30/12 - Anisia la Partenomártir de Tesalónica


Santa Anisia era una joven cristiana huérfana de padre y madre y dueña de una gran fortuna con la que beneficiaba generosamente a los necesitados.


En los tiempos en que el gobernador Dulcicio desató una cruel persecución en Tesalónica y trataba de impedir, especialmente, que los cristianos llevasen a cabo sus asambleas religiosas, Anisia resolvió, un día, asistir a la reunión de los fieles. Al salir de la ciudad por la puerta de Casandra, uno de los guardias le cerró el paso para preguntarle a dónde se dirigía. Anisia retrocedió, asustada y, al presentir que se hallaba en peligro, hizo la señal de la cruz sobre su frente.


Inmediatamente, varios soldados agarraron con brutalidad a la joven y comenzaron a interrogarla. "¿Quién eres? ¿A dónde vas?", le preguntaron. "Soy una sierva de Jesucristo", repuso ella mansamente. "Voy a la asamblea de los fieles del Señor". "No permitiré que vayas", dijo el guardia. "En cambio, te llevaré a que ofrezcas sacrificios a los dioses, en este día, adoramos al sol".


A medida que hablaba, el soldado arrancó el velo para ver el rostro de Anisia y luego trató de tomarla por las ropas. La joven se defendió y comenzó a luchar como pudo con el hombre. Este se enfureció a tal extremo que, en un momento dado, desenvainó su espada y la hundió en el cuerpo de Anisia. La joven se desplomó al suelo y murió sobre un charco de su propia sangre.


Cuando retornó la paz para la Iglesia, los cristianos de Tesalónica construyeron un oratorio en el lugar donde había sido sacrificada Anisia.


En las "actas" de esa mártir se afirma que el guardia asesino cometió su crimen por obediencia a un edicto del emperador Galerio, emitido con la idea de que la ejecución de cristianos era algo que no correspondía a su dignidad imperial y, en consecuencia, se permitía a los guardias y soldados matarlos a discreción.


Nota: Dado que la Apódosis de la fiesta de la Natividad es el 31 de diciembre, los himnos de Santa Melania la Joven se transfieren a este día.



Fuente: goarch.org / santoraltradicional.blogspot.com

Traducción del inglés y adaptación propias

Martes de la XV Semana de Lucas


Mc 11,11-23: En aquel tiempo, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce. Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie frutos de ti». Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía diciendo: «¿No está escrito: “Mi casa será casa de oración para todos los pueblos”? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos». Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo admiraba su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado». Jesús contestó: «Tened fe en Dios. En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Martes de la XXX Semana


Heb 9,8-23: Hermanos, con esto daba a entender el Espíritu Santo que, mientras está en pie la primera tienda, no está patente el acceso al santuario. Estos son símbolos del tiempo presente: allí se ofrecen dones y sacrificios incapaces de perfeccionar la conciencia del que oficia; pues consisten en comidas, bebidas y abluciones diversas: disposiciones humanas en vigor hasta el momento del orden nuevo. En cambio, Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tienda es más grande y más perfecta: no hecha por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No lleva sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros, y la ceniza de una becerra, santifican con su aspersión a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo! Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna. Donde hay testamento tiene que darse la muerte del testador; pues el testamento entra en vigor cuando se produce la defunción; mientras vive el testador no tiene vigencia. De ahí que tampoco faltase sangre en la inauguración de la primera alianza. Cuando Moisés acabó de leer al pueblo toda la ley, tomó la sangre de los becerros y los machos cabríos, además de agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y al pueblo, diciendo: Esta es la sangre de la alianza que Dios ordenó para vosotros. Con la misma sangre roció la tienda y todos los utensilios litúrgicos. Según la ley, casi todo se purifica con sangre, y sin efusión de sangre no hay perdón. Era necesario que todas estas cosas, que son figura de las realidades celestes, se purificaran con tales ritos, pero las realidades celestes mismas necesitan sacrificios superiores a estos.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

29/12 - Nuestro Justo Padre Marcelo, Abad del Monasterio de los Acemetas


Los llamados  "Acemetas" se distinguían de los otros monjes orientales por la regla que los dividía en varios coros que, sucesivamente, cantaban el oficio divino de día y de noche, sin interrupción. De ahí proviene el nombre de "incansables" con el que se les conocía.


