03/01 - Gordio el Mártir de Cesarea


“A mí (…), haciéndome olvidar de mi debilidad y flaqueza, me atraen los prodigios y milagros de este Mártir: ea pues, buen ánimo, y esforzando la voz hasta donde alcancen las fuerzas, a manera de abejas que zumban alrededor de las flores, celebremos y elogiemos los hechos maravillosos de un varón, condescendiendo en ello a la piedad y gratitud de los presentes. 'Cuando se alaba al justo, se alegrarán los pueblos', nos decía el sabio Salomón”.


Con estas palabras introduce el Gran San Basilio su sermón laudatorio sobre el mártir San Gordio, un santo local, y casi contemporáneo de Basilio. San Gordio era originario de Cesarea de Capadocia, y era Centurión del ejército, y suponemos que era cristiano en oculto, porque los cristianos tenían prohibido acceder a puestos militares o civiles. En 303, cuando Galerio emitió su edicto contra la Iglesia en Oriente, Gordio dejó a un lado el servicio militar, y se retiró al monte Horeb, donde vivió en ayuno y oración entre las bestias salvajes. Las iglesias en Cesarea habían sido destruidas, el clero se había dispersado, y muchos cristianos se habían conformado con aparentar sacrificar a los dioses con tal de perder no sus vidas. Había vuelto Cesarea a ser una ciudad pagana. En el desierto pasó muchos años, pero su celo por Cristo no le dejaba descansar, y se compadecía de sus antiguos hermanos cristianos, ahora ocultos y caídos en la idolatría. Supo que en la ciudad se celebraría una gran fiesta en honor al dios Marte, con carreras, sacrificios y otros espectáculos, y entonces cuando…  


“lleno estaba ya todo el teatro, ya estaban todos esperando la carrera de los caballos, cuando bajando desde lo más alto del monte, nuestro esforzado y generoso atleta, con un ánimo verdaderamente grande y con una constancia y sufrimiento inalterable, sin miedo de la plebe y sin reparar en los muchos adversarios, que tenía a la mano (…) se puso en medio de todos (…) le oyeron decir con mucha confianza y con clamor muy grande muchos de los que viven todavía: 'Hallado fui por los que no me buscaban descubiertamente aparecí a los que no me preguntaban' [Isaías]. En cuyas palabra dio a entender que no era traído por fuerza y con violencia a los riesgos y peligros, sino que por su propia voluntad se ofrecía al combate, imitando al Señor”.


Efectivamente, Gordio, desfigurado por las penitencias, enflaquecido y encanecido logró que todos miraran hacia él, desviando la atención de los caballos y fieras. El gobernador mandó le llevaran ante su estrado y allí le inquirió sobre quien era. Gordio se descubrió, declarando su país y familia, profesión y abandono de esta. Y añadió "He regresado para manifestar abiertamente que no me importan en nada tus edictos, porque pongo mi esperanza y confianza en Jesucristo". A lo que el gobernador, al verse desafiado por un desertor, mandó le castigasen. Y, según Basilio, la gente dejó los festejos por regodearse en los tormentos que infligirían al mártir. Y así habrá sido, pues entre los oyentes de Basilio había testigos del martirio de Gordio. Y no solo curiosos, sino que muchos cristianos se sintieron animados con aquel testimonio, e igualmente confesaron a Cristo.


San Gordio fue atormentado con látigos de plomo, el potro, el fuego y además, le rasgaron los costados. Pero nada logró que renegase de Cristo ni que dejase de confesar su Nombre. Basilio pone en su boca una serie de razonamientos, frases bíblicas y alegorías. Finalmente fue decapitado. Es venerado por todas las Iglesias Orientales, y es uno de los principales patronos de Cesarea. 



Fuente: preguntasantoral

03/01 - Malaquías el Profeta


El Profeta Malaquías («Mensajero de Dios») es el último de los doce Profetas Menores y de todo el Antiguo Testamento. Profetizó en los días de Nehemías, hombre sabio entre los judíos que ocupaba un alto e influyente cargo en la corte de Artajerjes el Longímano, Rey de los Persas (465-424 a.C.).


La personalidad del profeta Malaquías está bien definida y la época en que predicó puede establecerse con bastante seguridad, aunque se conozca bien poco de la vida del autor. Se sabe que fue un auténtico profeta, como lo atestiguan sus oráculos. Debió de actuar en público y sin duda encontró bastante oposición entre sus oyentes, como aparece por la forma de debate de su escrito y por ciertos indicios de métrica. Es seguro que predicó después del 515 a. C., fecha de la dedicación del segundo Templo, y con toda probabilidad antes de la reforma de Esdras. Como fecha aproximada puede ponerse el lapso de tiempo que corre entre los a. 450 y 445.


