XV Domingo de Mateo


La primera gran verdad que sacamos del texto evangélico de este domingo es la unidad de las personas de la Trinidad: al Dios Triádico se ve ya desde el Antiguo Testamento, y sobre todo en el Deuteronomio (6,4), en la gran Confesión de Fe del Israel, tal y como repite también Jesús: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es uno”. La frase “un Señor” es traducción del correspondiente hebreo “eloheinu” y literalmente significa “nuestros Dioses”. Por lo tanto, si la traducción de la palabra, conceptual y literalmente, la traemos del texto hebreo, este importantísimo anuncio dogmático de los israelitas significaría: “Escucha Israel: Yahvé, “NUESTROS DIOSES”, es un solo Señor”. Y no sólo esto, sino que la palabra “uno” es designada por la palabra “ejad” que no significa una mónada (unidad) absoluta, sino una unidad de unión compuesta, sintética y en nuestro caso Triádica o Trinitaria. Además, el Zóhar, libro cabalístico, explicando el versículo anterior se refiere a la Triada de Divinas Personas –al Padre, al Mesías mediante David y al Kirios (Señor, el Espíritu Santo)- y concluye que “estos tres son Uno” (David L. Cooper, de su libro “el A. Testamento y la Triada de Dios).


A continuación comprobamos que de acuerdo con Jesucristo, la vida espiritual, la sanación y la salvación no se consiguen por la aplicación y el cumplimiento típico de los 613 mandamientos, tal como entonces creían y pedían a los creyentes los maestros intérpretes judíos, sino que depende de la correcta relación y amor hacia Dios y el amor hacia el prójimo, que, si es auténtico, no maquina 613 mandamientos, sino infinitas maneras, formas y modos para servir a los que tienen necesidad ética y material. Es decir, la ortopraxis (acción correcta) para el Teántropo (Dios y hombre) es consecuencia de la ortodoxia, pero no existe ‘doxa’ (gloria, alabanza y opinión) correcta sobre Dios, o no tiene sentido para el mundo de hoy y sobre todo para el de mañana, si no va acompañada de la análoga conducta y actitud agapítica (amorosa), tanto hacia las personas que nos rodean, como hacia la creación, los animales, las plantas o las cosas. La praxis y vida ortodoxa es un sacrificio continuo por los demás, y, como sacrificio desinteresado, requiere e implica sufrimiento o dolor. No para reivindicarse uno individualmente, sino para constituirse él mismo en eucaristía (agradecimiento, acción de gracias) hacia el Señor y testimonio perdurable hacia el ambiente donde vive y se mueve, manifiestando la Resurrección del Teántropo (Dios y hombre) y la verdadera vida que emana de Su tumba vacía para todos nosotros.


El que ama verdaderamente, fuera de intereses y motivos egoístas, no puede sino andar el camino de Dios y ser bendecido por Su divina presencia. Vale la pena en este punto referirnos al versículo evangélico sobre el Juicio, en el cual el Señor se identifica con los pocos y con sus hermanos despreciados, los pobres, los hambrientos, los desnudos, los encarcelados, etc., y recalca que juzgará a todos por el amor y que debemos ofrecerlo a todos aquellos que lo necesitan, sufren y son agraviados. (Mt 25, 34-41). Si uno, pues, se sacrifica por su prójimo y se entrega a sí mismo por amor, esencialmente se sacrifica por Cristo, puesto que Cristo se identifica con todos aquellos que sufren y buscan nuestra ayuda.


En efecto, Jesús realmente proclama: “No entrará en la realeza de los cielos todo el que me dice: Señor, Señor, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celeste” (Mt 7, 21-22). Además, por boca del profeta Miqueas, Dios revela en el Antiguo Testamento: “Fue proclamado en ti, hombre, lo que es bueno, bondadoso, y lo que el Señor pide de ti. Nada más que practicar la justicia, mostrar amor y caminar humildemente con tu Dios” (N.M. Papadopulos, “Memorandum al libro de Miqueas, pag 170). Verdaderamente, pues, el cristiano no es aquel que teologiza “encefálicamente” (con el cerebro, mente o intelecto) sobre Dios, ni aquel que algunos domingos por la mañana visita Su templo, sino aquel que con su conducta y su actitud humilde, y especialmente con su amor en la práctica (de hecho, o acción) testifica que existen Dios, la Resurrección, el Juicio, el Paraíso y el Infierno.


En tercer lugar, tal y como revela Cristo sobre sí mismo en el Salmo cristológico 109, David dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga tus enemigos como alfombra bajo tus pies (es decir, someterlos bajo su autoridad)”. Es evidente que aquí también se señala a dos personas de la Santa Trinidad, el Padre y el Hijo. A continuación del mismo Salmo aparece también la tercera persona de la Santa Trinidad, el Espíritu Santo, porque el Padre dirigiéndose a Su Hijo, le dice: “El Señor está en tu derecha, anuló o destruyó los reyes de la tierra el día de Su ira”. De todo esto vemos y percibimos que, a causa del peligro de los vecinos idólatras, el Antiguo Testamento en muchos casos revela en sombras al Dios Uno y Trinitario a los ojos de sus creyentes verdaderos y piadosos, pero también al verdadero Mesías y redentor Jesucristo: ver la Filoxenía (hospitalidad) de Abraham a los tres hombres (Gén 18,1-3), “la destrucción de Sodoma y Gomorra por dos hombres en nombre de un tercero (Gén 19,24) y otros casos más.