El monasterio de los Acemetas fue fundado por San Alejandro, un monje sirio que se estableció en Gomon, a orillas del Mar Negro. Juan, el sucesor de Alejandro, trasladó la comunidad a un monasterio que construyó en Eirenaión, un sitio placentero a orillas del Bósforo, frente a la costa donde se encuentra Constantinopla. San Marcelo, que fue elegido abad de aquella casa en tercer lugar, levantó su reputación a los más altos niveles y él mismo fue el más distinguido de los monjes "Acemetas".


Marcelo nació en la ciudad siria de Apamea de familia ilustre, y, a la muerte de sus padres, quedó como heredero de una gran fortuna. No obstante su riqueza, concibió un profundo desagrado por todo lo que el mundo podía ofrecerle, partió a Antioquía y se consagró por entero a los estudios sagrados. Más tarde se estableció en Efeso, donde se puso bajo la dirección de un varón justo, siervo de Dios, en cuya compañía dedicaba todas las horas del día a la oración y a la copia de libros sagrados. La reputación de la vida de soledad y austeridad de los monjes "Acemetas" atrajo a Marcelo, quien ingresó en la comunidad e hizo tantos progresos que el abad Juan, al ser elegido, le tomó como ayudante y consejero y, en consecuencia, a la muerte de Juan, Marcelo fue elegido abad.


Al decrecer la oposición del emperador Teodosio II y algunas de las autoridades eclesiásticas, el monasterio floreció extraordinariamente bajo su prudente y virtuosa administración. Varias veces se encontró en apuros para hacer las ampliaciones necesarias en los edificios de su monasterio, pero siempre fue abundantemente provisto de los medios para hacerlo por parte de  un hombre riquísimo que acabó por tomar los hábitos junto con sus hijos. El propio San Marcelo, al hacerse monje, insistió en desprenderse hasta del último centavo de su cuantiosa fortuna y, en consecuencia, era muy estricto en cuanto a la observancia de la pobreza y no toleraba que sus monjes hiciesen acopio de bienes e inversiones de dinero de ninguna especie. Solía decir que ya era un exceso almacenar alimentos para diez días.


Los "Acemetas" habían despreciado hasta entonces todo trabajo manual, pero el abad Marcelo insistió en que todos trabajaran, les gustase o no. La comunidad contaba con trescientos miembros, y desde todos los puntos del oriente llegaban a manos de San Marcelo las solicitudes para el envío de abades a fundar monasterios en lugares distantes o grupos de monjes para formar los núcleos de nuevos establecimientos. Entre éstos, el más famoso fue el monasterio de Constantinopla, fundado en 463 por un antiguo cónsul llamado Estudio con algunos monjes "Acemetas". 


Entre las actividades de aquellos monjes figuraba, principalmente, el trabajo apostólico que pudiesen realizar desde sus respectivos monasterios; por cierto, que San Marcelo fue una personalidad muy destacada en la predicación del Evangelio y el impulsó a todos los movimientos en contra de las herejías que se iniciaron en Contastinopla, en su tiempo. El fue uno de los veintitrés archimandritas que suscribieron la condena de Eutiquio en el sínodo convocado por San Flaviano en 448, y también participó en el Concilio de Calcedonia. Cuando el emperador León I propuso elevar a Patricio, el cónsul godo, a la dignidad de "césar", Marcelo protestó por que se pretendiese dar tanto poder a un arriano y vaticinó acertadamente la futura ruina de la familia de Patricio.


En el año de 465, se produjo un gran incendio en Constantinopla y ocho de los dieciséis distritos de la ciudad quedaron destruidos. Era tanta la reputación de San Marcelo, que la población atribuyó a su intercesión que no hubiesen quedado en ruinas los otros ocho barrios.


El santo gobernó su monasterio durante unos cuarenta y cinco años y murió el 29 de Diciembre del año 485.



Fuente: santoraltradicional.blogspot.com

29/12 - Los 14.000 niños (Santos Inocentes) asesinados por Herodes en Belén


«Herodes, que había sido burlado por los Magos, montó en cólera y mandó matar a todos los niños que había en Belén, en toda la comarca, de dos años para abajo, conforme al tiempo que había cuidadosamente averiguado de los Magos. Entonces se cumplió lo que había predicho el profeta Jeremías: “Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento; es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen”».


