Viernes de la XXI Semana


Col 2,1-7: Hermanos, quiero que sepáis el duro combate que sostengo por vosotros y por los de Laodicea, y por todos los que no me conocen personalmente; para que se llenen de ánimo sus corazones y, estrechamente unidos en el amor mutuo, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y el perfecto conocimiento del misterio de Dios, que es Cristo. En él están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Lo digo para que nadie os engañe con argumentos capciosos, pues, aunque corporalmente estoy ausente, mi espíritu está con vosotros, alegrándome de veros en vuestro puesto, y firmes en vuestra fe en Cristo. Por tanto, ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando agradecimiento.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

30/10 - Santo Hieromártir Marciano, Obispo de Siracusa


(No hay icono bizantino disponible del Santo)


Las fuentes más antiguas que hablan de san Marciano provienen de aproximadamente el siglo VII, y se refieren a tradiciones locales. Esto es lo que podemos extraer de ellas.


San Marciano fue el padre según la carne de San Pancracio; mientras nuestro Señor Jesucristo todavía vivía físicamente en la tierra y hacía maravillas, escuchó de sus milagros y, llevando a su hijo Pancracio y a su esposa de Antioquía a Jerusalén para ver al Señor; este, sin embargo, ya había ascendido al cielo, así que Marciano y su familia fueron bautizados por el apóstol Pedro, convirtiéndose en discípulos suyos.


Pancracio fue consagrado por el apóstol Pedro obispo de la ciudad siciliana de Taormina. Allí predicó la palabra de Cristo, y los montanistas lo mataron en secreto. Marciano fue ordenado obispo de Siracusa, y convirtió a muchos paganos griegos al Señor por su predicación, que era confirmada con señales y milagros, hasta que fue asesinado «por los que en ese momento tenían indignamente el cetro del mando».


Hay en Siracusa unos restos arqueológicos conocidos como la «cripta de san Marciano», que desde el siglo XVII se había considerado como lugar cierto de la tumba del santo y al mismo tiempo su zona de residencia y de predicación -datándola por tanto hacia el primer siglo-, aunque estudios posteriores han señaladi que se podría tratar de un lugar de enterramiento del siglo IV, sobre el que se construyó una iglesia ya en época normanda.


La más antigua representación del santo es del siglo VIII o IX -por tanto del período bizantino-, y se encuentra en las catacumbas de santa Lucía.


Seguramente por mar, en tiempos de la ocupación musulmana de Sicilia llegaron a Gaeta (en la región meridional del Lacio, lejos de Siracusa) unas reliquias de san Marciano procedentes de Siracusa, que se encuentran en la catedral. No es el patrono de la ciudad de Siracusa (que es santa Lucía), pero sí es copatrono de Gaeta, junto con san Erasmo.



Fuente: eltestigofiel.org / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

30/10 - Los Santos Mártires Cenobio y su hermana Cenobia


San Cenobio y Santa Cenobia eran hermanos. Vivieron en Egas, una antigua ciudad de Cilicia, ubicada en Asia Menor, y ambos eran herederos de una gran fortuna.


Cenobio había estudiado medicina, y no solo ofreció sus servicios a los desamparados, sino que también compartía sus riquezas con ellos. Con este comportamiento alentaba la fe de los cristianos, y muchos se acercaron a Cristo por su testimonio.


Al cabo de un tiempo fue elegido obispo de Egas. Cuando se enteró el prefecto Lisias de esto, ordenó que detuvieran a Cenobio. El santo confesó delante del Prefecto su fe, diciendo que lo hacía para la salvación del alma y la gloria del verdadero Dios. Lisias, con severidad, le dijo: “Si no dejas de hacer lo que haces y no reniegas de Cristo, serás torturado cruelmente”. Cenobio contestó: “El martirio podrá dañar mi cuerpo, pero el alma nunca, porque dijo Dios: Y a vosotros, ¿quién os va a hacer daño si os esforzáis por hacer el bien?” (I Pe 3:13). Inmediatamente Lisias ordenó que lo torturasen. 


Entonces intervino la hermana del Santo, Cenobia, que le recriminó a Lisias la tortura de su hermano, con lo que ella también confesó su fe en Cristo. El Prefecto ordenó arrestarla a ella también y los decapitó a ambos en el año 285. De este modo recibieron ambos hermanos la corona del martirio y entraron en el gozo del Señor.


Partes de sus Santas Reliquias se encuentran en el Santo Monasterio de "Panagia Xenia", en Almiro de Magnesia, Grecia.



Fuente: goarch.org / laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

Adaptación propia

Jueves de la VI Semana de Lucas


Lc 11,14-23: En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española


Jueves de la XXI Semana


Col 1,24-29;2,1: Hermanos, ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para presentarlos a todos perfectos en Cristo. Por este motivo lucho denodadamente con su fuerza, que actúa poderosamente en mí. Quiero que sepáis el duro combate que sostengo por vosotros.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española