Viernes de la XIII Semana de Mateo


2 Cor 11,5-21: Hermanos, yo no me creo en nada inferior a esos superapóstoles. En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado. ¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios? Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio. Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesitado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mi necesidad. Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada. Por la verdad de Cristo que hay en mí: nadie en toda Grecia me quitará esta satisfacción. ¿Por qué? ¿Porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así. Esto lo hago y lo seguiré haciendo para cortar de raíz todo pretexto a quienes lo buscan para gloriarse de ser tanto como nosotros. Esos tales son falsos apóstoles, obreros tramposos, disfrazados de apóstoles de Cristo; y no hay por qué extrañarse, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Siendo esto así, no es mucho que también sus ministros se disfracen de ministros de la justicia. Pero su final corresponderá a sus obras. Vuelvo a decirlo: que nadie me tenga por insensato; y si no, aceptadme aunque sea como insensato, para que pueda gloriarme un poquito yo también. Dado que voy a gloriarme, lo que diga no lo digo en el Señor, sino como quien disparata. Puesto que muchos se glorían de títulos humanos, también yo voy a gloriarme. Pues vosotros, que sois sensatos, soportáis con gusto a los insensatos: si uno os esclaviza, si os explota, si os roba, si es arrogante, si os insulta, lo soportáis. Lo digo para vergüenza vuestra: ¡Cómo hemos sido nosotros tan débiles!


Mc 4,1-9: En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar. Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos: «Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno». Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

27/08 - Pemeno (Pastor) el Grande


El Venerable Pemeno (del gr. "Ποιμήν", Pastor), que es celebrado hoy por nuestra Iglesia, pertenece al gran coro de los Justos y Ascetas que vivieron como seguidores de los Mártires martirizados durante el período de la persecución en los primeros siglos del cristianismo. Cuando las persecuciones terminaron, el "espíritu" mártir del cristianismo continuó con estos Justos y Ascetas, que intentaron toda su vida observar los mandamientos de Cristo, incluso en el grado más perfecto.


El Justo Pemeno nació en Egipto alrededor del año 340 d.C. y desde su juventud vivió ascéticamente. Cuando cumplió los quince años se fue a vivir a un monasterio de Libia. Al principio esto le pareció "duro" a su madre, que había ido a su encuentro; él la había evitado, pero lo hizo en el contexto del ascetismo, lo que fue entendido por su madre, que se retiró con alegría.


A su vez, el venerable Pemeno llegó a conocer todo el método de la vida ascética bizantina, habiéndose purificado de sus pasiones con muchas hazañas ascéticas espirituales, adquiriendo amor por el mundo entero. El amor del venerable Pemeno era proverbial, como lo demuestran sus dichos que se han conservado en el libro conocido como "Geronticón". Mencionaré algunas de las cosas que dijo a sus visitantes, lo cual revela su madurez espiritual.


Cuando un hermano le preguntó cuál era la fe que purificaba al hombre de las pasiones, respondió: "La fe es ser guiado por la humildad y hacer obras de misericordia". Por supuesto, la fe es la verdad revelada que Cristo dio a Sus Apóstoles y ellos a sus sucesores, que protegieron a la Iglesia con dogmas. Pero aquí se entiende la fe empírica, que es la experiencia de la verdad revelada, la humildad y el amor hacia los demás.


Cierto hermano tenía pensamientos malvados y quería deshacerse de ellos. Le preguntó al padre Pemeno sobre esto y este lo llevó fuera, al aire libre, y le dijo que extendiera la mano y atrapara los vientos, porque los pensamientos son como los vientos. Y cuando el otro respondió que no podía hacerlo, el venerable Pemeno respondió: "Si no puedes atrapar los vientos, tampoco podrás evitar que los pensamientos vengan, pero podrías resistirlos", es decir, no hagas lo que te dicen. ¡Cuánta verdad está escondida en este consejo del venerable Pemeno y cuánto nos ayuda a nosotros que somos sacudidos por los pensamientos!


El padre Pemeno enseñó que las personas podían ser salvadas dondequiera que estuvieran y sin importar con qué tipo de trabajo estuvieran ocupadas. Él dijo: "Si tenemos a tres personas, una vive en método hesicástico, es decir lejos de la gente y orando incesantemente, otra está enferma y da gracias a Dios, y la tercera sirve a los demás con pensamientos puros [sin orgullo y segundas intenciones]; pues bien, los tres están realizando el mismo trabajo ". 


Por lo tanto, dondequiera que uno viva y en cualquier situación en la que se encuentre, podría salvarse si vive con fe en Dios, amor hacia los hermanos y pensamientos puros. En las luchas espirituales tiene que haber una medida para evitar excesos. El Justo Pemeno se caracterizó por el discernimiento, por lo que era conocido con el nombre de "lámpara de discernimiento", y esto fue el resultado de muchos años de luchas contra las pasiones y el diablo; en un momento dado dijo: "el sobreexceso proviene siempre de los demonios ", es decir, lo que está más allá de toda medida es de los demonios. Tanto con el pecado como con la lucha espiritual, la persona debe discernir la mesura y no quedar ocupada por la desesperación o el orgullo. Los extremos son siempre peligrosos.