Desde el punto de vista literario, el libro de Malaquías presenta rasgos muy originales. Su característica más destacada es el empleo del diálogo, que da al estilo una viveza y movimiento desacostumbrados en los profetas. El género literario predominante en el libro es la controversia. Seis trozos por lo menos están construidos según este modelo literario: Yahwéh, o el profeta, hacen una afirmación; los oyentes no la aceptan o si la aceptan oponen una serie de reparos; el profeta refuta estas objeciones, lanzando al mismo tiempo acusaciones y amenazas a los interlocutores, o prometiéndoles algo en nombre de Dios.


La obra consta de una introducción: Amor de Dios a Israel, que intenta probar la fidelidad de Dios a sus promesas contra los que dudan o desconfían de ella; de dos apéndices, uno sobre la práctica de la Ley mosaica y otro sobre la vuelta de Elías como precursor del juicio escatológico, y tres partes:


1) Violación de los derechos del santuario. El profeta acusa a los sacerdotes por el culto indigno que ofrecen al Señor, les habla de la oblación pura, de la contaminación de la mesa de Yahwéh y les conmina con la pena que Dios les tiene reservada si no se arrepienten.


2) Violación del pacto de los padres. El profeta increpa a los judíos por haber tomado mujeres extranjeras y por la facilidad con que acuden al divorcio.


3) Incredulidad del pueblo: Yahwéh no vendrá como juez hasta que un mensajero purifique el sacerdocio y el Templo; las catástrofes nacionales, como la plaga de langosta y las malas cosechas, no acabarán hasta que los diezmos no se paguen con regularidad; el día del juicio los justos serán premiados y los impíos castigados.


El libro de Malaquías recoge y desarrolla una serie de temas que constituyen el fondo común de la literatura profética. He aquí los principales: Dios ha elegido a Israel entre todas las Naciones de la tierra; el culto externo debe ir acompañado de las disposiciones interiores del alma; los sacerdotes son responsables ante Dios de las desviaciones del pueblo; el «día de Yahwéh» será día de castigo para los malos y de premio para los buenos; infidelidad constante del pueblo elegido a las amonestaciones divinas y a la predicación de los profetas; preocupación por la conversión de los judíos pecadores.


La predicación de Malaquías persigue fundamentalmente un doble fin; dar una explicación de por qué se ha retrasado la venida del reino mesiánico y volver a despertar la confianza en el Dios de la Alianza.



Fuente: goarch.org / gecoas.com

Traducción del inglés y adaptación propias

Sábado anterior a la Epifanía


1 Tim 3,13-16;4,1-5: Hijo mío, Timoteo, quienes ejercen bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente a la fe que se funda en Cristo Jesús. Aunque espero estar pronto contigo, te escribo estas cosas por si tardo, para que sepas cómo conviene conducirse en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. En verdad es grande el misterio de la piedad, el cual fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, mostrado a los ángeles, proclamado en las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria. El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos se alejarán de la fe por prestar oídos a espíritus embaucadores y a enseñanzas de demonios, inducidos por la hipocresía de unos mentirosos, que tienen cauterizada su propia conciencia, que prohíben casarse y mandan abstenerse de alimentos que Dios creó para que los creyentes y los que han llegado al conocimiento de la verdad participen de ellos con acción de gracias. Porque toda criatura de Dios es buena, y no se debe rechazar nada, sino que hay que tomarlo todo con acción de gracias, pues es santificado por la palabra de Dios y la oración.


Mt 3,1-6: En aquel tiempo, Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”». Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

02/01 - Antefiesta de la Teofanía de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo


Jn 3,1-15: En aquel tiempo, había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?». Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

02/01 - Silvestre, Papa de Roma


En la Depositio Episcoporum tenemos la información más antigua acerca del culto a este santo papa que murió en el año 335. Esta festividad es recordada en todos los sacramentarios y martirologios históricos y en los Martirologios Romano y Jeronimiano. La Iglesia de Oriente lo conmemora el 2 de enero.


