21/06 - Julián el Mártir de Tarso


El Santo Mártir Julián nació en la provincia Cilicia de Asia Menor. Era hijo de un senador pagano, pero su madre era cristiana. Después de la muerte de su padre, se mudaron a Tarso donde Julián fue bautizado y educado cristianamente.


Durante la persecución a los cristianos ordenada por el emperador Diocleciano San Julián fue detenido, tenía apenas 18 años. Lo llevaron a Anazarbo -capital de la provincia de Cilicia- para ser juzgado por el gobernador Marciano, quien durante mucho tiempo lo instó a renunciar a Cristo. Ni las torturas ni las amenazas ni las promesas de regalos y honores pudieron  convencer al joven piadoso ofrecer sacrificios paganos y negar a Cristo. El santo se mantuvo firme en su recta fe.


Por un año entero  llevaron al mártir a través de las ciudades de Cilicia, en todas partes le sometían  a interrogatorios y torturas, y después lo echaron en la cárcel. La madre de San Julián siguió a su hijo y rogó al Señor que lo fortalecerá. En la ciudad de Egea, suplicó al gobernador que le permitiera visitarlo en la prisión, aparentando tener la intención de persuadir a su hijo a ofrecer sacrificios a los ídolos. Pasó tres días en la cárcel con San Julián, dándole valor para ser fuerte hasta al final.


Cuando el gobernador llama a la madre para saber las novedades, ella confesó con audacia a Jesucristo, y aun más, sin miedo y con valentía denunció el politeísmo. Entonces el gobernador dio orden de cortarle los pies.


En cuanto a Julián lo ataron y lo metieron en un saco lleno de arena y de serpientes venenosas, y lo arrojaron al mar. El cuerpo de la víctima fue llevada por las olas a las costas de Alejandría, y con reverencia fue sepultado por un  cristiano piadoso.


La muerte del mártir ocurrió alrededor del año 305. San Juan Crisóstomo honró a San Julián con un elogio.


Hay en Rimini una iglesia, no de grandes proporciones, a él dedicada, que fue edificada probablemente sobre un templo pagano, y de la cual las primeras noticias provienen del 816; fue reconstruida en su forma actual en el siglo XVI, y regenteada hasta 1797 por los monjes benedictinos de la congregación Cassinense. En esta iglesia se concentran las imágenes principales que representan a san Julián mártir, las varias fases de su martirio según la tradición y la llegada del sarcófago con su cuerpo a Rímini; es de particular importancia el dosel, obra de Bittino de Faenza, de 1409.



Fuente: catholic.net / eltestigofiel.org

III Domingo de Mateo


Rom 5,1-10: Hermanos, habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!


Mt 6,22-33: Dijo el Señor: «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

20/06 - Metodio el Mártir, Obispo de Olimpo (o de Patara)


Obispo y autor eclesiástico, se desconoce la fecha de su nacimiento; murió como mártir, probablemente en el año 311 en Calcidia de Grecia. A causa de su sabiduría y virtud, este Santo fue conocido como Eubulo («el del buen consejo»).


Sólo nos han llegado muy pocos informes respecto a la vida de este primer oponente científico de Orígenes; y aun estos pequeños relatos presentan muchas dificultades. Eusebio no lo menciona en su “Historia de la Iglesia”, probablemente porque él se oponía a varias de las teorías de Orígenes. Le debemos a San Jerónimo los primeros relatos sobre él (Hombres Ilustres 83). Según él, Metodio fue obispo de Olimpo en Licia y luego obispo de Tiro y no de Patara (como asegura erróneamente una obra del siglo VI de Leoncio el Bizantino). Pero esta afirmación tampoco es fiable; ningún autor griego sabe nada sobre que él fuera obispo de Tiro; y según Eusebio (Hist. De la Iglesia, VIII.13), Tiranio fue obispo de Tiro durante la persecución de Diocleciano y murió mártir; después de la persecución Paulino fue electo obispo de esa ciudad. Parece que escritores posteriores lo consideraban obispo de Patara debido a que su famoso diálogo acerca de la resurrección se desarrolla en dicha ciudad. Jerónimo establece que Metodio sufrió el martirio al final de la última persecución, es decir, bajo Maximino Daja (311). Aunque él luego añada, “que algunos afirman” que esto pudo haber ocurrido bajo Decio y Valeriano en Calcis, esta afirmación (ut alii affirmant), la cual él presume falsa, no es aceptada. Se han hecho varios intentos por aclarar el error respecto a la mención de Tiro como el siguiente obispado de Metodio; es posible que él fuera llevado a tiro durante la persecución y que muriera allí.


