Lunes de la VII Semana de Lucas


Lc 11,29-33: En aquel tiempo, estaba la gente apiñándose alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar oculto o debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que los que entran vean la luz».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Lunes de la XXIII Semana


1 Tes 1,1-5: Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción. Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

01/11 - Cosme y Damián los Santos Anárgiros de Asia


Cosme y Damián fueron hermanos gemelos. Tras la muerte de su pare, su madre Teodora, buena cristiana, los educó en la piedad y en toda virtud, y los instruyó en todas las ciencias, sobre todo en la medicina, que se convirtió en su gran vocación. Murieron martirizados durante la persecución del emperador Diocleciano.


Según la tradición, Cosme y Damián nacieron en algún lugar de Arabia (península entre Asia y África). Aprendieron ciencias en Siria y llegaron a destacarse como médicos. Se hicieron célebres porque nunca pidieron dinero a cambio de su servicio, y, por eso, en Oriente, se les llama aún hoy los santos “sin dinero”. Cosme y Damián entendían que servir a la gente era una manera de anunciar a Cristo, algo que comprometía la palabra y la acción, la oración y la vocación de servicio a los demás. Con ese espíritu se convirtieron en médicos del cuerpo y del alma. Se dice, además, que realizaron curaciones milagrosas.


Los hermanos, así, se ganaron el cariño y el respeto de sus coetáneos. Lamentablemente, durante la persecución de Diocleciano, ambos fueron apresados y luego condenados a muerte. Cuenta la tradición que fueron varios los intentos frustrados para quitarles la vida. Se dice que primero fueron arrojados al mar, atados a pesadas rocas, para que se ahogaran; como el plan de los verdugos no resultó, se les quiso matar a flechazos y después se les pretendió quemar en la hoguera. Ninguno de estos planes resultó. Finalmente, terminaron siendo decapitados. Eran los inicios del s. IV.



Eran tan estrictos en su ministerio sin paga que Cosme se enfureció grandemente contra su hermano Damián cuando este aceptó como pago tres huevos de una mujer llamada Poladia. Ella tenía una enfermedad mortal que ningún médico podía curar. La sanaron y ella humildemente les ofreció, como representación de la Santísima Trinidad, estos tres huevos. Cosme ordenó que después de su muerte no fuese enterrado junto a su hermano.  Pero después de su muerte en Teremán (Mesopotamia), fueron enterrados juntos en obediencia a una revelación de Dios. Había allí un camello que también había sido curado de su estado salvaje por ellos, que con voz humana dijo que los hermanos debían ser enterrados juntos, ya que San Damián no había recibido los huevos como pago por sanar la enfermedad de Paladia, sino por su respeto por el nombre de Dios.  


La vida de ambos mártires evoca muchas proezas y milagros, como curaciones extraordinarias de enfermedades, o exitosas cirugías -incluyendo un trasplante de pierna-. Después de muertos, cuenta también la tradición, se aparecían en sueños a los enfermos que imploraban su intercesión, obteniendo el alivio en el dolor o la curación requerida; al respecto, San Gregorio de Tours, en su libro ‘De gloria martyrium’, escribe:


"Los dos hermanos gemelos Cosme y Damián, médicos de profesión, después que se hicieron cristianos, espantaban las enfermedades por el solo mérito de sus virtudes y la intervención de sus oraciones... Coronados tras diversos martirios, se juntaron en el cielo y hacen a favor de sus compatriotas numerosos milagros. Porque, si algún enfermo acude lleno de fe a orar sobre su tumba, al momento obtiene curación. Muchos refieren también que estos Santos se aparecen en sueños a los enfermos indicándoles lo que deben hacer, y luego que lo ejecutan, se encuentran curados. Sobre esto yo he oído referir muchas cosas que sería demasiado largo de contar, estimando que con lo dicho es suficiente".


Como queda reseñado, estos dos santos hermanos fueron grandes obradores de milagros durante su vida, y también después de su muerte. Se citan aquí dos de ellos:


1- Vivía en Teremán, cerca de la Iglesia de San Cosme y San Damián, un devoto hombre que se llamaba Malco. Un día se fue de viaje y dejó a su esposa sola. Pensaba que los santos hermanos protegían a su esposa. Sin embargo el Enemigo se hizo pasar por un amigo de Malco y planeaba matar a su esposa. Este hombre fue a la casa de Malco y dijo a su esposa que allí se encontraba que Malco le había ordenado que fuese con él. La mujer le creyó y se fue con el hombre. Él la llevó a un sitio aislado con la intención de matarla. Cuando la mujer se dio cuenta de lo que iba a pasar, comenzó a rezar fervientemente. En este momento aparecieron dos devotos hombres temerosos de Dios y el diablo dejó a esta mujer. Huyó, cayéndose por un acantilado. Los dos hombres trajeron a la mujer a su casa. Ella les hizo una reverencia y les preguntó: 


- ¿Cómo se llaman ustedes? me siento muy agradecida por mis salvadores.


