Martes de la XXIX Semana


Heb 4,1-13: Hermanos, temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea haber perdido la oportunidad. También nosotros hemos recibido la buena noticia, igual que ellos; pero el mensaje que oyeron no les sirvió de nada a quienes no se adhirieron por la fe a los que lo habían escuchado. Así pues, los creyentes entremos en el descanso, de acuerdo con lo dicho: He jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso, y eso que sus obras estaban terminadas desde la creación del mundo. Acerca del día séptimo se dijo: Y descansó Dios el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. En nuestro pasaje añade: No entrarán en mi descanso. Puesto que, según esto, quedan algunos por entrar en él, y los primeros que recibieron la buena noticia no entraron por su rebeldía, Dios señala otro día, hoy, al decir mucho tiempo después, por boca de David, lo antes citado: Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Si Josué les hubiera dado el descanso, Dios no habría hablado luego de otro día; por consiguiente, todavía queda un tiempo de descanso para el pueblo de Dios, pues el que entra en su descanso, también él descansa de sus tareas, como Dios de la suyas. Empeñémonos, por tanto, en entrar en aquel descanso, para que nadie caiga, imitando aquella desobediencia. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.



Fuente: Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española