21/09 - Jonás el Profeta


Jonás fue un profeta cuya vida conocida está registrada en los libros bíblicos de Jonás y muy brevemente en el Segundo Libro de los Reyes. Su nombre significa "paloma" en hebreo.


Jonás era hijo de Amitay y nació en la aldea fronteriza de Gat-Hefer, en el Reino del Norte en algún años antes del reinado de Jeroboán II.


En algún momento antes del reinado de Jeroboán II, Jonás predijo las nuevas fronteras de Israel, específicamente desde Jamat hasta el mar de Arabá. Dios le dio a Jonás esta predicción que se cumplió cuando el rey Jeroboán II extendió su territorio. Los detalles exactos de la profecía y su tiempo en relación con Jeroboán II son desconocidos.


En algún momento de la vida de Jonás, Dios lo envió a la capital asiria de Nínive; no se sabe si esto sucedió antes de la profecía de las fronteras de Jonás. El mensaje de Dios vino a Jonás, diciéndole que se levantara y viajara a Nínive y que predicara en el juicio en su contra. En lugar de obedecer a Dios, Jonás huyó pues odiaba a la gran metrópolis por su gran inmoralidad y sabía que Dios perdonaría la ciudad si se arrepentían.


Jonás viajó hacia el sur hasta la ciudad portuaria de Jafa. Allí encontró un barco que salía hacia Tarsis, ubicada en el extremo oeste del mundo conocido. Una vez que Jonás pagó su pasaje, se dirigió a Tarsis junto con varios marineros, el capitán y la carga a bordo.


Dios envió una gran tempestad y el barco estaba a punto de hundirse. Los marineros tuvieron miedo y cada uno invocó a su dios. Arrojaron la carga al mar y echaron suertes para descubrir al culpable de la desgracia. La suerte cayó en Jonás y este explicó a la tripulación que estaba huyendo de la presencia de su Dios.


Jonás sugirió a los marineros que lo tiraran por la borda y lo ahogaran. Después de dudar en arrojarlo por la borda, a regañadientes estuvieron de acuerdo con Jonás y lo arrojaron al mar.


Cuando Jonás se hundió en el fondo del océano y la tormenta cesó. Al principio, Jonás pensó que iba a morir cuando las aguas comenzaron a ahogarlo y un pez designado por Dios vino y se lo tragó.


Dentro del pez, Jonás oró a Dios agradeciéndole por rescatarlo de la muerte y relatando su experiencia cercana a la muerte ahogándose, esperando ver una vez más el Templo. Después de permanecer durante tres días y tres noches, el pez vomitó a Jonás en tierra seca.


Una vez más, Dios le ordenó a Jonás ir a Nínive y hablar en contra de la ciudad. Por lo tanto, Jonás obedeció y fue a la ciudad; no se sabe qué tan lejos estaba de la ciudad después de que fue expulsado por el pez. Jonás viajó un día entero adentrándose en la ciudad y proclamó que Nínive sería destruida en cuarenta días.


Los ninivitas creyeron la palabra de Jonás y todos, desde el gobernante hasta el último de los esclavos, se vistieron de cilicio y se sentaron en la ceniza en señal de arrepentimiento.


Jonás había obedecido a Dios y había completado la tarea que se le había encomendado, pero descubrió que el arrepentimiento de la ciudad lo dejaba mal parado. Jonás oró y confesó que había huido a Tarsis, porque su odio por la metrópolis era inmenso y sabía que Dios perdonaría misericordiosamente a la ciudad y luego le pidió a Dios que le quitara la vida; el profeta prefirió la muerte sobre la supervivencia de Nínive.


Jonás se retiró al este de Nínive y estableció un refugio allí. Se sentó en su refugio, planeando esperar para presenciar el destino de la ciudad. Durante este tiempo, una planta brotó sobre el refugio de Jonás, proporcionándole sombra y alivio del calor. Jonás estaba muy contento con la planta, pero al día siguiente la planta murió y estuvo sujeto a la dureza del sol. Ahora, Jonás solo deseaba morir y Dios le reprendió; le dijo que compadecía a la planta pero no a la metrópolis de Nínive con una población de más de ciento veinte mil personas.


Después de esto, no se conocen otros eventos sobre la vida de Jonás.


Existen varias supuestas tumbas donde se supone está enterrado Jonás, pero no están corroboradas. La que estaba en la ciudad norteña iraquí de Mosul, en la provincia de Nínive, donde el profeta vivió y cumplió su mandato divino, fue la más reconocida,aunque no descansaba cuerpo alguno en ella. Fue un lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, hasta que en el 2014 la ciudad fue ocupada por un grupo extremista y su tumba destruida.


El Libro de Jonás es uno de los doce profetas menores incluidos en la Biblia. Según una tradición, Jonás fue el niño devuelto a la vida por Elías el profeta, y por lo tanto, comparte muchas de sus características.


La capacidad de arrepentirse y ser perdonado por Dios es una idea prominente en el pensamiento hebreo. Este concepto se desarrolla en el libro de Jonás: Jonás, hijo de verdad, ("Amitay" en hebreo significa verdad) se niega pedir a la gente de Nínive arrepentimiento. Él sólo busca la verdad, y no el perdón. Cuando se ve obligado a ir, su llamada se escucha fuerte y claro.


Según Lucas y Mateo, Jesús habló acerca de Jonás con los fariseos y las multitudes de judíos. En su enseñanza, Jesús fue confrontado por escribas y fariseos que pidieron ver una señal. Jesús ya había realizado milagros, pero respondió que solo se le daría la "señal de Jonás" y compara la estancia de tres días de Jonás en un pez a su futura estancia de tres días en la tumba.


Jonás fue considerado como una señal para la gente de Nínive. Jesús contó que incluso Nínive podía condenar a la gente de su generación, ya que se arrepintieron por las enseñanzas de Jonás.


En otra ocasión, Jesús se enfrentó a los fariseos y saduceos que exigían una señal. En respuesta, se les dio un severo recordatorio de que solo se les daría la Señal de Jonás, su Resurrección, para probar su Divinidad.



Fuente: santabiblia.wiki.org

Adaptación propia

21/09 - Cuadrado (Cuadrato / Codrato) el Apóstol


Cuadrado (algunas veces escrito como “Cuadrato” o "Codrato"), fue uno de los Setenta Apóstoles y predicó el Evangelio en Grecia, donde eventualmente llegó a ser obispo de Atenas. Su magnífica “Apología” de la vida cristiana, escrita en el año 126 d.C., jugó un papel fundamental en el convencimiento del Emperador Adriano (117-138) para que refrenase a sus soldados de castigar sin ninguna prueba a aquellos acusados de ser Cristianos.


Pero ese gesto pacífico por parte de los romanos duró bastante poco, y cuando el santo retó al príncipe local, que estaba persiguiendo a los cristianos, el gobernador lo hizo torturar y luego decapitar.


Posteriormente, citada por Eusebio -quien describió a Cuadrado como “un hombre de entendimiento y de Fe Apostólica”,- la “Apología” habló elocuentemente de la fe Cristiana que para el Siglo II ya estaba propagándose rápidamente a través de Tierra Santa.


Las curaciones que realizó Cuadrado, así como los muertos que resucitó, fueron visibles para todos.


Otro notable historiador de ese período, San Jerónimo (342-420), mostró un relato brillante de Cuadrado en su vívida descripción de los primeros Cristianos, “Hombres Ilustres.” San Jerónimo lo describe así en el Capítulo 19: “Cuadrado, discípulo de los Apóstoles, sustituyó a Publio, Obispo de Atenas, quien fuera coronado con el martirio a causa de su fe en Cristo. Y por su fe y su laboriosidad reunió a la Iglesia que estaba dispersa a causa del temor.”


“Y cuando Adriano pasó el invierno en Atenas para presenciar los misterios Eleusis y fue iniciado en casi todos los misterios sagrados de Grecia, aquellos que odiaban a los Cristianos usaron esta oportunidad para acosar a los creyentes”. 


Poderoso escritor y pensador, pero al mismo tiempo humilde discípulo del Señor, Cuadrado es recordado en el presente como un Obispo que se dedicó completamente a su rebaño y como un mártir que sacrificó su cuerpo para la Gloria y el servicio al Dios Todopoderoso.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Lunes de la I Semana de Lucas


Lc 3,19-22: En aquel tiempo, el tetrarca Herodes, a quien Juan reprendía por el asunto de Herodías, esposa de su hermano, y por todas las maldades que había hecho, añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en la cárcel. Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Lunes de la XVII Semana


Ef 1,22-23;2,1-3: Hermanos, Dios todo lo puso bajo los pies de su Hijo, y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos. También vosotros un tiempo estabais muertos por vuestras culpas y pecados, cuando seguíais el proceder de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los rebeldes contra Dios. Como ellos, también nosotros vivíamos en el pasado siguiendo las tendencias de la carne, obedeciendo los impulsos del instinto y de la imaginación; y, por naturaleza, estábamos destinados a la ira, como los demás.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

20/09 - El Santo Mártir y Confesor Miguel y su Consejero Teodoro, Mártires de Chernígov


El santo príncipe Miguel de Chernígov, hijo de Usevolodo Ólgovich Chermni (fallecido en 1212), nació en 1179 (o 1195). Desde su infancia, el príncipe Miguel se distinguió por su piedad y mansedumbre. Su salud era muy delicada, pero en 1186, confiando en la misericordia divina, imploró la intercesión de San Nicetas el Estilita de Pereaslavia (24 de mayo), reconocido como un ferviente intercesor ante el Señor. Tras recibir un bastón de madera del santo asceta, Miguel sanó de inmediato.


En 1223, el príncipe Miguel participó en un concilio de príncipes rusos en Kiev, donde se debatió si debían ayudar a los polovetsianos contra las hordas tártaras mongolas que se aproximaban. Tras la muerte de su tío, Mistislao de Chernígov, en la batalla del río Kalka en 1223, San Miguel se convirtió en príncipe de Chernígov.


En 1225 fue invitado a convertirse en Príncipe de Nóvgorod. Gracias a su sentido de la justicia, la compasión y la firmeza, se ganó el amor y el respeto de los ciudadanos de Nóvgorod. Esto fue particularmente importante para los novgorodianos, ya que el ascenso de Miguel al trono significó la reconciliación de Nóvgorod con la ciudad del Santo Gran Príncipe Jorge Usévolodovich de Vladimiro (fallecido el 4 de febrero de 1238), cuya esposa era la Santa Mártir Ágata (fallecida el 4 de febrero de 1238), hermana del Príncipe Miguel.


San Miguel no permaneció como Príncipe en Nóvgorod y pronto regresó a su Chernígov natal. Ante las súplicas de los novgorodianos para que siguiera siendo su Príncipe, respondió que Chernígov y Nóvgorod debían convertirse en tierras hermanas y sus habitantes en hermanos, y que él forjaría lazos de amistad entre estas ciudades.


El noble Príncipe se dedicó diligentemente al desarrollo de su reino. Pero esto le resultó difícil en aquellos tiempos turbulentos. Sus actividades provocaron inquietud en el príncipe Óleg de Kursk, y en 1227 casi estallaron disturbios civiles, pero el metropolitano Cirilo de Kiev los reconcilió. Ese mismo año, el príncipe Miguel resolvió pacíficamente una disputa entre el gran príncipe Vladimiro Rúrikovich de Kiev y el príncipe de Galitzia. En 1235, el príncipe Miguel ascendió al trono de Kiev.


Se avecinaban tiempos turbulentos. En 1238, los tártaros mongoles devastaron Riazán, Súzdal y Vladimiro. En 1239, avanzaron contra el sur de la Rus', asolando la margen izquierda del río Dniéper y las tierras de Chernígov y Pereaslavia. Para el otoño de 1240, los mongoles se acercaban a Kiev. Los emisarios del jan propusieron la rendición voluntaria de Kiev, pero el príncipe se negó a negociar con ellos.


El príncipe Miguel cabalgó hacia Hungría con la esperanza de persuadir al rey húngaro Bela para que organizara fuerzas aliadas que resistieran a su enemigo común. San Miguel intentó reclutar tanto a Polonia como al emperador alemán para la lucha contra los mongoles, pero la oportunidad para la resistencia conjunta se perdió. La Rus' quedó devastada, seguida de Hungría y Polonia. Sin apoyo extranjero, el príncipe Miguel regresó a las ruinas de Kiev, donde vivió un tiempo en una isla cercana a la ciudad para luego volver a Chernígov.


El príncipe no perdió la esperanza en la posibilidad de una Europa cristiana unida contra los nómadas asiáticos. En 1245, en el Concilio de Lyón, en Francia, el príncipe Miguel envió como emisario a su colaborador, el metropolitano Pedro (Akérovich), para proponer una cruzada contra la horda pagana. Europa occidental, representada por sus principales líderes, el papa romano y el emperador alemán, no respondió a la llamada. El papa estaba en guerra con el emperador alemán, y los alemanes aprovecharon la invasión mongola para atacar a la Rus'.


En estas circunstancias, la hazaña del Confesor San Miguel de Chernígov en medio de la Horda pagana tiene una importancia universal. Pronto aparecieron en la Rus emisarios del jan para realizar un censo de la población rusa y recaudar impuestos.


Se le ordenó al príncipe que se sometiera completamente al jan tártaro, quien le otorgaría una carta real especial para su reino. Los emisarios le dijeron al príncipe Miguel que debía viajar a la Horda para confirmar su derecho a gobernar el principado bajo la carta del jan. Al ver la triste situación de la Rus, el príncipe Miguel reconoció la necesidad de obedecer al jan, pero, como cristiano devoto, sabía que no podía negar su fe ante los paganos. Recibió la bendición de su padre espiritual, el obispo Juan, para viajar a la Horda y convertirse en un verdadero Confesor de Cristo.


En su viaje a la Horda, el príncipe Miguel estuvo acompañado por su fiel amigo y compañero, el boyardo Teodoro. En la Horda, el jan estaba al tanto de los intentos del príncipe Miguel de organizar una revuelta contra los tártaros en colaboración con Hungría y las demás potencias europeas, y los enemigos del príncipe llevaban tiempo buscando una oportunidad para destruirlo.


En 1246, cuando el príncipe Miguel y el boyardo Teodoro llegaron a la Horda, recibieron instrucciones sobre cómo acercarse al jan: debían atravesar el fuego para purificarse de sus malas intenciones y venerar los elementos primordiales: el sol y el cielo, y el fuego, que los mongoles veneraban como dioses. En respuesta a los sacerdotes que les ordenaban participar en rituales paganos, el Santo Príncipe dijo: «Un cristiano adora solo a Dios, el Creador del mundo, y no a las criaturas».


Al ser informado el jan sobre la intransigencia del príncipe ruso, El’deg, asistente de Batú, reiteró las condiciones: el príncipe debía obedecer las exigencias de los sacerdotes paganos o sería condenado a muerte. El príncipe Miguel se mantuvo firme en su fe y declaró: «Estoy dispuesto a someterme al jan, ya que Dios le ha confiado el destino de los reinos terrenales, pero como cristiano no puedo adorar ídolos».


Animados por las palabras del Señor: «El que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mi causa, la hallará» (Mateo 16:25), el Santo Príncipe y su devoto boyardo se prepararon para el martirio y recibieron los Santos Misterios, que su Padre Espiritual les había dado previendo esta posibilidad. Los verdugos tártaros apresaron al príncipe y lo golpearon salvajemente durante un largo rato, hasta que la tierra se tiñó de carmesí con su sangre. Finalmente, Domanus, un apóstata del cristianismo, decapitó al santo mártir.


Los tártaros, con engaño, prometieron a San Teodoro grandes honores y el rango principesco de su señor si realizaba el ritual pagano. Sin embargo, San Teodoro no se dejó convencer y siguió el ejemplo de su príncipe. Tras horribles torturas, también fue decapitado. Los cuerpos de los santos mártires fueron arrojados a un lado para que los perros los devoraran, pero el Señor los preservó durante varios días, hasta que algunos fieles cristianos pudieron enterrarlos en secreto y con reverencia.


La hazaña de San Teodoro como confesor asombró incluso a sus verdugos. Convencidos de la firme fidelidad del pueblo ruso a la fe cristiana y de su disposición a morir con gozo por Cristo, los janes tártaros decidieron no poner a prueba la paciencia de Dios como antes y dejaron de exigir a los rusos que realizaran rituales paganos en la Horda. Sin embargo, la lucha de la nación rusa y de la Iglesia rusa contra el yugo mongol se prolongó durante mucho tiempo. Durante esta lucha, la Iglesia rusa se engalanó con numerosos mártires y confesores. Todos ellos se inspiraron en el ejemplo y las santas oraciones de San Miguel de Chernígov, el protomártir ruso de la Horda.


El 14 de febrero de 1578, con la bendición del metropolitano Antonio, el zar Iván el Terrible trasladó sus santas reliquias a la iglesia dedicada a ellos en Moscú.


En 1770, las reliquias de los santos Miguel y Teodoro fueron llevadas a la catedral del Encuentro del Señor. Desde el 21 de noviembre de 1774, se conservan en un lugar secreto en la catedral de los Santos Arcángeles en el Kremlin.


Las Vidas y el Oficio Eclesial de los santos Miguel y Teodoro fueron recopilados a mediados del siglo XVI por el renombrado escritor San Zenobio de Otonsk.


El profeta y rey ​​David escribió: «La generación de los justos será bendita» (Salmo 111/112:2). Esto se cumplió plenamente para San Miguel. Él encabeza numerosas familias ilustres de la historia rusa.



Fuente: oca.org

Traducción del original inglés: Google Translator

Adaptación propia

20/09 - Eustaquio el Megalomártir, su esposa y sus dos hijos


Este santo Mártir Eustaquio, antes de su Bautismo, era un ilustre general romano llamado Plácido, en tiempos del Emperador Trajano.


Un día, mientras cazaba en el campo, se convirtió a la Fe de Cristo mediante la aparición de un ciervo de una majestuosidad poco común entre cuyos cuernos vio la Cruz de Cristo y a través del cual el Señor le habló con voz humana. Al volver a casa, Plácido supo que su mujer Taciana también había tenido una visión en que se le ordenó que se hiciera cristiana. Ambos buscaron al Obispo de los Cristianos y fueron bautizados, recibiendo Plácido el nombre de Eustaquio y Taciana el de Teopiste; sus dos hijos fueron bautizados Agapio y Teopisto.


Posteriormente la familia fue sometida a pruebas similares a las de Job. Sus siervos murieron, todos sus bienes fueron robados y, en una peregrinación a Jerusalén, se vieron dispersados, no sabiendo cada miembro si los demás vivían aún. Pero por la providencia de Dios se reunieron de nuevo muchos años después, y regresaron en gloria a Roma.


No obstante, cuando se negaron a sacrificar a los ídolos -sacrificio público al que no podía faltar ningún general romano-, el Emperador Adriano, que había sucedido a Trajano, hizo que los metieran en un artefacto de bronce con forma de toro que fue calentado hasta que murieron. Cuando sus santos cuerpos fueron sacados, se encontraron intactos.


Estos santos sufrieron el martirio hacia el año 126.


LECTURAS


Ef 6,10-17: Hermanos, buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire. Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.


Lc 21,12-19: Dijo el Señor a sus discípulos: «Sabed que os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».



Fuente: goarch.org / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Traducción del inglés propia

XVI Domingo de Mateo


Los talentosos


La lectura evangélica de hoy nos presenta la parábola de los talentos. Un hombre, rico y poderoso, se iba de viaje. Llamó a sus siervos y les entregó sus existencias, repartiéndoles distinta cantidad de talentos a cada uno para que los administraran el tiempo que él estaría ausente. (Un talento correspondía a un peso concreto de oro, sería como seis mil euros de oro actuales).


Lo talentos de esta parábola simbolizan los talentos, dones o carismas que da Dios a los hombres. El progreso en los estudios, en los conocimientos especiales y las habilidades técnicas, la vocación en alguna ciencia, en la música, en el arte o en algún oficio. Además existen muchos y variados carismas que esconde la personalidad de cada uno. Uno tiene el carisma de ser líder, otro la habilidad en la palabra, uno es prudente, otro tiene capacidad organizativa, uno es entusiasta, otro es valiente.


Del mismo modo que ningún siervo de la parábola no se quedó sin talento, ningún hombre se queda sin un don divino. Cada carisma nos lo da el santo Dios con el propósito de utilizarlo para nuestra sanación y salvación y en beneficio del prójimo.


Distribución justa e injusta.


Está claro que Dios no da a todos los hombres el mismo número y tipo de talentos (carismas o dones). Él, siendo omnisciente, conoce la fuerza y la capacidad de cada uno. También conoce nuestras necesidades y nos da a cada uno según nuestra propia fuerza. En la parábola leemos que a un siervo le dio cinco talentos, al otro dos y al otro uno.


Distintos hombres y distintos carismas. Carismas que reparte Dios según Su juicio infalible y sabiduría infinita y también según el aguante de cada uno, de modo que nadie se queje y se sienta defectuoso y acomplejado. Además, con el fin de que la sociedad sea un todo armónico, esta necesita de los carismas particulares de cada humano. ¡Imaginaos que el cuerpo estuviera constituido sólo de ojos y manos!


No nos quejemos, pues, sobre la supuesta distribución injusta de talentos y no envidiemos a los demás que tienen carismas. Una actitud de envidia sólo desgracia puede provocar en nuestra vida. Al contrario, descubramos cada uno nuestros carismas y trabajemos para el desarrollo y realización de ellos; entonces también nosotros nos alegraremos, y también seremos benefactores del prójimo.


Rendiremos cuentas


Tal y como se refiere en la parábola, después de mucho tiempo regresó el gobernador rico y pidió a sus siervos que le rindieran cuentas de cómo habían dado valor y hecho rendir los talentos que se les habían confiado.


Es muy importante recordar, y no debemos olvidar, que alguna vez seremos llamados a rendir cuentas de cómo hemos pasado el tiempo de nuestra vida. Muchos creen que sus vidas les pertenecen y no tienen que dar cuentas a nadie… ¡Qué gran error! ¡La vida no es nuestra! Es un regalo de Dios, como también nuestra libertad es regalo Suyo. Son talentos. De estos admirables regalos divinos rendiremos cuentas. Vendrá el día del Juicio Final y entonces confesaremos la manera en que hemos dado valor y desarrollado todos los carismas que nos ha dado la bondad de Dios.


El castigo de la pereza


El gobernante rico de la parábola recompensó a los siervos que trabajaron y multiplicaron sus talentos. Pero castigó duramente al siervo que devolvió el talento que había recibido.


Este castigo duro impresiona. Este siervo no perdió el talento de su señor ni lo derrochó. Se lo devolvió entero. Entonces no es que hiciera nada malo, pero tampoco nada bueno, y por eso es castigado.


Podía trabajar y no lo hizo. Por su negligencia y su pereza es digno de condena. Así que el Señor elogia y recompensa la buena voluntad, las ganas, el trabajo y la diligencia de los dos siervos, pero castiga la desgana, la pereza y la indiferencia del otro siervo.


Aprendamos, pues, nosotros también de esta parábola didáctica y trabajemos con diligencia para cultivar los talentos (carismas, dones) que nos ha dado Dios, de manera que tengamos la “buena confesión” en el momento temible del Juicio Universal. Así sea.


(†) Obispo Agustin

Traducido por xX.jJ

Adaptación propia


LECTURAS


2 Cor 6,1-10: Hermanos, como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación. Nunca damos a nadie motivo de escándalo, para no poner en ridículo nuestro ministerio; antes bien, nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros; en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con el Espíritu Santo y con amor sincero; con palabras verdaderas y la fuerza de Dios; con las armas de la justicia, a derecha e izquierda; a través de honra y afrenta, de mala y buena fama; como impostores que dicen la verdad, desconocidos, siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados; como afligidos, pero siempre alegres, como pobres, pero que enriquecen a muchos, como necesitados, pero poseyéndolo todo.


Mt 25,14-30: Dijo el Señor esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”. El señor le respondió: “Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».



Fuente: logosortodoxo.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española