La narración evangélica es bien clara. Los magos venidos de Oriente preguntaron dónde estaba el recién nacido rey de los judíos porque habían visto su estrella y venían a adorarlo. Herodes había tenido la respuesta de los doctores de la Ley: “el Mesías tenía que nacer en Belén de Judá”. Interrogó a los magos sobre el tiempo preciso en el que había aparecido la estrella porque Herodes suponía, y con razón, que la aparición coincidiese en el tiempo con el nacimiento del Rey-Mesías, y así, hipócritamente dijo a los magos: “Id e informaros diligentemente sobre ese niño y, cuando lo encontréis, avisadme para que vaya yo también a adorarle”. Los magos encontraron a Jesús en Belén y lo adoraron, pero avisados en sueño por un ángel, no retornaron a Jerusalén, sino que cogiendo el camino del desierto, atravesaron el valle del río Jordán y marcharon directamente a su tierra. La cólera de Herodes explotó; humillado por el fracaso de su falsa trama y obsesionado por el temor a perder el trono, ordenó matar a todos los niños varones de Belén y su entorno, menores de dos años, basándose en los datos de la aparición de la estrella indicada por los magos.


Esta matanza, narrada solo por el evangelista Mateo, corresponde exactamente a cuanto sabemos. Existen otras fuentes históricas que nos hablan del carácter ambicioso y cruel de Herodes, que mató a su propia mujer, a algunos de sus hijos y a otros parientes. Ingenio y astucia estaban al servicio de su egoísmo y la obsesión por el poder no consiguió frenar su crueldad, matando a personas queridas de su propia familia. Si había hecho eso, ¿no iba a impedir que un simple niño pusiese en peligro su trono?No lo dudó y ordenó matar a todos los varones menores de dos años. La narración histórica del evangelista Mateo está garantizada también por la inspiración divina, ya que aceptamod que el evangelio es un libro inspirado.


Los niños inocentes, se convirtieron en los primeros Mártires asesinados por Cristo. Pero su sangriento ejecutor, el perseguidor de Cristo, contrajo hidropesía poco tiempo después y sus miembros se pudrieron y fueron devorados por los gusanos, acabando su vida de una manera misérrima.


Sobre el número de las víctimas, cuántos eran, a lo largo de la historia las tradiciones han variado mucho. Una tradición interpreta el sentido de territorio (entorno) de Belén y mete también en él a la patria de San Juan Bautista (Ain Karin), que dista unos siete kilómetros de Belén, aumentando así el número de los inocentes masacrados por Herodes. Pero el término griego “oriois” indica solamente el entorno de Belén, o sea, un territorio que no incluía a ninguno de los pueblos ni aldeas cercanas. Aunque Mateo escribió su evangelio en arameo, muy pronto fue traducido al griego y ese es el término usado en dicha traducción. Sin embargo, según los sinaxarios bizantinos eran unos catorce mil. San Jerónimo de forma parecida dice: “multa parvulorum millia”.


Desde los primeros tiempos del cristianismo, los Niños Inocentes de Belén fueron venerados popularmente como los primeros mártires cristianos y su “bautismo de sangre” fue considerado equivalente al bautismo por el agua. El culto que se les atribuyó, se desarrolló muy pronto, en primer lugar en Palestina donde, en la Basílica de la Natividad de Belén existía una capilla dedicada a ellos. En Occidente fueron venerados como mártires desde los tiempos de San Ireneo y San Cipriano. Ya Prudencio, a finales del siglo IV les dedicó unos poemas, y San Paulino de Nola compuso unos versos en su honor. Con toda probabilidad, su fiesta litúrgica se inició en el siglo V, ya que se encuentra en los calendarios y libros litúrgicos latinos del año 450.


Pero el texto más antiguo que conmemora a estos pequeños mártires, es el Calendario de Cartago, del 505 que dice el día 28 de diciembre: ”conmemoración de los santos niños matados por Herodes”, elogio que posteriormente figura en el Martirologio Jeronimiano, en el mismo día, diciendo: ”En Belén el aniversario del nacimiento de los santos niños y lactantes que bajo el dominio de Herodes, sufrieron por Cristo”. En Constantinopla la fiesta se celebraba el día 29 de diciembre, y los mozárabes de España los conmemoraban el día 8 de enero, un día después de la Epifanía.