Sobre la propia voluntad, decía que el que no la combate a través de la obediencia al Padre Espiritual o Anciano vive la vida bajo la influencia del espíritu malvado y se tortura. Los hombres sufren, se atormentan y hacen sufrir porque no pueden cortar su propia voluntad, según lo dicho: “Obedeceos los unos a los otros”. Esta voluntad, según los Santos Padres, es como muralla de cobre que nos separa de Dios, porque nos impide hacer la voluntad de Dios.


Leemos en el Geronticón: “El abad Pemeno dijo que la voluntad del hombre es una muralla de cobre entre él y Dios, piedra que gira y golpea al mismo hombre. Si la abandona, dirá él también como el profeta David: “En y con mi Dios superaré la muralla” (Sal 17,30). Si por otro lado, el justo coopera con su voluntad, entonces está vencido”. Se requiere una fuerte y sangrienta lucha para la expulsión de la voluntad propia. La experiencia Patrística ha calificado como martirio y cruz la lucha por atajar la voluntad propia. 


Esta lucha es el elemento básico de la espiritualidad bizantina. El padre Pemeno dio gran importancia al arrepentimiento del hombre. Él conocía la alteración de la naturaleza humana y que el hombre peca por influencia del diablo y el cautiverio de su voluntad, razón por la cual mostró gran amor hacia los pecadores, y los instaba a arrepentirse. A un hermano que le preguntó qué significaba el arrepentimiento del pecado, él respondió: "El arrepentimiento significa una firme resolución de no volver a cometer un pecado. Por esta razón, precisamente los justos son llamados irreprensibles, porque han abandonado el pecado y han sido probados como justos.”


Un rasgo característico del gran amor del venerable Pemeno hacia las personas se muestra en la respuesta dada a ciertos hermanos que preguntaban si deberían despertar a los hermanos que estaban soñolientos durante las reuniones o asambleas. Él dijo: "Si veo a un hermano en particular que tiene sueño, pondré su cabeza sobre mis rodillas para su descanso".


Tal era el corazón empático del Justo Pemeno para con el mundo entero, y esto fue resultado de su purificación interna, la transformación de sus pasiones hacia el amor a Dios y a los hermanos. Por eso el himnógrafo sagrado lo llama "ciudadano entre los ángeles y conversador con ellos", "habitante de la ciudad de arriba", "hábitaculo de las virtudes" y "decano del desierto".


LECTURAS


Gál 5,22-26;6,1-2: Hermanos, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu. No seamos vanidosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. Hermanos, incluso en el caso de que alguien sea sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidlo con espíritu de mansedumbre; pero vigílate a ti mismo, no sea que también tú seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal

Adaptación propia

Jueves de la XIII Semana de Mateo


2 Cor 10,7-18: Hermanos, si alguno cree ser de Cristo, que lo reconsidere y verá que, si él es de Cristo, también nosotros lo somos. E incluso si me gloriara más de lo debido de la autoridad que nos dio el Señor para construir vuestra comunidad y no para destruirla, no me avergonzaría. Pues no quiero aparecer como quien os mete miedo con las cartas. «Porque las cartas —dicen— son duras y severas, pero su presencia física es raquítica y su palabra despreciable». Considere ese tal que lo que somos de palabra por carta estando ausentes, lo seremos con los hechos cuando estemos presentes. No nos atrevemos a equipararnos ni a compararnos con algunos de los que se recomiendan a sí mismos. Ellos, al medirse de acuerdo con la opinión propia y al compararse consigo mismos, actúan sin sentido. Nosotros, por el contrario, no nos gloriaremos desmesuradamente, sino según la medida de la norma que Dios mismo nos ha asignado al hacernos llegar incluso hasta vosotros. Pues no nos extralimitamos, como si no hubiéramos llegado incluso hasta vosotros; de hecho, fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el Evangelio de Cristo. Tampoco nos gloriamos más allá de la medida adecuada con sudores ajenos; esperamos más bien que, al crecer vuestra fe, podamos crecer aún más entre vosotros según nuestra medida, hasta el punto de anunciar el Evangelio más allá de vosotros, aunque sin gloriarnos en territorio ajeno por trabajos ya realizados. El que se gloría, que se gloríe en el Señor, porque no está aprobado el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda.