Metodio tenía una educación filosófica muy amplia y fue un importante teólogo así como un autor prolífico y refinado. 


Cronológicamente, sus obras sólo se pueden asignar de modo general al final del siglo III y principios del IV. Adquirió especial importancia en la historia de la literatura teológica debido a que combatió exitosamente varias opiniones erróneas del gran alejandrino Orígenes. Atacó particularmente su doctrina de que el cuerpo del hombre en la resurrección no es el mismo cuerpo que tenía en vida; también su idea de la eternidad del mundo y las nociones erróneas que esto conllevaba. Sin embargo, reconoció los grandes servicios de Orígenes a la teología eclesiástica. Como él, también fue fuertemente influenciado por la filosofía de Platón, y hasta cierto alcance él usa la explicación alegórica de la Escritura.


De sus numerosas obras sólo nos ha llegado completa en un texto griego, es decir, el diálogo sobre la virginidad, bajo el título: “Simposio, o sobre la virginidad” (Symposion he peri hagneias) en P.G., XVIII, 27-220. En el diálogo, compuesto con referencia al “Banquete” de Platón, él describe una comida festiva de diez vírgenes en el jardín de Arete (virtud), en la cual cada una de las participantes exalta la virginidad cristiana y su sublime excelencia. Concluye con un himno sobre Cristo como el Novio de la Iglesia. Se conservan fragmentos más grandes de varias otras obras en griego; se conoce de otras obras de versiones antiguas en eslavo, aunque algunas son compendiadas.


Las siguientes obras están en la forma de diálogo:


(1) "Sobre la Libre Voluntad" (peri tou autexousiou), un importante tratado que ataca la opinion gnóstica del origen del mal y en prueba de la libertad de la voluntad humana.


(2) "Sobre la Resurrección" (Aglaophon he peri tes anastaseos), en el cual se expone especialmente, en oposición a Orígenes, que el mismo cuerpo que el hombre tiene en esta vida despertará a la incorruptibilidad en la resurrección. Mientras se preservan grandes fragmentos del texto original griego de ambos de estas obras, sólo tenemos versiones eslavas de los siguientes cuatro tratados cortos.


(3) “De Vita”, sobre la vida y acción racional, que exhorta en particular a estar satisfecho en esta vida y a esperar la vida venidera.


(4) “De cibis”, sobre la discriminación en las comidas (entre judíos), y sobre la novilla, que se menciona en el Levítico, con una explicación alegórica del Antiguo Testamento, la legislación sobre la comida y la vaca roja (Núm. 19).


5) “De lepra”, sobre la lepra, a Sistelio, un diálogo entre Eubulio (Metodio) y Sistelio sobre el sentido místico de las referencias a los leprosos en el Antiguo Testamento (Lev. 13).


(6) “De sanguisuga”, sobre la sanguijuela en Proverbios (Prov. 30,15 ss.) y sobre el texto “los cielos muestran la gloria de Dios” (Sal. 18,2).


De otros escritos, ya perdidos, San Jerónimo menciona (loc. Cit) una obra voluminosa contra Porfirio, el neoplatonista, quien había publicado un libro contra el cristianismo; un tratado sobre la “Pitonisa” dirigido contra Orígenes, comentarios sobre el Génesis y el Cantar de los Cantares. Otros autores posteriores le atribuyen a Metodio una obra “Sobre los mártires”, y un diálogo “Zenón”; en éste último él se opone la doctrina de Orígenes sobre la eternidad del mundo. Nuevas ediciones de sus obras son: P.G., XVIII; Jahn, "S. Methodii opera et S. Methodius platonizans" (Halle, 1865); Bonwetsch, "Methodius von Olympus: I, Schriften" (Leipzig, 1891).



Fuente: Enciclopedia Católica / goarch.org

Adaptación propia

Sábado de la III Semana de Mateo


Rom 3,28-31;4,1-3: Hermanos, sostenemos que el hombre es justificado por la fe, sin obras de la Ley. ¿Acaso Dios lo es solo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? También lo es de los gentiles, si es verdad que no hay más que un Dios, el cual justifica a los circuncisos en virtud de la fe y a los no circuncisos también por la fe. Entonces, ¿qué?, ¿privamos a la ley de su valor mediante la fe? De ningún modo. Más bien confirmamos la ley. ¿Qué diremos, pues, que obtuvo Abrahán, nuestro padre según la carne? Si Abrahán fue justificado en virtud de las obras, tiene un timbre de gloria, pero no delante de Dios; pues, ¿qué dice la Escritura? Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia.