Finalmente, ¿cuántos cristianos de hoy imitamos la praxis y el amor que condujeron al Teántropo Jesucristo hasta la Cruz y la muerte? ¿Cuánto andamos tras los pasos del maestro celeste, que prefirió enseñar principalmente con Su sangre y no sólo con Sus palabras? ¿En qué medida somos cristianos ortodoxos si alabamos sólo con los labios y con nuestras actitudes destruimos en vez de construir la realeza increada de Dios en la tierra? Es posible que para muchos sean una vergüenza las palabras transcendentales de san Pablo: “A causa de vosotros es blasfemado el nombre de Dios entre las naciones (los idólatras)” (Rom 2,24). Nuestra época tiene necesidad de cristianos que sepan orar y amar, no de cristianos ortodoxos sólo de nombre y teoría -o, peor aún, por ideología- que escandalizan a los creyentes y expulsan desgraciadamente a la gente de la Iglesia. Además, el comportamiento cristiano ortodoxo correcto obedece a las palabras del Señor: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a aquellos que os odian, orad por aquellos que os tratan mal” (Lc 6,27-29).


Mijalis Julis

Traducción del original griego: xX.jJ

Adaptación propia


LECTURAS


2 Cor 4,6-15: Hermanos, el Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas» ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo. Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.


Mt 22,35-46: En aquel tiempo, un doctor de la ley le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas». Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús una cuestión: «¿Qué pensáis acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Le respondieron: «De David». Él les dijo: «¿Cómo entonces David, movido por el Espíritu, lo llama Señor diciendo: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies”? Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Y ninguno pudo responderle nada ni se atrevió nadie en adelante a plantearle más cuestiones.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

Domingo anterior a la Exaltación de la Santa Cruz


Gál 6,11-18: Hermanos, mirad con qué letras tan grandes os he escrito de mi propia mano. Los que buscan aparecer bien en lo corporal son quienes os fuerzan a circuncidaros; pero lo hacen con el solo objetivo de no ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo. Pues ni los mismos que se circuncidan observan la ley, sino que desean que os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne. En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.


Jn 3,13-17: Dijo el Señor: «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

12/09 - Antefiesta de la Exaltación Universal de la Santa y Vivificante Cruz


Jn 11,47-54: En aquel tiempo, los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

12/09 - Autónomo el Mártir


NOTA: Debido a que la Apódosis de la fiesta de la Natividad de la Santísima Madre de Dios también tiene lugar el 12 de septiembre, los oficios litúrgicos del Santo se transfieren al 11 de septiembre.


El Santo Hieromártir Autonómo fue obispo en algún lugar de Italia cuando estalló la violenta persecución del emperador Diocleciano en el año 298 d.C.. Por esta razón, huyó de Italia y llegó a una aldea de Bitinia llamada Sorei, en la parte más oriental del Golfo de Nicomedia. Allí recibió la hospitalidad de un cristiano llamado Cornelio. Después de estar allí largo tiempo, Autónomo construyó una capilla dedicada al Arcángel Miguel y ordenó a Cornelio diácono.


Dejando a Cornelio a cargo de los cristianos que se congregaban con él, el obispo Autónomo partió hacia Licaonia e Isauria para proclamar la fe de Cristo. Más tarde regresó donde Cornelio y lo ordenó sacerdote. Cuando se enteró de que Diocleciano había ido a Nicomedia y estaba muy furioso contra los cristianos, incluido él mismo, huyó a Mantinio y Claudiópolis, ciudades que rodean el Mar Negro, donde proclamó las enseñanzas de la piedad. Al regresar una vez más a Sorei, encontró que la comunidad había prosperado, por lo que ordenó a Cornelio obispo.


Habiendo hecho esto, partió hacia otras partes de Asia Menor, proclamando el fin del engaño de la idolatría y la incredulidad, y sembrando las palabras de piedad y fe. Mientras estaba en un pueblo cerca de Sorei llamado Limne, llevó a sus habitantes a la luz del conocimiento de Dios y los bautizó. Cuando el Mártir y el Jerarca de Cristo logró estas cosas, los cristianos piadosos veían a los griegos impíos constantemente haciendo sacrificios a los demonios en un lugar elevado en una fiesta particular, y actuando de manera indecorosa, por lo que se enfurecieron. Por lo tanto, se alentaron unos a otros y fueron a destruir todos los ídolos. Cuando los griegos se enteraron de esto, decidieron vengarse. Esperaron al momento en que el sirviente del Señor Autónomo realizara la Divina Liturgia. Poco después, el obispo Autonomo estaba oficiando en la Iglesia del Arcángel Miguel en Sorei, y los paganos griegos se presentaron allí armados con piedras, palos y otras armas. Después de golpear a los feligreses con ellas, finalmente mataron a San Autónomo en el Santo Altar mientras realizaba la Divina Liturgia ante el Señor, en el año 313 d.C.


Una piadosa diaconisa llamada María, junto con otras mujeres piadosas, recogieron el santo cuerpo de Autónomo y lo enterraron con honores.


Durante el reinado de Constantino el Grande, se construyó una iglesia sobre la tumba del Santo. Esto tuvo lugar cuando un hombre llamado Severiano se dirigía a su nuevo puesto como gobernador de Egipto. Como temía viajar por mar, hizo un largo recorrido alrededor del golfo por un camino que lo llevó cerca de la tumba de Autónomo. De repente, sus mulas se negaron a avanzar y, por mucho que las azotara, permanecían inmóviles. Un cristiano que allí se encontraba le transmitió a Severiano el mensaje que recibió: que tenía que prometer la construcción de una iglesia allí en honor a San Autónomo y entonces las mulas se moverían. Él hizo la promesa y las mulas inmediatamente continuaron su camino. Cuando regresó, erigió allí una iglesia dedicándosela al Santo Mártir.


En el año 430, cierto sacerdote derribó la antigua iglesia porque el agua estaba entrando por los balcones y temía un gran daño. Sin darse cuenta de que el cuerpo del Santo Hieromártir había sido enterrado debajo de la iglesia construida por Severiano, la reconstruyó en un nuevo lugar junto al mar. Después de otros sesenta años, durante el reinado del emperador Zenón, un hombre de la guardia imperial llamado Juan salió a cazar y disparó a una liebre en el lugar donde estaba enterrado Autónomo. 


Esa noche, el Hieromártr se le apareció en un sueño ordenándole que montara una tienda de campaña donde había disparado a la liebre y que permaneciera allí como su vecino. Juan rápidamente hizo lo que el Santo le dijo. Años más tarde, el Hieromártir se le apareció una vez más, le reveló su identidad y le dijo a Juan que sus reliquias estaban enterradas debajo de la tienda. Impresionado por esta visión, se la contó al emperador Anastasio, quien construyó una iglesia allí. Las reliquias del Santo fueron encontradas incorruptas: el pelo estaba grueso, la piel firme, todos los pelos del bigote estaban todavía en su lugar y los ojos estaban abiertos. La iglesia fue dedicada durante el reinado del emperador Justino II a San Autónomo.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / goarch.org

Adaptación propia

Sábado de la XV Semana de Mateo


1 Cor 4,17-21;5,1-5: Hermanos, os he enviado a Timoteo, hijo mío querido y fiel en el Señor, el cual os recordará mis normas de conducta en Cristo Jesús, conforme las enseño por doquier en todas las iglesias. Pensando que yo no iré a visitaros, algunos se han engreído. Mas iré pronto a visitaros, si Dios quiere; y entonces conoceré no las palabras de los orgullosos, sino su poder; pues el reino de Dios no consiste en palabras sino en poder. ¿Qué queréis? ¿Que vaya a visitaros con un palo o con amor y espíritu de mansedumbre? Se oye decir en todas partes que hay entre vosotros un caso de inmoralidad; y una inmoralidad tal que no se da ni entre los gentiles: uno convive con la mujer de su padre. ¿Y vosotros seguís tan ufanos? Estaría mejor ponerse de luto y expulsar de entre vosotros al que ha hecho eso. Pues lo que es yo, ausente en el cuerpo, pero presente en espíritu, ya he tomado una decisión como si estuviera presente: reunidos vosotros en el nombre de nuestro Señor Jesús, y yo presente en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús entregar al que ha hecho eso en manos de Satanás; para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el día del Señor.


Mt 24,1-13: En aquel tiempo, los discípulos de Jesús le señalaron las edificaciones del templo, y él les dijo: «¿Veis todo esto? En verdad os digo que será destruido sin que quede allí piedra sobre piedra». Estaba sentado en el monte de los Olivos y se le acercaron los discípulos en privado y le dijeron: «¿Cuándo sucederán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y del fin de los tiempos?». Jesús les respondió y dijo: «Estad atentos a que nadie os engañe, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: “Yo soy el Mesías”, y engañarán a muchos. Vais a oír hablar de guerras y noticias de guerra. Cuidado, no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final. Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá hambre, epidemias y terremotos en diversos lugares; todo esto será el comienzo de los dolores. Os entregarán al suplicio y os matarán, y por mi causa os odiarán todos los pueblos. Entonces muchos se escandalizarán y se traicionarán mutuamente, y se odiarán unos a otros. Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente, y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría; pero el que persevere hasta el final se salvará.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española