13/09 - Cornelio el Centurión y Mártir


Cornelio era un centurión romano que aunque no tenía origen judío era piadoso y temeroso de Dios. Pertenecía a la corte llamada Itálica, siendo capitán de una centuria del ejército romano en Cesárea Maritima, aproximadamente 50 kilómetros al norte de la actual Tel Aviv, Israel. Ha pasado a la historia como el primer pagano que se convirtió al cristianismo.


Los Hechos de los Apóstoles 10 narran que un día, como a las tres de la tarde, se encontraba orando a Dios, dudoso de su voluntad. Entonces tuvo una visión de un ángel que le dijo que enviara hombres a Jope para traer a un hombre llamado Simón también conocido como Pedro, el cual le daría las respuestas que estaba buscando.


Pedro, que se encontraba en ese momento visitando las iglesias de Judea y estaba predicando en Jafa (Jope), a su vez había tenido una visión  que aclaraba que la voluntad de Dios de admitir a los gentiles dentro de la Iglesia.


Por lo tanto, al encontrarse con los mensajeros de Cornelio, aceptó enseguida la invitación y fue hasta su casa en Cesarea. Cuando entró, comenzó a predicar el Evangelio y mientras hablaba, el Espíritu Santo descendió sobre todos los presentes, manifestándose con el don de lenguas. Pedro ordenó que los que se encontraban allí presentes fuesen bautizados en nombre de Jesús: “Dios no hace acepción de personas, sino que se complace en toda nación que le teme y practica la justicia. (…) ¿Puede acaso negarse el agua del bautismo a éstos, que recibieron el Espíritu Santo como nosotros?”


El acontecimiento tiene una importancia fundamental en la historia de la Iglesia, porque se abrió tanto a los «incircuncisos» como a los «circuncidados», liberándose del formalismo antiguo. A partir de este momento se comenzó con la evangelización de los “gentiles”. En lo que fue el primer concilio de la cristiandad, el Concilio de Jerusalén, hacia el año 50, San Pedro explicó su postura, abogando junto con San Pablo y Santiago por predicar entre los gentiles.


Algunos martirologistas han calificado a Cornelio como obispo de Cesarea, mientras que otros afirman que lo fue de Escepsis, que no está lejos de Tróade, y que murió mártir.

 

Su casa fue transformada en iglesia; la matrona romana santa Paola la visitó a finales del siglo IV, en su peregrinación a Tierra Santa, descrita por san Jerónimo.



Fuente: primeroscristianos.com / goarch.org
Adaptación propia

13/09 - Consagración de la Iglesia de la Santa Resurrección (el «Santo Sepulcro»)


Habiendo transcurrido casi 2.000 años desde la fundación de la majestuosa Iglesia de la Resurrección en Jerusalén (también conocida como la Iglesia del Santo Sepulcro), esta aún se muestra como una de la más hermosas y bellas casas de adoración en el mundo Cristiano.


Su primera versión fue construida bajo el reinado del Emperador Romano Adrián (117-138), reemplazando así a un templo pagano consagrado a la diosa Venus Afrodita que había sido construido en el mismo lugar con la finalidad de desalentar a los cristianos en su culto.


Más de 150 años después, Santa Elena (la madre del Emperador Romano San Constantino el Grande) dirigiría el esfuerzo de reconstrucción que llevaría, exitosamente, a encontrar la cruz de Cristo en un lugar cercano al templo pagano. Como consecuencia de este importante descubrimiento, el Emperador Romano erigió en ese lugar una magnífica Iglesia, la misma que fue consagrada el 13 de Septiembre del año 335. La Iglesia está localizada en el lugar sagrado conocido como el Gólgota, en donde Cristo fue crucificado y murió. Hoy en día la Iglesia de la Resurrección sirve como sede administrativa del Patriarca de Jerusalén y alberga igualmente a otras comunidades cristianas, tanto orientales como occidentales.


LECTURAS


En Vísperas


Dt 1,8-11;15-17: Dijo Moisés a los hijos de Israel: «El Señor nuestro Dios nos dijo en el Horeb: “Mirad: yo os entrego esa tierra; id y tomad posesión de la tierra que el Señor juró dar a vuestros padres, Abrahán, Isaac y Jacob, y a sus descendientes”. Entonces yo os dije: “Yo solo no puedo cargar con vosotros. El Señor, vuestro Dios, os ha multiplicado, y hoy sois tan numerosos como las estrellas del cielo. Que el Señor, Dios de vuestros antepasados, os haga crecer mil veces más y os bendiga, como os prometió. Entonces tomé de los jefes de vuestras tribus, hombres sabios y expertos, y los constituí jefes vuestros: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez, y oficiales para vuestras tribus. Y di esta orden a vuestros jueces: “Escuchad a vuestros hermanos y juzgad con justicia las causas que surjan entre vuestros hermanos o con emigrantes. No seáis parciales en la sentencia, oíd por igual a pequeños y grandes; no os dejéis intimidar por nadie, que la sentencia es de Dios. Si una causa os resulta demasiado difícil, pasádmela, y yo la resolveré”».


