03/11 - Dedicación del Templo del Megalomártir Jorge en Lida


El Santo Megalomártir Jorge (conmemorado el 23 de abril), tras sufrir grandes torturas, le ordenó a un sirviente suyo que, después de su muerte, llevase su cuerpo a Palestina. También le entregó una carta con su voluntad escrita por él mismo. El criado se comprometió a obedecer sus órdenes. Al día siguiente, el mártir fue llevado nuevamente a juicio, y después de no ser persuadido para sacrificar a Apolo, a través de sus oraciones destruyó los ídolos del templo, siendo finalmente fue decapitado por la espada.


El sirviente del santo entonces recogió sus santos restos y se fue a Palestina, donde reverente y honrosamente enterró su cuerpo sagrado, junto con otros cristianos; así que cumplió todo lo que el santo le ordenó hacer.


No mucho tiempo después, Constantino el Grande, el emperador e Isapóstol, comenzó a reinar. El piadoso rey, que amaba al santo mártir Jorge, tuvo la oportunidad de construir un templo más solemene y más grande en su honor en Lida, transportándolo desde un lugar desconocido, donde el muy disputado cuerpo del mártir se encontraba anteriormente, a este templo de nueva construcción. Y con la colocación de esta reliquia se llevó a cabo la consagración del templo en este tercer día del mes de noviembre. 


La reliquia del Santo entonces se convirtió en una fuente inagotable de milagros para los que con fe se acercaban a él. De este modo Dios glorifica a los que le glorifican. A partir de aquel momento la Santa Iglesia de Cristo celebra anualmente el día de hoy el traslado de las reliquias de San Jorge para gloria y alabanza de Cristo nuestro verdadero Dios, así como de su gran mártir Jorge.


Esta reliquia sagrada exuda una hermosa fragancia y miro curativo hasta el día de hoy.


LECTURAS


En Vísperas


Is 43,9-14: Así dice el Señor: «Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después. Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador. Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo? Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel».


Sab 3,1-9: La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz. Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto. En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo. Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.


Sab 5,15-6,3: Los justos viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco. Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad. Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos. Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

03/11 - Acépsimas el Obispo, José el Presbítero y Aitalas el Diácono, Mártires de Persia


El Santo Acépsimas era obispo, José presbítero y Aitalas diácono. Los tres fueron martirizados por causa de Cristo, cuando el rey de Persia era Sapor II (310-381 d.C.). Se expone a continuación la narración de Sozomeno, el historiador, recogida en su libro ‘Historia de la Iglesia’ (Bk. 2, Cap. 8, 9, 13):


"Los armenios, según tengo entendido, fueron los primeros en abrazar el cristianismo. Se dice que Tiridates, entonces soberano de esa nación, se hizo cristiano a partir de una señal milagrosa que tuvo lugar en su propia casa, y que ordenó a todos los súbditos, por un heraldo, que adoptaran la misma religión. Creo que el comienzo de la conversión de los persas se debió a su relación con los osroenos y los armenios, porque es probable que conversaran con tales hombres y experimentaran de su virtud.


Cuando, con el transcurso del tiempo, los cristianos aumentaron en número y comenzaron a formar iglesias, y nombraron sacerdotes y diáconos, los Magos -que, como tribu sacerdotal, desde el principio y en sucesivas generaciones actuaron como guardianes de la religión persa- se indignaron profundamente contra ellos.


Los judíos, quienes por envidia son de alguna manera naturalmente opuestos a la religión cristiana, también se sintieron ofendidos. Por lo tanto, presentaron acusaciones ante Sapor, el soberano reinante, en contra de Simeón, quien era entonces arzobispo de Seleucia y Ctesifonte, ciudades reales de Persia, y lo acusaron de ser amigo del César de los romanos y de comunicarle los asuntos de los persas.


Sapor creyó estas acusaciones y, al principio, condenó a los cristianos con impuestos excesivos, aunque sabía que la mayoría de ellos habían abrazado voluntariamente la pobreza. Confió la recaudación a unos hombres crueles esperando que, por falta de lo necesario y por la atrocidad de los recaudadores, se vieran obligados a abandonar su religión; porque este era realmente su objetivo. Después, sin embargo, ordenó que los sacerdotes y los guías de la adoración a Dios fueran asesinados por la espada. Las iglesias fueron demolidas, sus embarcaciones fueron depositadas en la tesorería, y Simeón fue arrestado como traidor al reino y a la religión de los persas. Así, los Magos, con la cooperación de los judíos, destruyeron rápidamente las casas de oración…


Sobre este período arrestaron a Acrlépsimas el obispo y a muchos de sus clérigos. 


Después de haber tomado consejo juntos, se conformaron con la búsqueda solamente del líder; despidieron al resto después de que se hubieran llevado sus propiedades. Sin embargo, José, que era uno de los presbíteros, siguió a Acépsimas voluntariamente, obtuvo el permiso de los Magos para compartir su prisión y ministró espiritualmente al anciano, aligeró sus desgracias en la medida de lo posible y curó sus heridas; no mucho después de su aprehensión, los Magos lo habían torturado con injurias y con correas para obligarlo a adorar al sol; y en su negativa a hacerlo le retuvieron nuevamente cautivo.