Había nacido en Roma en el año 270, siendo su padre un tal Rufino, que era sacerdote en tiempos del Papa San Marcelino. Como Sumo Pontífice, sucedió al Papa San Melquíades un año después de decretarse el célebre Edicto de Milán por el que se le devolvía la libertad a la Iglesia. Se le atribuyen una serie de escritos que forman parte de los llamados apócrifos sinmaquianos, algunos de los cuales se utilizaron en la elaboración del Liber Pontificalis, en el cual se atribuye a San Silvestre un papel importante dentro de la Iglesia y en sus relaciones con el emperador Constantino.


En enero del año 314 tuvo que esconderse, refugiándose en el Monte Soratte, a unas siete leguas de Roma, pues en ausencia del emperador, los magistrados de Roma iniciaron de nuevo la persecución contra los cristianos. Cuando volvió Constantino, fue llamado por este que estaba afectado por la lepra, de la que se curó milagrosamente después de recibir el bautismo. El emperador, agradecido, decidió construir la Basílica Vaticana, la Lateranense y algunas otras iglesias en Roma, como la de San Pablo en la vía Ostiense y la de la Santa Cruz en Jerusalén y aunque en esta actividad constructora hay quienes dicen que la intervención del Papa no fue decisiva, sin embargo se le atribuye la fundación de una basílica, la del “titulus Aequitii”, a la que desde el siglo VI se la reconocía como “titulus Sancti Silvestri”.


Su pontificado fue largo, pues duró algo más de veinte años, pero su vida digamos que se vio oscurecida por la popularidad del emperador Constantino el Grande, contemporáneo suyo y que es considerado como el primer emperador cristiano. Gracias a San Silvestre, la madre de Constantino, Santa Elena, que se había adherido al judaísmo, se convirtió al cristianismo después de escuchar una larga disputa entre el Papa y doce escribas judíos.


Se dice que fue el primer Papa en utilizar la tiara y el que instituyó el domingo, como Día del Señor, en conmemoración de la Resurrección. Reglamentó la administración de los sacramentos, organizó la ayuda a los necesitados con numerosas obras de beneficencia y puso orden entre los clérigos romanos.


Durante su pontificado se agitaron las controversias donatista y arriana por lo que también bajo su pontificado se convocó el Concilio Ecuménico de Nicea celebrado en el año 325; en este Concilio, como todos sabemos, fue condenada la doctrina de Arrio. Dice la leyenda que para reparar algunas lagunas que dejó el Concilio, Silvestre convocó un sínodo romano al que asistieron doscientos setenta y cinco obispos, que ratificaron los decretos de Nicea y promulgaron algunos cánones litúrgicos y disciplinarios: solo los obispos podrían consagrar el Santo Crisma, los diáconos debían utilizar dalmáticas, los corporales utilizados en la Misa tenían que ser de lino, en qué momento debía recibirse cada orden sagrada, etc.


El último documento apócrifo que se le atribuye es la Donatio Constantini, con la cual se pretende justificar el origen del poder temporal del Papa cuando Constantino le hizo donación de la ciudad de Roma decidiendo que la nueva capital del Imperio fuera Constantinopla, pero eso es falso pues se ha demostrado que ese documento es originario del siglo VIII y San Silvestre vivió en el siglo IV.


Su pontificado se caracteriza por ser el del primer Papa que gozó de tranquilidad y que no murió mártir. Y como consecuencia de haber vivido en este clima de libertad dado a la Iglesia por Constantino, su figura aparece como si tuviera una importancia secundaria en la historia de la misma Iglesia, cosa que no es cierta, pues es el primer santo al que se le rinde culto tanto en Oriente como en Occidente no habiendo muerto mártir. Con anterioridad, solo recibían culto los mártires. Como he dicho, murió el 31 de diciembre del año 335 y su cuerpo fue enterrado en las catacumbas de Priscila, en la vía Salaria. En los Itinerarios del siglo VII se menciona una basílica en su honor en aquel lugar.


El 2 de junio del año 761, el Papa Paulo I trasladó sus restos al oratorio del monasterio de San Silvestre in Capite y un mes más tarde a la misma iglesia. Durante los trabajos de restauración realizadas en la misma en el año 1596, el Papa Clemente VIII encontró sus reliquias y las puso bajo el altar mayor. El cráneo se conserva aparte en un precioso relicario del siglo XVIII. Reliquias insignes del santo se veneran en la iglesia romana de Santa Maria in Vía Lata y en la de Santa Cecilia. Sin embargo existe una tradición que confirma que sus reliquias fueron llevadas en el año 756 a la Abadía de Nonantola, en Modena (Italia).


LECTURAS


Heb 5,4-10: Hermanos, nadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy; o, como dice en otro pasaje: Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec.



Fuente: preguntasantoral / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española