Prov 3,19-34: El Señor cimentó la tierra con sabiduría y afirmó el cielo con inteligencia; con su saber se abren los veneros y las nubes destilan rocío. Hijo mío, no las pierdas de vista, conserva la prudencia y la reflexión: serán ellas tu aliento vital, serán el adorno de tu cuerpo. Así caminarás confiado y no tropezará tu pie. Podrás descansar sin temor, dormir con un sueño relajado. No temerás el terror repentino ni el ataque de los malvados cuando llegue, pues el Señor estará a tu lado y librará tu pie de la trampa. No niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano concedérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré». No trames daños contra tu prójimo, mientras vive confiado a tu lado; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño alguno; no envidies al hombre violento, ni trates de imitar su conducta, porque el Señor detesta al perverso y pone su confianza en los honrados; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del justo; el Señor se burla de los burlones y concede su gracia a los humildes.


Prov 9,1-11: La sabiduría se ha hecho una casa, ha labrado siete columnas; ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Ha enviado a sus criados a anunciar en los puntos que dominan la ciudad: «Vengan aquí los inexpertos»; y a los faltos de juicio les dice: «Venid a comer de mi pan, a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia». Quien corrige al insolente recibe insultos; quien reprende al malvado, desprecios. No corrijas al insolente, que te odiará; reprende al sensato y te querrá; instruye al sabio, y será más sabio; enseña al honrado, y aprenderá. El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor, conocer al Santo implica inteligencia. Por mí prolongarás tus días, se añadirán años a tu vida.


En la Liturgia


Heb 3,1-4: Hermanos santos, vosotros que compartís una vocación celeste, considerad al apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos: a Jesús, fiel al que lo nombró, como lo fue Moisés en toda la familia de Dios. Pero el honor concedido a Jesús es superior al de Moisés, pues el que funda la familia tiene mayor dignidad que la familia misma. En efecto, cada familia tiene un fundador, mas quien lo ha fundado todo es Dios.


Jn 12,25-36: Dijo el Señor: «El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir. La gente le replicó: «La Escritura nos dice que el Mesías permanecerá para siempre; ¿cómo dices tú que el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto? ¿Quién es ese Hijo de hombre?». Jesús les contestó: «Todavía os queda un poco de luz; caminad mientras tenéis luz, antes de que os sorprendan las tinieblas. El que camina en tinieblas no sabe adónde va; mientras hay luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz».



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

XV Domingo de Mateo


La primera gran verdad que sacamos del texto evangélico de este domingo es la unidad de las personas de la Trinidad: al Dios Triádico se ve ya desde el Antiguo Testamento, y sobre todo en el Deuteronomio (6,4), en la gran Confesión de Fe del Israel, tal y como repite también Jesús: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es uno”. La frase “un Señor” es traducción del correspondiente hebreo “eloheinu” y literalmente significa “nuestros Dioses”. Por lo tanto, si la traducción de la palabra, conceptual y literalmente, la traemos del texto hebreo, este importantísimo anuncio dogmático de los israelitas significaría: “Escucha Israel: Yahvé, “NUESTROS DIOSES”, es un solo Señor”. Y no sólo esto, sino que la palabra “uno” es designada por la palabra “ejad” que no significa una mónada (unidad) absoluta, sino una unidad de unión compuesta, sintética y en nuestro caso Triádica o Trinitaria. Además, el Zóhar, libro cabalístico, explicando el versículo anterior se refiere a la Triada de Divinas Personas –al Padre, al Mesías mediante David y al Kirios (Señor, el Espíritu Santo)- y concluye que “estos tres son Uno” (David L. Cooper, de su libro “el A. Testamento y la Triada de Dios).


A continuación comprobamos que de acuerdo con Jesucristo, la vida espiritual, la sanación y la salvación no se consiguen por la aplicación y el cumplimiento típico de los 613 mandamientos, tal como entonces creían y pedían a los creyentes los maestros intérpretes judíos, sino que depende de la correcta relación y amor hacia Dios y el amor hacia el prójimo, que, si es auténtico, no maquina 613 mandamientos, sino infinitas maneras, formas y modos para servir a los que tienen necesidad ética y material. Es decir, la ortopraxis (acción correcta) para el Teántropo (Dios y hombre) es consecuencia de la ortodoxia, pero no existe ‘doxa’ (gloria, alabanza y opinión) correcta sobre Dios, o no tiene sentido para el mundo de hoy y sobre todo para el de mañana, si no va acompañada de la análoga conducta y actitud agapítica (amorosa), tanto hacia las personas que nos rodean, como hacia la creación, los animales, las plantas o las cosas. La praxis y vida ortodoxa es un sacrificio continuo por los demás, y, como sacrificio desinteresado, requiere e implica sufrimiento o dolor. No para reivindicarse uno individualmente, sino para constituirse él mismo en eucaristía (agradecimiento, acción de gracias) hacia el Señor y testimonio perdurable hacia el ambiente donde vive y se mueve, manifiestando la Resurrección del Teántropo (Dios y hombre) y la verdadera vida que emana de Su tumba vacía para todos nosotros.


El que ama verdaderamente, fuera de intereses y motivos egoístas, no puede sino andar el camino de Dios y ser bendecido por Su divina presencia. Vale la pena en este punto referirnos al versículo evangélico sobre el Juicio, en el cual el Señor se identifica con los pocos y con sus hermanos despreciados, los pobres, los hambrientos, los desnudos, los encarcelados, etc., y recalca que juzgará a todos por el amor y que debemos ofrecerlo a todos aquellos que lo necesitan, sufren y son agraviados. (Mt 25, 34-41). Si uno, pues, se sacrifica por su prójimo y se entrega a sí mismo por amor, esencialmente se sacrifica por Cristo, puesto que Cristo se identifica con todos aquellos que sufren y buscan nuestra ayuda.


En efecto, Jesús realmente proclama: “No entrará en la realeza de los cielos todo el que me dice: Señor, Señor, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celeste” (Mt 7, 21-22). Además, por boca del profeta Miqueas, Dios revela en el Antiguo Testamento: “Fue proclamado en ti, hombre, lo que es bueno, bondadoso, y lo que el Señor pide de ti. Nada más que practicar la justicia, mostrar amor y caminar humildemente con tu Dios” (N.M. Papadopulos, “Memorandum al libro de Miqueas, pag 170). Verdaderamente, pues, el cristiano no es aquel que teologiza “encefálicamente” (con el cerebro, mente o intelecto) sobre Dios, ni aquel que algunos domingos por la mañana visita Su templo, sino aquel que con su conducta y su actitud humilde, y especialmente con su amor en la práctica (de hecho, o acción) testifica que existen Dios, la Resurrección, el Juicio, el Paraíso y el Infierno.


En tercer lugar, tal y como revela Cristo sobre sí mismo en el Salmo cristológico 109, David dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga tus enemigos como alfombra bajo tus pies (es decir, someterlos bajo su autoridad)”. Es evidente que aquí también se señala a dos personas de la Santa Trinidad, el Padre y el Hijo. A continuación del mismo Salmo aparece también la tercera persona de la Santa Trinidad, el Espíritu Santo, porque el Padre dirigiéndose a Su Hijo, le dice: “El Señor está en tu derecha, anuló o destruyó los reyes de la tierra el día de Su ira”. De todo esto vemos y percibimos que, a causa del peligro de los vecinos idólatras, el Antiguo Testamento en muchos casos revela en sombras al Dios Uno y Trinitario a los ojos de sus creyentes verdaderos y piadosos, pero también al verdadero Mesías y redentor Jesucristo: ver la Filoxenía (hospitalidad) de Abraham a los tres hombres (Gén 18,1-3), “la destrucción de Sodoma y Gomorra por dos hombres en nombre de un tercero (Gén 19,24) y otros casos más.


Finalmente, ¿cuántos cristianos de hoy imitamos la praxis y el amor que condujeron al Teántropo Jesucristo hasta la Cruz y la muerte? ¿Cuánto andamos tras los pasos del maestro celeste, que prefirió enseñar principalmente con Su sangre y no sólo con Sus palabras? ¿En qué medida somos cristianos ortodoxos si alabamos sólo con los labios y con nuestras actitudes destruimos en vez de construir la realeza increada de Dios en la tierra? Es posible que para muchos sean una vergüenza las palabras transcendentales de san Pablo: “A causa de vosotros es blasfemado el nombre de Dios entre las naciones (los idólatras)” (Rom 2,24). Nuestra época tiene necesidad de cristianos que sepan orar y amar, no de cristianos ortodoxos sólo de nombre y teoría -o, peor aún, por ideología- que escandalizan a los creyentes y expulsan desgraciadamente a la gente de la Iglesia. Además, el comportamiento cristiano ortodoxo correcto obedece a las palabras del Señor: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a aquellos que os odian, orad por aquellos que os tratan mal” (Lc 6,27-29).


Mijalis Julis

Traducción del original griego: xX.jJ

Adaptación propia


LECTURAS


2 Cor 4,6-15: Hermanos, el Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas» ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo. Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.


Mt 22,35-46: En aquel tiempo, un doctor de la ley le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas». Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús una cuestión: «¿Qué pensáis acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Le respondieron: «De David». Él les dijo: «¿Cómo entonces David, movido por el Espíritu, lo llama Señor diciendo: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies”? Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Y ninguno pudo responderle nada ni se atrevió nadie en adelante a plantearle más cuestiones.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Domingo anterior a la Exaltación de la Santa Cruz


Gál 6,11-18: Hermanos, mirad con qué letras tan grandes os he escrito de mi propia mano. Los que buscan aparecer bien en lo corporal son quienes os fuerzan a circuncidaros; pero lo hacen con el solo objetivo de no ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo. Pues ni los mismos que se circuncidan observan la ley, sino que desean que os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne. En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.


Jn 3,13-17: Dijo el Señor: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

12/09 - Antefiesta de la Exaltación Universal de la Santa y Vivificante Cruz


Jn 11,47-54: En aquel tiempo, los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española