Mt 7,24-29;8,1-4: Dijo el Señor: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande». Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas. Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

19/06 - Tadeo (Judas) el Apóstol y Hermano de nuestro Señor


El Apóstol Judas era del número de los Doce, y Lucas (Lc 6,16; Hch 1,13) lo llama «Judas el de Santiago» (el Hermano del Señor), por lo que sería también pariente del Señor según la carne. Sin embargo, Mateo (Mt 10,2) lo llama Tadeo (no confundirlo con el que curó a Agbar según cuenta Eusebio en su ‘Historia eclesiástica’, 1,13; ver el 21 de agosto).


Desde el punto de vista etimológico, Tadeo significa “magnánimo, valiente”, aunque también se puede considerar una deformación. Y todos sabemos que Judas significa “alabanzas sean dadas a Dios”.


Después de Pentecostés asistió al primer Concilio de Jerusalén y desde el punto de vista histórico, no se sabe nada más de él.


La tradición oriental dice que predicó en Palestina y en las regiones vecinas, pero tradiciones más tardías lo hacen predicador en Arabia, Mesopotamia, Armenia e incluso en Persia, junto con el apóstol Simón Zelotes. Los textos sirios más antiguos lo presentan como mártir en Arado (Beirut) en el año 80.


Sus reliquias, en los siglos III y IV se encontraban en Verona, pero actualmente están en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, junto con las del otro apóstol, Simón Zelotes. Reliquias pequeñas existen en otros países como España, Italia, Francia y Alemania. En cuanto a su culto hay que decir que ha sido venerado siempre, desde el siglo I. En el año 1059, el emperador Enrique III le dedicó una Colegiata en Goslar.


Iconográficamente se le representa siempre como un hombre maduro, barbudo y hasta viejo, con un hacha (haciendo mención al martirio) y con un libro (mención de la Epístola).


Escrita después de la destrucción de Jerusalén por Tito, la suya es la última de las Epístolas Católicas (generales), y está dirigida a los judíos creyentes de la Diáspora. Los rasgos principales que caracterizan a esta Epístola son la denuncia de las herejías de los primeros tiempos, pone a sus destinatarios en guardia contra las falsas doctrinas, condena la lujuria y la adulación interesada, anima a estar firmes en la fe, anuncia que surgirán falsos profetas y maestros, alienta el amor a Dios y al prójimo, exhorta a la paciencia y concluye la carta con una oración.


Antonio Barrero


LECTURAS


En Vísperas


Jds 1,1-10: Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, a los que son llamados, amados en Dios Padre y custodiados en Jesucristo: a vosotros, misericordia, paz y amor abundantes. Queridos míos, al poner todo mi empeño en escribiros acerca de nuestra común salvación, me he visto en la necesidad de hacerlo animándoos a combatir por la fe transmitida de una vez para siempre a los santos. Pues se han infiltrado ciertos individuos cuya condenación está prescrita desde antiguo, impíos que han convertido en libertinaje la gracia de nuestro Dios y rechazan al único Soberano y Señor Jesucristo. Aunque lo habéis conocido todo de una vez para siempre, quiero recordaros, sin embargo, que el Señor habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, después exterminó a los que no creyeron; y que a los ángeles que no se mantuvieron en su rango sino que abandonaron su propia morada los tiene guardados para el juicio del gran Día, atados en las tinieblas con cadenas perpetuas. También Sodoma y Gomorra, con las ciudades circunvecinas, por haberse prostituido como aquellas y por haber practicado vicios contra naturaleza, quedan ahí como muestra, padeciendo la pena de un fuego eterno. A pesar de ello, con estos soñadores pasa lo mismo, manchan la carne, rechazan todo señorío y blasfeman contra seres gloriosos. El arcángel Miguel, cuando disputaba con el diablo y discutía sobre el cuerpo de Moisés, ni siquiera se atrevió a proferir una sentencia blasfema sino que dijo: «El Señor te reprima». Estos, en cambio, blasfeman contra todo cuanto no conocen, e incluso se corrompen en lo que se aprende por instinto como los animales.