Contestaron: 


- Somos Cosme y Damián, los servidores de Cristo-.  Y se volvieron invisibles. La mujer contó a todos con mucha alegría lo que le había pasado. Se fué ante el icono de los hermanos y glorificando a Dios ofrecía oraciones con muchas lágrimas, dando gracias por su liberación. Desde entonces honramos a los santos hermanos como los defensores de la santidad y la inviolabilidad del matrimonio cristiano. También como una fuente de armonía para la vida conyugal.


2- Un agricultor fue atacado por una serpiente al acostarse a dormir; esta se enredó alrededor de su torso y su cabeza. Este pobre hombre habría expirado entre grandes tormentos si no hubiese invocado la ayuda de los santos Cosme y Damián en el último momento. 


A pesar de las referencias del martirologio y el breviario, parece más seguro que ambos hermanos fueron martirizados y están enterrados en Ciro, ciudad de Siria no lejos de Alepo. Teodoreto, que fue obispo de Ciro en el siglo V, hace alusión a la suntuosa basílica que ambos Santos poseían allí.


Desde la primera mitad del siglo V existían dos iglesias en honor suyo en Constantinopla, habiéndoles sido dedicadas otras dos en tiempos de Justiniano. También este emperador les edificó otra en Panfilia.


En Capadocia, en Matalasca, San Sabas († 531) transformó en basílica de San Cosme y San Damián la casa de sus padres. En Jerusalén y en Mesopotamia tuvieron igualmente templos. En Edesa eran patronos de un hospital levantado en 457, y se decía que los dos Santos estaban enterrados en dos iglesias diferentes de esta ciudad monacal.


En Egipto, el calendario de Oxyrhyrico del 535 anota que San Cosme posee templo propio. La devoción copta a ambos Santos siempre fue muy ferviente.


En San Jorge de Tesalónica aparecen en un mosaico con el calificativo de mártires y médicos. En Bizona, en Escitia, se halla también una iglesia que les levantara el diácono Estéfano.


Pero tal vez el más célebre de los santuarios orientales era el de Egea, en Cilicia, donde nació la leyenda llamada "árabe", relatada en dos pasiones, y es la que recogen nuestros actuales libros litúrgicos.


Estos Santos, que a lo largo del siglo V y VI habían conquistado el Oriente, penetraron también triunfalmente en Occidente. Ya hemos referido el testimonio de San Gregorio de Tours. Tenemos testimonios de su culto en Cagliari (Cerdeña), promovido por San Fulgencio, fugitivo de los bárbaros. En Ravena hay mosaicos suyos del siglo VI y VII. El oracional visigótico de Verona los incluye en el calendario de santos que festejaba la Iglesia de España.


Mas donde gozaron de una popularidad excepcional fue en la propia Roma, llegando a tener dedicadas más de diez iglesias. El papa Símaco (498-514) les consagró un oratorio en el Esquilino, que posteriormente se convirtió en abadía. San Félix IV, hacía el año 527, transformó para uso eclesiástico dos célebres edificios antiguos, la basílica de Rómulo y el templum sacrum Urbis, con el archivo civil a ellos anejo, situados en la vía Sacra, en el Foro, dedicándoselo a los dos médicos anárgiros.


Fragmentos de las Santas Reliquias de San Cosme se encuentran en el Monasterio de San Dionisio y de Pantocrátoros en el Monte Ato. Fragmentos de las Santas Reliquias de San Damián se encuentran en el Monasterio de San Dionisio y de Pantocrátoros en el Monte Atos y en el Templo de San Damián en Roma.


San Cosme y San Damián no solo son patrones de los cirujanos, también lo son de los farmacéuticos y dentistas; y de aquellos que ejercen oficios como la peluquería, o hacen trabajos en playas y balnearios.


LECTURAS


1 Cor 12,27-31;13,1-8: Hermanos, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Pues en la Iglesia Dios puso en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente. Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde. Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada. Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría. El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca.


Mt 10,1;5-8: En aquel tiempo, llamó Jesús a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».



Fuente: goarch.org / Aciprensa / catholic.net / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Adaptación propia

V Domingo de Lucas


El Evangelio de este domingo nos presenta la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro. Una realidad crucial para el hombre: De cómo vivimos aquí depende nuestra existencia cuando muramos.


Epulón era rico, banqueteaba todo los días, no le faltaba de nada.