Dos presbíteros llamados Etals y José , y dos diáconos, llamados Azadanes y Abdieso, luego de haber sido azotados por los Magos, fueron obligados a vivir en prisión debido a sus creencias. Después de un largo tiempo, los grandes Archimagos comunicaron al rey los hechos sobre ellos para ser castigados; y habiendo recibido permiso para tratarles como quisieran -a menos que accedieran a adorar al sol-, dio a conocer esta decisión de Sapor a los prisioneros.


Ellos respondieron abiertamente que nunca traicionarían la causa de Cristo ni adorarían al sol. Entonces fueron torturados sin piedad.


Acépsimas perseveró en la confesión con coraje de su fe, hasta que la muerte puso fin a sus tormentos. Ciertos armenios, a quienes los persas retuvieron como rehenes, se llevaron en secreto su cuerpo y lo enterraron.


Los otros prisioneros, aunque no menos flagelados, como por un milagro continuaron viviendo y, como no cambiaron de parecer, fueron puestos nuevamente en prisión. Entre ellos estaba Aitalas, quien fue estirado mientras era golpeado, y sus brazos fueron arrancados de sus hombros por la rueda de tortura. Bajo este método, una innumerable multitud de presbíteros, diáconos, monjes, doncellas y otros que servían a las iglesias terminaron sus vidas por el martirio. Los siguientes son los nombres de los obispos, hasta donde he podido determinar: Barbasimas, Pablo, Gadiabes, Sabino, Mareas, Mocio, Juan, Hormisdas, Papas, José, Romas, Maares, Agas, Bocres, Abdas, Abdieso, Juan, Abramino, Agdelas, Sapores, Isaac y Dausas. Este último había sido hecho prisionero por los persas y traído de un lugar llamado Zabdeo. Murió por esta época en defensa del dogma; y Mareabdes, un obispo menor, y cerca de doscientos cincuenta de sus clérigos, que también habían sido capturados por los persas, sufrieron con él."


LECTURAS


Ef 2,4-10: Hermanos, Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo —estáis salvados por pura gracia—; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

Martes de la VII Semana de Lucas


Lc 11,34-41: Dijo el Señor: «La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está iluminado, pero cuando está enfermo, también tu cuerpo está a oscuras. Por eso, ten cuidado de que la luz que hay en ti no sea oscuridad. Por tanto, si todo tu cuerpo está iluminado, sin tener parte alguna oscura, estará enteramente iluminado, igual que cuando una lámpara te ilumina con su resplandor». Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Martes de la XXIII Semana


1 Tes 1,6-10: Hermanos, vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

02/11 - Los Santos Mártires Acindino, Pegasio, Aftonio, Elpidoforo y Anempodisto


San Acindino sufrió el martirio en Persia juntamente con los santos Pegaso, Aftonio, Elpidoforo, Anempodisto y otros siete mil cristianos en tiempos del Rey Sapor II (310-381), más concretamente durante la esecución que tuvo lugar en el año 330. Estos santos pertenecían a la corte de Sapor, disfrutando de posiciones honrosas a su lado, y eran cristianos en secreto.


Cuando el rey inició la persecución contra los cristianos, los paganos, llenos de envidia, los denunciaron. Comenzaron las persecuciones y las torturas, y los santos Aquindino, Pegaso y Anempodisto se escondieron en una casa en la cual enseñaban a los cristianos. Por esta razón fueron arrestados y llevados ante el rey.


Convocados a la presencia de Sapor para el interrogatorio, los santos mártires confesaron su fe valientemente en la Santísima Trinidad. 


Acto seguido el tirano ordenó colgar a los santos y golpearlos con varas. De esto se encargaron cuatro torturadores. Lanzaron sus latigazos hasta que se cansaron, momento en el que fueron reemplazados por otros cuatro hombres. Cuando el tirano vio su resistencia, ordenó que se encendiera fuego bajo sus pies. En aquel momento en los santos oraron y apareció nuestro Señor Jesucristo; una lluvia provocó que la llama fuera apagada, y los santos fueron liberados de sus ataduras. Esto provocó temor entre los persas. Los santos fueron llevados ante el tirano con sonrisas en sus rostros. Él creía que eran magos, pues sólo así podrían haber salido ilesos de semejante tortura. Esta confusión y asombro hicieron que perdiera la capacidad de hablar y de escuchar, así que usó sus manos para comunicarse. Acindino, sintiendo compasón, lo curó. Pero en lugar de glorificar a Dios, se enfureció más.