Mc 3,28-35: Dijo el Señor a los judíos que habían acudido a él: «En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española

26/08 - Sinaxis del Icono de la Santísima Madre de Dios de Vladimiro


Según la tradición de la Rus, el icono de Vladimiro de la Madre de Dios fue pintado por el Evangelista Lucas sobre una tabla de la mesa en la que el Salvador comió junto con su Purísima Madre y el Justo José. La Madre de Dios, al ver esta imagen, exclamó: “De ahora en adelante, todas las generaciones me llamarán bienaventurada. La gracia de Mi Hijo y Mía estará con este icono.”


En el año 1131, el icono fue enviado de Constantinopla a la Rus, al santo Príncipe Mestislao, y fue instalado en el monasterio de Devichi en Vísgorod, la antigua ciudad de la santa Princesa Olga, igual a los Apóstoles.


El hijo de Jorge Dolgoruki, San Andrés Bogoliubski, llevó el icono a la ciudad de Vladimiro en 1155 y lo instaló en la renombrada catedral de la Dormición que él mismo construyó. En ese momento el icono recibió su nombre de “Icono de Vladimiro”.


El icono fue llevado por primera vez a Moscú en el año 1395. Así, la bendición de la Madre de Dios estableció los lazos espirituales entre Bizancio y la Rus a través de Kiev, Vladimiro y Moscú.


La celebración festiva del Icono de Vladimiro de la Santísima Theotokos ocurre varias veces durante el año (21 de mayo, 23 de junio y 26 de agosto). La celebración más solemne ocurre el 26 de agosto, la Fiesta establecida en honor al hallazgo del Icono de Vladimiro en su Traslado de Vladimiro a Moscú.


En el año 1395, el temible conquistador Jan Tamerlán (Temir-Aksak) llegó a la frontera de Riazán, tomó la ciudad de Elets y, avanzando hacia Moscú, llegó cerca de las orillas del río Don. El Gran Príncipe Basilio Dmítrievich fue con un ejército a Kolomna y se detuvo a orillas del río Oka. Oró a los santos jerarcas de Moscú y a San Sergio por la liberación de la Patria y escribió al Metropolitano de Moscú Cipriano pidiendo que el ayuno de la Dormición debía dedicarse a oraciones fervientes por la misericordia y el arrepentimiento. Se envió clero a Vladimiro, donde se encontraba el famoso icono milagroso. Después de la Divina Liturgia y un Oficio de Súplicas en la fiesta de la Dormición, el clero tomó el icono y lo llevó a Moscú. En el camino, a ambos lados del camino, innumerables personas oraraban arrodilladas: "¡Oh Madre de Dios, salva la tierra de Rusia!" A esa misma hora, cuando el pueblo de Moscú se encontraba con el Icono de Vladimiro en el Campo de Kuchkov, Tamerlán dormía en su tienda. De repente, vio en un sueño una gran montaña en cuya cima estaban los santos jerarcas con bastones dorados que se acercaban a él. Sobre ellos, en un brillante resplandor, había una Mujer Majestuosa. Ella le ordenó que abandonara los dominios de Rusia.


Despertando asustado, Tamerlán preguntó por el significado de la visión. Los expertos respondieron que la Dama Radiante era la Madre de Dios, la gran Protectora de los cristianos. Tamerlán entonces dio la orden de que sus tropas se retiraran. En memoria de esta milagrosa liberación de la Tierra Rusa de Tamerlán, construyeron el monasterio del Encuentro en el Campo de Kuchkov, donde tuvo lugar el Hallazgo del Icono de Vladimiro. El 26 de agosto se estableció la celebración de toda Rusia en honor del Hallazgo del Icono de Vladimiro de la Santísima Madre de Dios.



Fuente: oca.org

Traducción del inglés: Google Translator

Adaptación propia

26/08 - Adrián y Natalia los Mártires y sus 23 Compañeros Mártires


Los Santos Adrián y su esposa Natalia procedían de Nicomedia. Durante el segundo reinado del emperador Maximiano (306-308), este descubrió en una cueva a veintitrés cristianos y les torturó de diversos modos. Adrián, que tenía veintiocho años y era jefe del pretorio, se enteró de esto y les preguntó por qué soportaban tales tormentos. Ellos le respondieron, diciendo: "Los soportamos para que podamos obtener esas buenas cosas preparadas por Dios en los cielos para aquellos que sufren por su amor, cosas que ningún oído puede oír o y palabras que ninguna mente puede entender". 


Esta respuesta movió al bendito Adrián a la compunción, y se llenó de la gracia divina, encendiendo una llama dentro de él para sufrir junto con ellos tormento por el amor de Cristo. Así, Adrián recurrió a los registradores que estaban preparando las listas de los nombres de estos cristianos para ser asesinados, y pronunció: "Escriba mi nombre junto con los nombres de los demás, porque yo también quiero morir con ellos por el amor de Cristo". Entonces anotaron su nombre en las listas y lo ataron con cadenas y lo encerraron en la cárcel.