Lázaro no tenía ni lo más imprescindible para vivir, estaba enfermo y nadie, salvo los perros que le lamían las llagas, se compadecían de él.


Los dos mueren, porque la muerte iguala al hombre, todos nacemos y todos ricos y pobres morimos.


El rico va al reino del Hades, a los infiernos 


Lázaro va al seno de Abraham, al cielo.


Ante esta parábola que nos propone el Señor en el Evangelio lo fácil sería pensar que la riqueza de uno lo llevó al infierno y la pobreza del otro lo condujo al cielo, más esto es un error y es el mismo Evangelio el que nos da ejemplos de que hay ricos que pueden salvarse, como Zaqueo al que el mismo Cristo le dijo: “Hoy la salvación ha entrado en esta casa”.


No son las cosas materiales las que condenan o salvan al hombre, sino el uso bueno o malo que se hacen de ellas.


Puede haber un rico que reconozca el poder de Dios y su soberanía sobre la Creación, que lo reconozca como el origen de todos los bienes, y a su vez puede haber un pobre que maldiga a Dios por su situación y que sólo piense en la adquisición de las riquezas.


Esto es algo crucial para los hombres, su relación con las cosas materiales, donde está puesto su corazón, cuál es el centro de su vida. Aquél que tiene su corazón puesto en Dios, da igual que sea pobre o rico, su vida será de acuerdo con el Evangelio y con los mandamientos del Señor que será el centro de sus vidas. Sin embargo el hombre que no tiene a Dios en su corazón, da igual que sea pobre o rico, las cosas materiales lo llenarán totalmente y no habrá espacio para Dios en su corazón.


Epulón tenía riquezas y creyó que los bienes eran para su disfrute, para él sólo, su corazón estaba lleno de egoísmo, las riquezas eran su dios y eran causa de su ceguera que le impedía ver las necesidades de su prójimo. La causa de su condena era su egoísmo.


Lázaro, como Job, no maldice a Dios por su situación, todo lo afronta con paciencia, no murmura contra Dios ni contra los ricos. Su salvación es mantener su amor a Dios y al prójimo y su fe en Dios, su única riqueza.


Los Padres nos dicen que la riqueza es un don de Dios que este ha de utilizar de forma correcta para su salvación y la forma correcta de la utilización de la riqueza es la de asistir a aquellos que más lo necesiten, ayudar al prójimo pues lo que a ellos les sobra es lo que a otros les falta.


Esta es la causa de la desastrosa situación que hoy vive el hombre en esta sociedad dominada por el egoísmo de unos pocos que permiten la miseria de muchos. Según las palabras de San Basilio el Grande, los ricos que se reservan para si las riquezas se asemejan a un barco lleno atestado de gente en alta mar esperando a que llegue la primera tormenta para hundirse.


La pobreza no es en sí misma un acontecimiento negativo, teniendo como dice San Pablo comida y manta, o sea lo imprescindible para vivir. El hombre que vive con aquello que es lo verdaderamente necesario y aun así desprendido de esto según el ejemplo que nos dan los Santos Padres iluminados por Dios, vive ligero de equipaje para entrar en el Reino de los Cielos. El hombre pobre y sencillo de corazón, como Lázaro, descubre la providencia de Dios en su vida, vive en una continua gratitud a Aquél que sostiene todas las cosas.


El Padre Paísio el Hagiorita, en medio de su pobreza más absoluta en medio de la Santa Montaña del Ato, no tenía nada para comer, y en la víspera de la Ascensión cuando desfallecía en medio de la enfermedad, un pájaro se levanto del mar dejando caer delante de él un pescado para que comiera y recuperara sus fuerzas. 


Dios ve en nuestros corazones, que es lo que prevalece en nuestras almas si el amor a la riqueza o el amor a Aquel que es único bien del hombre, su Creador y Señor.


Hay una realidad sobre la que nos conviene meditar, y es sobre la existencia del cielo y del infierno, de un premio y un castigo eterno. Cada uno es el que se labra su destino eterno porque Dios quiere que todos los hombres se salven más el hombre libremente elige su condenación o busca su salvación por ello y aunque nos duela hemos de decir que las oraciones de la Iglesia sirven para aquellos que murieron buscando esa salvación no para los que libremente llevaron una vida contraria a los mandamientos de Dios.


Es un tema del que no gusta hablar ni predicar, incluso en los entierros parece que cuando se hace el panegírico del difunto todos estemos en camino de la bienaventuranza, pero será según las obras de cada uno, cada uno recogerá el fruto de sus pecados o de su piedad. 