El tirano entonces ordenó que los santos fueran tendidos sobre una cama de hierro, con fuego debajo de la misma. Aguantaron esto de una manera milagrosa y fueron preservados ilesos. Esto hizo que muchos creyeran en Cristo, pero el rey Sapor, sin embargo, les ordenó adorar al dios Zeus y negar a Cristo Dios. Los santos oraron y el ídolo se rompió en mil pedazos. Acto seguido, ordenó que fueran arrojados en una caldera con plomo hirviendo, resultando también ilesos. El tirano, lleno de ira, trató luego de ahogarlos en el caldera con sus propias manos, pero éstas se le abrasaron. Cuando un soldado llamado Aftonio vio este milagro, proclamó su aceptación de la fe cristiana, y a continuación el tirano ordenó su decapitación. Aftonio oró a Dios y bien dispuesto ofreció su cuello para ser sesgado. Los cristianos recogieron su santos restos y los enterraron con honores.


Posteriormente el tirano ordenó que los santos fueran envueltos en pieles de bueyes y arrojados al mar para ahogarse. Pero las pieles se desgarraron por la intervención milagrosa de San Aftonio y los santos emergieron del agua ilesos. Luego, el tirano ordenó que fuesen cortadas las manos de los verdugos, pensando que no cumplieron su orden, y fueron arrojados al mar cuando creyeron en Cristo ante el milagro que presenciaron. Así, estos cuatro verdugos recibieron la corona del martirio.


Entonces Elpidoforo, que era un líder con rango senatorial, así como cristiano en secreto, confesó valientemente su fe ante el tirano. Sapor le instó a que fuese sensato, y que, como hombre formado que era, reconociese la verdad. Le respondió que precisamente por eso creía en Cristo, porque Él es "el camino y la verdad y la vida" ( Juan 14,6). Es decir, que el único camino que conduce a la absoluta verdad y a la fuente real de vida, por el cual merece la pena morir, es Cristo Dios. Esta respuesta enfureció sobremanera a Sapor II y directamente le mandó decapitar. 


Otro senador llamado Filólogo hizo lo mismo. Otros siete mil se adelantaron y confesaron su fe en Cristo, y todos fueron decapitados. Luego, el tirano ordenó que Acindino, Pegasio, Anempodisto y otros que fueran arrojados a un lago lleno de bestias salvajes, pero salieron ilesos. Esto hizo que la madre del tirano creyera en Cristo. Finalmente, todos fueron arrojados a un horno de fuego, donde fueron perfeccionados en el fuego, como el oro: recibieron la corona del martirio.


Dos iglesias fueron dedicadas en Constantinopla a estos Mártires.


Como ocurre a menudo en los himnos eclesiásticos, hay un juego de palabras con los nombres de los Santos. Acindino significa «sin peligro»; Pegasio viene del verbo ‘pegazo’, que significa «brotar» o «manar»; Aftonio deriva de ‘áfthonos’, que significa «abundante»; Anempodisto significa ‘sin impedimento’. Todas estas son traducciones griegas de los nombres persas originales.


LECTURAS


En Vísperas


Is 43,9-14: Esto dice el Señor: «Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. ¿Quién de entre ellos podría anunciar esto, o proclamar los hechos antiguos? Que presenten sus testigos para justificarse, que los oigan y digan: es verdad. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—, y también mi siervo, al que yo escogí, para que sepáis y creáis y comprendáis que yo soy Dios. Antes de mí no había sido formado ningún dios, ni lo habrá después. Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay salvador. Yo lo anuncié y os salvé; lo anuncié y no hubo entre vosotros dios extranjero. Vosotros sois mis testigos —oráculo del Señor—: yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo? Esto dice el Señor, vuestro libertador, el Santo de Israel».


Sab 3,1-9: La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará. Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz. Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad. Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto. En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo. Gobernarán naciones, someterán pueblos y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque la gracia y la misericordia son para sus devotos y la protección para sus elegidos.


Sab 5,15-6,3: Los justos viven eternamente, encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos. Por eso recibirán de manos del Señor la magnífica corona real y la hermosa diadema, pues con su diestra los protegerá y con su brazo los escudará. Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos. Vestirá la coraza de la justicia, se pondrá como yelmo un juicio sincero; tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su ira inexorable y el universo peleará a su lado contra los necios. Certeras parten ráfagas de rayos; desde las nubes como arco bien tenso, vuelan hacia el blanco. Una catapulta lanzará un furioso pedrisco; las aguas del mar se embravecerán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad. Se levantará contra ellos un viento impetuoso que los aventará como huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos. Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo.


En Maitines


Lc 21,12-19: Dijo el Señor a sus discípulos: «Sabed que os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».


En la Liturgia


Heb 12,1-10: Hermanos, teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado, y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos. Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos? Si os eximen de la corrección, que es patrimonio de todos, es que sois bastardos y no hijos. Ciertamente tuvimos por educadores a nuestros padres carnales y los respetábamos; ¿con cuánta más razón nos sujetaremos al Padre de nuestro espíritu, y así viviremos? Porque aquellos nos educaban para breve tiempo, según sus luces; Dios, en cambio, para nuestro bien, para que participemos de su santidad.


Lc 21,12-19: Dijo el Señor a sus discípulos: «Sabed que os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Lunes de la VII Semana de Lucas


Lc 11,29-33: En aquel tiempo, estaba la gente apiñándose alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar oculto o debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que los que entran vean la luz».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Lunes de la XXIII Semana


1 Tes 1,1-5: Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción. Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española