En Francia, el ejemplo artístico más antiguo es el labrado en las tapas de algunos sarcófagos de los siglos IV al VI. Por ejemplo, existe uno en la cripta de la iglesia de San Maximino en Provenza en el cual se ve a Herodes sentado ordenando matar a un niño, acto que ejecuta un soldado que tiene cogido al niño por el pie, boca abajo y en alto. Para compensar esta representación dramática, en el mismo sarcófago se representa también la adoración de los Magos. Esto ocurre en otros muchos lugares. Y fuera de Europa, también. En la iglesia subterránea de Deïr Abou Hennys, cerca de Antinoe, en Egipto, existen unos frescos del siglo V en el que se representa a Herodes y sus soldados vestidos a la usanza romana y a un grupo de mujeres que huyen con los niños en sus brazos.


En Europa, el culto a los Santos Inocentes tuvo una gran difusión, debido en parte a que se empezaron a distribuir sus presuntas reliquias. En Francia, Italia y España los testimonios son muy numerosos. Por ejemplo: San Juan Casiano, en el año 414 trajo reliquias desde Oriente y las puso en la Abadía de San Víctor de Marsella y de esta Abadía, se cedieron parte a la Abadía de Saint Maximin. 


En el siglo XII se les dedicó una capilla en la iglesia de San Caprasio en Agen y en París, el cementerio de los Inocentes (célebre por la llamada “danza macabra”) se encontraba cerca de una iglesia a la que el rey Luís XI habría ofrecido el cuerpo entero de uno de estos niños metido en una urna de cristal.


El culto desembocó muy pronto en representaciones teatrales sacras y en un folklore muy característico. En Italia, las representaciones de los Santos Inocentes se multiplicaron a partir del siglo XV a causa de la fundación de hospicios de los llamados “niños expósitos”, hospicios que se pusieron bajo la protección de los Santos Inocentes. En Francia, Alemania e Inglaterra, en la Edad Media, fue muy popular la manera de festejarlos el día 28 de diciembre: todos los monaguillos, formando como una especie de colegio, se sentaban en los asientos de los canónigos en el coro de las catedrales y elegían a su propio obispo y durante el canto del “Magnificat” en el Oficio de Vísperas, se ponían las insignias. Algunos sínodos diocesanos franceses condenaron estas prácticas que se consideraban como una especie de burla, ya que por ejemplo, los monaguillos para la elección de “su obispo” utilizaban una graciosa danza. Por poner solo un ejemplo, esto fue condenado en Cognac en el año 1260. En Saint-Etienne de Caen, en el 1423, entre las jóvenes aspirantes a la vida monacal, se elegía a una pequeña abadesa que recibía el dinero de las dotes de las futuras monjas y en Sainte Croix de Poitiers, a finales del siglo XV, se habla de un regalo de cinco sueldos al “pequeño obispo de los Inocentes”.


Antiguamente, en algunos lugares, era considerado nefasto el día en el que se conmemoraba la muerte de los Santos Inocentes. Por ejemplo, por esta razón se retrasó la coronación de Eduardo IV de Inglaterra que debiera haberse realizado ese día. Otro ejemplo: el duque Renato de Lorena renunció a entrar en batalla ese día porque sus guerreros se negaban a luchar el 28 de diciembre, pues lo consideraban día de mala suerte.


Actualmente, en muchas partes de Europa y América, en el día de los Santos Inocentes, se dan “las inocentadas”. 


La matanza de los Santos Inocentes no es recordada en el arte de la primitiva Roma cristiana ya que la representación de este cruento episodio era contrario al principio, al objetivo original del cristianismo: el amor, la salvación en Jesús.


Existe un mosaico en el arco del Papa Sixto III (440), que se conserva en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. El artista hace esta descripción: delante de Herodes, aparecen algunas mujeres con los cabellos sueltos y con los niños en los brazos. La escena tiene un cierto tono heroico, da como si dijésemos un cierto ejemplo de heroísmo, ejemplo que se repite infinidad de veces en otras iconografías representativas de los antiguos mártires presentándose ante los jueces para confesar su fe. Es también muy original una miniatura del “Codex Purpureus” de Mónaco, del siglo VIII, en el que el acontecimiento es representado alegóricamente en forma de cruz. Existen otras muchísimas representaciones.


LECTURAS


Heb 2,11-18: Hermanos, el santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, pues dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Y también: En él pondré yo mi confianza. Y de nuevo: Aquí estoy yo con los hijos que Dios me dio. Por tanto, lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.



Fuente: goarch.org / preguntasantoral / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Traducción del inglés y adaptación propias