Esta es la vida que hemos de aprovechar, esta es la lucha del atleta en el estadio como nos dice San pablo para obtener la victoria. Más esta victoria sólo la obtendremos tras duros días de entrenamiento en la palestra. El que ha vivido en medio de la molicie no puede correr y pierde la carrera. El que día tras días se ha entrenado corre y al final obtiene su victoria. Aquél que ha trabajado por la adquisición del Espíritu y ha llorado sus pecados buscando su salvación la encontrará y será ciudadano del Reino eterno.


P. Hieromonje Nicolás


Necesitado y bienhechor


Nuestra Iglesia dispuso que la parábola del rico y Lázaro fuera leída el domingo de la primera semana de noviembre en honor a los santos Cosme y Damián (1 de noviembre), conocidos en griego como anarguirios, que significa «quienes no poseen plata», ya que ellos vendieron todas sus pertenencias y dedicaron su vida al servicio de los necesitados. Generalmente, el Evangelio según san Lucas se considera como «el Evangelio de la misericordia». No ahorra oportunidad alguna sin que muestre la preocupación de Jesús por los menesterosos, las viudas, los pecadores, los publicanos y los samaritanos, en una palabra, por los marginados y, sobre todo, por su salvación. La parábola en cuestión viene dentro de este contexto.


Aunque la tragedia del rico y Lázaro aparenta ser dividida en dos escenas análogas en tamaño y opuestas respecto a la condición de sus personajes, una comparación sencilla entre lo eterno y lo efímero rompe con el paralelismo imaginado y descubre la realidad: el rico era el pobre y Lázaro,

el rico: «él es aquí consolado y tú atormentado».


Esta comprensión escatológica (escatología es la teología que observa todo lo existente a la luz de la Vida eterna) estimula a san Juan Crisóstomo a concluir que «no hay más pobre que el pecador ni más rico que el justo». Entonces no son las pertenencias las que condenan al rico sino su insensibilidad y rudeza. En la parábola, la imagen del Reino celestial se figuró paradójicamente con el «seno de Abraham», quien era un hombre rico pero, a la vez, espléndido y justo; administró su fortuna material de una manera inteligente y se mostró enriquecido en Dios. Al mismo tiempo, el consuelo que Lázaro recibió no fue debido a la indigencia de su vida, sino a su confianza en el Señor (nótese que la parábola, mientras ignora el nombre del rico, designa al pobre con el nombre «Lázaro» que, en hebreo, significa «Dios auxilia» e implica esperanza en Dios). Judas, por ejemplo, era pobre; sin embargo, la codicia le mostró cautivado por el dinero y mezquino en esperanza.


Entonces las riquezas en sí, aunque forman cierta tentación, no son perversas, el uso es lo que las califica como malas o bondadosas. La instrucción bíblica, partiendo de la realidad del entorno y mirando siempre hacia la salvación de todos, no ha sugerido una igualdad social basada en la posesión común, sino una administración benévola y paciencia esperanzadora que van enriqueciendo al uno y al otro en Dios, y la caridad se vuelve una alianza amorosa: el rico considera al pobre como su bienhechor espiritual, y el necesitado será saciado y alabará al Señor. San Juan Misericordioso, obispo de Alejandría, dice que los pobres son «nuestros soberanos» porque ellos «son los únicos que nos pueden ayudar y nos otorgan el Reino de los cielos».


¿Cómo el cristiano, fiel al dogma de su vida, puede protegerse de la atracción del dinero y superar la pasión del poder? Por la vigilia: contrariamente al rico de la parábola que celebraba todos los días espléndidas fiestas. Si bien el descanso y la alegría son parte de una marcha sana en la vida, la diversión prolongada –que la modernidad promueve constantemente a «los que tienen y pueden»– les va despojando de su sensibilidad espiritual y anestesiando su conciencia. El rey David experimentó la pobreza voluntaria dentro de su palacio. Fuera de este «camino angosto», el hombre soberano se vuelve esclavo de sus fortunas y placeres. La abstinencia total no es mandamiento pero la liberación del apego material es el objeto principal de toda lucha cristiana.


La realidad escatológica que la parábola presenta nos apunta a la sensibilidad y al amor: amor que, esparciendo, ahuyenta la indigencia material y sana la pobreza espiritual. Amén.


LECTURAS


Lc 16,19-31: Dijo el Señor: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».



Fuente: parroquiaortodoxadealicante.blogspot.com / iglesiaortodoxa.org.mx / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

XXII Domingo


Gál 6,11-18: Hermanos, mirad con qué letras tan grandes os he escrito de mi propia mano. Los que buscan aparecer bien en lo corporal son quienes os fuerzan a circuncidaros; pero lo hacen con el solo objetivo de no ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo. Pues ni los mismos que se circuncidan observan la ley, sino que desean que os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne. En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española