En la tradicion bizantina, todos los sábados del año se diferencian de los demás días como jornadas en las que se ofrecen plegarias por los difuntos, debido a que nuestro señor Jesucristo yació muerto en la tumba el sábado.
Además, la conmemoración litúrgica de los fieles difuntos tiene lugar varias veces al año en la Iglesia bizantina. A estos días solemnes se les conoce como 'sábado de las almas' (Psicosábado) o 'sábado de difuntos'. Son varias las jornadas así denominadas a lo largo del año: el sábado de Carnaval o segundo sábado antes de la Gran Cuaresma; el segundo, tercer y cuarto sábados de la Gran Cuaresma; el sábado antes de Pentecostés; y el sábado de San Demetrio, que se celebra el sábado anterior a la festividad de San Demetrio de Salónica (26 de octubre).
En estos días especiales, el sacerdote oficia responsos litúrgicos por los familiares y por todos los fieles fallecidos que no puedan ser conmemorados específicamente como santos. Normalmente, estos responsos se ofician después de la Divina Liturgia del sábado por la mañana o después de las Víspertas del viernes por la noche.
Los familiares de los difuntos preparan un plato de coliba, que consiste en trigo hervido condimentado con miel. Junto con otros alimentos y vino, lo llevan a la iglesia para que sean bendecidos por el sacerdote, colocándolos delante de la cruz o icono. Después de la Liturgia, los alimentos ofrecidos y ya bendecidos son degustados por todos los asistentes a la conmemoración.
LECTURAS
1 Tes 4,13-17: Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto. Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor: nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires. Y así estaremos siempre con el Señor.
Fuente: Varias / Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española