Su esposa Natalia, que fue criada como cristiana por sus padres pero que mantuvo oculta su fe para evitar ser violada por los paganos, fue informada del encarcelamiento de su esposo, aunque pensó que sería por otra razón, haciéndola llorar y lamentarse. Después de enterarse de que Adrián fue encarcelado por su fe en Cristo, se vistió con ropas espléndidas y fue a visitarlo a prisión. Cuando entró en la prisión, besó las ataduras y las cadenas de su esposo y lo alabó por su afán de demostrar su testimonio de Cristo. Ella también le aconsejó que se mantuviera firme e inquebrantable en las torturas. Después de que su esposo la exhortara a regresar a su hogar para que no fuera encarcelada, Natalia suplicó a los otros veintitrés cristianos encarcelados con Adrián que rezaran por su esposo.


Tras salir de la prisión, Natalia regresó a casa. Adrián, sin embargo, sobornó a los guardias para liberarlo por un tiempo determinado para notificar a su esposa que pronto sería martirizado. Cuando Adrián llegó a su casa, Natalia creyó que, por temor a los tormentos, había negafo a Cristo, por lo que le reprochó ser un cobarde y se lamentó por la oportunidad perdida de ser la esposa de un mártir. Pero cuando fue informada de la verdadera razón de la salida de Adrián, se sintió extremadamente contenta y lo abrazó. Por lo tanto, regresaron juntos a la prisión, donde Natalia cuidó de las heridas de los cristianos presos. 


Cuando el emperador se enteró de esto, les prohibió a Natalia y a las otras mujeres que acudieran a la prisión para atender a los cristianos. Sin desanimarse, Natalia se recogió el pelo y, poniéndose ropa masculina, sobornó a los guardias para entrar en la cárcel. Cuando Adrián se presentó ante el emperador, confesó valientemente a Cristo, por lo que fue golpeado con bastones, luego arrojado al suelo y golpeado en el tórax y el abdomen hasta que sus entrañas quedaron expuestas. Luego le cortaron las manos y los pies junto con los otros cristianos. Natalia no solo estuvo presente en la ejecución, sino que colaboró en ella colocando a cada miembro sobre el yunque para ser decapitado. 


Incluso rogó al verdugo que derribara la cuchilla y el martillo con un golpe más fuerte, para causar un dolor mayor y más severo para el Santo, creyendo que su recompensa sería mayor. Al mismo tiempo, animó a Adrián y le dio fuerza para soportar los dolores con valor, a fin de no traicionar a Cristo durante su martirio. Finalmente Adrián y los otros veintitrés atletas de Cristo terminaron estos tormentos del  martirio.


Los idólatras estaban a punto de arrojar sus cuerpos sagrados al fuego, cuando la bendita Natalia recuperó una de las manos de Adrián. Se la escondió debajo de su camisa, y esperó para ver dónde se llevaban las reliquias sagradas. Cuando se las llevaron, con la sangre que goteaba de ellas se ungió como si fueran mirra y especias.


Cuando los santos restos fueron arrojados a las llamas, una tormenta repentina de lluvia cayó y apagó el fuego. Entonces un cierto cristiano llamado Eusebio recogió los santos restos  y los llevó a bordo de una barca hasta Argirópolis, cerca de Constantinopla, donde los enterró, y más tarde se construyó una iglesia en su honor.


Los nombres de los veintitrés atletas de Cristo son los siguientes: Anatolio, Antimo, Antíoco, Gentelio, Eleuterio, Hermógenes, Evecio, Eureto, Eutiquio, Teagones, Teodoro, Tirso, Juan, Carteras, Claudio, Ciriaco, Marino, Mardonio, Menodio, Platón, Sineto, Troadio y Faretrio.


Poco después, Natalia fue perseguida por un cierto oficial imperial en Nicomedia que deseaba tomar a esta joven viuda rica como su esposa. Esto causó que Natalia huyera en barco a la ubicación de las reliquias sagradas de su esposo con sus compañeros. Poco después ella entregó su alma a las manos de Dios, y fue sepultada con los Santos Mártires.


Aunque Natalia no derramó su sangre ni sufrió el martirio físico, es contada entre los Mártires por haber sufrido junto con ellos al apoyarlos y alentarlos. Como nuestro Salvador prometió: "y el que recibe a un justo porque es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fresca solamente porque es discípulo mío, de cierto os digo que no perderá su recompensa." (Mateo 10:41-42).


LECTURAS


Heb 10,32-38: Hermanos, recordad aquellos días primeros, en los que, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos: unos, expuestos públicamente a oprobios y malos tratos; otros, solidarios de los que eran tratados así. Compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores y permanentes. No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa. Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa. Un poquito de tiempo todavía y el que viene llegará sin retraso; mi justo vivirá por la fe, pero si se arredra le retiraré mi favor.



Fuente: laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española