de Cristo, incluso en el grado más perfecto.


El Justo Pemeno nació en Egipto alrededor del año 340 d.C. y desde su juventud vivió ascéticamente. Cuando cumplió los quince años se fue a vivir a un monasterio de Libia. Al principio esto le pareció "duro" a su madre, que había ido a su encuentro; él la había evitado, pero lo hizo en el contexto del ascetismo, lo que fue entendido por su madre, que se retiró con alegría.


A su vez, el venerable Pemeno llegó a conocer todo el método de la vida ascética bizantina, habiéndose purificado de sus pasiones con muchas hazañas ascéticas espirituales, adquiriendo amor por el mundo entero. El amor del venerable Pemeno era proverbial, como lo demuestran sus dichos que se han conservado en el libro conocido como "Geronticón". Mencionaré algunas de las cosas que dijo a sus visitantes, lo cual revela su madurez espiritual.


Cuando un hermano le preguntó cuál era la fe que purificaba al hombre de las pasiones, respondió: "La fe es ser guiado por la humildad y hacer obras de misericordia". Por supuesto, la fe es la verdad revelada que Cristo dio a Sus Apóstoles y ellos a sus sucesores, que protegieron a la Iglesia con dogmas. Pero aquí se entiende la fe empírica, que es la experiencia de la verdad revelada, la humildad y el amor hacia los demás.


Cierto hermano tenía pensamientos malvados y quería deshacerse de ellos. Le preguntó al padre Pemeno sobre esto y este lo llevó fuera, al aire libre, y le dijo que extendiera la mano y atrapara los vientos, porque los pensamientos son como los vientos. Y cuando el otro respondió que no podía hacerlo, el venerable Pemeno respondió: "Si no puedes atrapar los vientos, tampoco podrás evitar que los pensamientos vengan, pero podrías resistirlos", es decir, no hagas lo que te dicen. ¡Cuánta verdad está escondida en este consejo del venerable Pemeno y cuánto nos ayuda a nosotros que somos sacudidos por los pensamientos!


El padre Pemeno enseñó que las personas podían ser salvadas dondequiera que estuvieran y sin importar con qué tipo de trabajo estuvieran ocupadas. Él dijo: "Si tenemos a tres personas, una vive en método hesicástico, es decir lejos de la gente y orando incesantemente, otra está enferma y da gracias a Dios, y la tercera sirve a los demás con pensamientos puros [sin orgullo y segundas intenciones]; pues bien, los tres están realizando el mismo trabajo ". 


Por lo tanto, dondequiera que uno viva y en cualquier situación en la que se encuentre, podría salvarse si vive con fe en Dios, amor hacia los hermanos y pensamientos puros. En las luchas espirituales tiene que haber una medida para evitar excesos. El Justo Pemeno se caracterizó por el discernimiento, por lo que era conocido con el nombre de "lámpara de discernimiento", y esto fue el resultado de muchos años de luchas contra las pasiones y el diablo; en un momento dado dijo: "el sobreexceso proviene siempre de los demonios ", es decir, lo que está más allá de toda medida es de los demonios. Tanto con el pecado como con la lucha espiritual, la persona debe discernir la mesura y no quedar ocupada por la desesperación o el orgullo. Los extremos son siempre peligrosos.


Sobre la propia voluntad, decía que el que no la combate a través de la obediencia al Padre Espiritual o Anciano vive la vida bajo la influencia del espíritu malvado y se tortura. Los hombres sufren, se atormentan y hacen sufrir porque no pueden cortar su propia voluntad, según lo dicho: “Obedeceos los unos a los otros”. Esta voluntad, según los Santos Padres, es como muralla de cobre que nos separa de Dios, porque nos impide hacer la voluntad de Dios.


Leemos en el Geronticón: “El abad Pemeno dijo que la voluntad del hombre es una muralla de cobre entre él y Dios, piedra que gira y golpea al mismo hombre. Si la abandona, dirá él también como el profeta David: “En y con mi Dios superaré la muralla” (Sal 17,30). Si por otro lado, el justo coopera con su voluntad, entonces está vencido”. Se requiere una fuerte y sangrienta lucha para la expulsión de la voluntad propia. La experiencia Patrística ha calificado como martirio y cruz la lucha por atajar la voluntad propia. 


Esta lucha es el elemento básico de la espiritualidad bizantina. El padre Pemeno dio gran importancia al arrepentimiento del hombre. Él conocía la alteración de la naturaleza humana y que el hombre peca por influencia del diablo y el cautiverio de su voluntad, razón por la cual mostró gran amor hacia los pecadores, y los instaba a arrepentirse. A un hermano que le preguntó qué significaba el arrepentimiento del pecado, él respondió: "El arrepentimiento significa una firme resolución de no volver a cometer un pecado. Por esta razón, precisamente los justos son llamados irreprensibles, porque han abandonado el pecado y han sido probados como justos.”


Un rasgo característico del gran amor del venerable Pemeno hacia las personas se muestra en la respuesta dada a ciertos hermanos que preguntaban si deberían despertar a los hermanos que estaban soñolientos durante las reuniones o asambleas. Él dijo: "Si veo a un hermano en particular que tiene sueño, pondré su cabeza sobre mis rodillas para su descanso".


Tal era el corazón empático del Justo Pemeno para con el mundo entero, y esto fue resultado de su purificación interna, la transformación de sus pasiones hacia el amor a Dios y a los hermanos. Por eso el himnógrafo sagrado lo llama "ciudadano entre los ángeles y conversador con ellos", "habitante de la ciudad de arriba", "hábitaculo de las virtudes" y "decano del desierto".


LECTURAS


Gál 5,22-26;6,1-2: Hermanos, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu. No seamos vanidosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. Hermanos, incluso en el caso de que alguien sea sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidlo con espíritu de mansedumbre; pero vigílate a ti mismo, no sea que también tú seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal

Adaptación propia

Jueves de la XIII Semana de Mateo


2 Cor 10,7-18: Hermanos, si alguno cree ser de Cristo, que lo reconsidere y verá que, si él es de Cristo, también nosotros lo somos. E incluso si me gloriara más de lo debido de la autoridad que nos dio el Señor para construir vuestra comunidad y no para destruirla, no me avergonzaría. Pues no quiero aparecer como quien os mete miedo con las cartas. «Porque las cartas —dicen— son duras y severas, pero su presencia física es raquítica y su palabra despreciable». Considere ese tal que lo que somos de palabra por carta estando ausentes, lo seremos con los hechos cuando estemos presentes. No nos atrevemos a equipararnos ni a compararnos con algunos de los que se recomiendan a sí mismos. Ellos, al medirse de acuerdo con la opinión propia y al compararse consigo mismos, actúan sin sentido. Nosotros, por el contrario, no nos gloriaremos desmesuradamente, sino según la medida de la norma que Dios mismo nos ha asignado al hacernos llegar incluso hasta vosotros. Pues no nos extralimitamos, como si no hubiéramos llegado incluso hasta vosotros; de hecho, fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el Evangelio de Cristo. Tampoco nos gloriamos más allá de la medida adecuada con sudores ajenos; esperamos más bien que, al crecer vuestra fe, podamos crecer aún más entre vosotros según nuestra medida, hasta el punto de anunciar el Evangelio más allá de vosotros, aunque sin gloriarnos en territorio ajeno por trabajos ya realizados. El que se gloría, que se gloríe en el Señor, porque no está aprobado el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda.


Mc 3,28-35: Dijo el Señor a los judíos que habían acudido a él: «En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española