Jds 1,11-16: Queridos míos, ¡ay de los impíos! Porque tomaron el sendero de Caín, por dinero cayeron en la aberración de Balaán y perecieron en la rebelión de Coré. Estos, que banquetean sin recato y se apacientan a sí mismos, son una mancha en vuestros ágapes, nubes sin lluvia que los vientos se llevan; árboles otoñales y sin frutos que, arrancados de cuajo, mueren por segunda vez; olas encrespadas del mar que arrojan la espuma de sus propias desvergüenzas; estrellas fugaces a las que aguarda la oscuridad eterna de las tinieblas. De estos profetizó también Henoc, el séptimo después de Adán, al decir: «Mirad, viene el Señor con sus miríadas de ángeles para dar sentencia contra todos y dejar convictos a todos los vivientes de todas las obras impías que cometieron y de todas las insolencias que los impíos pecadores profirieron contra él». Ellos son murmuradores y amigos de querellas que proceden como les da la gana y hablan pomposamente adulando a la gente en beneficio propio.


Jds 1,17-25: Queridos míos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; pues os decían que en el tiempo final habrá gente burlona que actuará conforme a los propios deseos de impiedad. Son estos los que crean discordias, animales que no tienen espíritu. En cambio, vosotros, queridos míos, basándoos en vuestra santísima fe y orando movidos por el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna. Tened compasión con los que titubean, a unos salvadlos arrancándolos del fuego, a otros mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por el vicio. Al que puede preservaros de tropiezos y presentaros intachables y exultantes ante su gloria, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, sea la gloria y majestad, el poder y la soberanía desde siempre, ahora y por todos los siglos. Amén.


En la Liturgia


Jds 1,1-25: Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, a los que son llamados, amados en Dios Padre y custodiados en Jesucristo: a vosotros, misericordia, paz y amor abundantes. Queridos míos, al poner todo mi empeño en escribiros acerca de nuestra común salvación, me he visto en la necesidad de hacerlo animándoos a combatir por la fe transmitida de una vez para siempre a los santos. Pues se han infiltrado ciertos individuos cuya condenación está prescrita desde antiguo, impíos que han convertido en libertinaje la gracia de nuestro Dios y rechazan al único Soberano y Señor Jesucristo. Aunque lo habéis conocido todo de una vez para siempre, quiero recordaros, sin embargo, que el Señor habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, después exterminó a los que no creyeron; y que a los ángeles que no se mantuvieron en su rango sino que abandonaron su propia morada los tiene guardados para el juicio del gran Día, atados en las tinieblas con cadenas perpetuas. También Sodoma y Gomorra, con las ciudades circunvecinas, por haberse prostituido como aquellas y por haber practicado vicios contra naturaleza, quedan ahí como muestra, padeciendo la pena de un fuego eterno. A pesar de ello, con estos soñadores pasa lo mismo, manchan la carne, rechazan todo señorío y blasfeman contra seres gloriosos. El arcángel Miguel, cuando disputaba con el diablo y discutía sobre el cuerpo de Moisés, ni siquiera se atrevió a proferir una sentencia blasfema sino que dijo: «El Señor te reprima». Estos, en cambio, blasfeman contra todo cuanto no conocen, e incluso se corrompen en lo que se aprende por instinto como los animales. ¡Ay de ellos! Porque tomaron el sendero de Caín, por dinero cayeron en la aberración de Balaán y perecieron en la rebelión de Coré. Estos, que banquetean sin recato y se apacientan a sí mismos, son una mancha en vuestros ágapes, nubes sin lluvia que los vientos se llevan; árboles otoñales y sin frutos que, arrancados de cuajo, mueren por segunda vez; olas encrespadas del mar que arrojan la espuma de sus propias desvergüenzas; estrellas fugaces a las que aguarda la oscuridad eterna de las tinieblas. De estos profetizó también Henoc, el séptimo después de Adán, al decir: «Mirad, viene el Señor con sus miríadas de ángeles para dar sentencia contra todos y dejar convictos a todos los vivientes de todas las obras impías que cometieron y de todas las insolencias que los impíos pecadores profirieron contra él». Ellos son murmuradores y amigos de querellas que proceden como les da la gana y hablan pomposamente adulando a la gente en beneficio propio. En cambio vosotros, queridos míos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; pues os decían que en el tiempo final habrá gente burlona que actuará conforme a los propios deseos de impiedad. Son estos los que crean discordias, animales que no tienen espíritu. En cambio, vosotros, queridos míos, basándoos en vuestra santísima fe y orando movidos por el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna. Tened compasión con los que titubean, a unos salvadlos arrancándolos del fuego, a otros mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por el vicio. Al que puede preservaros de tropiezos y presentaros intachables y exultantes ante su gloria, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, sea la gloria y majestad, el poder y la soberanía desde siempre, ahora y por todos los siglos. Amén.

Jn 14,21-24: Dijo el Señor a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?». Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió».



Fuente: preguntasantoral / goarch.org / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia